Teoría del Caos: Cine. Libros. Literatura.
Somos los hacedores de música y los soñadores de sueños.
08 septiembre 2010
Leyendo
¿Qué es lo que me mueve a escribir sobre un libro?
Entrevista a Mark Z. Danielewski
07 septiembre 2010
06 septiembre 2010
Literatura mexicana circa 2010
Se ha vuelto frecuente, cuando asisto a la presentación de un libro, leo la cuarta o la reseña de una nueva obra, escuchar o leer que es “un acontecimiento literario”, “una renovación del género” o “un hito en la literatura mexicana”. Si el que lanza el elogio está un poco emocionado o es amigo del autor, no dudará de calificar el libro de “obra maestra”. Cabe suponer que estas expresiones provienen de dos razones distintas: o bien no son más que un malhadado esfuerzo de mercadotecnia por vender más libros o bien quienes escriben esas frases en verdad creen que cada nuevo libro es “único en su tipo”, “poseedor una fuerza inusitada” o “una bocanada de aire fresco”. Como lector, no obstante, me encuentro con una realidad muy diferente a lo que prometen las contratapas, las reseñas, las presentaciones editoriales. Lo habitual de este tipo de expresiones me ha vuelto un poco insensible a las mismas, cuando no me parecen abiertamente sospechosas.
Ante está observación empírica, cabría pensar que en pleno 2010 la literatura mexicana se encuentra en un estado de estancamiento o en lento declive. Sin embargo, me rehúso a pensar que es tan sencillo declarar el fracaso y vale la pena dar al menos un vistazo al verdadero estado de las cosas. Si la literatura siempre ha sido un terreno fértil para sublevación, para llamar al cambio, para levantarse contra la opresión y la injusticia, entonces las letras que hayan perdido esa capacidad no merecen llamarse literatura.
Para seguir adelante, quiero aclarar que por literatura mexicana no entiendo a un conjunto de escritores que se apegan o no a una cierta tradición, sino a todo el sistema que hace a esos escritores posibles: a las editoriales que los publican, a las librerías y bibliotecas que ponen al alcance del público toda la literatura que se lee en el país, a los críticos y académicos que comentan sus obras, y a los lectores que son los que finalmente disfrutan y aprovechan (o sufren) la labor de los demás elementos de este sistema. Partiendo de esta premisa, ¿qué tan rebelde es la literatura mexicana? ¿Contra que se rebela?
Los creadores viven tiempos complicados. Un sistema de becas gubernamentales deficiente y que encasilla a los creadores por género, las mafias culturales y las dificultades para difundir su obra son algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan. Con Jorge Volpi e Ignacio Padilla, los mejores escritores del grupo del Crack, se anunciaba una de las pequeñas revoluciones de la literatura mexicana: el abandono del tema estrictamente nacional, de “lo mexicano” como único tema válido de la literatura mexicana. A pesar de ello, en los últimos años hemos encontrado nuevos moldes donde dejar que adormezca la obra: la literatura del narcotráfico y el nihilismo punk. Ambas corrientes nacen de una necesidad de dar voz a una realidad que no puede evadirse: la violencia y el letargo moral que trae con sigo la violencia. Pero estas formas de rebelión, al final, no alcanzan y terminan por volverse una apología de aquello mismo contra lo que combatían. No obstante, el escritor genial siempre tendrá una chispa que incomoda, sin importar la tendencia a la que se acerque. Un puñado de rebeldes: Daniel Sada, Cristina Rivera Garza, Alberto Chimal, Yuri Herrera, Álvaro Enrigue, Antonio Ortuño, Carlos Velázquez. La lista completa sería demasiado larga y a la vez no sería suficiente.
Otra pequeña rebelión de los creadores literarios, una pequeña victoria, es que cada vez es menos importante haber nacido o radicar en la Ciudad de México para entrar en la discusión de la literatura. Hay, sin embargo, mucho camino por recorrer. El sur del país sigue mal representado en las letras y las mujeres también lo están. A mi parecer, esto se debe a la desigualdad social y económica de nuestro país, que por fuerza va a tener un reflejo en sus artistas. Afortunadamente, estás rebeliones ya se están peleando —cuesta arriba, pero peleando al fin y al cabo— y no me extrañaría que en diez años empecemos a ver las primeras victorias.
Las editoriales mexicanas han hecho un excelente trabajo para rebelarse contra el estado de las cosas. Frente a un mercado dominado por editoriales españolas y grupos transnacionales, las editoriales mexicanas independientes han mostrado que desde México es posible crear libros de calidad, que se buscan en todo el mundo. Contra la pereza, ineficiencia y desidia de las enormes editoriales auspiciadas por el Estado, Sexto Piso, Almadía, Tumbona, Arlequín y Taller Ditoria, entre otras, no sólo han cambiado la percepción de que los mejores libros vienen de fuera, sino que han enriquecido el panorama literario mexicano con obras, nacionales o extranjeras, que enriquecen la discusión cultural.
Las librerías mexicanas, por el contrario, son lo más lejano de la rebeldía y lo más cercano al status quo en todo el sistema. Dominadas sobre todo por gente que opina que es lo mismo vender libros que vender zapatos (no que una cosa sea más importante que la otra), las librerías mexicanas presentan poca variedad, precios elevados y un claro favoritismo por ciertas editoriales. Conseguir un libro que no se haya editado en México es una odisea, e incluso si el libro se ha editado en México, pero por una editorial pequeña o universitaria, localizarlo puede ser un verdadero via crucis. No es posible, ciertamente, echar toda la culpa a las librerías de esta situación. Toda la cadena de distribución del libro lleva su parte en este estado. Pero lo cierto es que las librerías han hecho poco por cambiarla. Esto sin contar la enorme cantidad de poblaciones donde las librerías son solo una leyenda. La falta de acceso a los libros sólo contribuye al adormecimiento literario.
Por su parte, la crítica académica en México, hay que decirlo claramente, es de una calidad intachable. Operando en muchos casos con un décimo de los recursos con los que contarían en otra parte del mundo, los académicos mexicanos presentan investigaciones notables y relevantes en sus campos de estudio. Sin embargo, se les ha criticado con fuerza por mantenerse alejados del quehacer literario actual y en esto hay mucho de cierto. No hay muchos espacios para nuevas metodologías y menos aún para el estudio de nuevos autores. Por la parte de la crítica literaria, mucho ruido se ha hecho por la perdida de espacios en publicaciones periódicas. Pero los críticos no se rinden. Algunos, como Rafael Lemus o Braulio Peralta, se comportan como verdaderos rebeldes. Ellos saben bien que la labor del crítico es agitar conciencias y crear polémica, y consiguen justamente eso en cada uno de sus artículos.
He dejado al final a los lectores. Pero no hay que engañarnos, no hay literatura que sobreviva sin ellos. Homero ha tenido mucho éxito sin publicar una nueva obra en milenios, ¿pero que sería de él sin lectores? De acuerdo a los datos de la Encuesta Nacional de Lectura de 2006, sólo un diez por ciento de la población consume literatura con cierta frecuencia. Del otro lado está el 8% de la población que no sabe leer ni escribir. Para el resto de la población, la literatura no es más que algo sobre lo que había que estudiar en la escuela. Así las cosas, ¿qué tan abiertos podrían estar a nuevos valores y formas de expresión literaria? ¿Qué tan dispuestos a tomar parte de esta rebeldía? Aquí es donde todo el sistema de la literatura mexicana falla, donde sus ánimos de cambio no le alcanzan. Aún no hemos podido comunicar éste, el mayor acto de rebeldía: la literatura. Contra la planificación de los gustos, contra la uniformidad de opiniones y de textos: elegir un novela y leer. Contra la violencia, contra la opresión, contra la inseguridad: creer fervientemente que dentro de ese poema hay algo verdaderamente valioso para nuestra vida. Si la literatura mexicana quiere ser rebelde, verdaderamente rebelde, hay que comenzar por los lectores o morir en el intento.
05 septiembre 2010
Un monde parfait
La route est dure, elle est sinueuse, la route est pleine d'embuches,
Elle n'est pas sûre, elle est tortueuse, alors des fois je trébuche.
03 septiembre 2010
Mainstream & Slipstream (EFP, 2)
Por lo general, cuando un reseñista dice «descubrir a un nuevo autor» lo que verdaderamente hace no es otra cosa que cumplir con el ritual de dar prioridad a un libro publicado por una editorial de gran alcance —con la única particularidad de que el autor es joven—. Esta realidad determina la concepción como escena unitaria en la que todo está a la vista y las únicas expresiones de la diferencia son excentricidades sin relevancia.
[...]
En un país [España] en que se habla con naturalidad de escena independiente a propósito de la música, el cine o las artes plásticas, se hace cada vez más preciso hablar con especificidad de una literatura independiente de autores, temáticas y públicos propios. Las frecuentes quejas indirgidas acerca de los demasiados libros y la ausencia de líneas mayores identificables no son sino la muestra de cierta indecisión, por parte de quienes tratamos con y de la actualidad literaria, a la hora de dividir la escena, identificar dinámicas y gustos distintos y hacer posible un tipo de lectura que cuestione las convenciones de la lectura misma.
02 septiembre 2010
La otra novela
01 septiembre 2010
Oda
Arthur William Edgar O'Shaughnessy
We are the music makers,
And we are the dreamer of dreams,
Wandering by lone sea-breakers,
And sitting by desolate streams;
World-losers and world-forsakers,
On whom the pale moon gleams:
Yet we are the movers and shakers
Of the world for ever, it seems.
With wonderful deathless ditties,
We build up the world's great cities,
And out of a fabulous story
We fashion an empire's glory:
One man with a dream, at pleasure,
Shall go forth and conquer a crown;
And three with a new song's measure
Can trample an empire down.
We, in the ages lying
In the buried past of earth,
Built Nineveh with our sighing,
And Babel itself with our mirth;
And o'erthrew them with prophesying
To the old of the new world's worth;
For each age is a dream that is dying,
Or one that is coming to birth.
A breath of our inspiration,
Is the life of each generation.
A wondrous thing of our dreaming,
Unearthly, impossible seeming-
The soldier, the king, and the peasant
Are working together in one,
Till our dream shall become their present,
And their work in the world be done.
They had no vision amazing
Of the goodly house they are raising.
They had no divine foreshowing
Of the land to which they are going:
But on one man's soul it hath broke,
A light that doth not depart
And his look, or a word he hath spoken,
Wrought flame in another man's heart.
And therefore today is thrilling,
With a past day's late fulfilling.
And the multitudes are enlisted
In the faith that their fathers resisted,
And, scorning the dream of tomorrow,
Are bringing to pass, as they may,
In the world, for it's joy or it's sorrow,
The dream that was scorned yesterday.
But we, with our dreaming and singing,
Ceaseless and sorrowless we!
The glory about us clinging
Of the glorious futures we see,
Our souls with high music ringing;
O men! It must ever be
That we dwell, in our dreaming and singing,
A little apart from ye.
For we are afar with the dawning
And the suns that are not yet high,
And out of the infinite morning
Intrepid you hear us cry-
How, spite of your human scorning,
Once more God's future draws nigh,
And already goes forth the warning
That ye of the past must die.
Great hail! we cry to the corners
From the dazzling unknown shore;
Bring us hither your sun and your summers,
And renew our world as of yore;
You shall teach us your song's new numbers,
And things that we dreamt not before;
Yea, in spite of a dreamer who slumbers,
And a singer who sings no more.
31 agosto 2010
3108 Day (Blog Day 2010)
A los cinco blogs recomendados el año pasado, quiero agregar otros cinco de los que más he disfrutado leer —como enano en dulcería— en lo que va del año:
1. Hablando del asunto es el lugar para enterarte de todo lo que está pasando en la literatura argentina. No sólo es una muestra de que otra cobertura literaria es posible, sino que la calidad y cantidad de sus notas le dan a cualquiera ganas de hacer las maletas e ir a vivir a Buenos Aires.
2. Conversational Reading es el blog de Scott Esposito, editor de The Quarterly Conversation, y siempre tiene una mirada crítica y fresca sobre lo último en literatura en inglés. Casi siempre está en desacuerdo con James Wood, y eso para mí siempre es un plus.
3. La vuelta al mundo de Juan Francisco Ferré siempre ha sido un blog polémico donde se habla de arte y literatura de una forma muy inteligente. La mitad del valor del blog está en las discusiones fuertes pero educadas que se organizan en los comentarios y que pueden durar meses enteros.
4. Probables lluvias de Luis Panini es un blog extraño que se limita a publicar las fichas de los libros que Luis compró, quisiera comprar o está leyendo. El gusto del autor es impecable y esa enorme lista de libros sirve como mapa de navegación de la literatura contemporánea mundial.
5. Autoliniers, el blog de Liniers, donde aparecen todas las tiras que publica en La Nación, siempre me hace el día.
