25 abril 2010

¿Qué debería terminar de leer? (ronda de desempate)

Muchas gracias a todos los que se tomaron el tiempo de votar en la encuesta anterior.

Termino de leer la tercera parte de la trilogía Millenium (lo siento, pero tenía que saber qué le pasaba a Lisbeth Salander) y después seguirá Aire Nuestro de Manuel Vilas, porque resulta que hay fila para leer ese ejemplar. No creo tardarme más allá de esta semana para finalizar ambas lecturas.

Desafortunadamente para mí, quedó un empate en el primer lugar, lo que no me ayuda mucho a decidir que leer después. Así que si tienen tiempo, por favor voten en esta nueva encuesta, entre dos pesos pesados de la literatura contemporánea:

Tienes que leer ya

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21 abril 2010

DJ con dos iPads

A propósito de un comentario en una nota anterior, sobre el uso de los discos de acetato, encontré en Lifehacker este curioso video de una DJ que utiliza dos iPads y una mezcladora:

15 abril 2010

Eloy Fernández Porta gana el Anagrama de Ensayo

De acuerdo a un twit de Anagrama México, Eloy Fernández Porta acaba de ganar el Premio Anagrama de Ensayo con €®O$. La superproducción de los afectos. No podría haberle pasado a mejor persona, y no tengo ni la menor duda de que se lo merezca . Así que desde esta esquina del ciberespacio, van mis más sentidas felicitaciones para Eloy, para Anagrama por hacerse de los mejores autores españoles en su catálogo y siempre distribuirlos en México.

¿Qué debería terminar de leer?

Se me ha juntado una cantidad enorme de libros a medio leer, todos muy buenos, a nivel que no sé cual terminar priero. Como sé que los lectores de esta memoria leen más y mejor que yo, les pido su ayuda para decidir eligiendo alguna opción en la siguiente encuesta.


¿Qué debería terminar primero?

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14 abril 2010

Escribir en abril, 3 (y algunas lecturas)

Hace una semana soñé que era una mujer de 45 años, con dos niños pequeños, que está tratando de escribir una novela. Toda la familia la apoya, los chicos no molestan a mamá cuando llega del trabajo porque "está escribiendo" y su padre —ella es divorciada— prepara la cena a los muchachos y los mete en cama. Aún así, no encuentra tiempo suficiente para terminar la novela, porque la llaman con pendientes del trabajo o tiene que sacar la ropa de los hijos de la lavadora o el auto se descompone.

Mientras escribo esto, la novela está prácticamente terminada. Faltan unas 10 cuartillas por aquí, y algunos párrafos sueltos por allá, pero está lista. Tengo en una nota una enorme lista de cosas que debo revisar: cosas que deberían de pasar y no estoy seguro que estén ahí, asegurarme de que los personajes no estén en dos lugares al mismo tiempo o desaparezcan súbitamente de una escena, que todos los datos sutiles pero importantes estén y aparezcan en el momento apropiado, cosas así. He abandonado la idea de jugar Mother 3 para distraerme porque el juego resultó ser mucho más largo de lo que pensé y no me daría tiempo de revisar todo. Tampoco leo o leo muy poco: estoy a punto de terminar Housekeeping vs The Dirt pero no ayuda en nada a calmar la ansiedad de terminar la novela. Leer que a Hornby una novela le parece deliciosa, divertida o profunda sólo ayuda a que me pregunte si la novela que escribo es profunda o divertida o deliciosa. Creo que me parecía más divertida hace dos semanas, o al menos me parecía entretenida. El caso es que justo por este tipo pensamiento Nick Hornby no parece ser la mejor elección, de momento.

También estoy leyendo The Hacker Crackdown de Burce Sterling en mi e-reader. Resulta ser una excelente lectura en estos casos, porque Bruce Sterling es un excelente escritor, su estilo no se parece en nada a lo que estoy escribiendo y eso reduce la ansiedad de que yo no lo esté haciendo lo suficientemente bien, y leer sobre el ataque del gobierno de Estados Unidos a los hackers 20 años después pone muchas cosas en perspectiva. Además una buena parte de mi siguiente proyecto, Excalibur, tiene que ver con hackers, por lo que me he estado documentando sobre el asunto. No va a ser una novela de hackers, para nada, pero la capa exterior de la novela tiene mucho que ver con ese submundo.

Es curioso que The Hacker Crackdown haya resultado el primer libro completo que vaya a leer en mi e-reader. Empecé, también, a leer The Amazing Adventures of Kavalier & Clay de Michael Chabon, pero es demasiado bueno y temo no poder darle la atención que se merece, de momento. La idea de que no todos mis libros estén en el e-reader se vuelve chocante a ratos. La mera conveniencia de tener los 4 o 5 libros que leo a la vez cargados en el dispositivo me llama mucho la atención. Si pudiera cambiar mi biblioteca por su versión digital sería feliz: tendría mucho espacio libre para otras cosas y los libros digitales guardan mucho menos polvo. Me dan muchas ganas, por ejemplo, de comprarme algunos clásicos de Penguin, porque navegar entre las notas y el texto principal es mucho más cómodo en el e-reader. Así que tengo un gran problema entre los libros en papel que me acabo de comprar y los que van en el e-reader. El papel súbitamente se ve muy poco atractivo.

13 abril 2010

Si no has probado el mole

Yo era uno de los defensores de los libros de papel, de su tacto, de su olor. Hasta que un amigo me prestó un lector electrónico para que lo probara. Al día siguiente me compré uno.

12 abril 2010

Me compré un e-reader



No iba a pasar demasiado tiempo sin que cediera a la tentación. Desde que descubrí que los lectores de libros electrónicos ya estaban en un rango de precios razonable, no pude descansar hasta comprarme uno. Terminé por hacerme del modelo más barato y pequeño de los pocos que se pueden conseguir en México. Un Sony Reader PRS-300, con una pantalla de tinta electrónica de cinco pulgadas.

A diferencia de sus hermanos mayores, este no tiene pantalla táctil, ni conexión 3G ni diccionario integrado. Sólo sirve para leer libros. Y en ese aspecto, lo hace bastante bien: la pantalla es bastante clara, apenas y tiene reflejos y después de las primeras páginas, se te olvida por completo que estás cargando algo que no tienes papel en las manos y sólo empiezas a leer. La memoria adquirida por 30 años de lectura es difícil de superar, eso sí, y lo más complicado de la operación es recordar que para pasar la página hay que presionar un botón. En el tamaño de letra más pequeño, que es perfectamente legible y similar al tamaño de letra de un libro de bolsillo, en la página cabe aproximadamente la mitad del texto que en una página impresa. Eso quiere decir que hay que pasar más páginas, pero dado el ancho de la columna de texto, el texto es más fácil de leer y cansa mucho menos. El día que llegó el e-reader se fue la luz en mi casa y me pasé dos horas leyendo sin darme cuenta del paso del tiempo hasta que la luz volvió.

Con la aparición del iPad, se ha desatado una enorme guerra de precios sobre los libros electrónicos. A mi, sinceramente, no me preocupa demasiado esa guerra. Me queda bastante claro que lo natural es que el libro electrónico tenga un precio similar al de los precios en papel, porque los costos asociados no son muy diferentes. Lo que sí me importa, bastante, es la enorme cantidad de dinero que me voy a ahorrar en gastos de envío y que es francamente ridícula, o más bien, que prefiero compararme otro libro con ese ahorro. Hay, también, una enorme cantidad de libros gratuitos, entre los cuales se encuentran varios que pensé que nunca iba a poder leer porque nunca los iba a encontrar. Por puro morbo he descargado al e-reader el Ulises —he ahí un libro que es mucho más cómodo y menos pesado de cargar en formato electróncio— aunque en realidad no pienso volverlo a leer, pero también he descargado Moby Dick, Drácula, Los viajes de Gulliver, Le rouge et le noir, todas las novelas de Arthur Machen y William Hope Hodgson, los sonetos de Shakespeare y un volumen de poemas de Wordsworth. Material de lectura suficiente para un par de meses, y todavía caben unos 300 libros más en la memoria.

Eso si no me queda muy claro. Este aparato, el más humilde de todos los lectores de libros digitales, tiene espacio para 350 libros. ¿Quién necesita traer cargando 350 libros? Yo no puedo leer más de dos o tres libros a la vez. ¿Para qué traer más cargados? También puedo descargarle diariamente los periódicos de no se cuantas partes del mundo y cosas más mundanas como el correo electrónico, pero de momento no se me antoja ninguna de estas opciones.

Claro, no todo es miel sobre hojuelas. Cada dos semanas (que es lo que dura la batería, aproximadamente), hay que dejar el aparato cargando tres horas antes de seguir leyendo. Es un cálculo curioso, ese de las dos semanas, porque implica que en dos semanas vas a leer unas 5000 páginas del tamaño de la pantalla, lo cual quiere decir que la gente de Sony piensa que un lector ordinario lee entre 6 y 8 libros cada dos semanas. También, uno tiene mucho más miedo a que se caiga este aparato de que se caiga un libro de papel y no quiero ni pensar en lo que pueda pasar si se moja.

En resumen, estoy muy contento con mi juguetito. Seguramente, en un par de años lo cambiaré por un modelo más grande, más ligero y a color, por la mitad del precio, pero de momento, me parece que vale su peso en oro.

08 abril 2010

06 abril 2010

Escribir en abril, 1

1. Empiezo a sufrir de amnesia de escritura. A ratos olvido como se llama un personaje, dónde se supone que están los personajes, cosas así. Y tengo que regresar y buscarlo. ¿A que se debe este fenómeno? Creo que hay algo que va mal con los nombres de los personajes, con que no me dicen mucho por sí mismos. Pero me sigo divirtiendo.

2. De momento, trato de escribir sin detenerme demasiado en las minucias, con la idea de regresar después a revisar y reescribir. Por el momento me funciona, pero no se cuánto tiempo más vaya a funcionar. Hay algunas cosas que me molestan y pienso en como arreglarlas cada vez más tiempo. Por ejemplo, cada vez le doy más vueltas al inicio de la novela (el actual no tiene ni pies ni cabeza) y cómo debería ser.

3. Odio al personaje principal. Me cae muy mal. Lo odié desde el principio. Es un poco tarado y bastante ideático, pero me gusta como escribe sobre si mismo. Tiene una voz interesante.

4. Un par de personajes incidentales no terminan de cuajar. Me dan ganas de borrarlos o reinventarlos. Pero eso es el tipo de cosas que tienen que esperar a la revisión.

5. Me sigue frustrando no poder poner ejemplos de lo que estoy hablando.

05 abril 2010

5 detallitos que hacen mi vida más feliz

1. Leer Housekeeping vs. the Dirt de Nick Hornby antes de acostarme. Hornby es un caso curioso: no lo considero un gran escritor, pero leerlo siempre me llena. ¿Tendrá eso sentido?

2. Escribir tres horas sin parar. Luego jugar un rato Mother 3 para distraerme.

3. Salir a las once de la noche a comprar una cajetilla de Delicados con filtro.

4. Leer por quinta vez (ya voy en la quinta, creo) Joan Fontaine Odisea (mi deconstrucción). ¿Me irá a aburrir en algún momento? Toda la poesía, la verdadera poesía al menos, soporta un número infinito de lecturas.

5. Ver el último capítulo de Flashforward con Verónica en nuestra nueva televisión de 32 pulgadas.