31 marzo 2010

Escribir en marzo, 1

Durante cuatro años, del 2002 al 2006, intenté escribir una novela. Todavía hay en el disco duro de mi computadora unas 1,000 cuartillas de escenas, notas, esbozos de personajes y garabatos de ese proyecto inacabado. Me resisto a borrarlas porque algunos de esos fragmentos se vuelven cuentos o reflexiones o ideas para otras cosas y también porque francamente si algo sobra es espacio de almacenamiento.

Empecé a escribir esa novela un poco por desesperación, porque tenía la idea un libro que quería leer pero no encontraba por ninguna parte, así que decidí escribirlo. Más bien, intenté escribirlo. No tenía ni la menor idea de cómo hacer una novela: pensaba que sí, porque había leído muchas, pero la verdad es que no sabía en que me estaba metiendo. Recuerdo muy bien, por ejemplo, el momento en que el protagonista de la novela se despierta en su casa, descubre que su mujer lo ha dejado y sale a la calle. Lo recuerdo muy bien porque levantar al personaje de la cama fue una tarea titánica. No tenía idea de como hacer que se levantara de la cama; menos de que se pusiera los pantalones o bajara las escaleras. Me tardé una semana en levantarlo de la cama y dejarlo en la calle.

En otra escena dos mujeres están en un anden del metro, sentadas en el piso mientras fuman un cigarro tras otro. Es muy tarde, los vagones dejan de circular y ellas se quedan en el anden vacío. Había una cierta tensión sexual en esa escena, que no venía mucho al caso, pero se antojaba que en cualquier momento las mujeres se iban a besar (en alguna versión de la escena sí lo hacían). De pronto veían salir a un grupo de personas del túnel, una suerte de procesión carnavalesca de personajes sacados de entre los extras de Batman Returns, que recorría la estación caminando por las vías y salía por el túnel del otro lado, ignorando la presencia de las mujeres. Y ahí terminaba la escena. Y la recuerdo mucho porque escribí la escena diez veces: en primera persona, en tercera, en pasado, en presente, con diálogos acotados, con estilo indirecto libre, con un estilo recargado, con un estilo neutro, etc... y nunca me gustó.

Luego llegó el 2006 y abandoné el proyecto. La realidad de México en 2006 se parecía demasiado a lo que llevaba años tratando de escribir. Al final de la novela, por ejemplo, se gestaba una enorme manifestación en las calles de la ciudad, nadie sabía muy bien por qué, cómo había nacido o cual era su intención, pero que en realidad era una pantalla para encubrir una realidad más atroz y más sutil que lo que se veía en las calles. Lo que es lo mismo, la realidad superó a la ficción y, como dice el dicho "cuando la realidad supera a la ficción, la ficción debe esforzarse un poco más".

La novela que estoy terminando ahora me cuesta mucho menos trabajo de escribir: los personajes se paran, brincan y se ponen en posturas extrañas. Hacen las cosas que se esperaría que hicieran y también hacen cosas inesperadas. Se disuelven, hablan, se transforman. Me divierte mucho escribirla. Aunque eso de que cueste menos trabajo es un decir: todavía es agotador.

30 marzo 2010

La muerte del cuento, 1 (¿Qué hace a un cuento, 2?)

Esta nota es una respuesta a un comentario de Edilberto Aldán, sobre la idea de la muerte del cuento que mencioné en una nota anterior, aunque la reflexión fue algo que me empezó a dar vueltas en diciembre, tras escribir una nota sobre el ganador del Juan Rulfo de RFI del año pasado, que es a su vez una respuesta a un comentario de Daniel Espartaco en el blog de HermanoCerdo.


1. ¿Que será que se muera el cuento? Los géneros literarios no son para siempre. La poesía épica lleva unos quinientos años de no estar en boga, y el siglo pasado se encargó de asestar la estocada de muerte a la poesía medida. También ha pasado el tiempo del género epistolar, de la novela de folletín y de los sermones. Ya entrados en gastos, la ciencia ficción como subgénero tampoco da muchas señales de vida.

1a. Lo más fácil es decir que ningún género está realmente muerto. Qué todavía se escriben sonetos, que alguien está escribiendo un enorme poema épico justo en este momento, que Los tres mosqueteros no han pasado de moda. Pero la verdad es que, como formato, han perdido toda relevancia cultural estos géneros, a los que pronto se les unirá el cuento. Como modelo, no tienen la fuerza que tiene ahora la novela, el ensayo, el non fiction, cierto periodismo con tintes literarios. (Voy a dejar de lado la poesía culta porque esa requeriría otra nota igual de larga es más como el gato de Schrödinger: no sabremos si está viva o muerta hasta que abramos la caja. ¿Y quién quiere abrirla?)

1b. ¿Quién dicta que han perdido relevancia? ¿Quién eres para decir que el cuento ha muerto? Vamos a zanjar rápido este punto. Nadie, por más credenciales que tenga, te puede venir a decir que el cuento está muerto o que está bien vivo. Aquí lo que cuenta son los argumentos, que sean válidos, convincentes, que tengan la apariencia de verdad. A más no se puede llegar. Si no estás de acuerdo con esto, no tiene caso discutirlo. Porque esa es la idea, discutir sobre la muerte del cuento. El asunto de la relevancia no es un dictado, sino un asunto de percepción, de cómo vemos a nuestra sociedad y el uso o desuso que se le da a un género literario. Podríamos buscar indicadores y plantear fórmulas para medirlo, pero creo que es una trampa sin salida. No obstante, me voy a contradecir y plantear un indicador claro: cuando los lectores de un género, obra o periodo se reducen sólo a los lectores académicos, su objeto de estudio está muerto. Un poco como una lengua muerta, un libro sin lectores es un libro muerto. Y si nadie lee cuentos, fuera de la academia, pasará lo mismo con ese género.

1c. Me doy cuenta de que para que la última afirmación tenga algo de sentido, hay que decir que yo veo la literatura como un proceso. Nunca como algo acabado o estático, sino algo que está en un proceso constante, que empezó con la primera lengua humana y terminará cuando desaparezca el pensamiento en el Universo. Goran Petrović señaló en una ocasión que si separadores de libros no son una marca que indica el lugar donde vamos en la lectura, los grandes libros son los separadores que nos indican el lugar donde vamos en la experiencia humana. Estoy completamente de acuerdo y si tú, estimado lector, no lo estás, no vas a estar mínimamente de acuerdo en lo que sigue.



2. ¿Por qué no hay un sólo género literario? En parte para eludir el tedio, diría yo, para que no sea siempre lo mismo. Pero creo que la esencia de los géneros es esta: cada género funciona para un propósito distinto. Ese propósito puede ser ético, estético, político, social, etc. o una combinación de los anteriores. Esos propósitos no son muy claros de dilucidar siempre, porque no tienen por que ser utilitarios: yo puedo escribir un poema para cambiar una bombilla, o para susurrarlo al oído de mi mujer, o escribir una novela de denuncia, sí, pero también escribimos y leemos por razones que se nos escapan o que a penas atisbamos: ¿qué lleva a un hombre sano a leer Ulises o La broma infinita?

2a. ¿Pero esto iba sobre la muerte del cuento, no? Volvamos para allá, por el camino largo. Durante más tiempo del que vale la pena contar, la literatura tradicional dominó el panorama. La letra escrita sólo toma fuerza definitiva con la llegada de la imprenta. Es un cambió fuerte de paradigma: contra el autor colectivo, las múltiples variantes, la maleabilidad de lo oral, se impone un escrito fijo, más o menos invariable en el tiempo, un autor único y reconocible. Si bien no es posible decir, de ninguna forma, que la literatura tradicional está muerta, su papel está disminuido y transformado. ¿Ya se ve por dónde van los tiros?

2b. El estudioso del cuento Lauro Zavala señala cuatro distintos paradigmas en la escritura del cuento: el cuento clásico, que data aproximadamente de 1842, cuyas figuras icónicas son Poe y Quiroga; el cuento moderno, que va por ahí de 1892, con Chejov como su mejor representante; por último, el cuento posmoderno, que Zavala señala nacido en 1944, con Borges y Carver como los más representativos. El cuarto paradigma que menciona, el hipertexto (con Coover, 1992) es un arenal en el que de momento, prefiero no meterme para no desviar esta nota, pero es claro que veinte años después, como modelo no ha hecho nada digno de escribir a casa, y menos como nueva modalidad de cuento. No es el cuento del siglo XXI.

2c. Lo importante a rescatar aquí es que el cuento, como lo conocemos, es un género bastante joven. ¿Qué acaso no había cuentos antes de 1842? Sí, hombre, había textos que llamábamos o llamamos cuentos, también, pero no es al cuento que nos estamos refiriendo aquí. Ese no es cuento el que se va a morir: ese ya está muerto. El cuento lo mató.

2d. Del nacimiento, auge y decadencia del cuento. Así como la imprenta provocó un cambio brutal en la idea de literatura, la llegada del cuento está relacionada directamente con la Revolución Industrial, específicamente con la posibilidad de producir cantidades masivas de material impreso. El cuento nace de una necesidad específica de llenar un espacio reducido en una publicación periódica. La vida natural de los cuentos es esa: aparecen en periódicos y revistas, que tienen un gran número de lectores, y luego se recopilan en un volumen más o menos coherente. Por lo mismo, desde el inicio el cuento es un género profesional: te pagan por escribir esos cuentos, que van a servir de gancho para vender periódicos y revistas, o al menos le van a dar un valor agregado a sus lectores. (Como dice Benedetti, salvo excepciones, pero esas excepciones son justo eso, excepciones, anomalías.)

Para el lector de cuentos, su lectura también implica un cierto ritmo de vida. Un interés en la materia de los cuentos, sí, pero también en su formato: en comprar revistas con cuentos, en las ventajas que le ofrece su brevedad, en que le brinde un divertimento breve, una sorpresa, una noticia del alma humana.

2e. ¿Todavía existe ese lector de cuentos? Claro que existe. Pero es una especie en extinción. La tecnología que provocó su nacimiento o auge es obsoleta: por un lado la sustituye el radio, el cine, la televisión (que son una vuelta a la oralidad y a lo visual), por otro lado la sustituye Internet. Ninguno de esos medios encuentra en incluir cuentos un valor agregado o un gancho publicitario para sus contenidos. El lector también se ha transformado y ya no tiene tanto interés en leer cuentos. Sí, desaparecen los periódicos y las revistas, pero también los espacios en que se publican esos textos dentro de periódicos y revistas. Las editoriales huyen de los libros de cuentos, porque no se venden tampoco en libro. Y todo esto también conlleva una desprofesionalización del cuentista. Todo le resulta hostil al cuento. ¿A qué se debe esto? No sé. Podemos buscar razones, pero no podemos negar que todas estas son cosas que ya están pasando: o el cuento encuentra una forma de adaptarse a esta nueva realidad o perece. Y todo indica que no se va a adaptar.

2f. Las razones hipotéticas de por qué el mundo actual es hostil al cuento: porque una película proporciona una estructura funcionalmente muy similar al cuento (el divertimento breve, la sorpresa, por ejemplo), pero más cómodo y fácil de asimilar a la mente actual. Porque otros géneros, como la novela o la non fiction se adaptan mucho mejor a estos tiempos y por tanto desplazan en espacios al cuento. No hay, de momento, ningún formato literario o en otro medio que pueda dar cabida a lo que actualmente ofrece una novela. El único contendiente serio de la novela es el serial televisivo, que resulta mucho más caro, complicado y riesgoso de producir. La non fiction es un misterio para mí, no se me ocurren bien a bien razones, pero supongo que su auge tiene que ver con que hace para la realidad lo que la novela hace para la ficción: ningún otro formato puede ofrecer la profundidad, matices y variedad que ofrece la non fiction escrita. (Aldán reclama que non fiction es un término de marketing y no un género literario. Pero el cuento también debe buena parte de su existencia al marketing, y creo que non fiction, de momento, es el mejor término para clasificar a todos esos libros que mezclan ensayo, memorias, crónicas, biografías, estudios, reflexiones, etc.)

También, porque los cuentistas no se enteran que el cuento se muere y siguen escribiendo como si todavía la cosa fuera muy bien.

2e. Porque creo que el cuento no se va a adaptar y morirá: En primera, por la razón hipotética final. Ante una realidad que me parece innegable, que los espacios y los lectores del cuento se reducen, los cuentistas no hacen demasiado. A lo mucho, escriben defensas apasionadas del cuento, para un auditorio vacío, mientras que la única defensa real está en los mismos cuentos: en que sean relevantes para que encuentren lectores. Los editores tampoco o más bien si hacen: evitan editar libros de cuentos. Porque la desprofesionalización del cuentista implica inundar al mercado lector con productos de baja calidad en cualquier sentido. También implica una ausencia de crítica que hace más complicada navegar la oferta. (Si estos dos puntos les suenan, esto le pasó a la fantasía y a la ciencia ficción, lo que le valió un estigma a estos subgéneros por décadas, que a penas empieza a desaparecer.) En segunda, porque creo que el tiempo del cuento ya ha pasado. No tiene ninguna ventaja ante otros géneros literarios que asegure su supervivencia y menos aún ante otras formas de arte o comunicación. Lo que hace 50 años parecía brevedad se vuelve ahora pesadez: una novela, un libro de non fiction, se puede leer a pedazos e interrumpirse a placer, pero un cuento exige una lectura sin distracciones y de corrido. Son más breves la canción, el programa televisivo, el filme, el videojuego y a veces son mucho más atractivos. En muchos casos, cubren la misma función del cuento.

3. Hace un mes, veía en un supermercado un tornamesa precioso. Era el tocadiscos de mis sueños: lector de punta de diamante (que ni siquiera toca el disco, sólo lee ópticamente el zurco), mecanismos de estabilización electrónica, buffer de 20 segundos, eliminación de ruido. Y es que, créalo o no, los tocadiscos de hoy en día han avanzado enormemente su tecnología. ¿Pero quién usa discos de acetato? Los cuentistas de hoy son como ese tornamesas: maestros de una tecnología en decadencia. Vale la pena leerlos, antes de que desaparezcan.

29 marzo 2010

Y en abril (y una desviación parentética sobre la muerte del cuento)

Escrito a las 4 de la mañana

Los lectores habituales de esta memoria habrán notado que en último par de meses ha bajado un poco el ritmo de publicaciones (aunque si les urge, pueden leerme en otras partes). Las razones han sido variadas: se atravesó un buen proyecto de trabajo, organicé un concurso de diseño de juegos (no muy bien, la verdad sea dicha) y luego me lancé a escribir y revisar un larguísimo poema. Esta última tarea me dejó bastante agotado física y mentalmente, aunque de momento estoy bastante orgulloso del resultado. Ya volveré a él en un par de meses para ver si sigo pensando lo mismo.


Aunque no viene mucho al caso, mi premio por terminar el poema es jugar Mother 3.

Ahora, en abril, me toca ponerme a revisar y terminar la novela que escribí hace unos años para el NaNoWriMo. Así que no tengo ni idea de cuánto tiempo podré dedicarle a la memoria. Lo malo de este proyecto, como quiero terminar la novela para un concurso, es que no puedo compartir los pormenores por acá. Eso me frustra mucho. No tienen idea de cuánto me frustra. Ese asunto de que la labor de escritura es solitaria y desagradecida no me la trago. Menos desde que existe Internet, no me la trago. Pero así las cosas, más allá de contarles como voy y algunos asuntos técnicos en general, no podré decir mucho. Para colmo de males, cuando termine esta novela voy a revisar y terminar un libro de cuentos. Va a pasar lo mismo. No voy a poder contar nada y me va a volver a frustrar.

(Y habría que decir que a esos cuentos no les tengo mucho cariño, de momento. No soy cuentista. No le veo futuro al cuento. Y más importante: no me veo futuro en el cuento. Una es consecuencia de la otra. Aunque también: me deprimo cada vez que escucho a alguien decir «se me ocurrió una idea para un cuento», y luego te platican una idea blanda e idiota que luego se va a volver un galimatías blando e idiota que van a decir que es un cuento. Y este es el principal problema del género: cualquier idiota puede escribir cinco cuartillas y decir que eso es un cuento, pero sólo un idiota perseverante puede escribir las 200 cuartillas de una mala novela.

Bueno, ese es el principal problema de marketing del género, la sobreabundancia de basura. El verdadero gran problema del género es que a nadie se le ha ocurrido, de momento, cómo es que tendría que ser un cuento del siglo XXI. Todavía los cuentos se escriben como en el siglo XX y lo que es peor, se escriben para lectores del siglo XX, de los que cada vez hay menos. Hay cuentistas brutalmente buenos ahora, pero no se diferencian en nada de los cuentistas de hace cuarenta o cincuenta años [¿son mejores que los de hace 40 años? Yo creo que sí, son mucho mejores]. Y el mundo ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. Lo malo es que esos cambios le juegan en contra al cuento: los periódicos y revistas que representaron su auge desde hace dos siglos se están muriendo. Y el cuento no parece estar listo para el cambio de soporte, no parece tomárselo bien. Me temo que el cuento va a ir a dar a donde la poesía medida. O no: siempre y cuando haya un nuevo Chejov, digamos, que reinvente el cuento para nuestra realidad. Más importante: un editor brillante que encuentre un lugar, en alguna parte, para ese nuevo cuento.

La novela no sufre de este problema, para nada, la novela perdura. Y la «no ficción» que es algo así como lo que sigue del ensayo en la escala evolutiva, va a tomar el lugar que antaño tenía el cuento. Todo indica, porque el genio del cuento del siglo XXI no ha aparecido. Lo que tenemos hoy son grandes maestros del siglo XX que han llegado tarde a la fiesta y les va a tocar apagar las luces.

El que resuelva ese problema se merecerá el Nobel y quién quita también se haga rico.)

Así que para el próximo proyecto de novela, como había dado a entender hace un tiempo, lo voy a contar todo, aunque igual nadie me haga caso, o nadie lea lo que ponga, porque no le veo mucho sentido a mantener el proceso creativo encerrado. Le hace falta airearse. Pero eso será por mediados de año. Mientras tanto, nos seguimos leyendo.

¿Están ahí? ¿Me leen? Dejen un comentario.


26 marzo 2010

La Tempestad 71

Como siempre, por Guillermo me entero de la inminente salida de La Tempestad 71. La revista puede consultarse en línea y pronto estará disponible en su Sanborns favorito, así como en los más selectos expendios de revistas. En este número colaboro con una reseña de El fin del mundo y un despiadado País de las Maravillas de Haruki Murakami, que es uno de los autores de cabecera de Verónica y que a mi no me viene nada mal. Tengo el enorme gusto de compartir créditos en este número con Juan Francisco Ferré, que escribe un texto brutalmente interesante llamado "Anatomía de un narrador mutante", que por sí solo vale el precio de la revista. Qué decir, salvo que salir en la misma revista que Ferré me hace dar brinquitos de alegría.

Por si fuera poco, aparecen textos críticos sobre La novela luminosa, El Gran Vidrio y El último lector (el de Piglia, aunque yo creo que el de Toscana es mucho mejor). Para que luego no le digan que la literatura latinoamericana está muerta, también se incluye una lista de los mejores libros latinoamericanos de los últimos 10 años. Sin pena ni gloria, ya les aviso que casi no he leído ninguno, pero si los chicos de La Tempestad dicen que están buenos, por algo será.

21 marzo 2010

Génesis



Acaba de salir, en la revista [out of nothing] una traducción este poema de Luis Panini, que originalmente apareció en la Metrópolis (octubre de 2009), que reproduzco aquí con permiso del autor:

Génesis (4x3x2x1)

pelos piel uñas lengua. lengua uñas pelos piel. piel lengua pelos uñas. pelos piel lengua uñas. uñas piel pelos lengua. lengua piel pelos uñas. piel pelos lengua uñas. pelos lengua uñas piel. lengua pelos uñas piel. piel uñas lengua pelos. pelos uñas lengua piel. uñas lengua piel pelos. uñas lengua pelos piel. piel lengua uñas pelos. pelos uñas piel lengua. pelos lengua piel uñas. lengua piel uñas pelos. lengua pelos piel uñas. piel pelos uñas lengua. piel uñas pelos lengua. uñas piel lengua pelos. uñas pelos lengua piel. lengua uñas piel pelos. uñas pelos piel lengua.

Mitos del e-book

1. No me queda nada claro por qué los libros electrónicos habrían de costar menos que los libros en papel. Tampoco por que los autores piensan que deberían recibir un mayor porcentaje de regalías (o de derechos de explotación) por un libro electrónico que uno de papel, si su contribución es exactamente la misma. Para el caso, nunca he entendido el argumento de que el porcentaje que le toca al autor es demasiado bajo en la actualidad.

2. De momento, los artefactos como el Kindle no dejan de tener un interés reducido. No son iPods ni iPhones. ¿Por qué alguien que lee dos libros al año gastaría 600 dólares en un Kindle, en vez de 25 dólares en dos libros de papel? Hasta el día en que los e-readers no tengan las capacidades técnicas para sustituir a los libros de texto (¿5 años? ¿8 años?) no van a ser de consumo masivo.

3. ¿Hasta cuando se acabará esta estúpida obsesión por la "piratería"? No existe un sólo estudio que muestre cuanto más ganarían los dueños de los derechos morales de una obra si se impidiera compartir esa propiedad intelectual por cualquier medio. A pesar del ruido que hacen fonográficas, editoriales, estudios cinematográficos y demás, sospecho que sólo un puñado de abogados se está enriqueciendo con la situación actual. ¿Hasta cuándo cambiará?

4. Actualmente, muchos mercados editoriales viven protegidos por las barreras tecnológicas: se vende el contenido que se genera localmente porque es lo que hay, porque traducir es caro e importar es todavía más caro. ¿Pero qué es lo que va a pasar si puedes adquirir contenidos de cualquier parte del mundo? ¿Qué va a impedir que las editoriales norteamericanas publiquen sus propias traducciones de sus mejores autores y los promuevan con sus poderosas aplanadoras publicitarias en todo el mundo? (Es decir, que hagan lo que ya hacen en el cine y en la música pop.)

5. ¿Habrá un renacer de la lectura? Yo creo que ya llegó. En los últimos 10 años se deben haber leído más palabras que en los cien anteriores.

19 marzo 2010

En expansión

De un año acá, se ha duplicado el número de lectores de esta memoria electrónica. Es un cálculo algo a la ligera: las visitas directas crecieron un 50%, pero las suscripciones se han triplicado. A más de 5 años de haber comenzado esta memoria, no tengo ni la menor intención de dejar de escribirla.

También, hace un buen rato me aburrí de jugar con la plantilla de la página (los suscriptores no la ven nunca, para el caso) y solo de vez en cuando pienso en cambiar la imagen de la mariposa por alguna otra. Creo que lo único que me molesta es mantener actualizada la lista de enlaces, así que haré una pequeña modificación por ahí.

Gracias a todos por leer y a veces hasta comentar.

16 marzo 2010

Acerca de Los Muertos

Aunque todavía faltan algunas semanas para su estreno en la Unión Americana, ya puede conseguirse por los canales habituales el capítulo piloto de la nueve serie de Fox, Los muertos (The Dead), creada por Mario Alvares y George Carrington y que el estudio ha publicitado como "la serie que Lost no se atrevió a ser". Hace un par de días apareció el capítulo en un conocido sitio de descargas por torrent (el que tiene un Jolly Roger como logo) y desde entonces se han acumulado más de diez millones de descargas. La reacción en Internet no se ha hecho esperar. Si bien algunos señalan que es "la primera teleserie del siglo XXI", "una digna heredera de la tradición de Cervantes, Borges y Nabokov", otros han hecho notar "que es una serie derivativa, el típico pastiche posmoderno, el nuevo Smallville de Fox". Claro que estas últimas declaraciones han sido realizadas por ejecutivos de ABC, que están viendo como el proyecto que en primera ellos rechazaron está a punto de robarles el rating, y con el rating a los mejores anunciantes.

¿Pero a qué se debe tanto revuelo? Lo poco que sabemos de la serie se debía hasta hace poco a los cuatro trailers que había mostrado el estudio, y que francamente no mostraban demasiado: imágenes granulosas, tomadas de cámaras de seguridad o de alguna superficie reflejante (un charco, un espejo cóncavo, una televisión apagada), en las que se podía apreciar el momento en que un cuerpo humano se materializaba de la nada. Sin embargo, la aparición del piloto en Internet (curiosamente, con los títulos de entrada en español y subtitulada en castellano) nos muestra mucho más de lo que podríamos imaginar. En un callejón de Nueva York, se materializa el cuerpo desnudo de un hombre. Momentos después, tres cabezas rapadas lo reciben a golpes y patadas hasta que se aburren y lo dejan a su suerte. Después es rescatado por Roy, a todas luces el protagonista de la serie, quién más o menos le explica que es un "nuevo" y que su primera tarea es descubrir su identidad. El resto del piloto, de hora y media de duración, sin espacio para saltos comerciales, muestra como es el mundo de Los muertos. Los "nuevos" se materializan de la nada, desnudos y sin memoria, en diversos puntos de Nueva York y comienzan a constituir un problema para el gobierno federal, que no puede dar cabida a su llegada.

Estéticamente, Los muertos debe mucho a The Wire (HBO, 2002-2008) de quién ha heredado la naturalidad en la representación de la vida callejera, así como el uso de cámaras de seguridad y los planos largos, pero también debe mucho a Twin Peaks (1990-1991) en la forma en que filma los interiores, especialmente en el uso de las sombras y la ya clásica cortina roja. Muchos de los primeros televidentes (¿se puede decirle así todavía a los que bajaron el capítulo de la Red?) se han quejado de que la serie les ha producido algo de molestias y mareos. No es algo que debería extrañarnos. Los muertos juega a mezclar largos planos fijos, muy lejanos, con temblorosas imágenes tomadas de videocámaras y un exceso (a mi gusto) de picados, contrapicados y tomas holandesas. La otra razón para causar mareos seguramente son los dieciséis minutos de un gran plano general que muestra como tres asaltantes violan y torturan a una "nueva" mientras todo es grabado y observado a la lejanía por un enigmático sujeto, escena de una crudeza que no se había visto desde Irreversible de Gaspar Nöe.

Lo cierto es que el nivel de violencia y desnudos de la serie hacen pensar más en Showtime o HBO que en Fox, pero los directivos de la cadena han guardado silencio a este respecto. Martha H. de Santis, vocera de Fox, se ha limitado a pedir que no se descargue la versión ilegal de la teleserie, que de acuerdo a la versión oficial fue robada desde el satélite por un hacker chino. Sin embargo, fuentes cercanas a la producción no descartan que haya sido la propia productora la que haya filtrado el contenido, para comenzar una campaña de publicidad viral. Esta versión parece confirmarse por el video que han subido a YouTube Mario Alvares y George Carrington, en el que invitan a los internautas a descargarse el capítulo. "No pasarán" dice en un imperfecto español un muy entretenido Alvares. Suponemos que se refiere a las amenazas de demanda de la televisora.

Sin embargo, lo más comentado en twitter (hashtag #losmuertos) no ha sido la terrorífica escena de violación ni los mareos que causa la curiosa propuesta visual de la serie, sino las figurillas de origami que el "nuevo" es capaz de hacer de manera prácticamente automática y que recuerdan mucho a las de Blade Runner de Ridley Scott; eso y las curiosas cicatrices que muchos de los personajes incidentales tienen en el centro de la frente, como una suerte de tercer ojo. ¿Qué es lo que pasará en Los muertos? Al parecer, tendremos que aguardar unos cuantos meses para averiguarlo. En lo personal, no creo poder soportar la espera.

11 marzo 2010

Dos caminos, de Paul Medrano



1. Hace unos meses estaba sentado en la FIL en la presentación de Señales que precederán al fin del mundo de Yuri Herrera. La sala de la presentación estaba muy lejos de la entrada, así que pensé que estaría vacía, pero me encontré con un salón atiborrado. Al final de la presentación, Yuri aprovechó para leer un fragmento. "Voy a aprovechar que la sala está llena", dijo. Y leyó. Las palabras volaron como una patada a los dientes.

2. Hace una semana, fui con Verónica a la presentación de Dos caminos, de Paul Medrano. Llegamos una media hora antes, pues tenía motivos para sospechar que de otra forma no íbamos a entrar a tiempo. Mientras deambulaba por el stand de Colofón, me crucé con Paul. Me preguntó donde podía encontrar Señales que precederán al fin del mundo y le dije que buscara en Sexto Piso, que era el distribuidor. Se veía muy nervioso. Después de charlar un rato, decidimos dejarlo caminar para ver si se le pasaban los nervios.

2a. Veinte minutos después, la madre de Paul nos confesaría que no lo había visto tan nervioso desde el día de su boda.

2b. Seis meses antes, en Acapulco, Paul me había recomendado enfáticamente que leyera a Yuri Herrera, porque era chingonsísimo y leerlo había sido una gran influencia en su propia novela.

2c. Sí, tanto Trabajos del reino como Señales... de Yuri Herrera parecen habitar en el mismo plano que Dos caminos.

2d. Paul Medrano vive en Acapulco. Yurri Herrera es de Pachuca. Pero los dos son narradores del Norte (de México). De los buenos, que conste. Le toca a Yuri presentar el libro de Paul y me parece que no pudo haber elección más atinada.

2e. "Me gustó mucho lo que leyó Paul", me dijo Verónica cuando salimos de la presentación. A mi también me gustó mucho. Y eso que se notaba que no estaba muy seguro de lo que leía, que lo comían los nervios. Me recordó mucho a ese fragmento de Señales... que leyó Yuri en Guadalajara.

3. Toda lectura es sus circunstancias y sus coincidencias. En este caso, esas circunstancias y coincidencias me llevaron a abrir el libro con muchas expectativas desde la primera página. La vida del lector es azarosa y cuando va mal, un poco de expectativas pueden derrumbar una lectura feliz. Pero no fue el caso. La novela soportó muy bien mis expectativas, la lectura furtiva en la oficina o en el metro.

¿De qué va Dos Caminos? No tengo ni idea. En la superficie, es la historia del enfrentamiento de dos capos de la droga en un país que se parece demasiado a México. Sin embargo, nunca queda bien claro si todo lo que leemos no es en realidad más que un guión cinematográfico que se escribe para salvar la vida de un verdadero capo, que está dispuesto a financiar la película. O si es un guión sobre un tipo que tiene que escribir un guión... Ya se imaginarán el resto.

Con capítulos cortos, fragmentarios, que mezclan sin preocupación referencias a la alta cultura y a la cultura de masas con un dejo de nostalgia, bien podría meterse este novela corta dentro de lo afterpop (igual que La biblia vaquera de Carlos Velázquez).  El realismo sale volando por la ventana. Pero esto no es lo importante. El gran acierto de la novela radica en su visión panóramica, multifacética, del universo narrativo que describe. "Todo esto es ficción", dice Paul Medrano durante la presentación, antes de comenzar la lectura. Lo cierto es que, sin contar su parecido con la realidad, esta obra sugiere un espacio mucho más amplio del que muestran sus páginas. Es decir, que tiene más valor que el manido tema del narcotráfico donde a ratos parece que ya todo está dicho (aunque en la realidad nada se haya solucionado).

Si algo se le puede echar en cara es su brevedad. Los personajes son estereotípicos o nunca quedan bien dibujados y por lo mismo no son entrañables. Los fragmentos son muy disfrutables, pero no dan la idea de totalidad: podría haber más o menos sin que afectara la naturaleza de la obra. No obstante, estos problemas disminuyen ante el vértigo de la trama y la fuerza de las palabras. Como un todo, Dos caminos es una obra disfrutable, interesante, que se deja leer y que en más de un momento aprovecha los blancos de la página para invitar a la reflexión. Y eso es bastante.

01 marzo 2010

La semana pasada

Tuve el gusto de asistir a sendas presentaciones de Rápidas variaciones de naturaleza desconocida de Edilberto Aldán y Dos caminos de Paul Medrano. Algo raro pasó en ambas presentaciones: no fueron aburridas. ¿Será que tienen futuro las presentaciones de libros? La clave son los textos breves y al punto, todo indica. En la presentación de Dos caminos también se presentó un poemario y el presentador me quitó todas las ganas de acercarme al libro.

Empecé anoche a leer Dos caminos y la estoy disfrutando mucho. Si se la encuentran por ahí (la edita la UNAM, así que la distribución será cuando menos azarosa) cómprenla.