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Mostrando las entradas de febrero, 2010

Dos caminos

En la vida sólo existen dos caminos. Vida o muerte. Luz o penumbra. Salto o caída. Noche o alba. Frío o calor. Amor o adulterio. Negro o blanco. Humo o bebida. Dinero o nada. Frío o templado. Playa o nieve. Poder o esclavitud. Dosis o angustia. Día o semana. Bala o caricia. Árbol o desierto. Fiesta o funeral. Mar o río. Cautela o traición. Goce o tortura. Agua o fuego. Paz o agonía. Mujer o mujer. Subida o la tuya.
—Paul Medrano, Dos Caminos

Coincidencias, 1

Hace poco terminé la lectura de El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas de Haruki Murakami, una novela que mezcla sin esfuerzo realidad y fantasía. Justo ahora acabo de ver Franklyn (Gerald McMorrow, 2008) —que pasará a la historia por inventar la Iglesia de las Manicuristas del Séptimo día— y resulta un complemento perfecto a la novela de Murakami. Me parece curioso, también, que las dos obras dependan tanto de la atención a los detalles: un lector distraído encontraría ambos trabajos superfluos y quedaría decepcionado o confundido por el final.

El vicio

Recién llegada de Chicago, hojeo mi copia de Inherent Vice. Ahora no sé si ponerme a leer a Pynchon o a Bolaño (ojalá todos mis problemas fueran como éste.) Mientras me decido, continúo la lectura de El insomnio de Bolivar de Jorge Volpi, que me ha sorprendido con agrado.