12 septiembre 2011

El más sencillo acto de magia

Fotografía: Alcino


Comienza con un deseo. Todo siempre comienza con un deseo. Piensa en aquello que deseas. Visualízalo. ¿Ya lo tienes? Mal, no debes de pensar en ello ahora, sino cuando estés listo para hacer el hechizo. Es el hechizo más viejo del libro, el más sencillo, pero eso no quiere decir que no sea potente. Puede ser peligroso, muy peligroso, si no sabes lo que estás haciendo. Acá es donde debería de decir que no me hago responsable de los resultados de seguir el procedimiento que describiré a continuación. Pues bien, no me hago responsable. Prueba bajo tu propio riesgo. Pero si en verdad te preocupa el riesgo, no deberías de estar haciendo magia. Mejor vuelve a mirar la TV. Manda un tweet. Bebe una cerveza. Haz lo que quieras menos hacer magia. Porque estamos hablando de magia, ¿entiendes? No me refiero a sacar al conejo del sombrero ni de aparecer una moneda de la oreja de un niño, sino de magia. No te preocupes, no necesitas creer en las hadas para que funcione este hechizo. Ni siquiera necesitas creer en la magia. No es necesario que la magia exista, sólo tienes que saber que funciona; saber que funciona y estar dispuesto a aceptar las consecuencias del hechizo. Ten cuidado con lo que deseas.

Bien, entonces, todo comienza con un deseo. Si crees que no deseas nada, o te estás engañando o has alcanzado el Nirvana. Saluda a Buda de mi parte. Visualiza tu deseo, concéntrate en él, dale forma en tu mente hasta que sea tan real que puedas olerlo, que sí lo pruebas con la punta de lengua te quede un gusto a mar saldado. Cuando el deseo sea tan claro que los ojos te duelan como si mirases al sol de frente, es hora de anclarlo a un símbolo. Cualquier cosa sirve, pero lo mejor es que sea algo pequeño y sencillo. Si te sientes atraído por la astrología, está bien, puedes usarla. Si lo tuyo son las ecuaciones diferenciales, también funcionarán. Toma un símbolo, cualquier símbolo, pero de preferencia uno que no valores mucho y al que no le des la menor importancia.

 A mí, por ejemplo, me viene bien el símbolo del Sol:

Toma un cigarro y dibuja el símbolo con cuidado. No lo perfores, o harás todo un desastre. Se vale tirar el cigarro y comenzar de nuevo. Una buena pluma de punta de fieltro funciona bien para el dibujo. En realidad, no necesitas dibujar el símbolo en el cigarro, pero para las primeras veces es más fácil así. Después, prende el cigarro y fúmalo con calma. Si no eres fumador, hasta aquí llega tu carrera como mago practicante. Lo siento. No hay un mago que se respete que no guste del tabaco.

Conforme se acaba el cigarro, tu deseo debe irse con él. Mientras exhalas el humo, tienes que dejar ir tu deseo. Inhala el deseo. Luego suéltalo. Haz que se desvanezca de tu mente por completo. Que se escape de tus labios. Deja que se disuelva en el aire. Sácalo de tu cabeza. Olvídalo.

Tu deseo se hará realidad.