30 mayo 2010

Una advertencia lectora

No traten de leer Let the Great World Spin de Colum McCann después de leer "Manifiesto de un lector: un ataque a la pretenciosidad de la prosa literaria americana" de B.R. Myers, porque entonces la prosa de McCann les va a parecer lo más pretencioso y vacío que han leído en años.

28 mayo 2010

De bestsellers: Nota sobre El descenso, de Jeff Long

Portnoy comentaba en una entrada anterior que espera una secuela a El descenso. De acuerdo a la página del autor, esa secuela salió este año y lleva por título Deeper. Será solo cuestión de tiempo que se traduzca.



El descenso es un bestseller de largo aliento, que mezcla elementos de horror y de thriller histórico. Se sustenta en la idea de que el infierno no es una metáfora, sino que en verdad existe y está literalmente en las profundidades de la Tierra. A penas funciona. Una vez que llega uno al final, no quedan muchas ganas de leer más. En lo personal, creo que nunca la hubiera terminado si durante la lectura no fuese pensando en cómo es que Long iba montando la historia, que recursos utilizaba, por qué funcionaban o dejaban de funcionar. Más importante para mi lectura, me iba preguntando qué es lo que separaba a este libro de la alta literatura, sobretodo por sus fuentes literarias son muy claras. Al final, la novela resulta no ser tanto una versión gore de La gruta del toscano de Ignacio Padilla ni de Viaje al centro de la Tierra de Verne, sino de "El inmortal" de Borges.

Llegué a algunas conclusiones. Ante todo, que el mayor pecado de la novela de Jeff Long es estar mal escrita. A ratos, ese pecado parece ser más culpa del editor que del autor. ¿Pero como le habría ido si estuviese mejor escrita? El bestseller se sirve de unas convenciones muy curiosas, que quién sabe que tan apropiado sea considerarlas como defectos. Entre otras:

* Considera que el lector necesita explicación a todo lo que dicen los personajes.
Por ejemplo, un personaje podría decir "Te odio". A lo que Jeff Long agregaría despúes, "Fue en ese momento que fulana comprendió que fulano la odiaba."

* La ciencia y el arte se reduce a falacias sencillas.
Por ejemplo, el científico ganador del Nobel dice "Siempre me he preguntado por qué los templarios llevaban la espada del lado izquierdo. Ayer, mientras paseaba por el parque, me di cuenta. ¡Son adoradores de Satán!". Así, sin más explicación.

* Los protagonistas siempre tienen problemas para tener relaciones sexuales.
Y cuando por fin, después de 500 páginas, se acuestan juntos, no tienen sexo sino que "hacen el amor".

* Nunca es mal momento para una mala metáfora. "Su suspiro era como polvo de estrella que emana de un sol moribundo".

¿Qué tanto son necesarias estas convenciones para qué el libro sea un éxito? ¿Qué pasaría si las eliminaras? ¿Qué pasaría si el editor revisase el argumento y eliminara todos los agujeros que tiene? ¿Se volvería literatura? No tengo respuestas. Lo cierto es que en su momento El descenso fue un gran éxito de ventas y quizá la salida de la secuela reviva un poco de esas glorias pasadas. De momento, dejaré Deeper para un día lluvioso y volveré a leer literatura, que esta novela me ha recordado lo que quieren decir los presentadores de libros cuando dicen que un libro está escrito "sin concesiones".

27 mayo 2010

Los trenes nunca van hacia el este



Todo lo que sé sobre literatura, me lo enseñó Jorge Alberto Gudiño. Me acabo de enterar de que Los trenes nunca van hacia el este, su primera novela, está a punto de salir en Ediciones B. Ya sé que voy a leer el próximo mes.

Sleep is Death, de Jason Rohrer



No es posible hablar sobre los videojuegos como arte sin mencionar a Jason Rohrer, diseñador de juegos independientes, que ha forzado los límites de lo que se supone que podría hacer un juego de ordenador. Primero, con el ya clásico Passages, un concepto sencillo pero poderoso, y luego con Gravitation, "un juego sobre la manía, la melancolía y el proceso creativo", que resulta particularmente cercano a los artistas.

Su séptimo juego, Sleep is Death, es su (primera) obra maestra. Diseñado para dos jugadores, conectados ya sea por medio de una red local o en Internet, Sleep is Death es un juego sobre lo que sea. Puede ser una novela de misterio, una invasión zombie o una continuación apócrifa de Lost. Uno de los jugadores controla al protagonista de la historia. A diferencia de cualquier otro juego, el jugador puede hacer cosa. Puede probar cualquier diálogo y cualquier acción, y el juego reaccionará a cada uno de sus comandos.

¿Cómo lo hace? Lo mejor es dejar que el juego lo explique por sí mismo.

Rohrer tiene un precio libre para Sleep is Death, tú decides cuánto quieres pagar por él, y funciona en los tres principales sistemas operativos.

5 Ventajas y desventajas de un e-reader

Llevo más o menos mes y medio con mi Sony Reader Pocket Edition y he leído unos diez libros en él. Después de este breve lapso, me he dado cuenta de cuales son algunas ventajas y desventajas de leer en un e-reader contra leer en papel. Así que sin más, ahí van 5 ventajas y desventajas de tener un e-reader.

Ventajas

1. Nunca más perderás la hoja en la que te quedaste. Un e-reader recuerda automáticamente la última hoja en la que dejaste un libro. Además puedes marcar las páginas que te interesan por alguna razón sin pegarle notitas fosforescentes. Mala suerte para los que venden separadores, eso sí.

2. Pesa mucho menos que un libro. Tengo unos 120 libros cargados en mi e-reader, que obviamente nunca podría cargar en mi mochila de otra forma. Incluso cinco o seis libros pesarían mucho más y ocuparían demasiado espacio. Tampoco junta el polvo que sí juntan 120 libros.

3. Puedes leer muchas cosas que de otra forma no leerías. Como los libros clásicos no tienen derechos de autor, son los más sencillos de conseguir. Algunos de esos libros llevan literalmente siglos sin editarse y otros tienen un precio muy elevado. Pero en el e-reader son gratis y se leen muy bien. Tengo varios libros de Arthur Machen que pensé que nunca conseguiría cargados, y a ratos leo pedazos de Le Rouge et le Noir en francés (venía ya precargado) para mejorar mi comprensión del idioma.

4. Puedes cambiar el tamaño de la letra. Cuando estoy algo cansado o voy en el transporte público, aumento el tamaño de la letra para leer más cómodamente. El único inconveniente es que hay que cambiar de página más seguido. Cuando el número de páginas no es problema, al final terminas por crecer el tamaño de la letra para no forzar la vista. Además, a diferencia de la pantalla de un ordenador, un e-reader no está iluminado por detrás, lo cual es un gran descanso para los ojos. A la larga, este va a ser el mejor argumento para usar un e-reader: cuidar la vista.

5. Nadie sabe que estás leyendo.
Puedes estar leyendo el último de Dan Brown, una novela de Danielle Steele o el Ulises. Nadie se va a enterar, porque no ve la portada. Así que puedes darte a leer cosas culposas sin que tus amigos intelectuales te vean feo, o al revés, leer a David Foster Wallace sin que tus amigos anti-intelectuales te vean feo.

Desventajas

1. Ni son todos los libros que están, ni están todos los libros que son.
A veces, el libro que quieres no tiene una versión electrónica. O la tiene, pero no puedes comprarlo por restricciones regionales o porque no está en un formato que tu e-reader pueda leer. Es un engorro que espero se pueda resolver en algunos años, pero de momento es real y bastante molesto. (No sé si esta sea una desventaja real: en papel tampoco encuentras todos los libros que quieres, más o menos por las mismas razones. Lo importante es que el libro electrónico no es todavía la panacea para el lector voraz, aunque sus capacidades técnicas lo permiten en teoría.)

2. La oferta de libros en español es bien pobre. Hacerte de libros en español, que no sean clásicos, es casi imposible. Al menos, es casi imposible hacerte de ellos por medios legales. La cosa cambia mucho si lees en inglés, francés o alemán. Claro que si tu interés es en leer en ruso o japonés, por ejemplo, el problema ya no es sólo la oferta, sino ciertas limitaciones técnicas (bastante estúpidas) para mostrar alfabetos que no sean el latino.

3. Un libro con mal formato puede congelar tu lector. Me pasó una vez y casi me infarto. Un libro con un índice mal diseñado provocó que mi aparato dejara de funcionar. Lo pude arreglar, pero requirió de paciencia, varias horas, y cierto conocimiento de informática que no cualquiera tiene. Moraleja: sólo adquiera libros electrónicos de fuentes confiables.

4. Tienes que cuidar al e-reader. He perdido unos 50 libros en mi vida y todos me han dado mucho coraje. (He perdido 3 copias de Rayuela, por ejemplo) Pero la idea de perder mi e-reader me preocupa bastante, porque su costo no es trivial. Casi me da el mismo miedo tirarlo y romper la pantalla. Por el otro lado, si pierdes un e-reader, los libros siguen almacenados en tu computadora.

5. Tienes que cuidar también  el bolsillo. Hay dos razones por las que preferí mi Reader Pocket a un Kindle. La primera es que busque la mejor pantalla de tinta electrónica en el mercado y esa fue la que me compré. La segunda es que el Kindle tiene acceso directo a la tienda de Amazon. Es oquiere decir que puedes comprar un libro en donde sea, cuando sea. Si algo me podría llevar a la ruina, es tener acceso a una librería en todo momento. Bueno, eso y que Amazon puede borrar los libros de tu dispositivo en cualquier momento, sin avisarte, pero eso es una desventaja exclusiva del Kindle. De todas formas, comprar libros por internet sigue siendo fácil y rápido, y la tentación es enorme. Hay que tener cuidado.

En conclusión, si pudiera cambiar toda mi biblioteca por su versión digital, lo haría gustoso. Los libros más pesados y gordos son los primeros por los que empezaría: justo los libros que no termino de leer porque no puedo cargarlos a todas partes. Tendría mucho menos polvo en mi casa y espacio para otras cosas.

25 mayo 2010

Tengo dos cuentos sin terminar desde hace un par de meses. Bueno, uno en realidad lleva en realidad 3 años sin terminar, aunque lo retomé hace poco. Me he hecho el firme propósito de terminar uno de ellos mañana y olvidarme del otro.

24 mayo 2010

Leyendo

Anoche se fue la luz por varias horas. Terminé leyendo Monster Island de David Wellington en el Sony Reader, una novela de zombies. Luego volvió la luz, pero con baja tensión. Leí de un tirón The Book of MPub, una serie de ensayos sobre el libro electrónico, que toca algunos puntos muy interesantes. También estoy leyendo, en papel, Trabajos del reino de Yuri Herrera. Muy recomendable, pero creo que es una recomendación bastante obvia.

Creo que estoy de humor para leer bestsellers, así que después de Monster Island siga con Monster Nation o con El descenso de Jeff Long, que parece ser nada menos y nada más que la versión hardcore de La gruta del toscano de Ignacio Padilla (y sigue el mismo argumento que la película del mismo nombre, The Descent, aunque se supone que no está basada en el libro). He aquí una teoría disparatada: el "Crack" no tiene ideas originales sino que toma todos los argumentos de sus novelas de bestsellers norteamericanos, pero lejanos a los círculos literarios. Compárese a este respecto Cryptonomicon de Neal Stephenson con En busca de Klingsor de Jorge Volpi.

En fin, quiero leer unos cuantos libros gordos, pero fáciles de leer, sin necesidad de pensar mucho. Unas vacaciones de lectura.

20 mayo 2010

I Bought a Little City

Hace unos meses Luis Panini me envió dos libros de cuentos de Donald Barthelme, Sixty Stories y Forty Stories. Por fin, esta semana comencé a leerlos. Barthelme es enorme, pero es muy difícil encontrar sus libros. Si no he escrito mucho esta semana, es porque he estado leyendo a Donald. Sí pudieran, sé que harían lo mismo. Quizá todavía no lo saben, pero es lo que quieren hacer.

Así que acá hay enlaces a un montón de cuentos de Donald Barthelme para que lo hagan. Les recomiendo "King of Jazz", "The Zombies", "I Bought a Little City" y sobre todo "Some of Us Had Been Threatening Our Friend Colby". En realidad, les recomiendo que los lean todos. Léanlos todos y después vayan a comprar sus libros o róbenlos. Después lean los cuentos. Yo leí a Barthelme mientras caminaba por Ermita. Casi me atropellan, pero valió la pena.

16 mayo 2010

Verano del 40: notas inconexas sobre El Tercer Reich de Roberto Bolaño

Creo que esto no va a tener mucho sentido, pero ahí va.

A media semana, terminé de leer El Tercer Reich de Roberto Bolaño. Fue algo extraño, porque me había costado mucho trabajo comenzar este libro, pero llegas a cierto punto (por ahí de la página 87) en la que ya es imposible soltarlo. Lo leí prácticamente de un tirón.



Va a quedar siempre la duda, no hay ya a quien preguntarle, de por qué Bolaño decidió no publicar El Tercer Reich en su momento. Contra lo que los malpensantes podrían pensar El Tercer Reich no es un simple producto editorial que rescata los dibujos de tercero de primaria del autor y los vende como una novedad. El Tercer Reich es una novela de Roberto Bolaño, no la mejor pero tampoco la peor. Si, como dice en la contraportada, fue escrita en 1989, más o menos en la etapa en que Bolaño comenzaba a sondear a las grandes editoriales (según cuenta Jorge Herralde en Para Roberto Bolaño), me pregunto que es lo que habrá provocado que se quedara guardada en un cajón. Muchos escritores nunca van a poder escribir nada que se acerque a El Tercer Reich y Bolaño la dejó guardada. ¿Por qué?

Otra duda, menor, me dio vueltas mientras leía la novela. ¿Qué juego es El Tercer Reich? La novela toma el nombre de un wargame del cual el protagonista, Udo Berger, es el campeón alemán. Quizá por el miedo a que los jóvenes literatos del mundo abandonen las bellas letras en favor del juego, la editorial no ha dado pista alguna de qué juego, en nuestro mundo, se llama El Tercer Reich en el mundo de Bolaño (de la misma forma en que, por ejemplo, Ciudad Juárez se llama Santa Teresa o Mario Santiago se llama Ulises Lima). Me sentía inclinado a pensar que era Axis & Allies, pero ciertas descripciones y nombres no se relacionaban por completo con las largas descripciones de los turnos del juego. Es algo curioso, ya que en mi mente estaba tan grabada la idea de que Bolaño habría cambiado el nombre al juego, que me tomó algo de tiempo descubrir que, de hecho, el juego que enfrenta a Udo Berger con la enigmática figura del Quemado, no es otro sino Rise and Decline of the Third Reich, que por razones obvias, se conoce entre los aficionados como Third Reich. Es decir, que Bolaño no cambió el nombre, sólo lo traduce para dar título a la novela.



Si esto no les parece extraño, a mi sí. Es como ponerle a una novela Monopolio o Riesgo. (Todavía es posible conseguir copias del juego por internet de segunda mano, por cierto). Es obvio que Bolaño pasó un buen rato jugando Third Reich antes de escribir esta novela y conocía bastante bien el juego. Un aficionado a los wargames podría decir además, si era bueno o malo, si las estrategias que plantea en la novela tienen sentido o no: si son el tipo de estrategias que tendría el campeón alemán del juego.




No sé por qué, tampoco tiene sentido ni hay forma de saberlo, me gusta pensar que Arturo Belano es autor de El Tercer Reich, igual que lo es de 2666. Dado el alcance de la historia, tiendo a pensar que Belano conocería al Quemado en algún momento y aprendería la historia de Udo Berger por él. Lo cuál vuelve a la pregunta de qué hacía esta novela en un cajón, por qué nunca la publicó en vida (aunque cabe la posibilidad de que simplemente la vida no le haya alcanzado).

En la época en la que escribía esta novela, ya se estaban prefigurando La literatura nazi en América y Estrella distante. No es difícil ver la relación entre las tres. Aunque en esas siguientes novelas, los juegos de guerra van a estar ausentes.

Editado dos horas después: Una nota para La Tercera, escrita por Roberto Careaga, da cuenta de la obsesión de Bolaño por los wargames de tablero. La nota confirma tres ideas: que Bolaño conocía bien Third Reich (aunque es imposible saber lo bueno que fuera), que tenía pensado publicar la novela mientras aún vivía, y que la forma en que aborda el juego el Quemado, el único personaje latinoamericano de la novela, es la forma en que el propio Bolaño veía el juego.

Editado dos horas y media después: En boardgamegeek.com (EL sitio de juegos de tablero en internet) ya hay alguna discusión sobre la novela, donde se comenta por ejemplo que algunos de los articulistas que menciona Bolaño son reales, como Rob Beyma y que la convención anual del juego no era en París, como dice la novela, sino en Baltimore. Si se pasa uno por el foro del juego, se verá que el lenguaje que usan los jugadores al discutir estrategias y variantes es idéntico al que usa Bolaño en El Tercer Reich; lo que se conoce en el medio como AAR o After Action Report.

14 mayo 2010

Hermano Cerdo 24. La mejor revista de literatura y artes marciales

Lo crean o no, después de un año de ausencia, Hermano Cerdo, la revista de los campeones, vuelve al ataque, con un número gigante, que lleva por título "Un paseo por el cuento norteamericano contemporáneo". Once cuentos (todos traducciones), seis reseñas, tres ensayos... y muchas cosas más. Si se editara en papel no la podrían cargar; pero como es una revista electrónica, Hermano Cerdo sigue siendo la mejor revista de literatura y artes marciales del mundo.

Les recomiendo en especial "Hombres callados" de Leslie Jamison, que ha provocado comentarios del tipo "hace tiempo que no disfrutaba tanto la lectura de un cuento". También les recomiendo mi reseña de Los esclavos de Alberto Chimal. Aunque la escribí cuando todavía era cool escribir reseñas de Los esclavos, gracias al retraso de la revista, ahora queda claro que estoy reseñando un clásico.

En realidad, todo el número es muy bueno y lo deberían leer completo.

Lo cual me recuerda que si son los felices poseedores de un Kindle, un iPad o cualquier otro lector de libros electrónicos, Hermano Cerdo les tiene una enorme sorpresa dentro de poco. Como dice el comunicado oficial:

Amigos, después de un año hemos dejado de rascarnos las pelotas y transmitimos otra vez por el mismo canal y a la misma hora. Con este número despejarán todas sus dudas acerca de nuestro pro-yanquismo pero también alabarán nuestras buenas intenciones, nuestra amplitud de miras y el amor que sentimos por ustedes, nuestros queridos lectores.

Para no aburrirlos bastará con mencionar que este número es un especial de traducción, pues hemos traducido once cuentos de autores norteamericanos jóvenes (con una honrosa excepción) como parte de un proyecto más amplio de traducción cuyos detalles no les deben interesar, al menos por el momento.

Con este número también queremos hacerles saber que, muy lentamente, rediseñaremos el sitio para dar cabida a nuevos servicios, especialmente aquellos que tienen que ver con los e-readers y los teléfonos móviles de medio pelo capaces de leer un e-book. Pronto más noticias.

Dicho esto, no queda más que invitarlos a visitar el chiquero...

12 mayo 2010

Lunes por la mañana

Esta nota tendría que haberla escrito hace dos semanas. Como no lo había hecho, no escribía nada más. Así que ahí va.

El lunes antepasado, por la mañana, me levanté muy temprano para acompañar a mi tía al hospital. Mi tía tiene cáncer y va mucho al hospital. Cuando le diagnosticaron la enfermedad, casi siempre alguno de nosotros —sus familiares— íbamos con ella. Ahora casi siempre va sola. Pero el lunes por la mañana le iban a hacer una biopsia, así que no podía ir sola. La acompañé.

El tráfico hasta su casa era mucho más pesado de lo que recordaba, así que llegué por ella diez minutos tarde. Cuando llegué ya me estaba esperando. Se subió a mi coche y nos fuimos. Teníamos que llegar a las ocho y media. Dejamos el automóvil en un estacionamiento a dos cuadras del hospital y salimos corriendo.

El del hospital es un edifico enorme. En vez de puerta, hay un rastrillo revolvente que hace a la vez de entrada y salida. Uno se para afuera del rastrillo y le grita a los guardias de la puerta a dónde va. Si a los guardias les parece tu respuesta y muestras tu carnet vigente, te dejan pasar. Si no, te quedas esperando en una jaula con bancas de piedra hasta que te llamen (pero no te van a llamar). Mi tía es experta en pasar rápido, así que en menos de treinta segundos estamos adentro. El resto de la gente nos mira aturdida, por la hora de la mañana, porque ellos llevan más tiempo esperando, porque quisieran preguntar cómo hicimos para entrar tan rápido, pero nosotros ya estamos del otro lado, corriendo.

Llegamos al lugar de la cita a las ocho veintisiete. Nos formamos frente a un mostrador donde hay una fila más o menos larga, pero que avanza con rapidez. El mostrador es más bien como una cabina, con vidrios que van del techo hasta la mesa, salvo por un pedacito por donde los pacientes se agachan para hablar. También podría ser una pecera. No me extrañaría que los empleados le digan a esa cabina "la pecera". Los empleados de la pecera están desayunando adentro, aunque en el vidrio de la pecera hay un letrero que dice que queda prohibido introducir alimentos o bebidas a la pecera. Adentro también hay una computadora, una Mac vieja, pero no la usan. Entre bocado y bocado, revisan las citas de los pacientes en una enorme pecera.

"Vaya a la sala doce" le dicen a mi tía.

Si no fuera una veterana del hospital, le hubiéramos hecho caso al hombre de la cabina. Pero no es la primera vez que mi tía se forma en esa fila y sabe que no le toca ir a la sala doce.

"Oiga, yo no voy a la sala doce", dice.

"¿Cómo que no?".

"La sala doce es mastografía y yo vengo a que me hagan una biopsia".

 El hombre revisa la libreta de nuevo.

"Aquí dice que va a una mastografía".

"No, no voy a una mastografía", insiste mi tía.

"A ver, deje reviso".

Por fin usa la computadora y, en efecto, mi tía está programada para una biopsia.

"En el sistema sí dice que es una biopsia, pero aquí dice mastografía".

"¿Y entonces qué hago?", pregunta mi tía.

Es obvio que el hombre no sabe que hacer. Tampoco tiene mucha prisa en averiguarlo. Detrás de nosotros, la fila se hace muy larga. el hombre pide que nos hagamos a un lado para que pueda atender a los que están detrás de nosotros. Son las ocho cuarenta y cinco. Casi a las nueve pasa un doctor. Una chica que también está en la cabina-pecera, le llama y le explica nuestra situación.

"¿Trae su frasco con alcohol?" Le pregunta el doctor a mi tía.

Mi tía le dice que sí.

"¿Trae sus plaquitas?"

Mi tía no trae sus plaquitas. Nadie le dijo que tenía que traer sus plaquitas. El doctor le recuerda que tiene que traer sus plaquitas. Ella le explica que nadie le dijo nada de ningunas plaquitas. El doctor se marcha. Esperamos al lado del mostrador. Dan las nueve. El doctor regresa, pasa a nuestro lado, se va. A las nueve y diez habla con otro doctor. Ese otro doctor, que trae al cuello una cinta de Dr. Frogs con su identificación, entra a la pecera y le dan un papel. A las nueve con veinte minutos el Dr. Frogs se acerca a mi tía y le explica que hubo una confusión en las citas, que obviamente ya no va a pasar a las ocho y media, pero que de todas formas toda esta discusión es académica porque la doctora que hace las biopsias no ha llegado y nadie sabe si va a ir a trabajar. De todas formas, nos pide que lo esperemos, para ver si es posible hacer la biopsia ese mismo día o hay que volver la próxima semana.

A las diez, llega la doctora que hace las biopsias.

A las once, el Dr. Frog nos pregunta si el frasco con alcohol está esterilizado. No lo está. No sabíamos que había que esterilizarlo.

A las once y media, el doctor nos explica que lo mejor es que volvamos el lunes.

Acompaño a mi tía al mostrador. Ella les explica que va a re programar la cita para el próximo lunes. El hombre del mostrador, el mismo que estaba ahí a las ocho y media de la mañana, revisa la libreta y le dice que puede programarla para el 28 de mayo, un mes después.

"Pero el doctor me dijo que me diera la cita lunes o martes", dice mi tía.

"Entonces vaya con el doctor y pida que se lo firme".

Vamos de regreso a esperar a que el doctor salga, para que pueda formar el papel. Nos toma media hora. Luego volvemos al mostrador con la orden del doctor firmada.

"Oiga, el doctor se equivocó, le puso marzo en vez de abril en la orden", dice el hombre de la pecera.

Así que volvemos a buscar al doctor, para que cambie la fecha que escribió, y volvemos al mostrador. Nos dan cita para el lunes siguiente a medio día.

***

El lunes siguiente llegamos puntuales a la cita. Sólo tenemos que esperar dos horas para que sea el turno de mi tía. Después de la biopsia, tenemos que subir al sexto piso porque un doctor olvidó firmar la orden para entregar la muestra al laboratorio. Pero esa es otra historia.

03 mayo 2010

Leyendo a Pynchon, DFW

Gracias a todos los que me ayudaron a decidir, ahora estoy leyendo Inherent Vice de Thomas Pynchon. Decir que me está encantando es poco. Eso sí, en comparación con Against the Day, es como un paseo por el parque. A falta de ver cómo se desarrolla, creo que este es el libro más accesible de Pynchon a la fecha. También estoy leyendo Brief Interviews with Hideous Men de David Foster Wallace en el e-reader. Los cuentos de DFW impresionado muy gratamente y la lectura en el e-reader es muy cómoda para este libro en particular. Creo que me compraré Infinite Jest en formato electrónico, porque sospecho que también será mucho más cómoda de leer ahí.

Hay una cierta tendencia a comparar a Pynchon y Foster Wallace. Algunos críticos, por ejemplo, piensan que DFW no es más que un epígono algo retrasado de Pynchon. Ahora que los estoy leyendo en paralelo, confirmo mi idea de que no podían ser más distintos. Ante todo, es un asunto moral lo que los separa. Para Pynchon el mundo no deja de ser una enorme conspiración sin pies ni cabeza que no vale la pena tratar de entender. Lo mejor que podemos hacer es disfrutarla. Por el contrario, toda la obra de Foster Wallace parece centrarse en cómo vivir en este mundo, cómo hacer sentido, qué significan todas esas pequeñas decisiones que terminan formando una vida. Un cuento en particular, "Forever Overhead" me ha causado una impresión muy fuerte.

No puedo encontrar una copia del cuento en la red, pero en YouTube hay una versión en audio. Así que si quieren pasar media hora escuchando uno de los mejores cuentos jamás escritos, pónganse los audífonos y presionen play.