24 abril 2011

Leyendo The Pale King, 3 (con fugas)

Un milagro posmoderno: David Foster Wallace se manifiesta en la cara de un pan tostado.

 Ha llegado el momento de cuestionar seriamente la tesis que parece central a The Pale King, la idea de que la capacidad de elegir a qué poner atención y estar consciente de esa elección conduce a una buena vida. Esta necesidad me llegó cuando estaba a media lectura del capítulo 27, en el que se describe la inducción de los recién llegados examinadores al centro de Administración Tributaria de Peoria.

Cuando leí ‘Who’d like to hear another example illustrating the idea of collecting information versus processing data?’ quería levantar la mano y decir 'Me, me'. Eso me llevó a pensar que más que poner en acción una tesis (filosófica o moral), Wallace me estaba ofreciendo una respuesta. Y como dice el ocultista Eliphas Levi, cuando alguien te ofrece respuestas, o trata de venderte algo o quiere que te unas a un culto. ¿Insertó Wallace un infomercial a su propia teoría moral en la mitad del libro? Después de todo, no importa que tanto admire a David Lynch, el tipo es un comercial ambulante de la Meditación Trascendental y en verdad cree que si el 1% de la población se une en oración el mundo puede tener un cambio trascendental (también lo cree el gobernador de Texas). Así que me tengo que preguntar, David, tu quoque?

Tomo en cuenta los siguientes puntos:

* Ya en la nota anterior mencionaba que el centro del IRS en Peoria podría entenderse como una metáfora. Pero la propia IRS de Wallace puede entenderse como una alegoría. Belerofonte no es el símbolo del IRS, ni su lema es "Alicui tamen faciendum est" —Wallace ofrece muchas traducciones de ese lema, todas erróneas. Mi propia traducción, a partir de mis oxidadas nociones de latín, me dice que significa "Sin embargo, esto debe hacersele a todos" (o: "esto debe hacerse en alguna parte", que me convence más)—.

Sí, la línea 31 en la forma 1040 de 1978 es el Adjusted Gross Income, y es la última línea de la primera página de la forma (actualmente la línea 31 no existe). Pero es obvio que Wallace altera los detalles para que sirvan a su propósito.

* Sin embargo, no hay nada que haga pensar que trate de encubrir estos cambios. Cualquiera que pague impuestos en los Estados Unidos encontraría estos cambios notorios. Además, toda la parafernalia sobre que The Pale King es una memoria parece resaltar la falsedad de todo el asunto, su carácter de ficción (incluso, ficción especulativa o retroficción, como en The Man In the High Castle de Dick).

*El capítulo 25 se ha citado en varias reseñas como un ejemplo de los pasajes más terriblemente aburridos de la novela. Pero no es así en absoluto. Además de ser bastante corto como par aburrir, de hecho es la descripción de un trance místico (sospecho, no el único que encontraré):

‘Irrelevant’ Chris Fogle turns a page. Howard Cardwell turns a page. Ken Wax turns a page. Matt Redgate turns a page.[...] Ellis Ross turns a page. Joe ‘The Bastard’ Biron-Maint turns a page. Ed Shackleford opens a drawer and takes a moment to select just the right paperclip. Olive Borden turns a page. Sandra Pounder turns a page. Matt Redgate turns a page and then almost instantly turns another page. Latrice Theakston turns a page. Paul Howe turns a page and then sniffs circumspectly at the green rubber sock on his pinkie’s tip. Olive Borden turns a page. Rosellen Brown turns a page. Ken Wax turns a page. Devils are actually angels. Elpidia Carter and Harriet Candelaria reach up to their Cart-In boxes at exactly the same time. R. Jarvis Brown turns a page. Ryne Hobratschk turns a page.[...] Ann Williams turns a page.

* La inclusión de la frase que resalto se explica en el capítulo siguiente, que habla sobre los phantoms que tientan a los examinadores en sus momentos de más alta concentración, lo cual recuerda historias similares en las tradiciones budistas e hinduistas: el burócrata como un iluminado que es tentado por el diablo.

* Todos los personajes de Pale King tienen algún rasgo de personalidad que les hace particularmente complicada la concentración: Cusk sufre ataques de sudor, Sylvanshine es un fact psychic (la mejor forma de entender esto es que el tipo tiene un twitter mental que no puede apagar), David Wallace tiene la cara cruzada por el acné, 'Irrelevant' Chris Fogle no puede dejar de hablar y tiene problemas con las drogas, etc.

Entonces, regresemos al capítulo 27, que a pesar de describir acciones que suceden en 1982, está dirigido fracamente a los lectores del siglo XXI. Destaco dos puntos en este capítulo. El primero, "Forget the idea that information is good". Olviden la noción de que la información es buena en sí misma. El segundo, "Information per se is just really a measure of disorder". Acá voy a extrapolar un poco y opinaré que lo que Wallace quería decir es que la información por sí misma es una medida de la entropía.

PRIMERA FUGA

Esta propuesta de Wallace, a nivel filosófico, me parece bastante interesante, porque contradice las bases de la teoría de la información, específicamente el Teorema de Shannon, que dice que:

Donde C es la capacidad del canal, B es el ancho de banda, S es la potencia de la señal de información y N es la potencia del ruido. Entre otras cosas curiosas, esa ecuación implica que, teóricamente, un canal sin ruido puede transmitir una cantidad infinita de información. El hecho de que el ruido no pueda reducirse a cero en la práctica tiene la implicación de que en toda transmisión de información siempre hay una degradación de la misma por causa de la entropía. Por lo mismo, a un nivel filosófico esta ecuación tiene implicaciones profundas, por ejemplo, en la forma en que aprendemos y en la que nos comunicamos.

Lo que Wallace propone en el capítulo 27, de hecho, es decir que conforme aumenta la información aumenta también el nivel de entropía, es decir, el ruído en el sistema, porque la propia información es ruido, y por tanto disminuye nuestra capacidad para transmitir dicha información. Lo cual quizá tenga que ver con la críptica frase de Wallace (personaje) en el capítulo 9: "I can’t think anyone really believes that today’s so-called ‘information society’ is just about information. Everyone knows it’s about something else, way down."

La conclusión lógico-poética de todo lo anterior sería decir que Internet es un canal "contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada". Dejo como tarea al lector las implicaciones que tiene el Postulado de Wallace sobre la escritura de novelas, especialmente novelas de la envergadura de Infinite Jest.


FIN DE LA PRIMERA FUGA


Volvamos a la idea del centro del IRS en Peoria como una metáfora de nuestra mente, alimentada constantemente por una enorme cantidad de información, la mayoría irrelevante, que no cuenta con los recursos ni la organización suficiente para procesarla correctamente. Pensemos en la idea de Wallace de que "mantener el escritorio limpio", en términos metafóricos, es la forma de evitar:

Going through your comfortable, prosperous, respectable adult life dead, unconscious, a slave to your head and to your natural default setting of being uniquely, completely, imperially alone day in and day out. (This Is Water)

¿Tiene sentido esta idea? Hay un área de la cultura humana en que, con seguridad, no sólo tienen sentido sino que son relevantes, en la cual la obra de Wallace es su propia prueba: la literatura. Creo que, tanto la totalidad del discurso de Kenyon College como los fragmentos que nos llegan de The Pale King, salen de la única experiencia que Wallace sabe sincera y verdadera, su propia escritura. No lo hace explícito en ninguna parte de This Is Water y no lo ha hecho en lo que llevo del Rey Pálido, pero no creo errar en lo absoluto. Si hay un área del quehacer humano que requiere por fuerza de "atención, conciencia y disciplina, de ser capaz de preocuparse honestamente por otras personas y sacrificarse por ellas de mil formas distintas, una y otra vez" es justamente la escritura literaria.

SEGUNDA FUGA, QUE TIENE QUE VER DIRECTAMENTE CON LA PRIMERA

La tarea principal de un escritor es prestar atención. Harold Bloom, en su Canon, lo define como la capacidad de los personajes para escucharse. James Wood prefiere llamarlo telling detail. Una excelente muestra de este principio está en "El Aleph" de Jorge Luis Borges, en el cual el maestro argentino se enfrenta al problema de describir el infinito. Si recuerdan el Postulado de Wallace, es obvio que la peor forma de describir el infinito sería hacer una enumeración de todas las cosas, puesto que la propia cantidad de información (el conjunto de todas las cosas) provocaría tal cantidad de ruido que el resultado sería también sólo ruido y furia. Borges lo sabía bien y por ello se dedico a buscar una serie de elementos finitos que le permitieran transmitir la idea de lo infinito. El propósito del primer capítulo de The Pale King, "Past the flannel plains ... past the tobacco-brown river ... where untilled fields ..." es similar al de Borges.



Pero, en realidad, cualquier obra literaria se encuentra ante esta necesidad de atención, a la capacidad del escritor para elegir conscientemente, de todo el conjunto de la experiencia humana y el lenguaje con el cual trabaja, una sola palabra, la palabra siguiente, con el propósito de que esa larga cadena de palabras que va formando cree un nuevo significado. En esto la literatura difiere del resto de las Bellas Artes y le aporta su carácter único y valioso a la cultura.

Es por eso, creo, que a un escritor verdadero puedes identificarlo no por que su fotografía aparezca en la solapa de un libro, sino por su mirada, que parece absorberlo todo. La pura observación empírica es en lo que sustento esta tesis: tienen esta mirada Fuentes, Sarmago, James Ellroy, Agustín Fernández Mallo, Mark Danielewski, Roberto Bolaño, Goran Petrović y Juan Goytisolo. Esa mirada se puede ver en David Foster Wallace también. Lo que indica esa mirada que se parece tanto al aleph de Borges es que un verdadero escritor escribe todo el tiempo, no sólo cuando está sentado frente a un papel en blanco. Se desprende, también, que se puede ser escritor sin escribir un sólo libro.

FIN DE LA SEGUNDA FUGA

Aquí podría estar completamente equivocado, pero creo que lo que Wallace hace es tomar su propia experiencia —la árida, aburridísima y agotadora tarea de escribir una novela, la única tarea verdaderamente honesta y desinteresada que conoce o de la que es capaz— y extrapolar de ella una filosofía de vida, es decir, extraer una ética a partir de una poética. Debo decir que esta operación me parece cuando menos peligrosa y, en vista de la forma en que terminó la vida del autor, muy probablemente infructuosa. Me reservaré, empero, a hacer un juicio final hasta que haya terminado la lectura.

Ahora que me encuentro en la recta final de la novela, quedan muchas cosas más por comentar. Pero esta entrada ya es bastante larga, así que lo dejaré para las siguientes entregas de esta serie.

21 abril 2011

Leyendo The Pale King, 2

Foster Wallace como objeto de consumo pop.
A poco menos de medio camino en la novela. Por la mañana cacé, encontré y leí el ensayo de Jonathan Franzen en The New Yorker, "Farther Away", que me hace pensar que quizá fui demasiado inocente en pensar que el suicidio de DFW no pintaba nada en The Pale King. Dice Franzen:
The story of my friendship with him is simply that I loved a person who was mentally ill. The depressed person then killed himself, in a way calculated to inflict maximum pain on those he loved most, and we who loved him were left feeling angry and betrayed. Betrayed not merely by the failure of our investment of love but by the way in which his suicide took the person away from us and made him into a very public legend.

Es decir, que el hecho de que la novela se publicase estaba diseñado para obligar a las personas cercanas a él a revivir todo el trauma del suicidio y a lidiar públicamente con él. Desde ese punto de vista, no me extraña que Karen Green ofreciera su única entrevista pública sobre el asunto recientemente, ni que Franzen escribiese este extraño artículo que a muchos les ha parecido iracundo y mezquino. No tenía otra opción o en realidad era la mejor opción: hablar públicamente de lo que le había provocado el suicidio de su mejor amigo y al mismo tiempo descalificar la forma tan mezquina en que Wallace se quitó la vida.

Pero mientras avanzo en The Pale King, me cuesta trabajo conciliar que esa persona sea la misma que escribió una novela cuya tesis central sea que la vida: "had something to do with paying attention and the ability to choose what I paid attention to, and to be aware of that choice, the fact that it’s a choice." A los lectores habituales de Wallace esta idea les resultará familiar, porque es también la idea central del discurso a los graduados de Kenyon College que dió en 2005, This is Water. De hecho, ese discurso funciona perfectamente bien como Cliff's Notes de la novela.

De momento, la hipótesis se sostiene. El rey pálido del título podría bien referirse (entre muchas otras cosas) al gobierno de nuestra propia mente, a nuestra propia capacidad de elegir a qué le prestamos atención y a lo conscientes que estamos de esa elección; el centro del Servicio Tributario en Peoria funcionaría como una alegoría de nuestros propios procesos mentales, es decir, a la capacidad de enfrentar con orden —o no— la examinación y análisis de nosotros mismos.

La clave parece estar en el capítulo 22, una verdadera novela dentro de la novela, donde el padre de Chris Fogle (uno de los examinadores del Servicio Tributario), cita el poema de Percy Bysshe Shelley, "Ozymandias":

I met a traveller from an antique land
Who said: "Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown
And wrinkled lip and sneer of cold command
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them and the heart that fed.
And on the pedestal these words appear:
`My name is Ozymandias, King of Kings:
Look on my works, ye mighty, and despair!'
Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare,
The lone and level sands stretch far away". 

Lo que cita el padre de Fogle son las líneas de Ozymandias, "Look on my works, ye mighty, and despair!". No me voy a detener demasiado aquí en analizar estas líneas, porque los fans de Watchmen saben bien qué tanto pueden significar. Sólo voy a resaltar que esa "half sunk, shattered vissage" que Shelley describe en una frase, Foster Wallace la expande en las 560 páginas de The Pale King.

Pero esa cabeza medio hundida, que bien podría ser la nuestra, también puede representar a la propia Norteamérica. Al leer el artículo de Franzen, queda la sensación de que aprovecha la oportunidad para declararse ganador en la contienda entre el realismo y el posmodernismo, que de cierta forma libraba con su amigo. Es interesante, en ese sentido, pensar en qué tanto The Pale King puede leerse como una respuesta o una conversación con Freedom, por ejemplo, en el fragmento que citaba en la entrada anterior, que no es más que una extensión política de lo que implica la idea de "escoger a lo que se le presta atención", una doctrina sobre la responsabilidad individual como fundamento de la acción política y contraponerlo a la historia de Patty Bergulund en Freedom.

(Curiosamente, leí ese fragmento justo después de que pasó esto, que no tiene nada que ver con la novela, pero sí con las ideas detrás de la novela.)

Algunas ideas sueltas para cerrar:

* De lo menos interesante del libro, la burla de Wallace (personaje) sobre los clichés de las memorias a través de su personaje homónimo. Quizá funcione a nivel de estrategia narrativa, pero la opinión de Wallace sobre el género resulta obvia y repetitiva.

* Llama la atención, también, el tiempo que Wallace (personaje) invierte en descalificar la larga narración vocacional de Chris Fogle (el capítulo 22), que ha sido de las partes más disfrutables del libro. Sospecho un sentido irónico de esta descalificación.

* Por las dos anteriores, Wallace me resulta el personaje más repelente hasta ahora.

* Formal, estructural e incluso sintácticamente, The Pale King es muy cercano a Brief Interviews With Hideous Men. Las diferencias parecen ser principalmente de grado.

20 abril 2011

Escuchado en el Centro Regional de Examinaciones de Peoria, Illinois


‘Our leaders, our government is us, all of us, so if they’re venal and weak it’s because we are.’
‘I hate it when you synopsize what I’m trying to say and get it wrong, but I don’t quite know what to say. Because it’s stronger than that. I don’t think the problem is our leaders. I voted for Ford and I’ll likely vote for Bush or maybe Reagan and I’ll feel solid about my vote. But we see it here, with TPs. We’re the government, its worst face—the rapacious creditor, the stern parent.’
‘They hate us.’
‘They hate the government—we’re just the most convenient incarnation of what they hate. There’s something very curious, though, about the hatred. The government is the people, leaving aside various complications, but we split it off and pretend it’s not us; we pretend it’s some threatening Other bent on taking our freedoms, taking our money and redistributing it, legislating our morality in drugs, driving, abortion, the environment—Big Brother, the Establishment—’
‘The Man.’

19 abril 2011

Alto a la violencia: deja que me meta mi coca en paz

Hoy, en la netósfera (es decir, el momento en que todos se ponen a tirar netas por Internet):

* Heriberto Yépez escribió en su columna del suplemento Laberinto del periódico Milenio "Qué chula mi narcocultura".

* Y no tardaron en llegar respuestas como ésta y ésta.

* Como más notorio resultado, hoy todo el mundo tiene menos seguidores en el twitter, menos amigos en facebook y la productividad en las oficinas gubernamentales descendió un 20%.

* Yo creo que Jorge Harmodio y Vivian Abenshushan tienen razón. No se puede culpar a los consumidores de drogas de la violencia que causa el narcotráfico en México. Sería como culpar a la gente que visita las playas en Semana Santa por el aumento de residuos plásticos en el Atlántico o a los que comen atún enlatado por la muerte de delfines y ballenas; de la misma forma que no se puede culpar la desaparición de las librerías locales a los consumidores que prefieren las grandes superficies de descuento, ni la desaparición de las grandes cadenas de librerías a los que prefieren comprar por Internet. Todos sabemos que el consumidor es inocente y nunca tiene la culpa de nada. Sobretodo, si es un intelectual. ¿Cómo es que una decisión individual podría de alguna forma tener un efecto global? Impensable. O lo que es lo mismo: no es la culpa del que se fuma la vaca, sino del que la empaca.

18 abril 2011

Leyendo The Pale King, 1

Como casi todo el resto del mundo, estoy leyendo The Pale King de David Foster Wallace. Como casi todo el resto del mundo, lo leo con una mezcla de asombro, envidia e indignación.

Asombro porque estamos ante la prosa de un maestro en la cúspide de sus facultades. Aunque decir maestro es poco. Están los grandes maestros, como Dostoievski, Borges, Chekov, Bolaño, Bellow, Cortázar o Barthelme (para quedarnos en las primeras letras del abecedario) y luego están los superatletas de la literatura, los Federer, Jordan o Phelps, personas con aptitudes sobrehumanas para las letras como Joyce, Valéry o Rimbaud. David Foster Wallace entra en esta última categoría, con la salvedad agregada de que estaba en la primera liga, era un profesional, no un amateur.

Envidia porque ante un titán de la literatura cualquiera que haya intentado hilar dos frases juntas no puede sino postrarse. Lo cierto es que una mente normal, bien entrenada, puede llegar a escribir como, digamos, Carlos Fuentes o Phillip Roth, o incluso eligiendo un camino menos profundo pero más espectacular, Cormac McCarthy o García Márquez. Pero llegar al nivel de aptitud de Foster Wallace está reservado a unos cuantos. No es, repito, sólo que Foster Wallace tuviera una aptitud anormal para la escritura, sino que entrenó toda su vida para sacarle el mayor provecho. También porque sabía bien que con un gran poder viene una gran responsabilidad y no dejó que su obra se demorara en los placeres de la fama sino que intentó ponerla al servicio de un bien mayor.

Finalmente, indignación porque es una novela inacabada. Desde que se lee la nota del editor, se levanta la sospecha de qué habría sido este libro si su autor hubiera tenido un par de años más para terminarlo.

Y pasadas un poco más de cien páginas, me vienen unas cuantas ideas a la cabeza:

Es una novela mucho más accesible que Infinte Jest. Incluso más accesible que The Broom of the System. He pensado mucho, a propósito de Gravity's Rainbow, que Pynchon no volvió a escribir algo tan difícil de leer. Si bien no sabemos cuál fuese la idea final de Wallace, parece que él también hubiera abandonado la complejidad excesiva. Se me ocurren dos posibilidades: que un cerebro humano no puede soportar una empresa del tamaño de Jest o Rainbow más de una vez en la vida o bien que un autor maduro —tanto La broma como El arcoiris son obras de relativa juventud— descubre que finalmente sí hay un nivel donde la forma vence al fondo, y es algo que sólo aprende a dominar con la sabiduría que trae la edad.

Ahora, si bien abiertamente el libro trata sobre el aburrimiento (o incluso sobre la heroicidad del aburrimiento) me queda la idea de que el verdadero protagonista de The Pale King es la vida interior o, para ser más específico, la vida de la mente. Esa es al menos la hipótesis de lectura con la proseguiré la lectura.

Pienso, también, que el 90% de las reseñas que ya han salido de The Pale King no necesitaban ir más allá de las ciento y pico de páginas que he leído para ser escritas.

A propósito de estas reseñas, hay un detalle que me molesta en particular, y es que todos argumentan que no pasa mucho en la novela. Pero para que no pase nada, pasa nada con un sumo grado de violencia:

Right before 1965’s big Halloween UNICEF collection threesixth-graders accost the boy in the southeast restroom after fourth period and do unspeakable things to him, leaving him hanging from a stall’s hook by his underpants’ elastic; and after being treated and released from the hospital (a different one than his mother is a patient in the long-term convalescent ward of), the boy refuses to identify his assailants and later circumspectly delivers to them individualized notes detailing his renunciation of any and all hard feelings about the incident  [...]
*
Her second experience of the kind her books made seem sweet through indifferent speech had occurred in the abandoned car in University City MO at the hands of a man who knew how to dislodge one coat hanger with the straightened hook of another and told her face beneath his fingerless mitten there were two different ways this right here could go.


Y una última idea: me molesta que todos se pregunten si podremos leer The Pale King sin pensar en el suicidio de David Foster Wallace. ¿Qué pinta su suicidio en esta novela, más allá del mórbido juego de marketing en torno a esta novela?

12 abril 2011

Calor

En la Ciudad de México es insoportable el calor. También son insoportables el frío, la lluvia, el atardecer, los fines de semana y las dos de la tarde. Sin embargo, nos gusta y nos quedamos aquí. O soñamos con irnos a otra parte y no lo hacemos. O nos vamos, pero volvemos derrotados.

Anoche soñé con ondas de calor y con mosquitos gigantes.

11 abril 2011

Lunes

Es lunes por la tarde y estoy corrigiendo pruebas. Antes corregir pruebas era la parte que me parecía más aburrida de mi trabajo y ahora me gusta mucho. O no. Quizá me parece aburrido descubrir que el corrector de estilo se durmió en el trabajo, pero es divertido buscar erratas en la pruebas. Es como buscar a Wally, pero te pagan por ello.
Sin embargo, hay algo que me estresa mucho de corregir pruebas, y es que a pesar de ser lo que se paga peor (aunque un par de editoriales me han sorprendido porque es lo que mejor se paga), es la última barrera de defensa del libro. (En teoría) ya todo el mundo lo revisó y las erratas que dejes pasar se quedarán ahí hasta el final de los tiempos. Algo similar le pasará a Wally cuando no lo encuentra nadie. Se queda ahí, en medio del mercado, del partido de futbol, del día en el parque, en un instante eterno, esperando a que lo señales con el dedo para salir a saludar con una sonrisa.

10 abril 2011

Mosaico

Es uno de los inventos más inútiles de Blogspot, pero me gusta la idea:

¿Comprar o no comprar?

He aquí una pregunta curiosa para los dueños de un e-reader: si sabes que el libro está ahí, que nunca se va a agotar, que los dependientes no lo van a perder, que no va a haber devoluciones, ¿tiene sentido comprarse un libro electrónico que no vas a leer inmediatamente?

(Es decir, pienso si vale la pena comprarme The Pale King ya, siendo que no podré leerlo hasta dentro de un mes o algo así.)

04 abril 2011

"A Game of Clue"


Uno cree que ha leído buenos cuentos. Luego descubre a Steven Millhauser. La culpa es de Luis Panini, quien desde hace un par de años se ha propuesto la noble tarea de educarme en el state of the art del cuento contemporáneo y me regaló Dangerous Laughter. (También me ha regalado a Donald Barthelme y a Lydia Davis, entre otros).

Dangerous Laughter ya me había dejado muy impresionado, en textos como "The Disapearance of Elaine Coleman". Ayer me compré The Barnum Museum (y no voy a contarles los aros de fuego que tuve que brincar para comprarlo para el Kindle) porque sabía que ahí estaba "Eisenheim, the Illusionist" en la que Neil Burger se había basado para hacer The Illusionist y tenía curiosidad de ver cómo afrontaba Millhauser el relato en su prosa brillantísima.

Pero apenas abro el libro, me encuentro con "A Game of Clue" un cuento que va avanzando a partir de fragmentos ecfrásticos de un juego de Clue. Millhauser describe a detalle el tablero, las piezas, los jugadores, sus pensamientos, las relaciones entre ellos, la casa en la que juegan, las cartas que tienen en la mano (de modo que el lector atento ya sabe quien es el asesino). En ese sentido el cuento recuerda mucho a La vida, instrucciones de uso, de Perec. Pero pasa algo extraño, de pronto las piezas del Clue también se vuelven personajes y comienzan a vivir su propia historia en el tablero, una historia, por supuesto, de crímenes y traiciones.

El cuento abarca 50 páginas de las 189 del libro y en ellas no pasa casi nada, pero es un cuento muy hermoso y es casi imposible dejar de leerlo. En resumen, esta nota es la historia de cómo me tomó treinta años dar con uno de mis escritores favoritos.