20 marzo 2007

Sangre eterna (2002), de Jorge Olguín


¿En verdad existen los vampiros? ¿No será que en realidad estos seres sólo habitan la imaginación de los obsesos jugadores de Sangre eterna? Ésta, la segunda película del realizador chileno Jorge Olguín, se dispone a resolver esta interrogante.

La historia se centra en un grupo de universitarios jugadores de rol, obsesionados por los vampiros. Una de ellos, una muchacha conocida dentro del juego como Carmilla, comienza una relación amorosa con M., el líder del grupo, (justo como el asesino de Fritz Lang) al tiempo que se sumerge en el submundo gótico de Chile. Pronto, el grupo conoce a nuevos y peligrosos amigos, liderados por Dahmer, un joven extraño que se comporta como si verdaderamente fuera un vampiro. El conflicto se desata cuando M., confundido por las drogas y su papel de director en el juego de rol comienza a creer que Dahmer es en verdad un vampiro. ¿Será que M. se está volviendo loco? ¿Será que en realidad Dahmer es un vampiro?

Con efectos especiales que en realidad nunca desmerecen, sería un error, sin embargo, juzgar a Sangre eterna como una película de terror. Es, ante todo, una película de vampiros, probablemente la más seria creada hasta la fecha. Es también, ante todo, una película chilena de vampiros, y ahí es donde se encuentra su verdadera profundidad.

Jorge Olguín, mediante un excelente trabajo de cámaras y apoyado por los elementos visuales que le presta su propia patria, recrea un Chile vampírico que nada desmerece al Londres de Stoker. Hay en la película un discurso subterráneo como las costumbres de la subcultura que aborda, y que habla de los verdaderos vampiros de la sociedad chilena y como trata de lidiar ésta con ellos. Aunque, de acuerdo a la sociedad, esos vampiros no existen. Sólo aparecen en los manuales del juego de rol Sangre eterna, que han infectado la mente del joven M. Porque los vampiros no existen, ¿verdad?

Por cierto, otro de los grandes puntos de la película es su banda sonora, como la siguiente canción, del grupo chileno Lucybell:



(Una versión un tanto distinta de esta reseña aparece en mi blog sobre juegos de rol, Against the Shadow)


18 marzo 2007

Noche de Primavera

Robertha
Comida china
Lawrence Durrell...

...y el placer de escuchar hip hop en la Plaza de Santo Domingo.

15 marzo 2007

El juego del destino (Work in Progress)

Se llama el juego del destino y se juega así:


1) Cuatro o cinco personas se reúnen alrededor de una mesa, donde se procede a preparar el tablero. En una hoja de buen tamaño se pinta un cuadrado que a su vez se subdivide en cuatro columnas y cuatro renglones, dejando un total de dieciséis casillas; éstas deben ser lo suficientemente grandes como para que quepan las penas. La casilla superior a la izquierda se marca con el número uno y se continúan numerando las casillas en orden horizontal; de forma que la casilla inferior derecha tiene el número dieciséis, y se le conoce como destino.

2) Se reparten las fichas, a las que se llama “penas”: veinticinco para cinco jugadores, treinta si son cuatro. En casa de Arkángel usamos corcholatas de cerveza, que conforme se avanza el juego se van apilando una tras otras en precarias torres de Babel. Cuando jugamos en el departamento de María usamos lentejas porque son pequeñas y fáciles de conseguir. Esto provocó dos reacciones. En primer lugar, María se ha empeñado en decir: cuando nos vemos para el juego de las lentejitas. En segundo, la sopa de lentejas ha sido rebautizada con el siniestro nombre de “sopa de penas”.

3) Los que juegan echan suertes para ver quien va primero. El primer jugador coloca una ficha en la primera casilla y el turno pasa al jugador a su izquierda. Cuando una casilla tiene una cantidad de penas igual a su número se dice que está maldita y ya no se pueden poner más penas ahí. Se pueden jugar penas en cualquier casilla adyacente a una casilla maldita (las diagonales no valen).

4) Durante su turno, un jugador puede hacer dos cosas:

a) puede poner cualquier cantidad de penas en una casilla permitida, o bien,

b) quitar una sola pena de una casilla, excepto de la primera casilla, que está “eternamente maldita”. Si ya no se tiene ninguna pena, en cambio, se pueden tomar cualquier cantidad de ellas.

Cuando el jugador termina de hacer su movimiento, le sigue el jugador a su izquierda, hasta el final del juego.

5) El jugador que logra colocar dieciséis penas en el destino es el ganador y obtiene el título de “Rey del destino” hasta el siguiente juego.

6) Obviamente, el destino no es un juego de estrategia, sino de diplomacia. Antes del turno de un jugador, cualquier otro, empezando por el de la derecha, en sentido contrario de las manecillas de las manecillas del reloj, puede pedirle que haga un movimiento específico a cambio de un “milagro”. Un milagro puede ser cualquier cosa, desde prestar un libro hasta limpiar el baño. Si el jugador en turno realiza el movimiento, le tienen que cumplir el milagro.

Al principio del juego se suelen ofrecer milagros ridículos, por ejemplo, si maldices la casilla dos te regalo un millón de dólares. Esto es porque es común renegociar los milagros conforme el juego avanza, si bendices la casilla cinco te perdono el millón. Pero conforme las penas se van acercando al destino, los milagros se empiezan a poner serios y ahí es donde esta lo bueno del juego. Después de una buena partida de destino, se pasan semanas acompañando a los amigos a lugares rarísimos, haciendo trabajos denigrantes y, en general, pasándosela bien...


11 marzo 2007

The end is nigh...


Ya no es una leyenda..

Va a ser dirigida por Zack Snyder, el hombre detrás de 300. (Muchas gracias a Hegemonia por hacer de éste el mejor día del año.)

09 marzo 2007

Dos poemas de C. P. Cavafis, para Robertha



La ciudad

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.



Ítaca

Cuando te encuentres de camino a Ítaca,
desea que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al enojado Poseidón no temas,
tales en tu camino nunca encontrarás,
si mantienes tu pensamiento elevado, y selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo tienta.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al fiero Poseidón no encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los coloca ante ti.

Desea que sea largo el camino.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con qué alegría, con qué gozo
arribes a puertos nunca antes vistos,
deténte en los emporios fenicios,
y adquiere mercancías preciosas,
nácares y corales, ámbar y ébano,
y perfumes sensuales de todo tipo,
cuántos más perfumes sensuales puedas,
ve a ciudades de Egipto, a muchas,
aprende y aprende de los instruidos.

Ten siempre en tu mente a Ítaca.
La llegada allí es tu destino.
Pero no apresures tu viaje en absoluto.
Mejor que dure muchos años,
y ya anciano recales en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.

Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene más que darte.

Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprenderás ya qué significan las Ítacas.

Tario, Equinoccio

¡Ay, cómo se aman los hombres! Por las calles se les ve todavía juntos. Se les ve muy
seriecitos y tiernos, codo con codo, dentro de los tranvías amarillos.
¡Y cómo creen! Creen en el protoplasma, en el paraguas, en la Extremaunción. Van
leyendo el periódico.

* * *
Llorar de amor — divina castidad de la adolescencia.
Llorar amor — madurez del amor.
Amor — con olor de flor y de color blanco.

* * *
En algún camino que nadie conoce se encontrarán algún día el primer hombre de la
Tierra y el último y se darán fríamente la mano.
—¡Cuánto tiempo sin vernos!
Luego caminarán juntos un trecho, en prueba de amistad y buenos propósitos, y los
demás hombres —todos los demás— aplaudirán de entusiasmo, sentados sobre la
hierba.

* * *
El libro completo: Equinoccio, de Francisco Tario. (Gracias Recuerdos Inútiles)

06 marzo 2007

Guerra de los sexos

Desde hace muchos años, vivo una especie de esquizofrenia en mi trato de con las mujeres.

¿Debo abrirles la puerta? ¿Ofrecerles la mano al bajar? ¿Espera ella que pague la cuenta? El problema no es tanto que me moleste hacerlo, sino que se pueda ofender. Es decir, algunas mujeres se ofenden si les abres la puerta. Otras se ofenden si no lo haces. Si les cedes el paso, algunas se sentirán agradecidas, otras disgustadas. Y no hay forma de averiguar la reacción. Ciertamente, si deseas discutir el asunto, las que esperan que pagues la cuenta te van a tachar de pobre o de avaro, mientras que las que esperaban pagar su parte van a pensar que eres un macho o que eres posesivo.

¿Hay alguna forma de salvar este problema? Quisiera dejar esta nota abierta, para escuchar los comentarios tanto de mis lectoras como de mis lectores sobre este asunto. Ojalá me ayuden a entender la situación.

01 marzo 2007

Confesiones de un fanboy. Cuida te de La sombra

Si no lo has hecho, puedes leer antes:

Justo ahora leía una nota sobre la mentira. El título de esa serie es Confesiones. Eso lleva a pensar en algo que no se ha dicho. Es decir, que o lo guardo como un secreto o que he mentido. Habrá que hacer justicia a estas confesiones y comenzar por hacer una muy importante: soy un mentiroso. Claro, cualquiera miente, pero para mi la mentira es algo que me define. Es decir, no sólo miento por necesidad. También miento por placer. Y miento por que sí.

No sólo eso. Puedo decir que soy un mentiroso de la misma forma en que digo: soy un estudiante de literatura, soy mexicano, tengo los ojos verdes. Si le preguntas a alguien cuales son mis defectos, raramente dirá que soy mentiroso. Por eso creo que soy uno bueno. La clave está, según pienso, en que para ser un buen mentiroso, tienes que creerte a pie juntilla todas tus mentiras.

Esto tiene varios corolarios. Uno, la mentira efectiva ha de ser sencilla. Otro, una mentira efectiva no debe ser consistente. La verdad nunca es consistente. No existe la coartada perfecta. Sólo lo falso puede aspirar a la perfección. Luego entonces, una buena mentira es la que se hace pasar por verdad y tiene tantos huecos como esta. Otro corolario, nunca esperes que los demás crean tus mentiras. No te esfuerces en que lo hagan. Generalmente, la gente también duda de cosas ciertas. De todo esto se desprende: la mejor mentira es la que se parece a la verdad: maloliente, dudosa, inexacta.

Considérese el siguiente ejemplo: Yo decía que mi objetivo en la vida era ser ingeniero. Lo admito, como objetivo no es gran cosa, pero era lo que decía. Decía, también, que tenía bastante claro lo que quería en la vida. Tenía bien claros mis sueños imposibles, los ideales alcanzables, lo que para mi quería decir fallar.

He aquí, supongo, el único inconveniente de una mentira. De cualquier mentira, incluso de una muy buena. Enfrenta una mentira con otra, súmalas, derívalas, intégralas en un rango de cero a infinito, llévalas al plano de Laplace y luego traza con ella una gráfica tetradimencional. El resultado es cero. Nada. Nihil, Frente a la verdad (o al mentira no descubierta) la falsedad sostiene su pretensión. Entre espejismos, sin embargo, el juego se revela como tal; es hora de mostrar la mano y contar los puntos.

¿Dónde te enfrentas contra la mentira? En la ficción. En este caso, en un libro. ¿Cualquier libro? En mi caso, uno en particular. Harry Potter y la piedra filosofal. Estudiosos de la literatura, alármense. Leí a Shakespeare y salí incólume. Ulises me mostró su Irlanda y su Egeo, pero no un espejo. Esa tarea le estaba reservada a Potter.

Quizá. O quizá no. Tal vez he estado mintiendo todo este tiempo.

De regreso

Hace rato que no pongo nada en esta memoria. Más que nada, necesitaba darle un respiro. De pronto, reviso mi ranking de Technorati, y descubro que ¡otras 30 memorias me tienen vinculado! Vaya sorpresa descubrir que en mi ausencia han empezado a llegar nuevos visitantes. Habrá que regalarles nuevas notas.

Por cierto, si pasan a dar la vuelta, dejen un comentario para saber que vinieron por acá.

Bienvenidos todos, antiguos y nuevos lectores.