29 marzo 2011

Blue Cheese

El fin de semana hice hamburguesas de arrachera con blue cheese para comer. Quedaron deliciosas.

24 marzo 2011

Libros que cambiaron mi vida: Atlas descrito por el cielo


¿Cuándo fue la última vez que compraron un libro por impulso? Me refiero a un libro del que no han oído hablar, ni leído una reseña, ningún amigo lo ha recomendado. Sólo resulta que se encuentran con ese libro en una librería y a pesar de que está empacado en plástico duro (algún día se debería de hacer un estudio de cuantas ventas se pierden porque no se puede abrir un libro) y resulta que es de un autor serbio del que nunca han oído hablar. Además, es un libro bastante caro.

Mi copia autografiada de La Mano de la Buena Fortuna de Goran Petrović

Esto me pasó con Atlas descrito por el cielo. El libro me llamaba desde la mesa de novedades en el segundo piso de la librería Ghandi de Miguel Ángel de Quevedo. Así que aunque me quedé sin dinero dos semanas. me lo compré. No es la única vez que he hecho esto, pero es de las pocas veces que ha salido bien.

El Atlas es un libro descaradamente posmoderno. Está narrado a partir de la descripción de 52 cuadros y la mayor parte de la acción sucede en los pies de página. En esencia, es la historia de un grupo de amigos que un buen día deciden derribar el techo de su casa para tener un techo azul y como defienden esta decisión del resto de la sociedad, que no puede entender el gesto, mientras viven, aman, se enamoran, juegan y tratan de descubrir el significado secreto detrás de los horarios de los trenes.

Pasa la vida en esta novela, es decir, pasa todo y a la vez parece que no pasa nada. Pero pasa esto en el Atlas y esto fue lo que me cambió la vida. Estoy leyendo el libro, voy por la mitad, más o menos, y leo un capítulo que se llama "La chica que se encontró con el cometa". Sasha se encuentra con Mijael, que ella sabe ya o intuye es el amor de su vida o algo así:

Es él quien abre la puerta. Sin palabras, retrocede un paso para dejarla pasar. Sasha entra en el pasillo, luego en la habitación de paredes blancas, finalmente arreglada con olor a canela y a coñac. Mijael la toma de la cintura. Ahora, también huele a él. Por el cuerpo de Sasha, un reloj de arena, corre el deseo, primero despacio, luego cada vez más rápido, más rápido y más rápido, como el derrumbe de una montaña.
(Y ahí pienso en Huidobro: "Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña".)
Con sus labios, Mijael toca los de ella. El beso es simple, se parece al pan dulce espolvoreado con azúcar. [2]
Como he dicho, gran parte de la acción pasa en esos pies de página, como el que se indica en esa frase. Así que bajo la vista y veo que el segundo pie no está en esa página, sino en la siguiente. Doy vuelta a la página y me encuentro con esto:
2. CÓMO ES ESE BESO SIMPLE COMO EL PAN DULCE ESPOLVOREADO CON AZÚCAR.
Es exactamente así.
En ese momento, ese libro me cambió la vida.

***

PS: Goran Petrović tiene la capacidad de ser infinitamente cruel cuando quiere. El amor de Mijael y de Sasha no puede ser, porque el es del mundo del vivir rápido, donde los árboles crecen en una sola noche, y ella es del mundo del vivir lento, que vive sus momentos a fondo y de manera anunciada. Así que apenas un párrafo después se separan defintivamente:
Sasha sale de la casa número 78. La noche tiene la calma del cristal, tal vez por eso es siniestra. Ojalá no empiece a soplar el viento. Para que no se disperse el azúcar de los labios. Para que no se lleve el olor a canela y a coñac del cabello. Para que no enfríe el calor del cuerpo.

23 marzo 2011

Otra nota breve

Trato de desocupar el pedazo de mi cabeza que sigue ocupado en la reseña de Constatación... que no se deja escribir. Es bastante frustrante, pero justo la misma frustración impide que pueda comenzar de nuevo.

Mientras tanto, leo tres libros, Moby Duck, que es una proeza del ensayo moderno, El hacedor de Borges y El hacedor (de Borges) Remake, de Agustín Fernández Mallo. El remake es genial y tiene esa extraña facultad que tienen los libros de agustín de sentir que te quitan el piso de debajo de lo pies. Hay un cuento "Las uñas", que no sólo es un remake de Borges sino también un remake de Inland Empire, que es uno de los cuentos que más miedo me han dado en la vida (el otro es "El foso y el péndulo" de Poe).

Escribo un cuento breve y tomo notas y notas para la novela, que va a cambiar otra vez de nombre. Ya hablaré más de eso pronto y con algo de suerte les mostraré algunos primeros borradores. Claro, para eso necesito que el trabajo vuelva a niveles humanamente manejables.

22 marzo 2011

What Writing Should Do

Keep in mind what writing should do:

1. Be alive.
2. Be surprising
3. Obey tenets of economy, verve, etc.
4. Amount to something (usually, in terms of "having something at stake")
5. Pay off (i.e., resolve).

Any three of the five is worth spoiling paper for. It should be remembered also that:

6. Brave wild failure is applauded

And that:

7. You should be less comfortable if you're pretty sure about what you're writing about

And that:

8. You should ignore, at all times, all sense of authorial narrative obligations, and, certainly, your own preconceptions and ideas.

This is more preaching that could possibly be salubrious. So, some more: Obey only the logic of immediacy, from word to word. Or, obey only its obverse, the illogic of immediacy, as you prefer.

Padgett Powell

21 marzo 2011

2009 llamó

Nota breve

 Derrotado por tercera vez en la intención de escribir una reseña de Constatación brutal del presente de Javier Avilés, pongo Assault Girls de Mamoru Oshii y descubro, ¡qué es la secuela de Avalon! En los primeros 10 minutos la película resuelve las dudas que me venían atormentando durante siete años sobre Avalon.

 Como me temo que Assault Girls me lleve otros siete años de despertar a media noche haciendome preguntas del tipo ¿por qué en la escena final aparecen los dos querubines con cabeza? me voy a dormir y ya la veré mañana con calma.


Avalon, las nueve hermanas, el final de la cinta... (casi) todo queda explicado en los primeros 10 minutos de Assault Girls.

19 marzo 2011

Y que llega El Hacedor (de Borges), Remake a mi casa

Pareciera que esta memoria se ha transformado en una galería fotográfica de libros recibidos. Motivo 1: que te envíen un libro es uno de los mejores regalos que alguien te puede hacer, que te envíen un libro es el opuesto cortazariano a que te regalen un reloj. Motivo 2: el regalo de un nuevo celular con cámara fotográfica (otro de los mejores regalos que te pueden hacer, un teléfono con cámara) y la llegada de un nuevo software que hace muy sencillo publicar sus fotografías en Internet. Esos motivos se vuelven uno: compartir, aunque sea de forma precaria con los lectores de este librillo de memorial, la alegría de que te llegue un libro por correo.

¿Pero qué será esto?
Algo que no he leído en ninguna reseña: el corazón de la portada es un espejo dorado. Hermoso.
El libro trae un CD. No lo he puesto en la computadora aún para descubrir su contenido.
Una página al azar para mostrar que el libro está lleno de fotografías a cuatro tintas.
 Habría que decir algo del libro en este momento. Lo he estado hojeando apenas. Como ya sé que me va a gustar, me resisto a leerlo de prisa. Creo que este es el libro más gracioso de Fernández Mallo, me he reído mucho al leer algunos de los textos y poemas más cortos. Y a propósito de los poemas, he leído que justamente lo que menos le gusta a la crítica en general son los poemas, justamente porque son graciosos. De momento, sin haber leído el remake (pero recordando a El hacedor original) me parece que los poemas están muy bien.

Ahora, me voy a permitir hacer una cita de uno, el "Arte poética" (de Borges) en remake de Agustín Fernández Mallo:

algo así como uno de aquellos barcos
metidos en una botella.
Pero sin botella,
sin barco,
sin aquellos,
sin uno,
sin algo.
Se me ocurre releer El hacedor al tiempo que leo Remake. Sería algo así como mirar Inception e interrumpir de vez en cuanto la cinta para mirar Citzen Kane. Quizá lo haga. Se me ocurre también que podría leer los dos libros a la vez, uno en cada mano, para leer el Remake con el ojo izquierdo y El hacedor con el ojo derecho, osea, leer El hacedor 3D. Ya les contaré.

PS: En cuanto presione PUBLISH POST, me iré a explorar los contenidos del CD. Si no vuelvo, es que me decidí a fundar mi propia micronación.

15 marzo 2011

Rabioso como juguete parte 2: La venganza

Tres solitarios ejemplares del número 1 de El juguete rabioso, fanizine de fake, remake y ensayo ficción, llegaron a la Ciudad de México. Este es el diario de la primera exploración.

14 marzo 2011

Libros que cambiaron mi vida: Nocilla Dream


No me queda duda de que mi gusto por el afterpop se debe a que ya lo había leído antes y me había quedado con ganas de más. Si se sigue lo que he dicho en estas últimas notas (y asumo que alguien además de mí lo hace, sino ya habría dejado de leer) queda la idea de que un libro lleva a otro y así:

Mapa parcial de lecturas. Considérese que cada flecha está compuesta por otras lecturas, interrupciones, la vida, etc.
Sin embargo, lo cierto es que así como cada libro nos lleva a nuevas lecturas, estas nuevas lecturas nos devuelven a otros libros y los resignifican, más o menos así:

Mapa parcial de lecturas con algunas influencias de las relecturas, elegidas por sobre otras más que nada para no hacer el mapa ilegible.
Lo importante acá es notar como, por ejemplo, leer Afterpop de Eloy Fernández Porta es una operación complicada, ya no sólo por su complejidad estructural (Jorge Herralde comparó a EFP con una cruza entre Walter Benjamin y un punk), sino porque al leer Afterpop actualizo las lecturas de Nocilla Dream, Other Electricities, House of Leaves, Ficciones, V., V for Vendetta, Snakes and Ladders, Negra espalda del tiempo, etc. sólo por mencionar las lecturas que están en el mapa (entre las que quedan fueras están todo Umberto Eco, todo Lipovetsky, todo Vila-Matas, etc.). Pero nunca habría llegado a Afterpop sin pasar por Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo y esa sólo razón hace que la primera parte de la trilogía Nocilla sea uno de los libros que cambiaron mi vida.

Eso no quiere decir que sea la única razón ni la más importante. Mucho veneno ha caído sobre este libro y todo lo que provocó después (o al menos los medios hicieron parecer como que lo provocó, que a falta de académicos que digan lo contrario, da lo mismo). Pero, para los que perseguimos durante mucho tiempo la obtención de un ejemplar y lo leímos con toda la expectativa que esa persecución implica, nunca decepcionó. Eso ya es bastante.

Más importante, Nocilla Dream proponía una nueva forma de narrar.

(El lector atento verá que los mapas que abren esta nota indican que eso no es del todo cierto: hay muy pocas diferencias temáticas o estructurales, por ejemplo, con Other Electricities de Ander Monson. No hay nada en Nocilla que no estuviera ya llevado a sus últimas consecuencias en House of Leaves o prefigurado en Rayuela. ¿Y entonces, es nuevo o no? Decídete, René.)

Algo me pasó mientras leía Nocilla Dream. Entendí que había una barrera extraña sobre los temas permitidos y los estilos permitidos en la literatura. No era una barrera real, sino una barrera cultural o más bien: un muro hecho de cultura. Nocilla Dream lo rompía. ¿Por qué, si hay muchas obras anteriores que hacen más o menos lo mismo no tenían el mismo efecto en mí como lector? Se me ocurren dos respuestas: la primera es la diferencia entre narrar en inglés y narrar en español, donde ese muro-hecho-de-cultura está colocado en territorios diferentes. Entonces, la fuerza de Nocilla Dream radicaba en trasladar al español nociones que venían de otros lenguajes para crecer el terreno (no sólo lenguajes humanos, sino también los lenguajes de las ciencias y de otras artes). Parte de este terreno ya habría sido ganado, primero por las vanguardias históricas y luego por escritores como Julio Cortázar en Rayuela, pero se habría perdido o abandonado cuando la literatura tomó otros derroteros. Esta, creo, es la explicación canónica de lo que hace Nocilla Dream. El propio Fernández Mallo elabora a profundidad sobre sus técnicas y propuestas en Postpoesía.

Se me ocurre otra explicación, más personal y quizá más sencilla, aunque tal vez totalmente errónea. Lo que en prácticamente cualquier otra obra similar a Nocilla Dream se lee es una angustia por el futuro, es decir, un miedo o un pesimismo por dónde nos puede llevar tanta tecnología e hiperconexión. Pero en Nocilla Dream (y las que le siguen) lo que se lee es un profundo amor por el presente: por los cuartos de hotel, por los chicles en el pavimento, por los hackers, por los activistas de causas perdidas, por los encendedores, por las zapatillas colgadas en un árbol, por la música pop, es decir, un amor por las orillas que miradas de otra forma pueden ser el centro.

Ahora, de las tres Nocillas, mi favorita es Experience, toda ella, pero específicamente la idea de cocinar el horizonte. En esa imagen, creo, se explica mejor que en ninguna otra cómo es que Nocilla Dream propone una nueva forma de narrar, aunque no esté en ese libro, sino en el siguiente. Con todo, ni Experience ni Lab causaron en mi esa sensación de que se rompía un dique, de que había adquirido una nueva libertad, de que ahora sí se podía escribir de lo que fuera.

***

Dice Javier Moreno que siempre que abre un libro espera que le cambie la vida. Yo también. Creo que a todos los lectores voraces les pasa lo mismo. Por eso leemos, para dudar, para saber que estamos equivocados. A diferencia suya, sé que muchos libros han cambiado mi vida, y al menos uno radicalmente: Cambio de piel de Carlos Fuentes. Tal vez hable de ello en una nota posterior.

***

PS: Sí, los mapas tienen erratas. Es una lástima, pero creo que se entienden y no me puedo poner a corregirlos ahora.

10 marzo 2011

Libros que cambiaron mi vida: This Town Will Never Let Us Go


Además de V for Vendetta, hay otro libro de Alan Moore al que le debo mucho y que quizá sea mi libro favorito del autor, Snakes and Ladders. El librillo es más bien la puesta en cómic de un performance que hizo el autor en el salón de alguna sociedad mágica en alguna parte de Inglaterra. Es una obra posterior de Moore, cuando ya había descubierto que su vocación no era ser guionista de comics sino mago, el mismo Moore que escribió uno de los pocos estudios serios del significado de la sexualidad humana en el número 10 de Promethea, "Sex, Stars and Serpents". Snakes and Ladders es un ensayo sobre el significado de la vida, la magia y el arte (para este momento son para Moore ya la misma cosa) y su lectura lleva inevitablemente a Javier Marías, como creo que ya había dicho. Tiene una de las mejores frases acerca de la vida que he leído: "We all think we play a kings game, but in the end it is all snakes and ladders".

Los juegos de Moore con los símbolos y su propio interés por la magia (casi todo Promethea no es otra cosa sino un grimorio en forma de comic book) han hecho que tenga un interés crónico por la magia moderna. No es, en absoluto, que crea en la magia. Soy demasiado cínico y demasiado excéptico para ello, pero, como dicen la mayoría de los magos modernos: no importa que la magia no exista, lo importante es que funciona. La atracción por las ideas de la magia van desde la lectura de los clásicos de la magia como Eliphas Levi o Aleister Crowley, pasando por las ideas de la magia del caos de Peter Carroll. Quizá debo a esas lecturas y a otras como La trilogía de los Illuminati de Robert Shea y Robert Anton Wilson mis tendencias cariñosas hacia el discordianismo. (¡Salve Eris! ¡Fnord!) Esa misma línea de lecturas me llevó a leer a Robert Graves y a James Frazer, por vía del ciclo de novelas del Mythago Wood de Robert Holdstock.

Fuera de la amplia obra de Alan Moore, no me había encontrado con una aplicación seria y exitosa de los principios de la magia moderna en la literatura hasta que me tropecé con This Town Will Never Let Us Go de Lawrence Miles (de la misma forma con que no me volvería a atravesar con la variedad de brujería de This Town hasta el año pasado, en Los muertos de Jorge Carrión). Pero antes de hablar más del libro, tendría que hablar un poco sobre su autor.

Lawrence Miles es un hombre que vive obsesionado por la idea del viaje en el tiempo. Esa idea lo lleva, trágicamente, a asociarse con los fanáticos de la serie de ciencia ficción inglesa Doctor Who, cuyos encantos se me escapan por completo. Comienza a escribir novelas basadas en el universo de Doctor Who, pero nadie las entiende: sus técnicas narrativas son demasiado extrañas, demasiado literarias y exigentes con el lector promedio. Pero no las lee el lector promedio, las lee el lector consumista de aventuras de el doctor, que apenas tiene un grado mínimo de comprensión lectora. Por poner una comparación extraña pero acertada, es como si Agustín Fernández Mallo en vez de publicar en Alfaguara escribiera novelas rosas para Bianca.

Miles es, además, un crítico cultural muy agudo. Su última obra, que todavía puede leerse entera en su blog, son las memorias que Jack el Destripador escribe mientras vacaciona, tres meses al año, en el 2008. Está convencido, entre otras cosas, que la cultura es la clave para viajar en el tiempo. Es así como crea a un culto vudú de viajeros en el tiempo que usan máscaras del cráneo de conejos prehistóricos gigantes que nunca existieron y que va por la Historia creando paradojas.

Pero, en This Town Will Never Let Us Go, el culto nunca aparece como tal, sino como un fenómeno mediático. Narrada en tiempo real, This Town cuenta la historia de una joven mago que trata de realizar un ritual para hacer que la Ciudad despierte antes de que sea destruida por la guerra temporal que ha intersectado con ella. Es un ritual y una guerra que se hace desde la cultura (the Culture-at-large): desde las transmisiones televisivas, las marcas comerciales, las ondas de radio, las cintas magnéticas y los grandes tótems modernos: las estrellas pop. Inangela, la protagonista, invoca a los Muppets, usa como cáliz una botella de Coca-cola y llama los rayos con canciones de heavy metal:

From up here you can see it all, hear it all, taste most of it and feel the rest when the electric lights and the satellite signals prickle against your skin. The town, from midnight to six, marked out in the headlights and the flash-fire of a culture in War-tine. Séance-messages written in the patterns of the road signs, and ghost-transmissions scrambled in the background noise of the traffic. Animal scent-signals from the fried food stands. All describing something, buried under the tarmac and the street-geometry.

No es una novela sencilla de seguir y quizá por lo mismo, porque había un abismo entre el público para el que se comercializó y la ambición del autor, fue un fracaso comercial estrepitoso. Miles no ha vuelto a publicar otra novela, aunque de vez en cuando escribe en su otro blog unas reflexiones deliciosas sobre la sociedad del consumo a partir del más nuevo capítulo de Doctor Who.

09 marzo 2011

Libros que cambiaron mi vida: V for Vendetta


Quizá habría que explicar como llegué a V. de Thomas Pynchon. Años antes, no recuerdo cuantos años antes, me había enrolado para dirigir un torneo de juegos de rol basado en personajes de Marvel y DC. El problema es que yo no leía cómics, así que me puse a leerlos. Me puse a leer Superman, X-men, New Gods, Green Lantern, todo lo que pudo caer en mis manos para entender de que iban esas historias. La verdad sea dicha, no iban de mucho, pero tenían su gramática, su forma muy particular de resolver las cosas. Después del mentado torneo comencé a leer a Will Eisner, a Frank Miller y a Alan Moore. Como casi todo el mundo, empecé a Moore por Watchmen.

Un amigo me prestó Watchmen y me impresionó tanto que quise comprarlo. Pero no había Watchmen en la tienda, sólo había V for Vendetta. Así que me llevé esa novelita a la casa y me la puse a leer. En comparación a Watchmen es una obra muy menor, pero Watchmen no me llevó a ningún lado, salvo a seguir leyendo a Moore (leer a Alan Moore lleva inevitablemente a leer a Javier Marías, lo cual también agradezco, eso sí). Pero también, Watchmen tiene a un montón de fanáticos que lo idolatran sin darse cuenta, por ejemplo, que es muy superior a cualquier cosa que haya hecho Neil Gaiman o Frank Miller y eso termina por desesperar. V for Vendetta, por su parte, era una obra que no llevaba tanto ruido consigo.

Ahora, muchos años después, me doy cuenta de que Alan Moore también escribió esta novela como una suerte de secuela o lado B de V. de Thomas Pynchon. Digamos que todas las posibilidades que V. esboza pero no desarolla, las consecuencias tristes pero lógicas de la trama de la novela de Pynchon, vistas 20 años después, Moore las desarrolla y las aplica en V for Vendetta, a veces de manera algo infantil, sobretodo en la primera parte de la novela. De hecho, una de las cosas más interesantes es ver la maduración del artista a media obra, cuando deja de ser una simple historia de ciencia ficción distópica llena de explosiones a volverse una reflexión sobre el poder que todavía está vigente.

Moore desarrolla en su V lo que llevará a la perfección en Watchmen, el manejo de símbolos cuyo significado pervade la historia, pero un significado que cambia, gira, se pervierte, pervierte e invade al lector, un símbolo (en este caso la V del título) cuyas posibilidades ya no se atienen al tiempo lineal de toda narración, sino que sus operaciones pueden moverse en cualquier dirección, tanto en el tiempo narrativo como en el espacio gráfico de la obra.

Lo genial del título está en eso. Ya en el prólogo Moore avisa que cambia el significado de la uve de la victoria por el más oscuro de uve de venganza. ¿Pero en realidad hay una vendetta en V for Vendetta? Quizá durante la primera parte de la novela creemos que sí, pero conforme se opera ese cambio a nivel simbólico, también cambia el sentido de la cruzada personal del enmascarado paciente del cuarto cinco (V), deja de ser una venganza para convertirse en un profundo acto de libertad. Curiosamente, o no tan curiosamente si se piensa en el zeitgeist, el acto final de V recuerda mucho al gesto de humanidad del replicante Roy Batty en Blade Runner, historia que, si se piensa, tiene más en común con V for Vendetta que con la novela de Dick que inspiró la cinta.

Después de V., Thomas Pynchon escribe V-2, es decir, la historia que comienza con un bombardeo de de cohetes V-2, El arcoiris de la gravedad. Alan Moore hace una operación similar y después de su uve escribe su doble uve: Watchmen. Yo llegué a la V de Thomas Pynchon leyendo la V de Alan Moore y de esa forma mi propia operación simbólica se completa.

08 marzo 2011

Libros que cambiaron mi vida: V.


Amazon te ama. Una de las formas de mostrarte su amor es recordarte que ya les compraste un libro. Así es como ahora, vagabundeando por la página, me dice que compré V. de Thomas Pynchon en 24 de junio de 2004. Todavía recuerdo bien cuando leí por primera vez como Benny Profane, schlemiel y yoyo humano, aparecía desde la oscuridad y caminaba entre los faroles de una calle que formaban una uve asimétrica, recuerdo a The Whole Sick Crew —la versión hardcore del Club de la Serpiente—, la cacería de cocodrilos por las alcantarillas de Manhattan, los disfraces de Herbert Stencil, a Vheisu y a la importancia de la horizontalidad y la verticalidad en el diseño de interiores.

No sabía que existían novelas como V. Incluso, ya había leído V. un año antes, en la traducción de Tusquets, que es una pésima traducción, y no había sacado nada de ella. Pero entonces, en algún momento de julio de 2004, supongo, leí a Thomas Pynchon por primera vez. Todo cambió.

Habrá quien me diga que El arcoiris de la gravedad es su obra maestra. Aunque admiro mucho al arcoiris, no pude nunca dejar de leerlo como la secuela extensa y algo malograda de V., un libro que exige mucho más de lo que te entrega (y vaya que entrega mucho); de la misma forma que leí Contraluz como una precuela divertida y excesiva, pero no por ello menos disfrutable, de V.

Junto con House of Leaves y El cuarteto de Alejandría, V. es mi modelo  casi platónico de lo que debería ser una novela: enorme, valiente, perspicaz, tan parecida al mundo y tan su propia cosa, un lugar en el que podría vivir para siempre.

Me pasa algo muy curioso y es que sólo de las novelas que más disfruto —y acá me refiero a esa sensación pocas veces en la vida repetida— logro recordar los nombres de los personajes tiempo después: me pasa con todo Pynchon, con Durrell, con Tolkien, con Los detectives salvajes (pero no con 2666), con Danielewski, con John Kennedy Toole, con En busca del tiempo perdido, con Ulises. La última probable a agregar a esta lista es A Naked Singularity. Pero V. es la única novela que tiene el dudoso honor de que recuerde pasajes casi completos de memoria.

Si acaso una cosa me mueve a escribir, lo digo con la mayor humildad posible, es que no hay suficientes novelas como ésta y mejor me valdría escribir una así antes que esperar a que otra persona por azar la escriba. ¿Porque cuando fue la última vez que leyeron que se comparara una novela con V. de Thomas Pynchon?

07 marzo 2011

Moby Duck


A veces la idea de un libro simplemente me obsesiona. Esto me acaba de pasar justo ahora con Moby Duck, "la verdadera historia de los 28,800 patitios de hule perdidos en el mar y los exploradores, oceanógrafos, ambientalistas y locos, incluido el autor, que fueron a buscarlos".

Acá está una pequeña historia en El País sobre los patitos y por acá esta la reseña del libro en en el NYT. ¿Qué me detiene de comprarlo? De momento, que la versión en Kindle cuesta 17.37, lo cual la hace ligeramente más cara que el hardback. Bueno, eso y que tengo demasiados libros a la mitad. Pero será mío antes de fin de mes, lo sospecho.