20 febrero 2007

Vacas muertas

¿Qué nos deja un sistema educativo que ha olvidado la importancia de las humanidades? La respuesta es sencilla: vacas muertas. En la siguiente nota, traducida de Whudda W.A.S.T.E, con permiso expreso del autor, un profesor universitario comparte su visión de una sociedad en la que el pensamiento crítico toma segunda mano ante el entrenamiento laboral.

Axia college

Había una vez un granjero que se dio cuenta de que podía comprar bolsas de aserrín mucho más baratas que las de alimento y este descubrimiento le dio una idea. Mezclaría un poco de aserrín en las bolsas de comida y así se ahorraría un poco de dinero para alimentar al ganado. Comenzó a mezclar sólo un poco de aserrín, luego un poco más, hasta que, finalmente, una semana, no le daba más que aserrín a sus vacas. Fue a una granja vecina a presumir su brillante idea y llevó al vecino de regreso a su granja para mostrarle como había llevado a cabo su plan.

Cuando los dos granjeros regresaron a ver como iban las cosas, encontraron a todo el ganado muerto.

Mi madre solía contarme esa historia… No recuerdo bien por qué, pero parece extraordinariamente apta para describir el estado de la educación en nuestro país. Nuestra idea sobre la importancia de la educación, como las ideas del granjero sobre la importancia de alimentar a sus vacas, es tal que pensamos que podemos agregar un poco de aserrín a la mezcla sin hacer ningún daño. Y bien, la vaca ha muerto.

Traten de entenderlo. Disciplinas tales como Arte, Lengua, Filosofía, Historia y Ciencias Políticas, que pueden ser llamadas Humanidades, han dejado de ser reconocidas en nuestro país como valuables. Simplemente, se asume que estas disciplinas no tienen nada que enseñarle a una persona normal. Sus objetos de estudio parecen, en el mejor de los casos, triviales.

Por supuesto, esto lo dicen quienes nunca han estudiado ninguna de las Humanidades y podría agregarse que en su ignorancia no tienen idea de lo que se están perdiendo: pensamiento crítico. La habilidad de descubrir fallas en el discurso de nuestro presidente, por ejemplo, es poco más que un juego de naipes. Los cristianos instruidos en la idea de “ama a tu vecino” apoyan activamente la Guerra: no se dan cuenta de la paradoja — no pueden hacerlo. La ausencia de cualquier educación más allá de la necesaria para el trabajo que desempeñan los hace estúpidos. Critican a aquellos que leen a Chaucer porque hacer el esfuerzo de leer a Chaucer les parece estúpido. Al contrario, pasar horas y horas viendo Survivor es socialmente aceptable. Al devaluar las Humanidades, hemos creado una cultura en la que ser idiota es muy cómodo — de forma que creen tener el derecho de burlarse abiertamente de los que son más listos que ellos. Por qué no habrían de hacerlo si son casi aplaudidos para celebrar su mediocridad.

Por poner un ejemplo, hace poco rechacé un empleo para trabajar con la universidad en línea AXIA. Quisiera explicar por qué. La compañía maneja salones de clase por internet y paga 1235 dólares por nueve semanas de clase. En esas nueve semanas, los instructores deben calificar 4 trabajos, manejar la clase y estar disponibles de 4 a 8 entre semana y de 5 a 9 los domingos. Pregunté si esto quería decir que tenía que pasar veinte horas a la semana frente a la computadora. Me dijeron que no, no tenía que estar en la computadora, simplemente tenía que estar disponible para responder los mensajes de mis alumnos. Nótese que no hay diferencia alguna entre estas dos actividades.

Hagamos algunas cuentas. Estar frente a tu computadora 20 horas al día durante nueve semanas son 180 horas de trabajo. Agreguemos a éstas otras 10 horas para calificar cada uno de los trabajos, 40 horas en total, y tenemos 220 horas por 1235 dólares. Alisten sus lápices para hacer una división. Esto quiere decir que Axia espera instructores de Lengua por 5.61 dólares la hora – un poco menos de lo que te pagan por trabajar en un McDonald’s.

Me atrevo a proponer una idea: quizá la creación de personas capaces de pensar debiera ser algo digno de admiración. No se que tan parcial sea sobre esto, pero es muy común que escuche a alguien quejarse de lo estúpidos que son todos los demás. Pues sí. Nadie está enseñando a nadie como pensar major. De hecho, aquellos que lo hacen son castigados. Los cursos que enseñas pensamiento profundo están rebajados por el aserrín de los cursos de memorización y aprendizaje de un trabajo. Me parecería muy sencillo culpar a Axia por el insulto a la educación que implican sus salarios, pero desafortunadamente no puedo echarle la culpa a esa institución. Son, por supuesto, oportunistas, pero ellos no crearon la oportunidad. Lo que Axia hace es abusar de instructores desesperados. Si el sistema funcionase, si nuestros valores estuviesen en el lugar correcto, no habría instructores desesperados que Axia pudiese contratar. Las oportunidades de trabajo para gente entrenada en enseñar a los demás a pensar son tan pocas como el mercado para la gente que ha demostrado ser capaz de pensamientos profundos. Si no fuera así, Axia habría quebrado hace mucho tiempo.

Monstro es uno de los brillantes anotadores a The Chumps of Choice, una memoria dedicada a la lectura grupal de Against the Day. Mantiene, además, una memoria propia, de excelente factura, en Whudda W.A.S.T.E, gracias a la cual sé que monstro radica en Northampton y es profesor de lengua inglesa a nivel universitario, con 21 años de experiencia. Como el nombre de su memoria indica, es un fanático de Thomas Pynchon.

Against the Shadow

Ya les venía anticipando el hecho de que los juegos de rol amenazaban con robarle espacio a este librillo. A costa de volverme un poco esquizofrénico, me decidí a armar otra memoria, Against the Shadow, para dedicarme únicamente a ese tema. La Teoría del Caos regresará en breve a sus transmisiones habituales.

16 febrero 2007

Otras confesiones

Este librillo de memoria ha estado muy callado últimamente. Hay muchas razones para ello. Algunas son tristes, otras no lo son para nada. Entro en octavo semestre en la carrera. En teoría, el último, salvo por unas cuantas (muchas) materias que debo. Todavía estoy en la locura de los horarios nuevos y acostumbrándome a levantarme temprano de nuevo. Por otro lado, he estado medio despegado de la red, o de buena parte de la red, porque me he pasado mucho tiempo jugando juegos de rol. El culpable es un nuevo juego llamado Spirit of the Century. Justamente ahora el grupo esta disfrutando una adaptación del sistema de ese juego para El Señor de los Anillos. Creo que es la primera que en verdad me siento en la Tierra Media.

En verdad, he pensado escribir mucho sobre el juego en esta memoria, pero no se me hace el canal apropiado, así que voy a abrir otro blog, dedicado únicamente a juegos de rol.

En el intermedio, y a guisa de contenido, les dejo una imagen de mi alter ego en Spirit of the Century:

07 febrero 2007

Apocalypto, de Mel Gibson


Las paradojas de Apocalypto

1

Hay algo sobre el poder de la imagen. Algo oscuro y terrible. Tras siglos y siglos de preponderancia de la cultura escrita —y podría decirse que la radio es el último apéndice de la cultura escrita— finalmente nos abandonamos ante el poderío de la imagen. Fotografía, cine, televisión. La cámara se transforma en el testigo de la historia. Su evidencia es indisputable. Si alguien aparece en un video guardándose fajos de dinero en el bolsillo, debe ser un ladrón. Si alguien aparece insultando a los judíos, es un antisemita. Lo que haya sucedido antes o después —el contexto— no importa. Lo que la cámara graba es la verdad absoluta.

Curiosamente, ese valor que le conferimos a la imagen no podría ser más falso. Hubo quien se atrevió a teoretizar que la introducción de la tecnología digital haría perder su predominio a la imagen. El público miraría con desconfianza las fotografías, suponiendo siempre la manipulación previa. Es decir, que las fotografías se verían menos reales de lo que alguna vez se vieron. Para regresar a la verdad, habría que regresar a las viejas tecnologías analógicas.

Esa perdida de supremacía nunca llegó. El poderío de la imagen no disminuyó con la llegada de las alteraciones digitales, sino que mejoró. Las divas perfectas que aparecen en las portadas de las revistas ya no necesitan tener cuerpos esculturales. Son ahora bocetos sobre los que trabaja el artista gráfico en la pantalla de su computadora. Pronto, no necesitarán siquiera tener cuerpos.

Primera aproximación: el jaguar de Apocalypto no es un jaguar. Es el resultado de un programa computacional que manipula los colores de una pantalla para que parezca que hay un jaguar.

2

En algún momento de las últimas décadas, los padres dejaron de educar a sus hijos. Dejaron su educación en las manos de la televisión, de su hermano mayor, el cinematógrafo, y de su medio-hermano, la videocinta. En eso, los hijos se limitaban a imitar a sus padres, que por único pasatiempo pasaban horas mirando culebrones y partidos de fútbol. También dejaron la educación de sus hijos en manos de un sistema escolar sin control: los hechos de la escuela no se disputan. Si se enseña en la escuela, debe de ser así.

En un extraño arranque de genialidad, Emilio Azcárraga Jean, señor todopoderoso de los contenidos audiovisuales de Televisa, la empresa televisiva más poderosa de México, declaró que no tenía ni la menor intención de educar a la gente con su programación: su propósito era divertirla.

[Mel con sus mayas]

La televisión es diversión. Es diversión porque eso es lo que espera encontrar en ella todo televidente. Es por eso que los canales culturales están condenados a tener siempre muy baja audiencia. Aquellos exitosos (léase, por ejemplo, The History Chanel) han entendido que para ser exitosos tienen que transformar la cultura en diversión.

Eso no evita que la gente crea que puede aprender algo de la televisión. Las heroínas de los culebrones deben de ser excelentes modelos éticos. Los noticieros siempre entregan información veraz y sin prejuicios. Las series infantiles deben enseñarles a los pequeños para la vida, por tanto deben hacer todo lo posible por esconder la forma en que el mundo en verdad funciona. (Esto también explica el auge de la novela histórica, pero dejemos a los libros de lado por una vez)

Segunda aproximación: Los guerreros mayas de Apocalypto no son guerreros mayas de verdad. Son actores. La cultura maya alcanzó su esplendor hace más de mil años. No había fotografías. No había cámaras de cine. La cultura maya de Apocalypto no es la cultura maya.


3

Cuando Mel Gibson —conocido por sus fans como Crazy Mel (Loco Mel— dirigió La pasión de Cristo (2004) muchos atacaron el talante antisemita de la película. También atacaron los cientos de errores históricos de la cinta de Crazy Mel. Los soldados romanos, decían, no hablaban en latín clásico. Pocos hablaron de las cualidades netamente cinematográficas de la cinta, que son muy pocas. De lo que tampoco nadie habló, es que no tenemos ni la menor idea de cómo hablaban los soldados romanos que ocupaban Palestina en los primeros años de nuestra era: no teníamos grabadoras para registrar su habla. Podemos teoretizar sobre las palabras, la gramática, la pronunciación: todo se queda en eso, en teoría.

Con la aparición de Apocalypto (2006), Crazy Mel le echa carbón a una nueva polémica. No han dejado de llover acusaciones sobre lo mal que se representa a la cultura maya en la película. Los mayas, dicen, conocían de astronomía y arquitectura, eran grandes médicos y filósofos. Se nota que repiten de memoria lo que aprendieron en la escuela. (Si no me creen, pregúntenle a esos detractores de Apocalypto cual es la importancia de haber descubierto el cero. A ver que contestan) Se nota un tufo de patrioterismo en estas críticas. Un deseo de defender lo propio. Para muestra, un botón:

Los mayas fueron tan grandes y tan importantes que es verrdaderamente vergonzoso verlos como salvajes gritando, entre otras monerías igualmente horrendas. En lugar de Apocalypto debería de llamarse Aporquería. Y lo preocupante es que esta película dará la vuelta al mundo y quien no conozca la historia de México (y no sólo de México, sino del mundo maya que abarca mucho más) creerá en tanta tontería que escuchará y verá en este film.”

Lo preocupante no es que la película le de la vuelta al mundo, si no que alguien vaya a tomar lecciones de Historia una película de Mel Gibson. Los que eso pueda suceder, sin embargo, se engañan por partida doble. Nadie se sintió más preocupado por la crisis energética después de ver Mad Max. Ninguna revuelta popular tuvo su origen en Braveheart. La policía del mundo no contrató a personas sicológicamente desbalanceadas para combatir el crimen —las contrato para otras cosas— después de ver Arma mortal. A George W. Bush no le importó el argumento de El patriota.

Apocalypto es muchas cosas, pero ninguna de ellas es un intento de recreación histórica. Película gore disfrazada de aventura histórica, metáfora de los equívocos de la guerra de Irak, suma enciclopédica de las modalidades en que un ser humano puede asesinar a uno de sus congéneres: en ningún momento Apocalypto demuestra tener pretensiones de documental.

Eso sí, es una muy entretenida película de persecución, un tanto excesiva, con una fotografía muy extraña. Es, en pocas palabras, otra película de Crazy Mel. Buena para verla si no hay nada que hacer el domingo o si eres fanático del gore. Buena para pasarte un rato palomero con lo cuates. Si quieres divertirte, ve Apocalypto. Si quieres aprender de la cultura maya, ve a una biblioteca.

Tercera y última aproximación: Los elfos y enanos de El señor de los Anillos no existen. Esta cinta no narra los sucesos en una época anterior de la Tierra. Las aventuras de Bob Esponja no denigran la hombría de las esponjas marinas. Para el caso, las esponjas no hablan. Sólo hablan gracias a la magia del cine. Los eventos de Apocalypto no sucedieron en realidad. ¿Pero eso ya deberías de saberlo, verdad?

02 febrero 2007

Procrastinar


Aunque muchos escriben * procastinar, sin la 'r', lo correcto es procrastinar. El verbo procrastinar, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua, significa diferir o aplazar. A pesar de ser un verbo con el rancio abolengo del origen latino, no es muy común su uso en nuestro idioma. En latín, el verbo procrastinare significa, literalmente, dejar para mañana.

En inglés existe una calca casi perfecta. To procrastinate significa aplazar intencionalmente algo que debe hacerse. En esta lengua anglosajona la palabra es mucho más usual. La diferencia, tenue, entre la voz hispánica y la inglesa ya revela algo de la forma de ver el mundo en ambas culturas.

Yo por ejemplo, me he dedicado a procrastinar casi todas mis vacaciones, dejando para el día de mañana todo lo que pude hacer hoy. Sin embargo, la palabra procrastinar me parece demasiado severa. Prefiero decir que he estado de flojo. Aunque eso no quiere decir que soy poco tirante, o que tengo mala calidad. Si fuera cubano, no diría que soy flojo, pues querría decir que soy homosexual.

¿Por qué es tan común decir* procastinar por procrastinar? La palabra es prácticamente una calca del verbo latino, es decir, es un cultismo. No entra en el ritmo habitual de la lengua española. La lenta erosión de sus sonidos apenas va comenzando. Recuerde: si escribe procastinar en vez de procrastinar, usted está procrastinando: deja para mañana una 'r' que debió de haber escrito hoy.

Soy H. G. Wells

Soy
H.G. Wells
El primer gran talento literario que se hizo de un hogar en la ciencia ficción, aumentando enormemente su popularidad.


¿Cuál escritor de ciencia ficción eres? [en inglés]