29 julio 2007

Los falsos

Hay en México (los ha de haber en todo el mundo) personas que van por ahí diciendo que son poetas o escritores. Son más bien actores que llevan su papel a niveles extremos. No les basta con adoptar la pose y el tono de voz que tienen los escritores y los poetas (que creen que tienen los escritores, se entiende), sino que también escriben. Escriben cosas que parecen poemas, o cuentos, o novelas. Peor aún, las publican. Peor aún, el gobierno les da becas para que escriban sus maravillosas obras que irán a engordar los polvosos anaqueles de las librerías estatales.

Estos pobres diablos no tienen un solo amigo que les diga que no son poetas o escritores. Como cualquier culto fanático, se reúnen sólo entre ellos, entro los que no están dispuestos a revelar el juego. Se dicen unos a otros que pueden cambiar el destino de la literatura (es decir, no saben que la literatura no tiene destino). Se dicen los unos a los otros que su obra es buena, que el último cuento les ha encantado y que deberían publicarlo. Hacen como que leen (auque no lo entienden), hacen como que hablan de literatura. En eso es fácil identificarlos porque hablan de literatura como si los últimos cuarenta años nunca hubieran pasado. Hablan de García Márquez (al que no han leído), de Cortázar (que no entienden), de Sabines (al que según ellos imitan). No saben quien es Philip Roth, ni Don DeLillo, ni Michel Houellebecq, pero tratan de aparentarlo.

No es difícil ubicarlos. Se reúnen en talleres literarios y en lecturas de poesía, en cafés de la Condesa, de la colonia Roma o de Coyoacán, en lugares donde creen que pueden encontrarse con los verdaderos escritores o con los verdaderos poetas. Creen, en resumen, que el hábito hace al monje, que si la mona se viste seda la confundirán con Monalisa, que de tanto escribir poemas o cuentos o novelas, por azar, escribirán al menos uno bueno en su vida.

Pero es fácil detectar a los farsantes. La mirada los delata. Tienen la mirada de un contador, o de un publicista, o de un merolico, pero no la mirada de un escritor; esa mirada profunda y brillante que parece absorberlo todo. Esa mirada no puede fingirse, aunque, de vez en cuando, entre esos grupos de actores y farsantes puede detectarse una mirada turbia, ceniza, como un carboncillo que se apaga.

20 julio 2007

Esta nota es sólo para constatar que después de las vacaciones es necesario tomarse una semana de vacaciones para reponerse.

14 julio 2007

De regreso...

Algo harto del francés, de que nadie creyera que era mexicano, de que te sirvan papas fritas con todo, pero muy contento.

06 julio 2007

Vacaciones

Estimados lectores:

En unas cuantas horas estaré volando hacia Canadá, a donde me iré a tomar unas merecidas vacaciones. Entretanto, Teoría del Caos tomará un pequeño receso. Es un buen momento para visitar el archivo, o usar la barra de navegación que está justo arriba de esta nota. Ya de regreso les contaré como fue, y si logré mi cometido de ver el estadio Ralph Wilson. También explicaré porqué me empeño en poner comas antes de las yes.

Luis: Si alcanzas a leer esto pronto, ¿cuál es el libro de Donald Barthelme que me recomendarías en primer lugar?

04 julio 2007

Hermano Cerdo 16, con Golpes y Patadas

Acaba de aparecer la revista Hermano Cerdo, número 16, que incluye al suplemento de artes marciales Golpes y Patadas, una sección de autoayuda y la esperada columna de Miguel Habedero, ese escritor adorado y odiado que ha marcado tanto a nuestra generación.

En la sección de ensayos, aparece uno de William Gass, "El arte de ser", del cual hice la traducción. De dónde saqué los h****s para traducir a William Gass es algo que todavía no descubro. Aprendí bastante de hacer esa traducción. Ya me dirán ustedes que tan mal lo hice.

03 julio 2007

La épica del pasaporte. Parte III y final

Llegué a las cinco de la mañana. El primero en llegar. A las nueve y media ya tenía pasaporte nuevo. Es decir, esperé tres horas para poder hacer un trámite que me tomo una hora y media. Siguiendo la sugerencia de Luis, me llevé un buen libro, El enigma de París de Pablo de Santis y llegué casi a la mitad. Sin aventurar demasiado, el libro pinta muy bien. Todavía no me atrevo a recomendarlo, pero si no tienen otra cosa que leer, vale la pena arriesgarse.

Si todo falla en mi vida, puedo dedicarme a hacer negocio en la fila de los pasaportes. Podría rentar banquillos, vender plumas, e incluso apartar lugares. Claro, a menos de que a algún funcionario piense en resolver el problema de la desmañanada, por ejemplo, permitiendo concertar citas por internet. Afortunadamente vivo en México y eso nunca va a pasar.

02 julio 2007