28 enero 2010

El Tercer Reich publicado



Aunque nunca le he tenido mucha confianza a los inéditos de Bolaño, El Tercer Reich siempre me llamó la atención desde su anuncio, por la temática wargammer que suele tener muy pocas apariciones dentro de la literatura. Eso sí, creo que me aguardaré un poco a que lluevan las reseñas antes de comprarlo, para ver si es lo que espero.

RIP JD Salinger

El autor de El guardián en el centeno falleció ayer.

27 enero 2010

La locura de fin de enero

El trabajo se me empieza a juntar: una traducción y varios capítulos de un libro de texto. Avanzo poco o nada porque tengo un buen colchón de tiempo. Me preocupa un poco porque estoy buscando un trabajo más estable y si aparece algo de pronto voy a tener el agua hasta el cuello.

Aparte, terminar una novela (por fin sé como terminarla), iniciar con fuerza otra, revisar una decena de cuentos y trabajar en un poemario (odio esa palabra, pero creo que así por fuerza se llaman los libros de poesía.)

Esta semana he estado asistiendo al foro La creatividad redistribuida que organiza el Centro Cultural de España. Algunas cosas interesantes que contar sobre el mismo habrá pronto en este blog. También continuaré con la serie sobre el cuento y alguna cosa más, aunque sospecho que en febrero bajará la intensidad de las notas.

22 enero 2010

Afterpop Fernández & Fernández


La imagen es de la presentación de Agustín Fernández Mallo y Eloy Fernández Porta en el Centro Cultural España, el pasado jueves. En definitiva, no es lo mismo que verlos en YouTube. La energía es impresionante. De lo mejor de la velada, la lectura del poema "Una tribu de heavies persiguen y dan caza a un coolhunter" que abre Homo Sampler (Porta) y "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un iPod" (Mallo). AFM también leyó fragmentos de El hacedor de Borges (remake) que probablemente será su nuevo libro. El remake de "Borges y yo" sonó increíble.

Hoy por la mañana los entrevistamos para HermanoCerdo.

20 enero 2010

Más Providence (y muchos paréntesis)

En The Art of Fiction, Mauricio Salvador acaba de publicar un largo comentario sobre Providence. (Por si no lo saben, el año pasado sólo se publicaron dos novelas en español, Providence de Juan Francisco Ferré y Señales que precederán al fin del mundo de Yuri Herrera.) El comentario de Mauricio sirve también para comentar varias reseñas de la novela, entre las que menciona la mía (aunque no me gané un enlace, sniff). Dice que es una de"las mejores reseñas que he leído de Providence" y después pasa a tundirme con calzador por meterme con James Wood. Merecido me lo tengo. Aunque a mi favor debo decir que si defiendo que Wood tiene "una idea de realismo acartonada y nada afín a las propuestas del posmodernismo" es porque eso es lo que me parece cuando leo sus reseñas. Creo que mi problema con Wood está en su idea del aburrimiento, tal y como la explica en Los mecanismos de la ficción (que Gredos acaba de traducir y cuyo primer capítulo se puede leer en línea). Con algo de suerte Mauricio me presta sus libros de Wood para sacarme del error.

(Me pregunto si se irá a traducir Providence al inglés dentro de poco y si Wood la reseñaría. También me pregunto como haría el traductor para lidiar con todos esos personajes que hablan inglés pero que en la novela hablan como españoles con desparpajo. Ferré aclara una vez que cuando los personajes dicen "guay" en realidad están diciendo "cool" lo cual lleva a algunos momentos muy cómicos para los que crecimos en México leyendo traducciones españolas a libros norteamericanos.)

Mauricio remata su reseña resaltando una virtud de Providence que ha sido poco señalada:

Lo que me ha deslumbrado de esta novela es la visión de lo que comunmente hemos llamado la "América profunda". [...] Viajó realmente hacia dos de los cimientos más duraderos de la narrativa estadounidense, el puritanismo y el racismo [...] En esta exploración sobre esos aspectos todavía palpables de EU radica, creo, la maestría de Ferré.
Salvo por el asunto de Wood, me encontré asintiendo enérgicamente a las afirmaciones del Gran Cerdo aunque mi aproximación fue muy distinta (se me ha hecho notar recientemente que hay gente que no sabe que MS es el editor de Hermano Cerdo, osea que imagina que MS no es MS sino su gemelo malvado. Ridículo.) Hay mucho de Hawthorne y de Melville en Providence. Me atrevo a agregar que el hecho de que la novela soporte lectores con posturas críticas tan diversas es otra de las razones de su maestría.

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Las muchas reseñas de Providence pueden leerse desde el blog del autor, incluyendo la de Juan Goytisolo, la de Juan Antonio Masoliver Ródenas, la de Jesús Andrés y muchas más. Eso no quiere decir que no haya críticas negativas, aunque hasta el momento estas últimas tengan lecturas más bien superficiales. Espero que el éxito de crítica venga acompañado de un éxito de ventas, traducciones y premios.

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¿Por qué será que la ganadora del Herralde esté llamando tan poco la atención en comparación a la finalista?


19 enero 2010

Si el norte fuera el sur, 1

En el último número de Tierra Adentro aparece un interesante ejercicio: un lector del sur de México (Eduardo Huchin Sosa) lee a cinco autores jóvenes del norte, y viceversa (Irad Nieto). Al final no queda piedra sobre piedra. (Miento, Nadia Villafuerte se salva. Tengo que darle una nueva oportunidad a ¿Te gusta el látex, cielo? aunque esto me parece espantoso.) Aunque quedan algunas dudas sobre cómo se eligieron los libros que cada quién leyó, por ejemplo, la conclusión es tan triste cómo predecible. Si acaso, queda la vaga idea de una ligera superioridad de los escritores del norte del país.

¿Qué es lo que indican estos ejercicios, si es que indican algo? ¿Es válida esta lectura por regiones?

EDITADO EL 24 DE ENERO: SE HAN AGREGADO ENLACES A LOS ARTÍCULOS.

15 enero 2010

Dicen las malas lenguas que pronto veremos llegar Contraluz de Thomas Pynchon, editado por Tusquets, para aquellos que no pudieron leer en su momento Against the Day en el original.

12 enero 2010

Cómo escribir el manual de un sistema operativo y traducirlo a 20 idiomas en sólo cuatro meses

Ubuntu, el sistema operativo que utilizo en mis computadoras, tiene un proyecto proyecto para su próxima versión, que saldrá a distribución en abril: Escribir un manual de usuario para principiantes, que sirva de introducción a la instalación y operación del SO, así como sus principales aplicaciones. Para ello, un grupo de 114 voluntarios, entre escritores, correctores, editores y diseñadores se están organizando en línea para llevar a cabo el proyecto. No sólo eso, sino que de manera simultánea a su creación en inglés se tratará de traducir simultáneamente a la mayor cantidad de lenguas posibles, con la ayuda de muchísimos voluntarios más.

El avance del proyecto The Ubuntu Manual, su justificación y su organización puede seguirse desde el wiki del mismo. Aunque todavía está en sus primeras etapas, y no es seguro que tenga éxito, la idea es impresionante, así como la forma en que se organiza el proyecto. También me parece muy interesante la forma en que utiliza un software que normalmente sirve para crear nuevos programas (sistema distribuido de control de versiones) en la producción de un libro y sus traducciones.

11 enero 2010

Terminator 7

Un sueño

John Connor, el líder de la resistencia humana en la lucha contra la Máquina, está muerto. No queda bien claro por qué, pero al inicio de la cinta todos sabemos que John Connor está muerto. La lucha por la humanidad está perdida. La sensación de pérdida se siente en los primeros planos de la cinta, en la actual Nueva York, una sensación como de que el mundo se ha acabado pero todavía no nos hemos dado cuenta.



Jeff Daniels aparece desnudo y con una enorme barba en medio de la ya típica esfera de electricidad, ante la mirada atónita de David Dorfman, un jovencito vagabundo que dormía debajo de un cartón cuando Daniels llega del futuro. Sigue lo típico: Daniels advierte al jóven de lo importante que es su misión para salvar el futuro, que John Connor está muerto, que es su culpa pero el puede arreglarlo. A todas luces el hombre está algo trastornado y no parece ser sólo por el viaje temporal. La interpretación es muy parecida a la de Bruce Willis en Doce Monos, pero no tan exagerada. El joven se asusta al ver al loco desnudo hablándole del futuro, pero se puede ver en sus ojos que le cree. Claro, si no no habría película. También: quizás el joven no tiene nada que esperar, nada en que creer, y que un extraño aparezca en una esfera eléctrica de la nada le ofrece un sentido a su vida que no había tenido antes.

Sigue lo obvio. Una señora con tubos en la cabeza se asoma por la ventana y ve a un hombre desnudo hablando con un niño en la calle. Llama a la policía. Con una velocidad que nunca tiene en la vida real, la policía se presenta en forma de tres patrullas. Daniels consigue una frazada, ropa y una celda. La policía hace caso omiso de sus gritos de que debe salir de la cárcel para salvar al mundo de la Máquina. Dorfman va a parar con el típico imbécil de servicio social que le muestra un muñeco para que le explique dónde lo tocó el hombre malo. Se entiende que pasan horas, que el niño no tiene parientes y que el hombre del futuro se desespera cada vez más. Una joven y bella policía pone un poco más de atención a sus gritos y recuerda algo que estudió en la Academia. Ese algo es el caso de Sarah Connor. Presenta a sus superiores un archivo fotográfico de Sarah y John cuando en 1995 volaron las instalaciones de Cyberdyne Systems. Primero se burlan de ella y le preguntan si cree que el hombre verdaderamente viene del futuro, pero cuando la joven y bella policía les recuerda el 11-S y el Patriot Act y cosas similares, dejan de reír. Uno de sus superiores decide llamar al FBI. Tiene el teléfono en la mano cuando comienzan los disparos.



El causante de los disparos es Hugo Weaving, que prácticamente repite su papel como el Agente Smith en The Matrix, salvo porque ahora su traje es café (más adelante nos enteraremos que lo robó a un profesor de Filosofía) y ahora es un T-850 que ha sido enviado desde el futuro para salvar a Daniels, no se sabe muy bien por quién. La escena de la balacera es corta y violenta, aunque no se ve demasiada sangre en escena. Es aquí donde comenzamos a sospechar que Terminator 7 no tiene mucho presupuesto o está diseñada para salir directo a televisión, porque los efectos especiales están sorprendentemente ausentes o son muy austeros. La última en morir es la joven y bella policía, que mira con terror al Terminator del futuro, pero aún así le apunta con su arma reglamentaria y la descarga. La bala rebota en la mejilla del cyborg sin hacerle mella. «No te pareces a él», dice la policía. El T-850 mira hacia el suelo, donde están desperdigados los papeles del archivo de Sarah Connor, entre los que se encuentra una foto de Arnold Schwarzenegger. «Soy un modelo nuevo», contesta, y después la mata con un tiro en la frente.

Sigue más de lo obvio: Weaving abre la puerta de la celda de una patada y rescata a Jeff Daniels («Come with me if you want to live.»), discuten un poco ante la insistencia de Daniels por llevar con ellos al chico de la calle, pero es obvio que la máquina está programada para seguir las órdenes de Daniels. Dorfman se une al escape, sin soltar el muñeco que el trabajador social le ha dejado antes de morir por una bala perdida. Roban una patrulla y se pierden en la ciudad, que sigue anunciando de maneras casi imperceptibles el fin del mundo: locales cerrados, basura en las calles, luces que parpadean, se apagan y luego no vuelven a prender más.

El T-850 los lleva a un hotel de lujo, donde paga con tarjeta de crédito. En un homenaje algo innecesario a The Matrix, la máquina se registra bajo el nombre de Mr. Anderson. Ya en su cuarto, Daniels les explica que el es el creador de la máquina que viaja en el tiempo. Sin embargo, se ha dado cuenta de que lo único que hace su máquina en realidad es crear una anomalía temporal. En el momento en que Kylee Reese y el primer Terminator viajan al pasado, se crea una suerte de círculo vicioso: dado que han llegado del futuro a detener el pasado, no pueden en realidad cambiarlo, ya que eso impediría que pudieran llegar del futuro en primer lugar... La única manera de evitar que la Máquina destruya el mundo, que John Connor muera y la humanidad desaparezca es cerrando esa anomalía, de manera que el futuro quede de nuevo en un estado indeterminado, que puede ser mejor o peor del que tienen ahora, aunque él duda mucho que pueda ser peor. Después de infiltrarse a una base de Skynet, ser apresado y torturado, Daniels convence a las Máquinas de que puede hacer una mejor máquina temporal, pero en realidad sólo construye una para poder escapar. Es mucha exposición, que afortunadamente se alivia mostrando flashbacks de los eventos del futuro, en los cuales se entiende que John Connor (en el futuro, Christian Bale, con filme reciclado de Terminator Salvation) muere tratando de rescatar a Daniels, aunque esto no lo cuenta.

Para arreglar el futuro, basta infiltrarse en un centro de investigaciones gubernamental donde un joven Daniels (él mismo, pero sin barba) está construyendo el primer prototipo de máquina del tiempo. Las instalaciones están en un bunker bajo tierra, pero acá ya no hay tiempo para sutilezas. Dorfman hace de señuelo, el T-850 se encarga de el trabajo sucio y Daniels, ayudado por sí mismo, activa la máquina (que parece un giroscopio de feria) para arreglar el problema. Sin embargo, es obvio que algo sale mal, porque cuando la máquina se apaga Daniels se ha transformado en un monstruo de dos cabezas, una barbada y otra lampiña, como si fuese el Jack de la baraja.



Derrotados, el mutante Daniels, Weaving y Dorfman vuelven al hotel. Mientras el Terminator sale a la calle a buscar quién sabe qué, el chico sale a las calles a vagabundear, sin saber muy bien que hacer tampoco y termina en el callejón donde encontró a Daniels por primera vez, de donde ve salir a un desnudo pero mucho más joven John Connor (Thomas Dekker) que le explica al jovencito que ha venido del futuro a prevenir su propia muerte y le pide que lo lleve con Daniels. El chico lo lleva al hotel, donde Connor y Daniels tienen una larga conversación filosófica, sobre el futuro, la muerte, la Máquina y otros menesteres. El muchacho lo mira todo por el ojo de la cerradura, pues es una conversación privada. Gracias a la misma, Daniels comprende que debe morir para finalizar el proceso y salvar el universo, así que le pide a Connor que lo mate. «Con gusto», dice Connor, y Dorfman ve por el espejo de la habitación cómo el rostro de Connor se disuelve en metal líquido. Connor no es Connor sino un T-1000 (¡Holy Fucking Shit!), así que Daniels muere atravesado por la espada en la que se transformó el brazo del falso Connor. Alertado por los gritos del joven, Hugo Weaving entra en acción. Entre el T-850 y el T-1000 destruyen el cuarto de hotel, pero es claro que el T-1000 va a ganar. «I'll be back» son las últimas palabras de Weaving, antes de que el Terminator de metal líquido destruya su chip.

Dorfman huye del cuarto, perseguido con morosidad por el T-1000, que toma la apariencia de Weaving. El joven se pierde entre la gente en el gran vestíbulo del hotel, donde hay una gran aglomeración (se activaron las alarmas de incendio durante la batalla final) mientras Weaving lo busca con calma. La cámara se aleja, entre el clamor de la gente. No sabemos si el Terminator encontrará pronto al joven o no, mientras la cámara se continua alejando, sale del vestíbulo del hotel y se coloca por sobre los edificios de Nueva York. El cielo, encapotado, anuncia una fuerte tormenta.

Fin

06 enero 2010

México, 4


Esta manta apareció en un puente peatonal del Viaducto, a la altura de la calle de Anáhuac en la Colonia Roma Sur. Por la cantidad de patrullas y la hora a la que llegaron, pensamos que venían a incautarnos los regalos de Reyes.