26 enero 2007

It's machine verus... horses

Se está desarrollando una discusión bastante sabrosa en los comentarios de mi nota La vida como juego. Si ya leyeron la nota, pueden llegar directamente a la discusión desde aquí. Sería interesante escuchar sus opiniones.

Confesiones de un fanboy. La gente debajo de la escalera

Si no lo has hecho, puedes leer antes:


El verano del 2001 tenía demasiado tiempo entre mis manos y muy poco que hacer para matarlo. Iba mucho al cine. Salía a caminar. Visitaba museos. Me seguía quedando demasiado tiempo entre las manos. Al menos en teoría, me quedaba poco más de un año para salir de la universidad y dedicarme a hacer algo de provecho. Al menos en teoría, ya tenía claro que es lo que iba a hacer con mi vida. Ese verano era una de las últimas oportunidades para afinar detalles.

Como en realidad no tenía nada más que hacer, me hice adicto a los libros de Pérez-Reverte. El asunto había empezado dos años atrás, cuando vi The Ninth Gate (1999) de Roman Polanski. Según los entendidos, uno de los puntos más bajos de su carrera. De cualquier forma, yo no había ido a ver la película por Polanski sino por Johhny Depp. En aquel entonces no tenía ni idea de quien era Roman Polanski. No tenía idea que era el mejor director con quien no cambiaría mi vida ni por todos los diamantes de África.

La segunda vez que fui a ver The Ninth Gate me fijé claramente en los créditos iniciales. La película estaba basada en una novela de Pérez-Reverte, El club Dumas (1993). En aquel entonces tampoco tenía ni la menor idea de quien era Pérez-Reverte. Por cierto, de toda la basura que ha escrito Pérez-Reverte, El club Dumas es lo mejor. La salva esa historia secreta, sólo contada en los detalles, que es una enorme burla a la mayoría de los lectores de la novela. Es más, incluso digo que esa es la única de sus novelas que no es basura. Y vaya que he leído casi todas sus novelas. Las leí con afán tan voraz que antes de que terminara el verano, no había nada suyo en las librerías que yo no conociera.

[Johnny Depp como Dean Corso, en La novena puerta]

Entonces, es culpa de la relativa infertilidad de Pérez-Reverte que haya caído en mis manos una copia de Harry Potter y la piedra filosofal. Ese verano, y en México, Harry ya era un éxito en librerías, pero nada como lo es ahora. Todavía era sólo un libro para niños, para los raros amantes de la fantasía (los frikis, como los llama Robertha). Un libro que compraban padres despistados para sus hijos, padres sin la menor idea de por qué sus hijos se robaban las pinturas de mamá para dibujarse una cicatriz en la frente, ni por qué sus hijos corrían gritándole ¡moogle! a la gente en los restaurantes.

Así que me llevé mi copia de Harry Potter y la piedra filosofal a casa. Abrí el libro por la noche, recostado en mi cama, iluminado por una pequeña linternita de mano. Me sentía Bastian Baltasar Bux. A las dos de la mañana había terminado el libro. Estaba llorando. Me había reconocido a mi mismo en la historia del joven Potter —algo que supongo todos sus fans hacemos—. La historia de Harry Potter es a la vez sencilla y profunda. El buen Obal, cuando me recomendó aquel libro, me dijo “es el libro que hubieras querido leer cuando eras niño”. Pero era mejor que eso. Cuando leía Harry Potter, volvía a ser niño otra vez.

En gran parte, volvía a ser niño porque Harry Potter retrata la infancia como es. A diferencia del grueso de los libros infantiles, las cosas no son fáciles ni felices. Harry es huérfano. Sus tíos lo explotan y lo obligan a vivir en una covacha debajo de la escalera. En la escuela los bravucones lo martirizan. A pesar de ser un mago —por si alguien aún no lo sabe, los libros de Harry cuentan la historia de sus aventuras en una escuela de mago— ninguna de esas pequeñas derrotas cotidianas lo evade. Más o menos como me sentía yo en la infancia. Más o menos como me sentía mientras leía el libro.

El mundo de las historias de Harry tampoco es feliz. La sociedad de los magos está marcada por un profundo racismo. Los políticos son corruptos y oportunistas. La justicia es lenta e ineficaz. Los ricos siempre tienen mejores y más oportunidades que los pobres. La sociedad mágica se considera superior al resto de las criaturas mágicas, a las que ha relegado a reservaciones o exterminado o llevado a la esclavitud. Es decir, es nuestro mundo con uno o dos cambios. Según algunos, ese el propósito de la ficción. (Pynchon dixit. Por cierto, creo que a Pynchon le encanta Harry Potter, al menos tanto como Los Simpson.)

[Bastian leyendo La historia interminable]

A la mañana siguiente, corrí por Harry Potter y la cámara secreta y Harry Potter y el prisionero de Azkaban, que leí cada uno en una noche. Tres días después, terminaba de leer Harry Potter y el cáliz de fuego, con un nudo en el estómago. No había más Harry Potter que leer en ese entonces. Afortunadamente, ya se terminaba el verano.

No sabía, nadie sabía entonces, que ese septiembre se iban a desplomar las Torres Gemelas, ni que iba a decidir abandonar la ingeniería para siempre. No sabía, tampoco, la importancia que iba a tener Harry Potter en mi vida, unos siete meses más tarde, cuando volví a tomar La piedra filosofal del anaquel antes de salir a la calle. Iba a salvar mi vida.

24 enero 2007

Queja del servicio

Blogger se está comportando de manera anómala estos días. No se pueden subir imágenes, cuando no se pueden siquiera subir las notas, de plano. Han sido los peores días y por eso este librillo de notas no se ha podido actualizar como quisiera.

He pensado en mudarme a algún servicio más estable, pero en realidad prefiero esperar. Las mudanzas son difíciles y tardadas. Este lugar me gusta. Espero que arreglen los problemas pronto.

Saludos a todos

22 enero 2007

Danielewski en Hermano Cerdo 11


Acaba de aparecer, en Hermano Cerdo 11, una reseña de House of Leaves. Un muy buen acercamiento a la novela y además en nuestro idioma:

Siempre, en cualquier caso, House of Leaves resulta ser el producto de una obsesión, ya sea individual o colectiva, de capturar algo. Algo cuya identidad está por decidirse. Algo cuya realidad está por confirmarse. Algo que no se puede ver.
El número, además, tiene el siguiente fragmento de la novela sobre Miguel Habedero, la traducción de un texto de Lorrie Moore y nuevos escritos de los goodfellas de Hermano Cerdo. Yo, como Homero (Simpson, no el griego) me quiero volver chango.

19 enero 2007

Confesiones de un fanboy. Donde el narrador se convierte en un yo-yo humano

Si no lo has hecho, puedes leer antes:

LEl Señor de los Anillos en algún momento durante la secundaria. Más bien me decepcionó. Mi idea de Tolkien provenía del Silmarillion, que editó su hijo Christopher tiempo después de su muerte, pero que yo había leído mucho antes. La fantasía épica del Silmarillion, donde los reyes elfos vencían demonios y dragones con sus espadas mágicas me parecían mucho más interesantes que los avatares de la Comunidad del Anillo.

Quizá por eso, la escena inicial de La Comunidad del Anillo (2001) me dejó con la boca abierta la primera vez que la vi. Era difícil imaginar una película de tema fantástico hecha con tanta atención al detalle y con tanto sentimiento épico. Era difícil imaginarlo, tanto, que volví a ver la película al menos una vez al día durante una semana, y al llegar el año nuevo ya la había visto 25 veces.

Obviamente, no tenía nada más que hacer. Más bien, no quería hacer nada. De cualquier forma, la película era un pretexto para salir a la calle y la confusión iba retrocediendo poco a poco. En algún momento de esas 25 veces que estaba sentado en la sala de proyección, las palabras de Gandalf se me quedaron grabadas: “Todo lo que tenemos que decir es que hacer con el tiempo que se nos da”. Pues bien, yo tenía que decidir que es lo que iba a hacer con el tiempo que tuviera. Ciertamente, no podía dedicar a ver La Comunidad del Anillo toda la vida.

Así que mientras no estaba en el cine, me convertí en un yo-yo humano. Subía al metro en la estación más cercana a mi casa y viajaba hasta la terminal. Una vez ahí, cambiaba de dirección hasta llegar a la Terminal en el otro extremo de la línea. Lo hacía por horas. A veces, me decidía a cambiar de línea o a bajar en una estación y caminar por partes de la ciudad que nunca había visto antes.

Cuando estás deprimido, parece como si tuvieras la cabeza sumergida en el agua. Todos los sonidos llegan como muy lejanos, ensordecidos. Eso crea una sensación de irrealidad. Una sensación de no estar verdaderamente ahí. Una membrana líquida te separa del resto de las personas. La sensación de irrealidad también hace que te olvides de tu propio cuerpo. Dejé de comer o sólo lo hacía cuando tenía mucha hambre.

Cuando estaba en la sala cinematográfica, ensayaba distintas formas de ver la película. A veces, me dedicaba sólo a mirar los detalles en el fondo. Otras, miraba sólo el vestuario. Otra vez, las peculiaridades de los efectos especiales. Me aprendí los diálogos de memoria. Durante las batallas, escogía algún extra para seguir atentamente sus movimientos. Me emocionaba cada vez que aparecía el Balrog en Moria y lloraba cada vez que moría Boromir defendiendo a los hobbits.

La noche de Año Nuevo fue terrible. Mientras todos festejaban y se daban abrazos, yo salí al traspatio y encendí un cigarro. Voltee a ver el cielo. Las estrellas, centelleantes, parecían también estar celebrando. Me sentía completamente sólo. La sensación de tener la cabeza sumergida en el agua no me dejaba nunca. Cene rápido y me fui a dormir. Traté de leer un poco pero las letras bailaban en la página. No se estaban quietas. No había mucho más que hacer que apagar la luz y mirar hacía la oscuridad. Ese día me amaneció despierto. Como si estuviera esperando ese evento, después del amanecer me quedé dormido.

Era primero de enero y seguía sin saber que hacer con mi vida. Salí de la casa para dar vueltas, como ya era costumbre. Sólo hice una cosa distinta. Tomé del librero mi copia de Harry Potter y la piedra filosofal.

18 enero 2007

Cómo escribir un ensayo infalible

Jorge Gómez Jiménez anota en JorgeLetralia una fórmula para escribir el ensayo infalible. Un poco tarde para aprovecharlo en los trabajos finales del semestre, aunque vale la pena tenerlo presente. Me gusta, especialmente, el sexto punto:

No olvide clasificar la información. Ponga títulos, subtítulos y subsubtítulos con sistemas de números y letras, mezclando los temas conforme vaya profundizando en el escalafón. Ayuda mucho a la extensión del ensayo escribir párrafos sumamente crípticos organizados en subtítulos como “5.4.3.a.i. Marco conceptual de lo inconmovible en la poesía medieval escandinava de épocas tempranas”, “5.4.3.a.ii. Marco conceptual de lo inconmovible en la poesía medieval escandinava de épocas tardías” y “5.4.3.b. Análisis comparativo del marco conceptual de lo inconmovible en la poesía medieval escandinava de épocas tempranas y tardías”.


La nota completa, en JorgeLetralia.

La vida como juego

La vida está tan devaluada que a últimas fechas se puede comprar una segunda por unas cuantas piastras. En Second Life, la vida te ofrece una segunda oportunidad. Encuentra un buen lugar donde constuir tu casa o negocio. Negocia en el mercado virtual. Con algo de suerte, podrías transformarte en millonario.

Si tener varias mansiones y yates virtuales no es tu objetivo, no te preocupes. Second Life tiene otras cosas que ofrecer. Paseos virtuales, parques virtuales, cafeterías virtuales. Si buscas algo más caliente, puedes probar suerte en los casinos virtuales y gastar tus ganancias en una casa de citas virtual. ¿Ya mencioné que todo es virtual?

[Un Casino de Second Life]

En su Espejo Roto, el Barón, viejo amigo, argumenta que un videojuego bien hecho es como un libro maravilloso. Yo difiero por completo. Como ese blog tiene moderación de comentarios, prefiero dejarle una respuesta aquí.

Escribe el Barón:

Siendo desde hace tiempo una persona que disfruta mucho de leer, a mi también me suena a una frase atrevida, o hasta insolente. ¿Cómo un juego puede compararse a un arte que lleva siglos, es más, milenios de maduración? La respuesta es fácil: El arte imita a la vida.

Ojalá esa respuesta fuera en verdad sencilla. Que el arte imite a la vida, o la vida imite al arte ha sido motivo de discusión de los poetas durante siglos. Hasta donde yo me quedé, la discusión no ha sido fincada. Yo siempre he defendido que la vida imita al arte.

Aunque la respuesta no sea tan sencilla, la pregunta se sostiene. ¿Puede un videojuego compararse a un libro? Sí, con las salvedades propias de cada género. Cuando era pequeño, muchas de mis primeras lecturas las constituían libros juego del tipo “elige tu propia aventura”, que publicaba (aún publica) la editorial española Timun Mas. Había libros endiabladamente buenos.

Recuerdo uno en particular, Horror en el centro comercial, en el que el protagonista era un niño que se quedaba dormido en una tienda departamental. Despertaba cuando ya estaba cerrado todo. No comprende como su madre lo ha abandonado ahí. Al llegar a las puertas, descubría que le era imposible abrirlas. Para rematar su suerte, los maniquís cobraban vida y tratan de asesinarlo. Es uno de los libros que más miedo me ha causado.

[¡Tú eres el héroe!]

Libros juego como Horror en el centro comercial, se entiende, son en realidad videojuegos creados en una época en la que la computación todavía no les podía dar un soporte gráfico. En vez de eso, los artífices de los libros juego, Steve Jackson y Ian Livingston (precursores, diría Borges, de la Rayuela) confiaban el procesamiento de datos a la que todavía es la computadora más potente del mundo: el cerebro humano.

Lo cual me lleva a una segunda pregunta. ¿Puede un gran videojuego ser igual que un libro maravilloso? Definitivamente no, repito. Escribe el Barón:

Al cine en un principio le costó trabajo ganarse un lugar entre las bellas artes […] basta ver algunos de los juegos recientes para darse cuenta que dentro de muy poco la única diferencia entre una gran película y un gran juego es que el segundo requiere un poco más de esfuerzo de nuestra parte para llegar al final.

Yo no me imagino presionando un botón y una palanca para hacer que Benjamin Bradock escape de la iglesia con Elaine, burlando los acertijos que les pone Mrs. Robinson. Creo, además, que llegar al final de Mulholland Drive, por ejemplo, o de Solaris requiere de mucho más esfuerzo que el de cualquier videojuego.

[Are you trying to seduce me?]

Argumentar que los videojuegos pueden alcanzar al cine, entonces, recae en el mismo problema. Adaptar El código Da Vinci a un videojuego, superarlo incluso, no resulta nada difícil. Hacerlo con Belle de tour es algo muy distinto. Un videojuego puede superar la emoción de Rambo III pero no creo que logre hacer lo mismo con la de Casablanca.

¿Podrán considerarse los videojuegos como una arte? Quizá algún día, pero por el momento sólo algunos pueden darse el lujo de ser siquiera artísticos. Earthbound, o Final Fantasy VI, por ejemplo, eran videojuegos que se apoyaban más en la narración, al estilo de David Lynch (Earthbound) o de Tolkien (Final Fantasy VI), que en gráficos impresionantes o buen control de juego. Excepciones como estas, sin embargo, no han vuelto a aparecer en una década.

Como ya anticipaba, literatura tiene una gran ventaja sobre el cine y los videojuegos, en vez de servirse del celuloide o de la pantalla de TV, se sirve de la mente humana. Sin importar lo grandiosa que haya sido la versión de El Señor de los Anillos de Peter Jackson, tan buenos como hayan sido los videojuegos que siguieron la misma trama, prefiero la obra de Tolkien. El libro supera a la película en profundidad, ambición y desarrollo. No sólo porque el libro sea más largo, por supuesto, sino porque en mi mente no hay límites de presupuesto, ni de la cantidad de polígonos que pueda desplegar en pantalla.

Y hablo sólo de El Señor de los Anillos, que es finalmente un libro más bien flojo. ¿Alcanzará un videojuego a Rayuela, a Madame Bovary, al Quijote? Esos libros maravillosos superan a cualquier juego de video. Superan también, creo, a cualquier película.

17 enero 2007

¿Quién se comió mis notas?

Las notas de los últimos dos días desaparecieron sin dejar rastro. ¿Habrán huido a las Bahamas? ¿Serán los trasgos? Nunca me había pasado esto antes. Supongo que debo de sentirme agradecido de que no se borró todo el blog. Lo bueno es que tengo copias de reserva. Por favor, todos los que dejaron un comentario, vuelvan a dejarlo, de preferencia idéntico.

Limpieza de Año Nuevo

Robertha decidió que ya era hora de darle un golpe de estado al caos que reinaba en mi estudio, así que pasamos los dos buena parte de la tarde poniendo todo en orden. El resultado es bastante agradable. Todos los libros están acomodados, no hay papeles tirados en el piso y de alguna extraña forma conseguí ganar un poco más de espacio. Falta la última parte de la limpieza: deshacerse de los diez kilos de basura que reunió la limpieza.

Es una sensación bastante agradable la de escribir una líneas rodeado de tanto orden. ¿Cuánto tiempo durará? Quizá no mucho, pero el esfuerzo valió la pena. También es bueno poder compartir esta anécdota ínfima con ustedes en este librillo de notas.

Me voy a seguir leyendo Against the Day.

15 enero 2007

¡Feliz no cumpleaños!


El autor de Teoría del Caos desea desearles un ¡Feliz no cumpleaños! a todos sus lectores, salvo los desafortunados que hayan nacido el día de hoy. Esos, desafortunadamente, no están invitados a la fiesta.

El día de hoy, no olvides desearle un ¡Feliz no cumpleaños! a todos tus seres queridos.

12 enero 2007

Robert Anton Wilson (1932 -2007)


¿Quién nos alertará ahora sobre los fnords!?

Me entero por Galley Cat que Robert Anton Wilson, el autor de The Illuminatus! Trilogy, falleció ayer por la mañana, una semana antes de haber cumplido 75 años. (fnord!) Se fue uno de los grandes conspiradores, magnífico novelista, un iconoclasta que cuestionó nuestra sociedad hasta sus últimas consecuencias. Con su partida, el mundo se vuelve un lugar más frío, más seguro, más aburrido.

All hail Discordia!

Confesiones de un fanboy. El día en que dejé de creer en los Reyes Magos

¿Recuerdas dónde estabas cuando cayeron las Torres Gemelas? Yo sí. Estaba dormido, boca abajo, babeando, en la cama de mis padres, en mi vieja casa. Me despertó el teléfono.

“¿Qué estás haciendo?”, me preguntó mi madre.

“¿Durmiendo?”, contesté.

“Despiértate, mi vida. Se acaban de caer una de las Torres Gemelas”.

“Es broma”, dije mientras prendía la televisión.

No era broma. Prendí la televisión justo para ver al vuelo 175 de United Airlines estrellarse contra la torre austral. Fue más que suficiente para despertarme.

Esa mañana la pasé sentado frente al televisor, observando como se desarrollaba la tragedia. Me pregunté como era posible que Superman no hubiera volado frente a las Torres para detener los aviones que volaban hacia ella. Luego pensé en porqué no había aparecido un rayo láser desde los cielos y volado las aeronaves antes de que impactaran. Es decir, fue el fin de mi adolescencia. No existía Superman. Los Estados Unidos no tenían una red de satélites con rayos láser que los protegieran de cualquier agresión. Era como sí hubiera golpeado a mi padre y descubriera que sangraba igual que todos los demás.

Mucho tiempo después, o lo que parecía mucho tiempo después, mientras veía desplomarse la segunda torre, recordé que no hacía tantos yo había estado parado en el mirador que estaba dejando de existir frente a mis ojos, leyendo un letrero que decía “Se prohíbe escupir o arrojar objetos”. No podía dejar de pensar en ese tonto letrero mientras la televisión mostraba, minutos antes, a los desperados que se lanzaban por las ventanas de las Torres. Desde el mirador de las Torres Gemelas, el mundo se veía de un color distinto. Estabas parado en el punto más alto de la mejor ciudad sobre el planeta. Literalmente, el mundo quedaba a tus pies. Y ese lugar ya no existe, pensé. Ya nunca volveré al mirador de las Torres Gemelas, ni ese letrero que dice “Se prohíbe escupir o arrojar objetos” me retará a escupir o arrojar un centavo hacía la calle. Me imaginé como un fantasma parado en el mirador mientras el suelo se desplomaba. Recordé, también, el viejo insulto chino, “que vivas tiempos interesantes”, y lo comprendí por completo.

El mundo acababa de cambiar frente a mis ojos. Yo estaba seguro de una cosa: no estaba listo. Estaba atrapado en una carrera que no me gustaba, en una universidad que odiaba, en una relación amorosa que sólo me llenaba de veneno y no tenía ni la menor idea de lo que quería hacer con mi vida. Empezaba a faltar a clases, a huir de mi novia. Huía de todo. No quería ver a mi familia ni a mis amigos. No quería salir a la calle, ni ver televisión. De hecho, lo único que quería era dormir. Mataba los días sumido en el letargo, sufría de insomnio por las noches. Mi vida me parecía la más ruin de las vidas.

Entonces cayeron las Torres Gemelas.

Eso pone tu vida en perspectiva.

Por primera vez en dos semanas, me bañé y salí de mi casa para ir a la universidad. Contra mis ideas más pesimistas, todos habían notado mi ausencia. Para no tener que contestar preguntas incómodas, me inventé una enfermedad que nunca he tenido. Esa tarde de septiembre, sin embargo, mientras el maestro de Teoría de Control explicaba casi en lágrimas la belleza inherente de la retroalimentación negativa, decidí que no quería seguir perdiendo el tiempo en un lugar que no me gustaba. A la mitad de la clase, me levanté para ir al baño con todo y mochila. No iba a regresar a la escuela.

No tengo muy claro que pasó con el resto de septiembre. Tampoco recuerdo muy bien que pasó con Octubre, ni como festejé mi cumpleaños. Lo que me queda de esos días es el techo de mi antiguo cuarto, los dos afiches pegados, las manchas de humedad, la telaraña en la esquina junto al ropero, que se iba haciendo todos los días un poco más grande. ¿Será ridículo que una ciudad te duela? Si es así, soy ridículo porque Nueva York me dolía. Me dolía pensar en los teatros de Broadway cerrados. Me dolía pensar en el chino que me preguntaba strawberryvanilla? antes de servirme un helado de chocolate y me dolía pensar en la amable mujer de la perfumería de Macy’s que me decía no hablo español.

Dolía, sobretodo, pensar en todas las personas que habían despertado temprano para trabajar ese día en las Torres Gemelas. La vida se acaba de pronto, en el estruendo del golpe. Sin tiempo de hablar a casa y decirle a tus padres: te quiero. Sin tiempo de fumarse un último cigarro. No podía hacer nada. Superman no los había salvado y yo tampoco. No iba a haber un milagroso escape ni risas al final. En todos esos meses de mirar al techo, entre el dolor y la confusión provocada por el dolor, alcancé a ensamblar una idea. Eso no me iba a pasar a mí. Es decir, cuando ese avión con mi nombre escrito impactara sobre mi vida, me iba a encontrar con una sonrisa en el rostro. Mi último pensamiento sería: no me arrepiento de nada.

Entonces llegó diciembre. Con diciembre, llegó El señor de los anillos.

11 enero 2007

Avalon

"¿Has oído hablar de las Nueve Hermanas?"
"¿Te refieres a la Hada Morgana?"
"¿Hada Morgana?"
"Sí. Una de las nueve reina feéricas que gobiernan la legendaria isla de Avalon. Colocan al moribundo Rey Arturo en nave negra y lo llevan sobre las aguas hasta Avalon. La Hada Morgana, la Reina del norte de Gales, la Reina de las Tierras Yermas y su protectora, la Dama del Lago".
"Hay una historia así en el norte de Europa. Ogier emprende un viaje. Su nave naufraga y la deriva lo lleva por las aguas a una isla lejana. Ahí Morgana lo rescata y le da un anillo de oro que le confiere la inmortalidad y juventud eterna. Pero Ogier no se da cuenta de que Morgana ha puesto una corona sobre su cabeza, la Corona del Olvido. Él no recuerda nada sobre su patria, ni sobre el mundo exterior".

Avalon (2001)

09 enero 2007

Máquinas de guerra, vidas infinitas

Una de las ideas emblemáticas de la más famosa de las novelas de Milan Kundera es justamente la que da el título a La insoportable levedad del ser. La idea de que cada uno de nosotros tiene sólo una vida por vivir, según Kundera, hace que el ser se llene de una “insoportable levedad”. Quizás esta fuese una idea atractiva en la Europa Oriental en la cual crecieron Kundera y la poeta Wislawa Symborska, ganadora del Nobel en 1996, la cual, en unos versos desoladores, escribe:

Nada pasa dos veces.
En consecuencia, es un triste hecho
que llegamos aquí improvisados
y nos vamos sin una oportunidad de practicar.

No que esto sea algo nuevo. Ya el viejo Heráclito el Oscuro, de Éfeso, anotó que nadie se baña en el mismo río dos veces. A pesar de ir en contra de mi larga amistad con el filósofo presocrático, debo decir que tanto él, como Kundera y Symborska se engañan o están equivocados.

[Wislawa Symborska]

Este descubrimiento me llegó de forma bastante casual, mientras estaba sentado frente al televisor con mi sobrino, cada uno con un mando inalámbrico en las manos, entretenidos en un videojuego de guerra. La trama del videojuego resulta entretenida por exagerada: una raza alienígena invade la Tierra desde sus entrañas, como en La guerra de los mundos de H. G. Wells, y la humanidad decide autodestruirse antes que entregar la civilización a los alienígenas. En el juego, tú eres uno de los Gears of War, soldados genéticamente diseñados para vencer a los alienígenas y tener mala actitud, cuyo rifle de asalto tiene una motosierra integrada en lugar de una bayoneta.

Pues bien, en el videojuego, como en casi todos los juegos de video, si tu fiero combatiente cae en batalla, muchas veces manchando de sangre toda la pantalla, reducido a unos cuantos retazos de carne, el televisor sólo se oscurece un poco y el programa te pregunta: “¿Deseas cargar el juego desde el último punto de control?” A lo cual mi sobrino y yo siempre contestábamos que sí.

Vidas infinitas para muertes infinitas. Muere una vez, sigue luchando gracias a la magia de la computación. Al menos en el terreno de los videojuegos, el pesimismo de Symborska se descubre anulado; puedes morir cuantas veces sea necesario, hasta tener la suficiente práctica para salvar a la humanidad de sus enemigos mortales. Por supuesto, esta posibilidad de múltiples vidas, junto con sus múltiples muertes, no fue descubierta por los videojuegos. Es el terreno fértil de la literatura.

[El infame rifle con motosierra de los Gears of War]

Anota Marco Flaminio Rufo en “El inmortal”, que “Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agripa, soy dios, soy héroe, soy demonio, soy filósofo y soy mundo”. A lo cual tendría que agregar, con técnica menardiana, que yo mismo he sido Marco Flamino Rufo y Cornelio Agripa y Homero. También tendría que agregar que “Como todos hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles.” Habría que anotar, además, que como dijo alguna vez Xavier Villaurrutia, el hombre es un animal curioso, capaz de sentir nostalgia aun de su propia muerte. Por consecuencia lógica, mágico silogismo a partir de las premisas de Borges y Villaurrutia, sentimos nostalgia de la muerte de todos los hombres.

En la tan devaluada imaginación de los seres humanos aguarda el acceso a otras experiencias, otros tiempos y otras realidades. A través de medios tan dispares teatro, el cine, la literatura, los comics y los videojuegos, encarnamos en otros tantos hombres. Vidas infinitas a muertes infinitas. Tal vez, este sea al menos uno de los propósitos del arte.

05 enero 2007

Confesiones de un fanboy. Preludio

es hora de volver a mí, a contar
las cosas que me hacían bien, de verdad
(Fito Paez: "Volver a mi")

Editado el 5 de enero de 2007: Ahora sí, después de que el fin de semestre y luego el fin de año me impidieron vilmente escribir esta serie, empezaran a aparecer sus entradas, entre el jueves y el viernes de cada semana. ¿Cuanto durará? No tengo ni la menor idea.


¿Les he contado alguna vez de todo lo que mi vida le debe a Harry Potter? Supongo que en una o dos ocasiones lo intenté, pero no supe contarlo o no quería contarlo o no quería que nadie lo supiera y no por eso no lo decía. El caso es que Harry Potter salvó mi vida. Así pues, esta serie de memorias podrían llamarse Harry Potter salvó mi vida, de la misma forma que le puse a mis memorias de los juegos de rol Todo lo que quería saber, lo aprendí jugando Vampire. Pero en realidad quiero hablar de algo ligeramente distinto y un poco más desordenado de lo que tras el título de Harry Potter salvó mi vida se podría esperar. Así, prefiero agrupar estos recuerdos como Confesiones de un fanboy, aunque si lo prefieren, pueden imaginar que el título es en realidad Harry Potter salvó mi vida. O pueden no leerlas, pero creo que entonces se perderán de una buena historia.

En lo que arrancan los motores, los dejo con los avances de Harry Potter y la Orden del Fénix:



04 enero 2007

La Gruta del Toscano de Ignacio Padilla

Después de un inicio prometedor, la novela parece irse en picada, lo cual resulta irónicamente apropiado para una novela que habla de espeleología y escaladores de cavernas...

La historia es bastante atractiva. En los albores del siglo XX, un capitán perteneciente a un oscuro principado germano descubre, durante una expedición a los Himalayas, una gruta con una misteriosa inscripción en sánscrito, que una vez traducida resultan ser los famosos versos de Dante, “pierdan toda esperanza aquellos que entren”. A partir de ese momento, se desata una loca carrera a lo largo de los años por llegar al fondo de la gruta, bautizada como la Gruta del Toscano, que podría resultar la inspiración para el Infierno dantesco, sino es que el Infierno mismo.

Sin embargo, la prosa de Ignacio Padilla muchas veces no ayuda e incluso hace tropezar al alpinista lector que remonte las páginas de esta novela. El escritor mexicano, el más prometedor de todos los que de su generación se agrupan en el autonombrado Crack, es un soberbio contador de historias, pero un pésimo constructor de imágenes, que, valga la figura, no agarran contra la piedra y se desploman hacia el abismo. Así, el terror más grande es aquel que “lleva escrito nuestro nombre con todas sus letras, como un pasquín que anunciara la sentencia de los hados a una muerte cuyos pormenores desconocemos” (77) y el corazón se contrae como si “una estantigua de cruzados entonase la más desagarradota ópera de Wagner” (205).

No estamos, sin duda, ante la mejor obra de Padilla. Ese lugar lo sigue ocupando Amphitryon (Premio Primavera 2000). Sin embargo, todas las obsesiones habituales del escritor están aquí. Su obsesión por el nazismo, la confusión de identidades, el turismo literario, las vueltas de tuerca sorprendentes por inesperadas, todos confluyen en esta obra que afortunadamente sobrevive a sus malas imágenes y a la caída inicial para entregar una poderosa historia sobre las obsesiones de los hombres, sobre la estupidez y la banalidad de esas obsesiones, sobre la estupidez y la banalidad de los hombres.

El peor error de esta novela, pues, es tratar de ser literatura. Habría que decir, Literatura, con mayúscula. Cuando trata de “poetizar”, Ignacio Padilla falla estrepitosamente, cuando olvida las pretensiones y se limita a narrar, logra articular una narración muy afortunada. Es, eso sí, muy libresca. El lector de Dante, de Anthony Hope, de Jules Verne, encontrará muchas referencias y guiños a lo largo de la historia, que el lego pasará de largo sin demasiado sufrimiento.

Recomendaría con gusto esta novela a cualquiera que trate, consciente o inconscientemente de las anécdotas flojas y malogradas de El Código Da Vinci y su miríada de émulos. Incluso recomiendo la novela a aquellos lectores menos ocasionales, que busquen una voz fresca en la narrativa mexicana. Sólo a los paladares más exigentes les sugeriría abstenerse. Eso sí, el final es espectacular. Ya sabrán si se lo quieren perder.

03 enero 2007

Indochine Février 2007

Uno piensa que con los años ya no va a haber nada que te haga gritar como colegiala enamorada...




Y de bono, el vínculo al último video de Indochine, Pink Water.

02 enero 2007

"Escribir es una aproximación fea, basta, incapaz de describir la experiencia humana así como un hombre de palitos no describe los procesos del cuerpo humano. La primera entrada de este diario se vuelve ininteligible cuando trato de describir algo que me es muy importante, pero que no puede ser expresado por el lenguaje, no por que sea especialmente complejo (desde mi punto de vista, todo lo que quería decir era instintivo) sino porque no es una sensación tan habitualque ya haya sido simplificada a un lugar común".


Writing is a crass, ugly approximation... (en inglés). De Lawrence Miles' The Beasthouse.

01 enero 2007

Dom Yann Derrien

René, habías buscado por años la letra de esta canción. Justo ahora la encuentras, ¡en una página en japonés! No cabe duda que a veces las cosas bellas llegan cuando menos las esperas. Una de las canciones más hermosas que has escuchado. Harías bien en copiar la letra a tu libro de notas, para que la puedas encontrar fácilmente después:

Yann Derrien (Carlos Nuñez)

Yann Derrien cesse de t'effrayer
Ne suis ni diable ni malin non plus
Je suis ta mère, ne peux te retenir
A Sant Jakez j'avais promis d'aller

Refrain :
Long si long est le chemin qui mène à Compostelle
Sept sortes de langages il te faudra parler
Onze sortes de démons aux morsures mortelles
Tu devras rencontrer avant d’y arriver

Sur le chemin de son pèlerinage
Trouve un grand chien aussi noir que l'enfer
Yann Derrien, renonce à ton voyage
Ou tu seras jeté au fond des mers

Refrain

Oh Sant Jakez, étoile de Galice
Faites un miracle et je serai sauvé
Aussitôt fut défait le maléfice
A Compostelle il était arrivé

Refrain

Et les trois âmes il a délivré
L’âme de son père
L’âme de sa mère
Et aussi sa propre âme


[De regalo de Reyes, la canción, durante siete días, por yousendit]