30 agosto 2011

21 agosto 2011

30 libros: uno que lo haya motivado a visitar algún lugar



Montreal by Night, de Black Dog Game Factory


La serie "by Night" the Vampire: The Masquerade eran guías al mundo vampírico de diversas partes del mundo. Había unas excelentes, como Dark Colony (New England by Night) y otro involuntariamente graciosos como Mexico City by Night y Berlin by Night. La "joya de la corona" era Montreal by Night y durante mucho tiempo quise visitar esa ciudad.

Luego la visité y me enamoré. En Montreal hay librerías de cuatro pisos en las que te saludan en dos idiomas. En Montreal está Le Valet d'Coeur, la tienda de juegos más limpia, iluminada y bien abastecida del continente americano. Hay comida de cualquier parte del mundo, incluso de lugares de los que no habías oído hablar. Hay avenidas tan hermosas como en París, pero la atención y la eficiencia es norteamericana. Hay uno de los metros más bonitos del mundo. También hay table-dance controlados por la mafia rusa y demasiada cocina francesa. Como cualquier ciudad con río, huele. También, hay más festivales de los que se pueden contar con los dedos de la mano.

Se supone que Montreal es una ciudad bilingue, pero te puedes sentar en una banca y en diez minutos escuchar 9 o 10 lenguas. También hay hockey y tantas iglesias que si te descuidas puedes pensar que estás en Puebla. Pero no, estás en Montreal, uno de los poquísimos lugares en el mundo por los que cambiaría la Ciudad de México.

Esta entrada forma parte de la serie de 30 libros.

20 agosto 2011

30 libros: uno con una pésima versión cinematográfica



Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons


A lo largo de la vida de uno pasan varias cosas: te cansas más rápido, le tienes menos paciencia a los políticos y vuelven películas tus libros favoritos. Las más de las veces, esta es una operación destinada a la decepción. Recuerdo, por ejemplo, la adaptación de The Time Traveler's Wife que no es que estuviera mal, sino que se había dado a la tarea de eliminar todo lo que hacía bueno a la novela y dejar sólo las partes más sosas y predecibles.

Voy a aprovechar para decir una perogrullada. Una novela no cabe en una película. Como han demostrado The Wire, Game of Thrones, Los muertos y The Killing, entre otras obras, una novela cabe en una serie o una miniserie. Terry Gilliam quería hacer de Watchmen una miniserie. No consiguió el proyecto y así Zach Snyder transformó a la obra cumbre del noveno arte en una película del montón.

Es probable que haya muchos mejores comics que Watchmen, así como hay muchas novelas mejores que el Quijote (que también sufre en sus múltiples adaptaciones cinematográficas) pero no se puede negar su importancia. Desde aquellos años ochenta, no se ha vuelto a crear una obra tan importante como secuencias gráficas. Muchos la estamos esperando, pero tampoco a vuelto a aparecer otro Alan Moore.

En pleno siglo XXI, Watchmen parece más pertinente que nunca. Entre otras cosas, es una exploración sobre el poder, aquellos que lo detentan y lo que están dispuestos a hacer para conservarlo. Si no lo han leído, son lisiados culturales.

19 agosto 2011

Pronto tendremos Segundo Cuerpo de Milorad Pavic

Copio y pego el boletín de prensa:

Características

Año de publicación: 2011
Formato: 15 x 23 cm.
Páginas: 267 páginas.
ISBN:  978-607-7781-17-2

Colección: Narrativa Sexto Piso

Categoría: Novela
Precio: $245


Segundo cuerpo


Autor: Milorad Pavic


La escritura de Milorad Pavic siempre se ha caracterizado por una original verosimilitud, creadora de mundos fantásticos a partir de los elementos más simples de al realidad, mostrando que para acceder a lo profundo no hace falta pasar por lo enredado. En Segundo cuerpo, Pavic ofreció su último golpe maestro: adelantarse a su propia muerte para darse la oportunidad de compartir con sus lectores una historia sobre el segundo cuerpo, el espiritual, o sobre aquello que pueda suceder una vez que se abandona este mundo, como finalmente sucedió con él poco después de terminar la que sería su última gran novela.


Con su habitual maestría, Pavic entrelaza historias de personajes diversos en épocas lejanas, que giran en torno a una gran verdad que se intuye pero nunca se pronuncia. Un escritor enfermo -trasunto de Pavic- le cuenta a su joven esposa la historia de su peculiar anillo, que cambia de color según el destino del portador para anunciarle si tendrá felicidad, salud o amor. Para ello, hace falta reunir lágrimas del Manantial de la Madre de Dios de Éfeso, ubicado en la actual Turquía, y pronunciar unos mantras milenarios conocidos por muy pocos. En distintos momentos del siglo XVIII, tanto el escritor Zaharija Orfelin en Venecia, como el hieromonje Gavril Venclovic, en Sent Andrea, Hungría, a orillas del Danubio, buscan conocer los secretos del anillo. En ambos casos tienen que enfrentar traiciones, rivales, amores y asesinatos, dignos de una sutil novela policiaca. Pavic dejó para el ocaso de su vida el que quizá sea su libro más íntimo, a manera de agradecida despedida de sus miles de lectores, como si supiera que seguiría existiendo cada vez que alguno evocara sus particulares mundos con el siemple acto de leerlos.

30 libros: uno con una excelente versión cinematográfica



Do Androids Dream of Electric Sheep, de Philip K. Dick

He aquí un caso en que la película supera con creces al libro. Hay otro, muchos otros, como casi todas las películas adaptadas de libros de Stephen King, pero esta es mi película favorita de todos los tiempos, así que no tenía mucho caso escoger otro libro.

Leí Do Androids Dream... mucho después de haber visto Blade Runner (unas 50 veces, digamos) y la verdad es que esperaba demasiado. El libro está bien, pero todo lo que hace genial a la cinta es original de la cinta o demasiado alejado del material original como para que valga la pena compararlos. Philip K. Dick es un gran escritor. Está The Man in the High Castle, está Ubik, que cada vez gana más adeptos. Do Android Dream.. me gusta menos conforme más pasa el tiempo. Si se va a leer a Philip K. Dick, mejor empezar por otra cosa. Pero si ya no se puede parar, este libro está bien.

Por cierto, desde que escribí sobre Blade Runner en este libro de memorias por primera vez y ahora he visto unas cuantas veces más la cinta, cortesía de una nueva edición, y ya voy por la 177.

Esta entrada forma parte de la serie 30libros.

18 agosto 2011

30 libros: uno para leer por fragmentos



El canon occidental, de Harold Bloom

Leí este libro hace muchos, muchos años, y lo leí más o menos de un tirón, un tirón largo que duró algo así como un mes. Era una época más tranquila en la que tenía mucho tiempo para leer. Después, cuando estoy aburrido, agarro este libro y leo alguna cosa al azar. Es bueno para eso.

Se me ocurre que tendría que decir algo acerca del contenido. El canon occidental es la forma más sencilla y barata de entender esa cosa que llamamos literatura, pero tiene el problema del comentario editorial de Bloom que quiere ver a Shakespeare en todos lados. Yo también veo a Shakespeare en todas partes, en la parada del camión, en el metro, en las librerías, pidiendo limosna o limpiando vidrios, jugando tenis o tomándose un té con Kim Jong-Il, pero sólo cuando olvido tomarme mis pastillas. De todas formas, es un libro disfrutable.

Una de las tantas polémicas que desató este libro es que Sor Juana Inés de la Cruz está clasificada como un autor español. Y sí. Por eso me cae bien Harold Bloom, por eso y porque a los dos nos obsesionan William Shakespeare y Jorge Luis Borges.

17 agosto 2011

30 libros: uno muy divertido



The Anthologist, de Nicholson Baker

The Anthologist cuenta la crisis interna de un poeta de segunda mientras trata de preparar una antología de poesía. No sé si a todos les parezca igual, pero los "poetas" (el entrecomillado es obligatorio) me causan mucha gracia, no como los payasos, que más bien me dan miedo. Si alguna vez quieren reírse mucho y los "poetas" les parecen graciosos, este libro es el mejor. De paso, es una reflexión necesaria e importante sobre la poesía. Pero básicamente, es de risa loca.

Aquí cito un fragmento. Celebremente, Cortázar dijo que las novelas ganan por K.O., pero ésta gana por cosquillas. Vean si no:


I CALLED ROZ and left a message asking if she'd like to come by and help me shampoo the dog. The flea shampoo is turquoise with sparkles and very thick. It's really a two-person job to put it on--one person to work in the suds and one person to hold Smacko's back and aim the shower sprayer. He keeps wanting to shake, spraying turquoise froth everywhere, and he will shake, unless one person keeps a steady, firm hand on the middle of his back.
Roz called and said she'd be by at about six-thirty. I knew she would--she misses the dog like crazy, and who can blame her? I got out some chips and salsa and was sitting in the white plastic chair by the barn door when she drove up. I watched her walk up the driveway, looking very calm and elegant in her dog-washing outfit of jeans and a loose blue shirt with a paint splash on the sleeve. She stopped and said hello to Smacko and picked up something in the sand. I heard her bracelets jingle, a sound I hadn't heard in a while. "Here's a present from the driveway," she said, and she handed it to me. It was a fragment of old china with very fine rule-lines in blue against white. Bits of old china sometimes appear in the driveway as rains wash more of its sand away. I took off my glasses to look at it and thanked her. Then I offered her a chip.
We washed the dog and didn't get too wet, and then she said she had to go. I asked her if maybe she'd like to stay and watch Bull Durham with me. She likes Bull Durham.
"Is it done?" she asked, meaning the introduction.
"It is not done. Nor will it ever be done, for I am not the one to do it."
"Oh, poof," she said. "You just need to apply yourself."
She didn't leave right away, at least. She smiled at the tablecloth. On it was my paperback of Mary Oliver's New and Selected Poems, Volume 1--I seem to be carrying it around the house with me. "So that's what she looks like," Roz said, tilting her head to see the picture on the cover better. It's the blue-tinted photograph in which Mary is wearing some kind of wonderful ulster with a zippered hood, and she's looking off, and she looks heartstoppingly French. "She's beautiful," Roz said. "Is that a recent picture?"
She's about seventy now, I said, and living in Province-town.
"Is she lesbian?"
I said I believed she was, yes.
"It's odd that the woman I most want to look like is a lesbian," she said. Then she said a long goodbye to Smacko and we hugged ceremonially and she drove away.
I didn't want to watch Bull Durham, so I watched three episodes of The Dick Van Dyke Show. Three's about my limit for one night.
Esta entrada forma parte de la serie de 30 libros. Es la séptima entrada, de hecho. Me faltan 23. Flaquean las fuerzas. Debo... resistir. Debo... llegar a Athena.

16 agosto 2011

Super 8 o la venganza del guionista


Hace unas semanas se estrenó en México la cinta Super 8, escrita y dirigida por J. J. Abrams y producida por Steven Spielberg. La película llegó acompañada de una campaña de publicidad agresiva y muchas expectativas de lo que haría la dupla Abrams-Spielberg con un buen presupuesto. No obstante, el estreno resultó bastante deslucido, atrapado como estaba entre las superproducciones en 3D del verano.

Roger Ebert señala, en un crítica más bien positiva, que «Super 8 es un filme maravilloso, nostalgia no de una época sino de un estilo de hacer películas». Sin embargo, donde Ebert ha visto nostalgia, otros han visto un plagio abierto (y aprobado) de las primeras obras de Spielberg, especialmente E.T. o algunas de sus producciones, como Los Goonies.

Desde las similitudes en la trama y los personajes hasta el esfuerzo de Abrams por hacer que Elle Fanning se viera idéntica a Drew Barrymore, los homenajes son innegables. Para sus críticos, el fanatismo del director para con el productor le han quitado todo el corazón a la cinta. Después del estreno, Brett Easton Ellis afirmó a través de Twitter que «la película que aparece en los créditos de Super 8 tiene más corazón, sustos, dulzura y habilidad narrativa que la película que la precedió…»

El resto, en el blog de La Tempestad.

30 libros: uno de un nobel



El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago



Paso número uno: Entrar a la Wikipedia a buscar una lista de Nóbeles. Es claro. Los suecos y yo no tenemos los mismos gustos. En algunos casos, me pregunto ¿en qué diablos estaban pensando? Consideré un buen rato poner aquí la traducción de Beowulf de Seamus Heaney, pero creo que sería hacer trampa. Así que tengo que elegir entre dos opciones seguras, Saramago o Faulkner. Pero después de un examen arduo de conciencia, decido que no tengo nada que decir sobre Faulkner. Ni siquiera podría pronunciar su nombre sin sentir que estoy en un comercial de William Lawson's. Así que me decido por José Saramago.

Paso dos:  Tengo una extraña relación con Saramago. Creo que José Saramago es lo que pasa cuando el posmodernismo deja de ser experimentación y se vuelve pura convención; lo que pasa cuando la idea de ser escritor se reduce a no poner guiones a los diálogos. Esto no siempre fue así. Cualquier cosa que Saramago escribió antes de 1996 es bastante buena. Después, pasó algo —recibió el Nobel del año 1998— y no volvió a ser lo mismo.

Paso tres: De entre todos los libros que he leído de Saramago, el que más me gusta por mucho es El Evangelio según Jesucristo, porque es el único abiertamente gracioso. Me reí mucho mientras lo leía y sería el único libro suyo que volvería a leer.

Cuando conocí a Saramago me pareció un viejito muy triste que cargaba el peso del mundo en sus hombros. Me daban ganas de regalarle una paleta y decirle que todo iría bien. El Saramago de El Evangelio tendría que ser otra persona, un hombre más alegre, más optimista, que todavía tenía fe en las palabras.

Esta nota forma parte de la serie de 30 libros.


15 agosto 2011

30 libros: uno de viajes



Limones amargos, de Lawrence Durrell


En algún momento de 1953 Lawrence Durrell llegó a vivir Chipre como llegaban a vivir los escritores ingleses a partes extrañas de Europa en aquellos tiempos: pobre, desconocido y sin amigos. Mientras estaba ahí, se desató la guerra de independencia.

Limones amargos es la historia de los tres años que Durrell pasó en Chipre. Muchas de sus experiencias en la isla van a tener una fuerte influencia en su obra maestra, El Cuarteto de Alejandría. Si se han leído las dos obras, los paralelismos son obvios.

Toda la narrativa de Durrell tiene una cualidad fantasmagórica, en el sentido en que habla de países y naciones —y por tanto culturas— que ya no existen y que sólo existieron en una pequeña franja de tiempo en la historia humana. De la Alejandría del Cuarteto ya no quedan más que algunos accidentes geográficos; el Chipre de Limones amargos desapareció en oleadas de invasiones y ocupaciones. Queda el libro.

Compré este libro en cinco pesos en una enorme pila de saldos, en una enorme librería de viejo de la calle Donceles. Durante muchos años, todos los libros de Durrell se tenían que comprar así. Hace unos ocho años se volvió a editar el Cuarteto y pronto volvió a recluirse en los anaqueles de las librerías de usados. Como su obra, parece estar condenado a vivir la fama y la gloria sólo en pequeños momentos, antes de perderse de nuevo.

Alguna vez alabado por George Steiner como la salvación de la lengua inglesa, el estilo barroco de Lawrence Durrell va en contra de todo lo que presume hoy el inglés como lenguaje literario. Para sus lectores, sin embargo, es una joya difícilmente comparable, un experimento cuántico del siglo XXI escrito a mediados del siglo XX.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros.

14 agosto 2011

30 libros: uno que le gusta a todos menos a usted



Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

El por qué de la fama de este libro es un asunto que me tomó mucho tiempo comprender. Afortunadamente, se lee cada vez menos, pero hace unos 10 o 15 años era imposible aparentar que te gustaban los libros sin que alguien te recriminase porque no te gustaba Cien años de soledad. A mi me parece un libro aburridísimo y sin sentido, salvo quizá el de lucirse como escritor.

En defensa del libro, tendría que decir que no sólo no me gusta, sino que no me gusta nada que haya escrito García Márquez. Creo que sus libros se podrían meter todos en algo que podría llamarse latinxploitation, meter la desgracia y la pobreza en un halo de magia para volverla un producto de exportación. Seguro soy injusto.

El primer libro que leí de García Márquez fue El coronel no tiene quien le escriba y lo odié porque me obligaron a leerlo en la secundaria (¿detectan en esto un tema?). Luego, por esas fechas, presentó sus Doce cuentos peregrinos y nos obligaron a ver su lectura por televisión. Los odié. A la fecha, me siguen pareciendo poquísima cosa.

Por otra parte, García Márquez me parece un viejito apacible y feliz que se parece a Dr. Mario. Me cae bien. Sólo no insistan en que me tienen que gustar sus libros.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros.

13 agosto 2011

30 libros: uno que sea un placer culposo



Flores en el ático, de V.C. Andrews

En mi infancia leí casi todas las novelas de V.C. Andrews habidas y por haber. Eran novelas llenas de crueldad, tragedias e incesto. Flores en el ático es particularmente cruel. Cuatro niños crecen encerrados en una habitación. En un episodio especialmente púrpura, el hermano mayor les da de beber de su sangre a sus hermanos para que no mueran de sed. En otro, cuando su abuela descubre al muchacho mirando a su hermana desnuda, los droga y a ella le corta el cabello.

Todo era horrible y al mismo tiempo no podías dejar de leerlo. Era por supuesto, una de esas sagas que duraban veinte novelas, y leías una tras otra. No creo haber aprendido nada bueno leyendo a V.C Andrews, salvo comprender cabalmente lo que significa un placer culposo. Una vez llevé una de esas novelas a la escuela (no había dormido para terminar de leerla y me faltaba un capítulo). La maestra, que seguramente también era fanática de la serie, se aventó un discurso de media hora de cómo esas novelas no eran apropiadas para mi edad y que haría mejor en leer cosas más correctas, como la Biblia para niños o Platero y yo (por supuesto, odio Platero y yo).

La naturaleza de los libros es ser escandalosos. Cuando los ignorantes se avientan sus loas a favor de la lectura, imaginan un libro neutro, sin ideas, que hace a la gente dócil, pero ese libro no existe. Las campañas de lectura no te imaginan leyendo Flores en el ático de V.C. Andrews porque ni siquiera se imaginan que tales perversiones quepan en un libro de bolsillo. Pero la saga de los hermanos Dollanganger fue, entre otras cosas, mi primer entrenamiento en la lectura veloz, furtiva, secreta, esa que necesitas por fuerza si vas a leer toda tu vida.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros.

12 agosto 2011

30 libros: uno que se haya demorado mucho en leer


Rayuela, de Julio Cortázar


Me tomó años leer este libro porque siempre lo perdía. Una vez lo dejé encime del toldo de mi coche y arranqué. Otra vez lo dejé en un taxi. Una vez más lo dejé en una fiesta (sí, voy a las fiestas con libros y qué. O más bien iba, supongo que ir con libros tiene que ver con que ya no me invitan). La última vez que lo perdí con todo y una novia (era suyo, me dejó y se lo llevó, de nada sirvieron mis lágrimas).

Cuando por fin lo terminé de leer estaba demasiado grande como para sentirme identificado con el Club de la Serpiente y a la fecha las mujeres que se identifican con La Maga o con Pola me dan tristeza y un poco de lástima. Aunque lo de La Maga medio lo entiendo. Identificarse con Pola me da que es un problema de autoestima. A los hombres que se sienten identificados con Oliveira de plano mejor ni les dirijo la palabra.

Esta no es ni de lejos la mejor novela de Cortázar, ni mucho menos el mejor de sus libros, pero es un libro muy importante para la literatura. Al leer la correspondencia del Gran Cronopio te queda la idea de que él pensaba lo mismo. Era un libro que tenía que escribir, para luchar contra la "pelotudez ontológica" de los narradores argentinos que lo precedieron. La escribió y cambio la naturaleza de la novela para siempre.

Además, el capítulo 7 debe ser culpable de una gran cantidad de embarazos no deseados en las últimas décadas, algo que no cualquier novela puede presumir.


Esta entrada forma parte mi serie de 30 libros.

11 agosto 2011

30 libros: uno que se leyó de una sentada


La historia interminable, de Michael Ende


La lectura de este libro es uno de mis recuerdos más felices de la infancia. Estaba en casa de mi abuela, durante una fiesta familiar, tomé el libro y me encerré en el cuarto de mi tía. Cuatro horas después, ya lo había terminado. No tengo ni idea de cómo lo hice. Nunca había leído tan rápido y nunca lo he vuelto a hacer.

La historia interminable es uno de los libros que más influencia ha tenido en mi vida, en todos los aspectos. Creo que mi concepción de toda la literatura parte de la idea de Fantasía. Todavía en sueños cabalgo con los Pieles Verdes y charlo con La Vetusta Morla.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros: recomienda 30 libros en treinta días.

10 agosto 2011

Después de Lalomanu, en Hermano Cerdo

La de ayer, 9 de agosto, es la mejor portada de HermanoCerdo desde que entré a colaborar como editor en la revista. Con el cambio de sitio se levantó la moral del staff, colaboradores y lectores, así que hemos notado una mejora importante en la calidad de los textos. Los invito a que vayan, se den una vuelta y vean si tengo razón o no.

Pero quiero detenerme en la crónica/ensayo que publicamos el martes, "Después de Lalomanu", de Jorge Salavert. Para quien no siga de cerca la revista, les comento que Salavert es la más nueva adición al staff de HermanoCerdo y, entre otras cosas, es una máquina de traducir, que además tiene una mano mágica para gestionar los derechos de traducción.

Este ensayo/crónica, sin embargo, tiene muy poco que ver con la traducción aunque sí mucho con las palabras, con los momentos en que nos fallan, que suelen ser cuando más las necesitamos. Hace unas dos semanas, cuando leí por primera vez el texto, me puse a llorar. Luego le escribí a Salavert para decirle que claro que lo íbamos a publicar. En los días siguientes, lo editamos y lo preparamos para publicación. Le di el texto editado a mi mujer para que lo leyera y también lloró. Como dijo Javier Moreno por Twitter, esta es la crónica más seria y dura que ha publicado la revista en sus cinco años. Es también una de las más tristes y más bellas.

Durante los días anteriores a su publicación me costó trabajo dormir, preocupado de que la presentación que le diéramos fuese la apropiada y que los lectores se comportaran a la altura del texto. Afortunadamente, la respuesta ha sido amable, respetuosa y efusiva. Eso no quiere decir que la crónica me haya dejado descansar. Las palabras de Salavert me han perseguido todos los días desde que leí por primera vez su texto y no me han soltado.

No sé que más decir, excepto exhortarlos a leer "Después de Lalomanu" si todavía no lo han hecho. Quizá podamos encontrar la fuerza de las palabras al compartirlas con los demás.

La ventana que se cierra


Ayer me puse a hacer algo que hace mucho no hacía y me puse a revisar Kobo y la Kindle Store de Amazon para buscar ebooks en español. Amazon tiene unos 4500 y Kobo más de 19,000 (la diferencia la explican libros gratuitos y de autores independientes que llegan, imagino, de lugares como Smashwords).

Pero, ¿de dónde salen tantos libros? ¿Ya está trabajando Libranda con Amazon? ¿Las editoriales españolas están cerrando tratos por su lado? No. Resulta que la mayoría de los títulos de primera línea son de sellos de editoriales norteamericanas (o agentes, como Wylie) que están ofreciendo libros electrónicos en español, obviamente con derechos globales de explotación.

A diferencia de las deprimentes ediciones de Palabras Mayores (de Leer-e), llenas de errores ortotipográficos bastante penosos, propios de no revisar los archivos electrónicos (las famosas "conversiones automáticas"), los ebooks de los sellos norteamericanos están hechos por profesionales, con la calidad de excelencia que esperas de un ebook que cuesta 9.99 USD. Son, digamos, ebooks de verdad. (Con lo cual no quiero desmerecer el trabajo de los profesionales españoles. Santillana y Planeta hacen ebooks excelentes, pero no los puedo comprar desde México, lo cual los excluye automáticamente de la discusión.)

Hace año y medio, conversaba con un buen amigo de esta posibilidad, que los grupos norteamericanos, cansados de ver que no se explotaba el mercado en español, y con una proporción importante de hispanohablantes, comenzarían a buscar la forma de hacerse con el dominio del mismo (que, por otra parte, imaginan más grande y jugoso de lo que es, pero ese es otro asunto). Estas son algunas de las primeras tentativas, que si funcionan —claro, con sendas tiendas de Amazon y Kobo en España, Argentina o México, por ejemplo— podrían cambiar profundamente el panorama de la edición en español. De momento, dejo al lector el apocalíptico ejercicio de todo lo que podría pasar si compañías extranjeras dominan o tienen un buen porcentaje del mercado editorial en español.

Conversaba con este amigo, también, que había una ventana de unos cinco años para que editores, distribuidores y editores en español pusieran en orden sus asuntos y mostraran frentes comunes. En otros mercados, como el francés y el alemán, esos frentes ya se están conformando con fuerza, e incluyen medidas legales, financieras, culturales y editoriales diferentes (porque ni los mercados ni los libros ni los lectores son iguales). El problema es que incluso las previsiones de los más optimistas (entre los que me incluyo) siempre se ven superadas cuando se habla de ebooks. Y parece que esa ventana ya se está cerrando. Mis mejores deseos para los editores, distribuidores y libreros, pero ya es hora de que se pongan las pilas.

09 agosto 2011

De lo complejo a lo sencillo


Hojeaba (¿o será ojeaba?) un libro sobre cómo revisar un texto (Revising Fiction, de David Madden) poniendo especial atención en algunos detalles de la descripción y del diálogo que me resultan especialmente problemáticos. Estos detalles provienen, me temo, de un desarrollo natural en mi escritura, una suerte de sobrecompensación, antes eludía los diálogos y descripciones largos y ahora caigo en el exceso opuesto. Estos son esencialmente problemas sencillos. No son fáciles de detectar, pero una vez que los encuentras, son sencillos de corregir.

Hojeaba, también, algunas cuestiones sobre la trama y la construcción de personajes, que son problemas más complejos y arduos. Ojeaba sobre esto porque desde hace muchos meses, más de seis, me pregunto si debo intentar reescribir una novela o dejarla por la paz. A diferencia de mis problemas con el diálogo o la descripción, son problemas sencillos de detectar, pero corregirlos implica mucho más trabajo y nada asegura que la solución que intente en realidad mejore la historia.

Me pregunto, por ejemplo, si la trama falla porque el protagonista es demasiado débil o, por el contrario, la trama es débil porque no consigue hacer reaccionar al protagonista hasta que ya es demasiado tarde. La respuesta, por supuesto, sólo podría encontrarla a ciencia cierta si reescribo las 150 páginas de la novela aplicando una de las dos teorías. Pero hay un problema de fondo en esto, y ese fondo es que si no sé que lo que sea que digo en esas 150 páginas vale la pena el esfuerzo, o si debo tomar lo aprendido durante su escritura y seguir adelante.

***

Acá necesito meter una pequeña diatriba: ¿en realidad es tan complicado escribir ficción que necesitas décadas de práctica para lograr un buen libro? Me queda la sensación de que algo falla en el corazón de la ficción, en la que a pesar de siglos de novelas, sabemos muy poco, demasiado poco, de los elementos que hacen a un buen libro. Todos los días un joven escritor descubre el agua. ¿A qué se han dedicado los críticos literarios todos estos años?

***
Hojeaba, decía, este libro, y mientras lo ojeaba pensaba en Chesterton, en una nota titulada "Civilización y progreso", en la que argumenta —en un inicio— que la civilización es el paso de lo complejo a lo simple. Dice también que "Un mal relato de misterio se va haciendo cada vez más y más misterioso; uno bueno, es misterioso y cada vez lo va siendo menos." Esa, argumenta, es la diferencia entre un cuento legible y uno ilegible. Me quedé pensando en eso mientras hojeaba el libro sobre como revisar una obra de ficción y me quedé pensando en si todo no se reducirá a eso: a pasar de la complejidad del pensamiento a la simplicidad de los caracteres alfabéticos, uno detrás de otro, en fila, hasta llegar a la luz cegadora de una página en blanco.

05 agosto 2011

La alegría que llegó de Barcelona

Hoy, por fin, llegó mi copia de Quimera 332. A ratos me siento como el burro que tocó la flauta. He entrevistado a James Ellroy y a Mark Z. Danielewski. Vi a The Smashing Pumpkins en vivo. Publiqué un cuento en Quimera.