29 octubre 2008

Nota

Mis padres me han traído Nocilla Experience de Barcelona. Venía envuelto en papel de cera rojo. Aquí nadie envuelve los libros en papel, aunque no suena a una mala idea. Me resisto a inciar la lectura, que guardaré para un día lluvioso. Mientras tanto, continuo leyendo El mago de Viena de Sergio Pitol y preguntándome cómo me las arreglé para no haberlo leído antes. El libro resulta una excelente lectura para seguir a Oficio: Leer de Rogelio Guedea, un librito delicioso al que dan ganas de regresar de vez en cuando. Por si esto fuera poco, parece que se confirman los rumores de una nueva novela de Thomas Pynchon.

Los astros se están ordenando de manera correcta, así que en unos minutos me voy a inscribir en el Nanowrimo de este año. Creo que mi cabeza está en el lugar correcto para ponerse a escribir una novela.

Trabajo, además, en siete cuentos de los cuales algunos me gustan más que otros pero que tienen cara de ser un libro, de leerse mejor en conjunto que por separado. ¿Cuál es el hábitat natural del cuento?

Pienso también, a ratos, en un poema largo a la Coca-Cola.

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Estoy escuchando: Noir Désir - Tostaky (Le Continent)
via FoxyTunes

21 octubre 2008

¿Nanowrimo o no?

Para los que no lo saben, el Nanowrimo es un concurso en el que el único objetivo es escribir una novela en treinta días. El año pasado entré al concurso y conseguí ganar al juntar las 50,000 palabras que pide el concurso, pero no terminé de escribir la novela. Este año no estoy muy seguro de si repetir o no la experiencia. Tengo una vaga idea de algo que me gustaría hacer, que probablemente sea una novela corta y por lo mismo se ajuste al concurso.

Estimados cinco lectores, ¿debo o no concursar este año en el Nanorwrimo?

20 octubre 2008

Un sueño más

En este sueño, estoy jugando Guitar Hero. Más bien, estoy mirando un cielo estrellado, el universo, y todo el universo es un juego de Guitar Hero y lo que veo es parecido a esto:



El universo es un solo de guitarra interminable. Yo muevo las manos por los botones de la guitarra de juguete y atrapo todas las notas que llueven hacia mí, una lluvia de estrellas, una lluvia de música que avanza cada vez más y más rápido en patrones cada vez más complicados, imposibles. En el sueño soy mucho mejor que cuando estoy despierto. Capturo todas y cada una de las notas y se escucha un solo de guitarra triste y feroz, feroz y triste, enojado, sublime. Pero el patrón de las notas se vuelve cada vez más rápido y complicado, como si estuviera jugando una canción de Buckethead o de Satriani, sólo que no se escucha como si fuera una canción de Satriani sino como uno de esos interminables solos de rock sureño. Pronto las notas van más rápido de lo que puedo mover la mano y fallo algunas cuantas. Me recupero.

El sueño, como el solo, parece interminable. Las manos me duelen, pero la canción sigue en infinitas variaciones, sin repetirse nunca, sin escuchar nada que indique que la canción va a terminar. Cada vez me canso más. Dejo pasar algunas notas sólo para descansar la mano y por un momento el universo se torna silencioso. Luego continúo. Y el solo de guitarra continua y se hace todavía más complicado y toco todas y cada una de las notas, sin tratar de pensar, dejándome guiar por el instinto y por el dolor caliente y rojo que se acumula en el dorso de mi mano.

Me despierta el teléfono. En mi télefono suena el inicio de Tarantulla de The Smashing Pumpkins. Oigo tu voz. Entonces sé que todo va a estar bien. Sólo que no es cierto. No suena el teléfono y no me despierto. Sigo jugando ese solo de guitarra incesante hasta que muchas horas después, agotado, abro los ojos.


(Imagen de XKCD)


16 octubre 2008

El hombre detrás de Winkies

Esta escena de Mulholland Drive es una de las que más me han influenciado en la vida. Es una escena curiosa en la cinta porque parecería que tiene poco o nada que ver con el resto de la trama, como si fuera un cuento dentro de una novela.

Filmada con pulcritud, para mi la escena está toda en los detalles. El plato con la comida intacta. La pintura sobre los avisos de la entrada del Winkies. El rostro de Patrick Fischler cuando dice:

I hope that I never see that face ever outside of a dream. That's it.



Winkie's Dream

13 octubre 2008

Breves notas sobre The Brief Wondrous Life of Oscar Wao


* Una novela extraña y hasta cierto punto tramposa, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, quizá sea el tipo de novela que tiene más encanto si se lee desde el punto de vista anglosajon, es decir, como una novela del otro (el dominicano, el negro) que se termina volviendo lo propio (Jersey, NYC). Desde México, recuerda demasiado a las sagas familiares de García Márquez y sus émulos como para resultar refrescante, en cuanto a tema, estructura y personajes.

* Oscar Wao es un geek (en España le dirían friki, en México nerd o ñoño o pepino). Conzco muchos Oscar Waos identicos al Oscar Wao de la novela o casi idénticos y por lo mismo el personaje me resulta un poco increíble por estereotípico. Además, sólo hasta cierto punto se puede justificar con la mala memoria del narrador los errores de fechas y datos sobre los "hitos" de la cultura friki. [Hay un punto en partícular que me molesta de sobremanera. Oscar es un gran adorador de Gary Gygax, co-creador de Dungeons & Dragons. Lo idolatra. Quiere ser el Gygax dominicano. Justo por eso parece imposible que en 1988 se encuentre jugando el módulo Q1 Queen of the Demonweb Pits. Claro que hay que ser muy friki para entender por qué. [Aunque pensandolo mejor, es fácil hacer un símil literario. Imaginen que en una novela japonesa hay un chico retraido que quiere ser el Cortázar japonés. Por lo tanto, se le ve leyendo una novela de Isabel Allende.]]

* En el mismo tenor que el punto anterior, la mención de cuantos puntos de golpe (hit points) pierden los personajes en las múltiples golpizas y torturas que son los puntos culminantes de la novela es de muy mal gusto, muy muy mal gusto. [Para sobrevivir la pérdida de 120 puntos de golpe hace falta, según las reglas de AD&D que era el juego favorito de Oscar, ser un guerrero de nivel 10. [Y no, aquí no hay simil literario que valga.]]

* Si no has leído Watchmen de Alan Moore (y no sé por qué no lo has hecho), Junot Díaz se encarga de contarte el final en las últimas páginas de la novela, todo el final. Todo el final. La película sale el año que viene. Ya sabrán si quieren saber el final antes de tiempo o no.

* Si los tres puntos anteriores te dejaron en blanco, te vas a perder del 90% de las referencias de la novela. Sospecho que muchos de los críticos de la novela se la leyeron así, porque no se ven comentarios a esta parte de la personalidad de Oscar. Y esas referencias que no entendían les parecieron maravillosas durante la lectura.

* Las mejores partes del libro son las que transcurren en la República Dominicana, pero están tan divorciadas de la historia de Oscar (parecen pretextos para narrar la historia de la dictadura dominicana, metidas con calzador) que parecen sacadas de otra novela.

* La prosa de Junot Díaz es una fuerza que debe de respetarse.

* Sólo si se suman los comentarios del primer y el último punto se expica el Pulitzer, los críticos asombrados, la acumulación de premios. Una buena novela, pero tampoco hay que salir corriendo a comprarla. Pero si ya se está en la librería, es una buena apuesta.

* Mi amigo Luis Panini dice que la vida de Oscar Wao no es ni tan breve ni tan maravillosa. Es algo que señalan todas las reseñas en mayor o menor grado (y en grado peyorativo o meliorativo, según cada autor). Esta novela es un buen ejemplo de la importancia de un título. Si le hubieran puesto Fukú, por ejemplo, el horizonte de espectativas del lector no se vería tan violentado.

11 octubre 2008

Una advertencia sobre Haunted, de Chuck Palahniuk

Haunted es una novela fallida. Todas las cosas consideradas, es un fracaso estrepitoso, de esos que sólo se pueden conseguir cuando la ambición es muy grande. En este caso, a Palahniuk se le escapa desde las primeras páginas.

Al inicio, uno de los personajes dice una frase que resumen la novela: "Como yo lo veo, Ana Frank lo tuvo más fácil que nosotros: ella nunca tuvo que ir de viaje promocionando su libro." La clave está en entender que la frase no tiene nada de irónica, que para todos los personajes de la novela es una suerte de mantra. El resultado es tan increible como acortonado, recortado por veinticuatro cuentos (en general, bastante olvidables), una fábula idiota que en sus excesos escatológicos pierde al lector.

Mi recomendación es no leer Haunted. Si se pasa por una librería y se le encuentra por ahí (en español le pusieron Fantasmas, según San Google), les recomiendo leer la última y la primera de las historias, que son lo único rescatable de este esperpento. Eso sí, traten de leerlas con el estómago vacío.

10 octubre 2008

¿Qué leer?

Bolaño escribió que uno debería de escribir cuentos de tres en tres o de cinco en cinco, nunca de dos en dos o de uno o en uno o se corre el riesgo de escribir el mismo cuento toda la vida. ¿Pasará lo mismo con la lectura? A mi me resulta prácticamente imposible. Hace dos días leí El último lector, el de Piglia, de corrido, porque me había decidido a leer ese libro únicamente. Anoche empecé a leer Haunted de Chuck Palhaniuk pero hoy, en un viaje al aeropuerto, me compré The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Junot Díaz demasiado barato como para dejarlo pasar y leí la contraportada y las primeras páginas de regreso a casa. Ahora no sé cuál libro leer y eso sin contar que para el lunes debo leer Vida y hechos del famoso caballero don Catrín de la Fachenda de Fernández de Lizardi.

¿Cómo demonios saber cuál leer primero? ¿Qué criterio seguir? El asunto no es puramente filosófico, sino también económico. Si en un viaje a la librería me compro dos o tres libros, sé que leeré uno inmediatamente y los demás se iran a la pila de libros por leer. El problema es que para cuando termino un libro me entran ganas de ir por libros nuevos y me compro dos o tres... Tal vez la respuesta sea comprar libros de cinco en cinco, pero casi nunca tengo dinero para hacer eso.

He probado con hacer listas de lectura, pero no funciona. Es el síndrome del prado del vecino: las ojas del libro recien adquirido me parecen más verdes. Los libros que no he comprado me parecen más atractivos que los que ya he comprado. Luego están los libros que son demasiado caros como para comprarse por capricho pero que se ven muy bien (Acantilado, 451, Paidos, estoy pensando en ustedes) y que son los que me da más miedo que me decepcionen. También los que me dan mucha curiosidad por ser voces nuevas, pero que por lo mismo me da miedo que no digan nada (eso es caer en una generalidad injusta a partir de malas experiencias con un puñado de jóvenes autores, pero cuando estoy entre comprar un libro de, digamos, Danilo Kis o Sebald o Fresán y un libro de un ilustre desconocido del que lo único que sé es que participó en un "laboratorio de novela" con dos escritores segundones como maestros, ¿cuál creen que escojo?)

Hay un crítico de cine en El Universal que me hace la vida muy fácil a la hora de escoger películas. Si le ha chocado una, lo más probable es que me guste. Desafortunadamente, no hay un crítico literario así (y francamente se publican muchos más libros que películas se filman). Eso implica que tengo que andar a ciegas en las librerías, confiando sólo en el gusto de algunos amigos de este librillo de notas, que a veces no viven en este país y los libros que recomiendan no se encuentran con facilidad; correr riesgos para comprar libros que luego termino por no leer o me toma tiempo leer u olvido y no desempolvo hasta tiempo después o los pierdo o se mojan. Odio que se mojen los libros.

¿Cómo saber qué leer justo ahora?

09 octubre 2008

Un gato

Después de leer House of Leaves,  me dan miedo las puertas cerradas. La idea de que una puerta pudan llevar a algún lugar extraño, desconocido, unheimlich, me ronda por momentos. Abres la puerta de recámara y  descubres que da a un largo pasillo oscuro. Pasa más o menos lo mismo con los libros. Cada hoja que pasa es una puerta cerrada. No vas a saber lo que vas a encontrar hasta que la abras. Pasa incluso con los libros que ya has leido y quizá de ahí el temor de que al abrir una puerta no encuentre lo que espero. Recuerdo haber leído Cambio de piel de Carlos Fuentes cuando tenía dieciocho años y luego otra vez cuando cumplí veinticinco y me encontré con un libro totalmente distinto. A veces saco el libro de su estante para comprobar que las palabras no han cambiado de nuevo.



En eso los libros son como el gato de Schrödinger. No puedes saber si el libro está vivo muerto hasta que lo abres. No sabes si las palabras cambian de lugar mientras no las miras. Si los libros están vacíos hasta el momento en que abres una de sus páginas.

En Avalon, de Mamoru Oshii, la protagonista compra varios libros sobre la leyenda artúrica como parte de su investigación, libros que se descubre, más tarde, están vacíos. Eso puede significar que ese mundo no es real o quizá, sospecho, que el mundo existe sólo para el protagonista. Que aquello que no ve, aquello que olvida, no existe.





Los libros son, finalmente, receptáculos de la memoria. En Farenheit 451, Bradbury plantea la idea de un hombre que trata de memorizar el contenido de los libros para preservarlos. De forma similar, los druidas de la antiguedad transmitían libros enteros en forma oral, para evitar que el conocimiento cayera en manos indignas. Los libros son una extensión de nuestra memoria; la literatura una extensión de nuestra imaginación.

Shakespeare escribió celebremente que todo el mundo es un escenario. Yo creo que todo el mundo es un libro y cada uno de nosotros no somos más que uno de sus infinitos lectores. Como el gato de Schrödinger, como un libro cerrado, no existe más que cuando nos ponemos a leerlo.

Una breve nota sobre el Nobel

Todos los años, antes de que se anuncie el Nobel de Literatura todos ponen sus listas de escritores, que siempre tienen a los mismos escritores y que nunca ganan. Después se anuncia el ganador, que nadie esperaba, pero a los pocos días resulta que todo el mundo ha leído y que es maravilloso.

08 octubre 2008

Terminator: The Sarah Connor Chornicles



De todas las series que hay en televisión, mi favorita por mucho es Terminator: The Sarah Connor Chronicles. Contra el facilismo en el que ha caído Heroes, la telenovela que es Lost y los excesos de Dexter, la serie de Terminator opone guiones interesantes y sorprendentemente no depende de efectos especiales para entretener al público. Justo por esa razón, parece, la serie va a ser cancelada dentro de poco. Es una lástima, pero así son las cosas.

Mientras aguante la serie, vale la pena verla.

06 octubre 2008

Poesía y vacío (1)

El punto de arranque

a) En La senda de los libros se abrió una pequeña discusión sobre la poesía postpoética, que es en realidad una discusión sobre el valor sobre la poesía de vanguardia o postmoderna. En uno de los comentarios, JacoboDeza anota:

La emoción de la que yo hablo es el "poder de consolación" del que habla Margarit, y en líneas generales, eso se consigue menos con poesía de vanguardia o postpoética (o visual, o experimental...). La intelectualización del contenido, apegado a un mayor interés por la forma, repercute en las sensaciones que el poeta quiera transmitir. Les pasaba también, en otro nivel, a los conceptistas: extasiados por la forma se olvidaban de que el poema tiene que decir algo profundo y, sobre todo, debe entenderse.
Habría que partir la discusión en tres partes. Creo que nadie discutirá que el poema debería decir algo profundo (aunque en verdad sí habría que discutirlo) así que por una parte habría que discutir si sobre todo el poema debe entenderse, si la intelectualización del contenido repercute en las sensaciones que el poeta quiere transmitir y finalmente preguntarse sí, en el caso de Fernandez Mallo, los poemas no son más que trucos matemáticos para ocultar el vacío.

En resumen, ¿tiene o no ropa el emperador?

b) Justo en el camión de camino a la Facultad discutía sobre el rollo que se trae la banda de poetas jóvenes mexicanos, lo que yo alegremente calificaba de poesía postpunk: una poesía que busca no decir nada de la peor forma posible, que rehuye de manera intencionada o no intencionada de una forma coherente a la vez que trata de ofuscar el contenido hasta anularlo; una poesía emo en la que se confunde la depresión con la lucha social y la desidía con el tener algo que decir. ¿Hay diferencia entre esta propuesta (o falta de ella) y lo que propone Fernández Mallo? ¿Es una diferencia escencial o sólo de grado?

c) Cómo no tengo nada mejor que hacer con esta memoria, trataré de pelotear el asunto en los próximos días. Estimados cinco lectores, si tienen algo interesante que decir, sus comentarios serán más que bienvenidos.


Poesía postpunk (1)

Definición:

Llámese poesía postpunk a lo que sea que se hace por pasar por poesía en México a últimas fechas.