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Libros que cambiaron mi vida: V.


Amazon te ama. Una de las formas de mostrarte su amor es recordarte que ya les compraste un libro. Así es como ahora, vagabundeando por la página, me dice que compré V. de Thomas Pynchon en 24 de junio de 2004. Todavía recuerdo bien cuando leí por primera vez como Benny Profane, schlemiel y yoyo humano, aparecía desde la oscuridad y caminaba entre los faroles de una calle que formaban una uve asimétrica, recuerdo a The Whole Sick Crew —la versión hardcore del Club de la Serpiente—, la cacería de cocodrilos por las alcantarillas de Manhattan, los disfraces de Herbert Stencil, a Vheisu y a la importancia de la horizontalidad y la verticalidad en el diseño de interiores.

No sabía que existían novelas como V. Incluso, ya había leído V. un año antes, en la traducción de Tusquets, que es una pésima traducción, y no había sacado nada de ella. Pero entonces, en algún momento de julio de 2004, supongo, leí a Thomas Pynchon por primera vez. Todo cambió.

Habrá quien me diga que El arcoiris de la gravedad es su obra maestra. Aunque admiro mucho al arcoiris, no pude nunca dejar de leerlo como la secuela extensa y algo malograda de V., un libro que exige mucho más de lo que te entrega (y vaya que entrega mucho); de la misma forma que leí Contraluz como una precuela divertida y excesiva, pero no por ello menos disfrutable, de V.

Junto con House of Leaves y El cuarteto de Alejandría, V. es mi modelo  casi platónico de lo que debería ser una novela: enorme, valiente, perspicaz, tan parecida al mundo y tan su propia cosa, un lugar en el que podría vivir para siempre.

Me pasa algo muy curioso y es que sólo de las novelas que más disfruto —y acá me refiero a esa sensación pocas veces en la vida repetida— logro recordar los nombres de los personajes tiempo después: me pasa con todo Pynchon, con Durrell, con Tolkien, con Los detectives salvajes (pero no con 2666), con Danielewski, con John Kennedy Toole, con En busca del tiempo perdido, con Ulises. La última probable a agregar a esta lista es A Naked Singularity. Pero V. es la única novela que tiene el dudoso honor de que recuerde pasajes casi completos de memoria.

Si acaso una cosa me mueve a escribir, lo digo con la mayor humildad posible, es que no hay suficientes novelas como ésta y mejor me valdría escribir una así antes que esperar a que otra persona por azar la escriba. ¿Porque cuando fue la última vez que leyeron que se comparara una novela con V. de Thomas Pynchon?

Comentarios

mario skan dijo…
Un amigo pynchoniano me mentó esto libro, v, de buena manera, incluso superior a Mason & Dixon.
Por supuesto, conocí a Pynchon en una edición de Grijalbo de El arco iris....., en dos tomos al que le faltaba la 2º parte,pero no importó. Lo leí hasta el momento que tuve que devolverlo y mi lectura fue precipitada. 8 años después, conseguí la edición de El arco iris...y aún no la termino, no importa el tiempo y lugar donde lo agarre, ese libro está una masa.

saludos
Por favor, dime que me autorizas:

http://lavalvuladeespato.blogspot.com/2011/03/v-comentada-por-el-blog-teoria-del-caos.html
El blog tiene una licencia CC, noa hacen falta permisos.
Anónimo dijo…
Tu fervor por Pynchon podría ser sospechoso para cualquiera. Pero no para quienes caímos en la tentación de leerlo.
Desde el blog de Martín Cristal caigo a esta tierra que me parece propia.
Saludos!
Gracias, Ángel eléctrico. Se bienvenido.
Anónimo dijo…
Tengo mucha curiosidad de leerlo, pero pensaba era conseguirlo justamente en la traducción de Tusquets. Si es tan pésima entonces no valdría la pena ¿cierto? Y yo no sé manejarme tanto en el inglés como para atreverme a leerlo en su idioma original...

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