28 junio 2010

De vacaciones

Estimados lectores:

Esta memoria electrónica se va de vacaciones dos semanas. Durante ese tiempo, me será imposible contestar a sus mensajes. Si les urge comunicarse conmigo da lo mismo, no voy a contestar hasta después del 9 de julio, pero les pido que de todas formas me escriban por correo electrónico y atenderé lo más rápido que pueda.

23 junio 2010

Reality Hunger: A Manifesto, de David Shields


A finales de 2005 asistí a la presentación de La Mano de la Buena Fortuna del escritor serbio Goran Petróvić en el Museo Nacional de Antropología. El evento debía iniciar a las 19:30 pero yo decidí llegar media hora antes, temeroso de que fuese a haber mucha gente y no pudiera entrar. Eso solo sirvió para mostrarme, una vez más, que en mi mente la literatura es mucho más popular de lo que lo es en realidad. No sólo no había nadie, sino que el museo estaba cerrado y el guardia de la entrada no sabía nada sobre la presentación de ningún libro de un autor serbio. Para colmo de males, comenzó a llover. Media hora después, es decir, a la hora que debería iniciar la presentación, llegó otro par de personas a preguntar por la presentación. Al menos no era yo el único desquiciado que había arrastrado a sus amigos a una presentación inexistente. Casi una hora después, llegaron los representantes de la editorial, el escritor —que por su gran estatura era inconfundible— y unas cuantas personas más. Todavía se tardó media hora en iniciar la presentación, mientras esperaban que llegara más gente al salón casi vacío. (Alberto Chimal salvó el día cuando llegó, algo mojado, con una veintena de sus alumnos.)

Lo que más recuerdo de esa presentación fue un comentario de Petrović sobre los separadores de libros. Si la memoria no me traiciona, dijo algo así como que a pesar de su importancia en la historia de la lectura, no se había estudiado lo suficiente sobre la función de los separadores, esos pedazos de tela, papel o metal que se utilizan para indicar el punto de la lectura hasta donde hemos llegado. De la misma forma que un separador nos señala el avance de la lectura —decía Petrović—, los grandes libros son indicadores para saber hasta dónde ha llegado la raza humana.

22 junio 2010

Leyendo

Mientras me preparo para el caos que serán las próximas tres semanas, leo a caballo Infinte Jest de David Foster Wallace —diría que es una relectura, pero me parece que estoy leyendo un libro nuevo— y The Secret History de Donna Tartt. Intenté con todas mis fuerzas empezar a leer la trilogía Memorias de Idhún de Laura Gallegos pero la prosa es tan débil y la estructura tan mala que no pude pasar más que unos cuantos capítulos. La fantasía tiene mala reputación por libros así.

Escribo una larga reseña de Reality Hunger de David Shields, que a ratos parece más una apología de Goran Petrović. Espero ponerla pronto por acá.

20 junio 2010

Cinco cosas que se pueden hacer hoy con los e-books...


pero parece que nadie está haciendo



El International Digital Publishing Forum es la organización que se ha encargado de crear lo más cercano que tenemos a un estándar en el mundo de los e-books, el formato Epub. Actualmente se encuentran trabajando en la revisión del formato, y uno de los imperativos es agregar interactividad y medios enriquecidos a la especificación del formato. En parte esto es muy entendible, porque es el tipo de cosas que las revistas y periódicos digitales necesitan si quieren hacer una transición aceptable al formato digital. Por ejemplo, para que puedas resolver el crucigrama de tu revista favorita directo en el dispositivo o para incorporar fotografías de 360 grados para algún reportaje. Por otro lado es algo ridículo, porque muchos esperan que todos los libros se hagan interactivos, como la aplicación de Alicia en el país de las maravillas para el iPad. La gente que piensa que ese tipo de ediciones son el futuro del libro (electrónico o no) no se han dado una vuelta por la sección infantil de una librería en su vida, porque se daría cuenta de que los libros ya son así.

Lo que más me llama la atención, sin embargo, es que a pesar de que hay tanta preocupación por como hacer que los e-books sean mejores que el papel, las posibilidades actuales no se ven muy explotadas. Así que ahí van, debajo del doblez, cinco cosas que hoy se pueden hacer con los e-books pero que parece que nadie está haciendo:

14 junio 2010

Algunas notas sobre el diseño de e-books

A últimas fechas me dedico, entre otras cosas, a preparar libros para la iniciativa móvil de Hermano Cerdo, mejor conocida como el e-Cerdo. Mientras preparo el archivo digital para la disposición de los lectores, me he quedado con algunas ideas sobre cómo diseñar e-books, que quiero compartir a continuación. Debo aclarar que no soy diseñador ni tengo la menor formación para hacer esto, salvo la que he ido aprendiendo a marchas forzadas en estos últimos meses. Las ideas que he tenido aquí vienen sobretodo de probar diferentes ebooks y cómo funciona la experiencia de lectura en un dispositivo de tinta electrónica, es decir, de mi experiencia como lector.

Como no estoy muy seguro que esto interese a los lectores habituales de esta memoria, pueden leer a profundidad después del doblez.

11 junio 2010

Contra los poetas

Leo a menudo los blogs de algunos contemporáneos, Alberto Olmos o Juan Francisco Ferré, en cuyas entradas siempre aparecen pequeñas sentencias terribles: [...] la poesía, medio quizá inadecuado para afrontar la complejidad del mundo contemporáneo (Ferré dixit). ¿Pero terribles por qué? Terribles por el desprecio que desprenden, pero sobre todo, por lo veraces que son.


10 junio 2010

Llamadas telefónicas, 2

4. Un hombre espera una llamada importantísima. Quizá sean los resultados de una prueba de laboratorio, la noticia de que su tíaha muerto  y él heredará. No es muy segura o más bien es muy dudosa la naturaleza de esa llamada, pero no cabe duda que es importante. Es una llamada que le cambiará la vida. El hombre carga siempre el teléfono consigo. Lo mira. Se asegura que tiene suficiente batería, que no haya silenciado el timbre por error.

Pasan los días y la llamada no llega. En su angustia, comienza escuchar un teléfono que suena. Es un sonido idéntico al de un teléfono de oficina, pesado, electrónico, que es el mismo tono que ha elegido para su móvil. Sabe que es no es una llamada real, porque su dispositivo tiene la función de vibrador encendida, pero no vibra. De todas formas, saca el teléfono. No hay ninguna llamada entrante.

Cada vez con más frecuencia escucha ese timbre fantasma. Suena dos veces, dos timbrazos cortos, y después calla, como si no alcanzara a contestar o como si quien llamase cambiara de opinión. Las primeras veces lo escuchó en la oficina y pensó que quizá el ruido provenía de un cubículo distante. Pero luego lo escucha en todas partes: en el camión de camino a casa, en el baño, antes de acostarse a dormir. Siempre suena dos veces y después se calla.

El hombre considera visitar a un médico, pero le da miedo lo que pueda decirle. También, no tiene dinero para pagar los honorarios de un médico. Se auto-diagnostica: es sólo estrés. Pero la frecuencia de esas alucinaciones auditivas, como ahora las llama, aumenta cada día. Piensa en cambiar el tono de su móvil, pero no lo hace por temor a lo que sucedería. Por momentos son tan frecuentes que no parece que sonara dos veces y se cortase, sino como si el teléfono fuese a sonar para siempre, como si el último hombre en la tierra llamase por teléfono al otro lado del mundo y nadie contestara por que no hay nadie que pueda contestar.

Pasan aún más días y el hombre se acostumbra a vivir con el sonido del teléfono fantasma. Con el tiempo, está tan habituado a escucharlo que lo ignora. Cuando en verdad deja de escucharlo, no se da cuenta del cambio. Sigue su vida tranquilo. Deja de esperar la llamada. Se casa. Tiene dos hijos. Sufre un accidente automovilístico. Lo promueven en el trabajo. No vuelve a escuchar más el sonido de esos timbrazos que vienen de ninguna parte.

Lo que creo que sucedió es esto: el universo en que vivimos está compuesto de infinitas realidades, cada una ligeramente diferente. En su angustia por esperar esa llamada que cambiaría el curso de su existencia, el hombre comenzó a escuchar más allá de esta realidad, a través de la fina membrana que la separa de las otras. No es que el teléfono dejara de sonar, sino que él dejaba que sonara dos veces y después lo contestaba. En infinitas realidades, la llamada llegaba y él atendía las indicaciones que escuchaba por el auricular y su vida no volvía a ser la misma. Es posible, incluso, que la llamada que estaba reservada para esta existencia, para este plano que llamamos nuestra realidad, haya cruzado la membrana entre las realidades y la haya contestado otra versión de sí mismo, que ahora vive su vida.

(Llamadas telefónicas 1)

What is a day of writing like for you? Do you have organized rhythms or a schedule or is it pretty much full-tilt all the time?

Up at 5:45. Workout. Meditate. 10 hours. 6 days a week.


—Mark Z. Danielewski

09 junio 2010

Odio el futbol



Odio el futbol
pero me rehúso a pensar
que alguien crea que un libro
puede cambiar el mundo
y no pueda hacerlo
en noventa minutos
un balón blanco
en un cancha verde.
To make a living as a writer given current book prices and reading rates you either need government grants or access to a market with 100 million-odd potential customers.

05 junio 2010

Excalibur (Escribiendo, 3)


Hace ya casi un año, hablaba de una novela que se me antojaba mucho escribir, pero que no quería hacerla en silencio. Después de un año, terminé de escribir otra novela (que viaja por el mundo de concurso en concurso), un poema (que hace lo mismo) y en este momento me peleo con un cuento (que aparecerá en este espacio). El cuento se llama "Elefante Blanco" y lleva años en el tintero (un fragmento). Es la historia de un hombre que se llama Six, lo que le pasa a lo largo de un día y los libros que lee. Mientras trataba de acabar ese cuento, terminé por escribir un libro entero de cuentos (a los que no les tengo mucho cariño) que no se parecen en nada a "Elefante Blanco".

Dave Eggers dice en el prólogo de Forty Stories que Donald Bartheleme es uno de esos escritores que hace que ten ganas de escribir. Me pasa lo mismo. Gracias a la lectura de Barthelme, he vuelto a ese cuento, que en cuanto termine aparecerá en esta memoria, en varios formatos, para quien le pueda interesar.

El caso es que, un año después, por fin me encuentro en condiciones de compartir ese proyecto de novela con ustedes. No sé qué sentido tiene llevar este proceso en público, pero es algo que quiero hacer y de alguna forma necesito. La novela no tiene nombre aún, pero por llamarla de alguna forma, primero la llamé "Fantasyland". De momento, el proyecto se llama "Excalibur", como ese legendario libro que al leerlo te vuelves loco.

La premisa es más o menos sencilla: A finales de los años cincuenta, un empresario norteamericano consigue una ingente cantidad de dinero de inversionistas para construir un enorme parque de diversiones, Excalibur, que sería mucho más grande e impresionante que Disneyland. Algunos dicen que compró una isla para crear ahí su visión, otros dicen que lo hace en un valle secreto en los Estados Unidos, otros más que en un paraje remoto e inaccesible de Europa. El caso es que el empresario desaparece, junto con todo el dinero, y no se vuelve a saber más de él.

Sin embargo, a lo largo de los años, aparecen indicios sobre el destino del empresario. En los sesenta, aparece en París una fotografía de un grupo de guerrilleros sentados en un enorme tiovivo oxidado y devorado por vegetación selvática. Quince años después, en las costas de Guerrero encalla un enorme elefante rosa de plástico, atravesado por fuego de artillería. En los noventa, un hombre es arrestado en Japón tras intentar pagar en un restaurante con monedas para una máquina tragaperras. Todos esos sucesos tienen algo en común: esos objetos fantasmales están marcados como propiedad de Excalibur.

En 2006, una avioneta propiedad de Excalibur se estrella en una pista privada cerca de Edinburgo. Este evento pone sobre aviso a los inversionistas que aún siguen con vida, y a sus herederos, sobre la posibilidad de recuperar el botín. La búsqueda de Excalibur los va a llevar por todo el mundo, el presente, el pasado e incluso el futuro.

Mi idea es que sea una novela grande, polifónica, con muchos personajes, en la que pasen demasiadas cosas, y se lea de una forma no convencional. Es decir, que sea el tipo de novela que me gusta leer (y en definitiva, que no sea el tipo de novela que debería escribir).

De ahora en adelante, irán apareciendo actualizaciones sobre el proyecto en esta memoria, cada tanto tiempo. Cada entrada va a llevar el tag "Excalibur", incluirá dicha palabra en el título, y además el contenido va a ir escondido detrás de un doblez, de forma que aquellos que no estén interesados en estas entradas puedan ver el resto del contenido de la memoria sin distracción. Los fragmentos en sí de la novela, cuando decida compartirlos, aparecerán en formato PDF y EPUB, y llevarán todas las reservas de la ley (a diferencia de esta memoria, que usa una licencia CC).

Me emociona mucho poder escribir así, sin estar cuidando que alguien mire sobre mi hombro, o con miedo a compartirlo. Esperemos que el viaje valga la pena para todos.


02 junio 2010

Cambio de carril

En su blog, Jorge Carrión discute la presencia de los escritores en Facebook, en dos partes (I y II). Las notas me llaman la atención sobretodo por un fenómeno propio de Facebook, al que Carrión hace breve alusión en su primera entrada, "el hecho de que en Facebook se confunda la red social/personal con la
red social/profesional". Es curioso, por ejemplo, cuando algún escritor le deja un comentario su tía abuela en medio de una sesuda conversación literaria. Sin embargo, lo que a mi me interesa más es el hecho de que en Facebook se junten y conversen personas de diversos ámbitos por el hecho de tener un contacto en común. Se puede cruzar un matemático colombiano, un diseñador de juegos argentino, un escritor español y tu amiguito del kinder a discutir, digamos, el ataque israelí al convoy de ayuda que iba a la franja de Gaza.

Eso no pasa en un blog o no pasa tan seguido. No sé por qué, pero donde pasa es en Facebook.