31 diciembre 2011

Otra lista de fin de año


Una lista parcial de las películas que veo siempre que pasan por televisión:

  • Blade Runner
  • Rambo
  • Legalmente Rubia
  • Zoolander
  • Volver al futuro
  • Lágrimas del sol
  • Duro de matar
  • Jesucristo Superestrella
  • Across the Universe
  • Lost Highway
  • Ahí está el detalle
  • Silent Hill
  • Pesadilla en la Calle del Infierno
  • On Any Given Sunday
  • Pequeñas grandes amigas






26 diciembre 2011

Silencio radial


Me voy a unas merecidas y soñadas vacaciones después de un año intensísimo. Voy a escribir y a tratar de aumentar la triste cuenta de libros leídos este año. No habrá internet, ni 3G, ni ninguna de esas cosas que te mantienen todo el tiempo conectado. Vuelvo el 31. Mientras tanto, les pido que sean pacientes con los correos, mensajes, DM y demás que envíen. Si están relacionados con HermanoCerdo, les pido envíen con copia a hermanocerdo@gmail.com para que la piara los atienda. Si es urgente, usen el teléfono, pero tengan en cuenta que no estaré en la ciudad.

24 noviembre 2011

To all the characters that won't come back next season



I want you to know the decision was based on ratings.
We need the public at home to know
that none of their beloved characters are safe.
Please don't be mad. It's not like the show
was going to last forever anyway.
I want you to know your character was our favorite
and we're so sad to let you go but
the way TV shows work these days
it won't be too long before you find another job.
I want you to know we still have an option
to bring you back for an episode or two
but we won't hold it against you
if you choose to snipe at us in E! Entertainment.
You can collect your severance payment
and please leave your badge at the door.
Parting from the show may be heartwrenching
but in the end it will be the best for all.

I want you to know it was a pleasure working with you.
Don't blame us, it's our screenwriters fault.
They are like mad monkeys, those poor men.
We do know that the kiss form episode three
was uncalled for and we forced them to correct that mistake,
but we also let it slide when they kissed again
on episode fifteen, because good television is why we live
and we have to pay our bills.

To all the characters that won't come back next season
extras and heroes and villains, we have a favor to ask,
please, turn on your TV set this Friday at 8:00 PM sharp.
We have planned a season finale
like nothing you've seen in your life
there will be cries, bullets and fireworks
and at least one major character will die.

To all the character's that won't come back next season
please be kind. We will miss you deeply
and when the show gets canceled and forgtten
and there aren't even DVD sales to remind us of our time
of fame, of glory, of money and magazine covers
we will all be nothing but a fading page on a TV Guide.




18 noviembre 2011

12 septiembre 2011

El más sencillo acto de magia

Fotografía: Alcino


Comienza con un deseo. Todo siempre comienza con un deseo. Piensa en aquello que deseas. Visualízalo. ¿Ya lo tienes? Mal, no debes de pensar en ello ahora, sino cuando estés listo para hacer el hechizo. Es el hechizo más viejo del libro, el más sencillo, pero eso no quiere decir que no sea potente. Puede ser peligroso, muy peligroso, si no sabes lo que estás haciendo. Acá es donde debería de decir que no me hago responsable de los resultados de seguir el procedimiento que describiré a continuación. Pues bien, no me hago responsable. Prueba bajo tu propio riesgo. Pero si en verdad te preocupa el riesgo, no deberías de estar haciendo magia. Mejor vuelve a mirar la TV. Manda un tweet. Bebe una cerveza. Haz lo que quieras menos hacer magia. Porque estamos hablando de magia, ¿entiendes? No me refiero a sacar al conejo del sombrero ni de aparecer una moneda de la oreja de un niño, sino de magia. No te preocupes, no necesitas creer en las hadas para que funcione este hechizo. Ni siquiera necesitas creer en la magia. No es necesario que la magia exista, sólo tienes que saber que funciona; saber que funciona y estar dispuesto a aceptar las consecuencias del hechizo. Ten cuidado con lo que deseas.

Bien, entonces, todo comienza con un deseo. Si crees que no deseas nada, o te estás engañando o has alcanzado el Nirvana. Saluda a Buda de mi parte. Visualiza tu deseo, concéntrate en él, dale forma en tu mente hasta que sea tan real que puedas olerlo, que sí lo pruebas con la punta de lengua te quede un gusto a mar saldado. Cuando el deseo sea tan claro que los ojos te duelan como si mirases al sol de frente, es hora de anclarlo a un símbolo. Cualquier cosa sirve, pero lo mejor es que sea algo pequeño y sencillo. Si te sientes atraído por la astrología, está bien, puedes usarla. Si lo tuyo son las ecuaciones diferenciales, también funcionarán. Toma un símbolo, cualquier símbolo, pero de preferencia uno que no valores mucho y al que no le des la menor importancia.

 A mí, por ejemplo, me viene bien el símbolo del Sol:

Toma un cigarro y dibuja el símbolo con cuidado. No lo perfores, o harás todo un desastre. Se vale tirar el cigarro y comenzar de nuevo. Una buena pluma de punta de fieltro funciona bien para el dibujo. En realidad, no necesitas dibujar el símbolo en el cigarro, pero para las primeras veces es más fácil así. Después, prende el cigarro y fúmalo con calma. Si no eres fumador, hasta aquí llega tu carrera como mago practicante. Lo siento. No hay un mago que se respete que no guste del tabaco.

Conforme se acaba el cigarro, tu deseo debe irse con él. Mientras exhalas el humo, tienes que dejar ir tu deseo. Inhala el deseo. Luego suéltalo. Haz que se desvanezca de tu mente por completo. Que se escape de tus labios. Deja que se disuelva en el aire. Sácalo de tu cabeza. Olvídalo.

Tu deseo se hará realidad.

30 agosto 2011

21 agosto 2011

30 libros: uno que lo haya motivado a visitar algún lugar



Montreal by Night, de Black Dog Game Factory


La serie "by Night" the Vampire: The Masquerade eran guías al mundo vampírico de diversas partes del mundo. Había unas excelentes, como Dark Colony (New England by Night) y otro involuntariamente graciosos como Mexico City by Night y Berlin by Night. La "joya de la corona" era Montreal by Night y durante mucho tiempo quise visitar esa ciudad.

Luego la visité y me enamoré. En Montreal hay librerías de cuatro pisos en las que te saludan en dos idiomas. En Montreal está Le Valet d'Coeur, la tienda de juegos más limpia, iluminada y bien abastecida del continente americano. Hay comida de cualquier parte del mundo, incluso de lugares de los que no habías oído hablar. Hay avenidas tan hermosas como en París, pero la atención y la eficiencia es norteamericana. Hay uno de los metros más bonitos del mundo. También hay table-dance controlados por la mafia rusa y demasiada cocina francesa. Como cualquier ciudad con río, huele. También, hay más festivales de los que se pueden contar con los dedos de la mano.

Se supone que Montreal es una ciudad bilingue, pero te puedes sentar en una banca y en diez minutos escuchar 9 o 10 lenguas. También hay hockey y tantas iglesias que si te descuidas puedes pensar que estás en Puebla. Pero no, estás en Montreal, uno de los poquísimos lugares en el mundo por los que cambiaría la Ciudad de México.

Esta entrada forma parte de la serie de 30 libros.

20 agosto 2011

30 libros: uno con una pésima versión cinematográfica



Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons


A lo largo de la vida de uno pasan varias cosas: te cansas más rápido, le tienes menos paciencia a los políticos y vuelven películas tus libros favoritos. Las más de las veces, esta es una operación destinada a la decepción. Recuerdo, por ejemplo, la adaptación de The Time Traveler's Wife que no es que estuviera mal, sino que se había dado a la tarea de eliminar todo lo que hacía bueno a la novela y dejar sólo las partes más sosas y predecibles.

Voy a aprovechar para decir una perogrullada. Una novela no cabe en una película. Como han demostrado The Wire, Game of Thrones, Los muertos y The Killing, entre otras obras, una novela cabe en una serie o una miniserie. Terry Gilliam quería hacer de Watchmen una miniserie. No consiguió el proyecto y así Zach Snyder transformó a la obra cumbre del noveno arte en una película del montón.

Es probable que haya muchos mejores comics que Watchmen, así como hay muchas novelas mejores que el Quijote (que también sufre en sus múltiples adaptaciones cinematográficas) pero no se puede negar su importancia. Desde aquellos años ochenta, no se ha vuelto a crear una obra tan importante como secuencias gráficas. Muchos la estamos esperando, pero tampoco a vuelto a aparecer otro Alan Moore.

En pleno siglo XXI, Watchmen parece más pertinente que nunca. Entre otras cosas, es una exploración sobre el poder, aquellos que lo detentan y lo que están dispuestos a hacer para conservarlo. Si no lo han leído, son lisiados culturales.

19 agosto 2011

Pronto tendremos Segundo Cuerpo de Milorad Pavic

Copio y pego el boletín de prensa:

Características

Año de publicación: 2011
Formato: 15 x 23 cm.
Páginas: 267 páginas.
ISBN:  978-607-7781-17-2

Colección: Narrativa Sexto Piso

Categoría: Novela
Precio: $245


Segundo cuerpo


Autor: Milorad Pavic


La escritura de Milorad Pavic siempre se ha caracterizado por una original verosimilitud, creadora de mundos fantásticos a partir de los elementos más simples de al realidad, mostrando que para acceder a lo profundo no hace falta pasar por lo enredado. En Segundo cuerpo, Pavic ofreció su último golpe maestro: adelantarse a su propia muerte para darse la oportunidad de compartir con sus lectores una historia sobre el segundo cuerpo, el espiritual, o sobre aquello que pueda suceder una vez que se abandona este mundo, como finalmente sucedió con él poco después de terminar la que sería su última gran novela.


Con su habitual maestría, Pavic entrelaza historias de personajes diversos en épocas lejanas, que giran en torno a una gran verdad que se intuye pero nunca se pronuncia. Un escritor enfermo -trasunto de Pavic- le cuenta a su joven esposa la historia de su peculiar anillo, que cambia de color según el destino del portador para anunciarle si tendrá felicidad, salud o amor. Para ello, hace falta reunir lágrimas del Manantial de la Madre de Dios de Éfeso, ubicado en la actual Turquía, y pronunciar unos mantras milenarios conocidos por muy pocos. En distintos momentos del siglo XVIII, tanto el escritor Zaharija Orfelin en Venecia, como el hieromonje Gavril Venclovic, en Sent Andrea, Hungría, a orillas del Danubio, buscan conocer los secretos del anillo. En ambos casos tienen que enfrentar traiciones, rivales, amores y asesinatos, dignos de una sutil novela policiaca. Pavic dejó para el ocaso de su vida el que quizá sea su libro más íntimo, a manera de agradecida despedida de sus miles de lectores, como si supiera que seguiría existiendo cada vez que alguno evocara sus particulares mundos con el siemple acto de leerlos.

30 libros: uno con una excelente versión cinematográfica



Do Androids Dream of Electric Sheep, de Philip K. Dick

He aquí un caso en que la película supera con creces al libro. Hay otro, muchos otros, como casi todas las películas adaptadas de libros de Stephen King, pero esta es mi película favorita de todos los tiempos, así que no tenía mucho caso escoger otro libro.

Leí Do Androids Dream... mucho después de haber visto Blade Runner (unas 50 veces, digamos) y la verdad es que esperaba demasiado. El libro está bien, pero todo lo que hace genial a la cinta es original de la cinta o demasiado alejado del material original como para que valga la pena compararlos. Philip K. Dick es un gran escritor. Está The Man in the High Castle, está Ubik, que cada vez gana más adeptos. Do Android Dream.. me gusta menos conforme más pasa el tiempo. Si se va a leer a Philip K. Dick, mejor empezar por otra cosa. Pero si ya no se puede parar, este libro está bien.

Por cierto, desde que escribí sobre Blade Runner en este libro de memorias por primera vez y ahora he visto unas cuantas veces más la cinta, cortesía de una nueva edición, y ya voy por la 177.

Esta entrada forma parte de la serie 30libros.

18 agosto 2011

30 libros: uno para leer por fragmentos



El canon occidental, de Harold Bloom

Leí este libro hace muchos, muchos años, y lo leí más o menos de un tirón, un tirón largo que duró algo así como un mes. Era una época más tranquila en la que tenía mucho tiempo para leer. Después, cuando estoy aburrido, agarro este libro y leo alguna cosa al azar. Es bueno para eso.

Se me ocurre que tendría que decir algo acerca del contenido. El canon occidental es la forma más sencilla y barata de entender esa cosa que llamamos literatura, pero tiene el problema del comentario editorial de Bloom que quiere ver a Shakespeare en todos lados. Yo también veo a Shakespeare en todas partes, en la parada del camión, en el metro, en las librerías, pidiendo limosna o limpiando vidrios, jugando tenis o tomándose un té con Kim Jong-Il, pero sólo cuando olvido tomarme mis pastillas. De todas formas, es un libro disfrutable.

Una de las tantas polémicas que desató este libro es que Sor Juana Inés de la Cruz está clasificada como un autor español. Y sí. Por eso me cae bien Harold Bloom, por eso y porque a los dos nos obsesionan William Shakespeare y Jorge Luis Borges.

17 agosto 2011

30 libros: uno muy divertido



The Anthologist, de Nicholson Baker

The Anthologist cuenta la crisis interna de un poeta de segunda mientras trata de preparar una antología de poesía. No sé si a todos les parezca igual, pero los "poetas" (el entrecomillado es obligatorio) me causan mucha gracia, no como los payasos, que más bien me dan miedo. Si alguna vez quieren reírse mucho y los "poetas" les parecen graciosos, este libro es el mejor. De paso, es una reflexión necesaria e importante sobre la poesía. Pero básicamente, es de risa loca.

Aquí cito un fragmento. Celebremente, Cortázar dijo que las novelas ganan por K.O., pero ésta gana por cosquillas. Vean si no:


I CALLED ROZ and left a message asking if she'd like to come by and help me shampoo the dog. The flea shampoo is turquoise with sparkles and very thick. It's really a two-person job to put it on--one person to work in the suds and one person to hold Smacko's back and aim the shower sprayer. He keeps wanting to shake, spraying turquoise froth everywhere, and he will shake, unless one person keeps a steady, firm hand on the middle of his back.
Roz called and said she'd be by at about six-thirty. I knew she would--she misses the dog like crazy, and who can blame her? I got out some chips and salsa and was sitting in the white plastic chair by the barn door when she drove up. I watched her walk up the driveway, looking very calm and elegant in her dog-washing outfit of jeans and a loose blue shirt with a paint splash on the sleeve. She stopped and said hello to Smacko and picked up something in the sand. I heard her bracelets jingle, a sound I hadn't heard in a while. "Here's a present from the driveway," she said, and she handed it to me. It was a fragment of old china with very fine rule-lines in blue against white. Bits of old china sometimes appear in the driveway as rains wash more of its sand away. I took off my glasses to look at it and thanked her. Then I offered her a chip.
We washed the dog and didn't get too wet, and then she said she had to go. I asked her if maybe she'd like to stay and watch Bull Durham with me. She likes Bull Durham.
"Is it done?" she asked, meaning the introduction.
"It is not done. Nor will it ever be done, for I am not the one to do it."
"Oh, poof," she said. "You just need to apply yourself."
She didn't leave right away, at least. She smiled at the tablecloth. On it was my paperback of Mary Oliver's New and Selected Poems, Volume 1--I seem to be carrying it around the house with me. "So that's what she looks like," Roz said, tilting her head to see the picture on the cover better. It's the blue-tinted photograph in which Mary is wearing some kind of wonderful ulster with a zippered hood, and she's looking off, and she looks heartstoppingly French. "She's beautiful," Roz said. "Is that a recent picture?"
She's about seventy now, I said, and living in Province-town.
"Is she lesbian?"
I said I believed she was, yes.
"It's odd that the woman I most want to look like is a lesbian," she said. Then she said a long goodbye to Smacko and we hugged ceremonially and she drove away.
I didn't want to watch Bull Durham, so I watched three episodes of The Dick Van Dyke Show. Three's about my limit for one night.
Esta entrada forma parte de la serie de 30 libros. Es la séptima entrada, de hecho. Me faltan 23. Flaquean las fuerzas. Debo... resistir. Debo... llegar a Athena.

16 agosto 2011

Super 8 o la venganza del guionista


Hace unas semanas se estrenó en México la cinta Super 8, escrita y dirigida por J. J. Abrams y producida por Steven Spielberg. La película llegó acompañada de una campaña de publicidad agresiva y muchas expectativas de lo que haría la dupla Abrams-Spielberg con un buen presupuesto. No obstante, el estreno resultó bastante deslucido, atrapado como estaba entre las superproducciones en 3D del verano.

Roger Ebert señala, en un crítica más bien positiva, que «Super 8 es un filme maravilloso, nostalgia no de una época sino de un estilo de hacer películas». Sin embargo, donde Ebert ha visto nostalgia, otros han visto un plagio abierto (y aprobado) de las primeras obras de Spielberg, especialmente E.T. o algunas de sus producciones, como Los Goonies.

Desde las similitudes en la trama y los personajes hasta el esfuerzo de Abrams por hacer que Elle Fanning se viera idéntica a Drew Barrymore, los homenajes son innegables. Para sus críticos, el fanatismo del director para con el productor le han quitado todo el corazón a la cinta. Después del estreno, Brett Easton Ellis afirmó a través de Twitter que «la película que aparece en los créditos de Super 8 tiene más corazón, sustos, dulzura y habilidad narrativa que la película que la precedió…»

El resto, en el blog de La Tempestad.

30 libros: uno de un nobel



El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago



Paso número uno: Entrar a la Wikipedia a buscar una lista de Nóbeles. Es claro. Los suecos y yo no tenemos los mismos gustos. En algunos casos, me pregunto ¿en qué diablos estaban pensando? Consideré un buen rato poner aquí la traducción de Beowulf de Seamus Heaney, pero creo que sería hacer trampa. Así que tengo que elegir entre dos opciones seguras, Saramago o Faulkner. Pero después de un examen arduo de conciencia, decido que no tengo nada que decir sobre Faulkner. Ni siquiera podría pronunciar su nombre sin sentir que estoy en un comercial de William Lawson's. Así que me decido por José Saramago.

Paso dos:  Tengo una extraña relación con Saramago. Creo que José Saramago es lo que pasa cuando el posmodernismo deja de ser experimentación y se vuelve pura convención; lo que pasa cuando la idea de ser escritor se reduce a no poner guiones a los diálogos. Esto no siempre fue así. Cualquier cosa que Saramago escribió antes de 1996 es bastante buena. Después, pasó algo —recibió el Nobel del año 1998— y no volvió a ser lo mismo.

Paso tres: De entre todos los libros que he leído de Saramago, el que más me gusta por mucho es El Evangelio según Jesucristo, porque es el único abiertamente gracioso. Me reí mucho mientras lo leía y sería el único libro suyo que volvería a leer.

Cuando conocí a Saramago me pareció un viejito muy triste que cargaba el peso del mundo en sus hombros. Me daban ganas de regalarle una paleta y decirle que todo iría bien. El Saramago de El Evangelio tendría que ser otra persona, un hombre más alegre, más optimista, que todavía tenía fe en las palabras.

Esta nota forma parte de la serie de 30 libros.


15 agosto 2011

30 libros: uno de viajes



Limones amargos, de Lawrence Durrell


En algún momento de 1953 Lawrence Durrell llegó a vivir Chipre como llegaban a vivir los escritores ingleses a partes extrañas de Europa en aquellos tiempos: pobre, desconocido y sin amigos. Mientras estaba ahí, se desató la guerra de independencia.

Limones amargos es la historia de los tres años que Durrell pasó en Chipre. Muchas de sus experiencias en la isla van a tener una fuerte influencia en su obra maestra, El Cuarteto de Alejandría. Si se han leído las dos obras, los paralelismos son obvios.

Toda la narrativa de Durrell tiene una cualidad fantasmagórica, en el sentido en que habla de países y naciones —y por tanto culturas— que ya no existen y que sólo existieron en una pequeña franja de tiempo en la historia humana. De la Alejandría del Cuarteto ya no quedan más que algunos accidentes geográficos; el Chipre de Limones amargos desapareció en oleadas de invasiones y ocupaciones. Queda el libro.

Compré este libro en cinco pesos en una enorme pila de saldos, en una enorme librería de viejo de la calle Donceles. Durante muchos años, todos los libros de Durrell se tenían que comprar así. Hace unos ocho años se volvió a editar el Cuarteto y pronto volvió a recluirse en los anaqueles de las librerías de usados. Como su obra, parece estar condenado a vivir la fama y la gloria sólo en pequeños momentos, antes de perderse de nuevo.

Alguna vez alabado por George Steiner como la salvación de la lengua inglesa, el estilo barroco de Lawrence Durrell va en contra de todo lo que presume hoy el inglés como lenguaje literario. Para sus lectores, sin embargo, es una joya difícilmente comparable, un experimento cuántico del siglo XXI escrito a mediados del siglo XX.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros.

14 agosto 2011

30 libros: uno que le gusta a todos menos a usted



Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

El por qué de la fama de este libro es un asunto que me tomó mucho tiempo comprender. Afortunadamente, se lee cada vez menos, pero hace unos 10 o 15 años era imposible aparentar que te gustaban los libros sin que alguien te recriminase porque no te gustaba Cien años de soledad. A mi me parece un libro aburridísimo y sin sentido, salvo quizá el de lucirse como escritor.

En defensa del libro, tendría que decir que no sólo no me gusta, sino que no me gusta nada que haya escrito García Márquez. Creo que sus libros se podrían meter todos en algo que podría llamarse latinxploitation, meter la desgracia y la pobreza en un halo de magia para volverla un producto de exportación. Seguro soy injusto.

El primer libro que leí de García Márquez fue El coronel no tiene quien le escriba y lo odié porque me obligaron a leerlo en la secundaria (¿detectan en esto un tema?). Luego, por esas fechas, presentó sus Doce cuentos peregrinos y nos obligaron a ver su lectura por televisión. Los odié. A la fecha, me siguen pareciendo poquísima cosa.

Por otra parte, García Márquez me parece un viejito apacible y feliz que se parece a Dr. Mario. Me cae bien. Sólo no insistan en que me tienen que gustar sus libros.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros.

13 agosto 2011

30 libros: uno que sea un placer culposo



Flores en el ático, de V.C. Andrews

En mi infancia leí casi todas las novelas de V.C. Andrews habidas y por haber. Eran novelas llenas de crueldad, tragedias e incesto. Flores en el ático es particularmente cruel. Cuatro niños crecen encerrados en una habitación. En un episodio especialmente púrpura, el hermano mayor les da de beber de su sangre a sus hermanos para que no mueran de sed. En otro, cuando su abuela descubre al muchacho mirando a su hermana desnuda, los droga y a ella le corta el cabello.

Todo era horrible y al mismo tiempo no podías dejar de leerlo. Era por supuesto, una de esas sagas que duraban veinte novelas, y leías una tras otra. No creo haber aprendido nada bueno leyendo a V.C Andrews, salvo comprender cabalmente lo que significa un placer culposo. Una vez llevé una de esas novelas a la escuela (no había dormido para terminar de leerla y me faltaba un capítulo). La maestra, que seguramente también era fanática de la serie, se aventó un discurso de media hora de cómo esas novelas no eran apropiadas para mi edad y que haría mejor en leer cosas más correctas, como la Biblia para niños o Platero y yo (por supuesto, odio Platero y yo).

La naturaleza de los libros es ser escandalosos. Cuando los ignorantes se avientan sus loas a favor de la lectura, imaginan un libro neutro, sin ideas, que hace a la gente dócil, pero ese libro no existe. Las campañas de lectura no te imaginan leyendo Flores en el ático de V.C. Andrews porque ni siquiera se imaginan que tales perversiones quepan en un libro de bolsillo. Pero la saga de los hermanos Dollanganger fue, entre otras cosas, mi primer entrenamiento en la lectura veloz, furtiva, secreta, esa que necesitas por fuerza si vas a leer toda tu vida.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros.

12 agosto 2011

30 libros: uno que se haya demorado mucho en leer


Rayuela, de Julio Cortázar


Me tomó años leer este libro porque siempre lo perdía. Una vez lo dejé encime del toldo de mi coche y arranqué. Otra vez lo dejé en un taxi. Una vez más lo dejé en una fiesta (sí, voy a las fiestas con libros y qué. O más bien iba, supongo que ir con libros tiene que ver con que ya no me invitan). La última vez que lo perdí con todo y una novia (era suyo, me dejó y se lo llevó, de nada sirvieron mis lágrimas).

Cuando por fin lo terminé de leer estaba demasiado grande como para sentirme identificado con el Club de la Serpiente y a la fecha las mujeres que se identifican con La Maga o con Pola me dan tristeza y un poco de lástima. Aunque lo de La Maga medio lo entiendo. Identificarse con Pola me da que es un problema de autoestima. A los hombres que se sienten identificados con Oliveira de plano mejor ni les dirijo la palabra.

Esta no es ni de lejos la mejor novela de Cortázar, ni mucho menos el mejor de sus libros, pero es un libro muy importante para la literatura. Al leer la correspondencia del Gran Cronopio te queda la idea de que él pensaba lo mismo. Era un libro que tenía que escribir, para luchar contra la "pelotudez ontológica" de los narradores argentinos que lo precedieron. La escribió y cambio la naturaleza de la novela para siempre.

Además, el capítulo 7 debe ser culpable de una gran cantidad de embarazos no deseados en las últimas décadas, algo que no cualquier novela puede presumir.


Esta entrada forma parte mi serie de 30 libros.

11 agosto 2011

30 libros: uno que se leyó de una sentada


La historia interminable, de Michael Ende


La lectura de este libro es uno de mis recuerdos más felices de la infancia. Estaba en casa de mi abuela, durante una fiesta familiar, tomé el libro y me encerré en el cuarto de mi tía. Cuatro horas después, ya lo había terminado. No tengo ni idea de cómo lo hice. Nunca había leído tan rápido y nunca lo he vuelto a hacer.

La historia interminable es uno de los libros que más influencia ha tenido en mi vida, en todos los aspectos. Creo que mi concepción de toda la literatura parte de la idea de Fantasía. Todavía en sueños cabalgo con los Pieles Verdes y charlo con La Vetusta Morla.

Esta nota forma parte de la serie 30 libros: recomienda 30 libros en treinta días.

10 agosto 2011

Después de Lalomanu, en Hermano Cerdo

La de ayer, 9 de agosto, es la mejor portada de HermanoCerdo desde que entré a colaborar como editor en la revista. Con el cambio de sitio se levantó la moral del staff, colaboradores y lectores, así que hemos notado una mejora importante en la calidad de los textos. Los invito a que vayan, se den una vuelta y vean si tengo razón o no.

Pero quiero detenerme en la crónica/ensayo que publicamos el martes, "Después de Lalomanu", de Jorge Salavert. Para quien no siga de cerca la revista, les comento que Salavert es la más nueva adición al staff de HermanoCerdo y, entre otras cosas, es una máquina de traducir, que además tiene una mano mágica para gestionar los derechos de traducción.

Este ensayo/crónica, sin embargo, tiene muy poco que ver con la traducción aunque sí mucho con las palabras, con los momentos en que nos fallan, que suelen ser cuando más las necesitamos. Hace unas dos semanas, cuando leí por primera vez el texto, me puse a llorar. Luego le escribí a Salavert para decirle que claro que lo íbamos a publicar. En los días siguientes, lo editamos y lo preparamos para publicación. Le di el texto editado a mi mujer para que lo leyera y también lloró. Como dijo Javier Moreno por Twitter, esta es la crónica más seria y dura que ha publicado la revista en sus cinco años. Es también una de las más tristes y más bellas.

Durante los días anteriores a su publicación me costó trabajo dormir, preocupado de que la presentación que le diéramos fuese la apropiada y que los lectores se comportaran a la altura del texto. Afortunadamente, la respuesta ha sido amable, respetuosa y efusiva. Eso no quiere decir que la crónica me haya dejado descansar. Las palabras de Salavert me han perseguido todos los días desde que leí por primera vez su texto y no me han soltado.

No sé que más decir, excepto exhortarlos a leer "Después de Lalomanu" si todavía no lo han hecho. Quizá podamos encontrar la fuerza de las palabras al compartirlas con los demás.

La ventana que se cierra


Ayer me puse a hacer algo que hace mucho no hacía y me puse a revisar Kobo y la Kindle Store de Amazon para buscar ebooks en español. Amazon tiene unos 4500 y Kobo más de 19,000 (la diferencia la explican libros gratuitos y de autores independientes que llegan, imagino, de lugares como Smashwords).

Pero, ¿de dónde salen tantos libros? ¿Ya está trabajando Libranda con Amazon? ¿Las editoriales españolas están cerrando tratos por su lado? No. Resulta que la mayoría de los títulos de primera línea son de sellos de editoriales norteamericanas (o agentes, como Wylie) que están ofreciendo libros electrónicos en español, obviamente con derechos globales de explotación.

A diferencia de las deprimentes ediciones de Palabras Mayores (de Leer-e), llenas de errores ortotipográficos bastante penosos, propios de no revisar los archivos electrónicos (las famosas "conversiones automáticas"), los ebooks de los sellos norteamericanos están hechos por profesionales, con la calidad de excelencia que esperas de un ebook que cuesta 9.99 USD. Son, digamos, ebooks de verdad. (Con lo cual no quiero desmerecer el trabajo de los profesionales españoles. Santillana y Planeta hacen ebooks excelentes, pero no los puedo comprar desde México, lo cual los excluye automáticamente de la discusión.)

Hace año y medio, conversaba con un buen amigo de esta posibilidad, que los grupos norteamericanos, cansados de ver que no se explotaba el mercado en español, y con una proporción importante de hispanohablantes, comenzarían a buscar la forma de hacerse con el dominio del mismo (que, por otra parte, imaginan más grande y jugoso de lo que es, pero ese es otro asunto). Estas son algunas de las primeras tentativas, que si funcionan —claro, con sendas tiendas de Amazon y Kobo en España, Argentina o México, por ejemplo— podrían cambiar profundamente el panorama de la edición en español. De momento, dejo al lector el apocalíptico ejercicio de todo lo que podría pasar si compañías extranjeras dominan o tienen un buen porcentaje del mercado editorial en español.

Conversaba con este amigo, también, que había una ventana de unos cinco años para que editores, distribuidores y editores en español pusieran en orden sus asuntos y mostraran frentes comunes. En otros mercados, como el francés y el alemán, esos frentes ya se están conformando con fuerza, e incluyen medidas legales, financieras, culturales y editoriales diferentes (porque ni los mercados ni los libros ni los lectores son iguales). El problema es que incluso las previsiones de los más optimistas (entre los que me incluyo) siempre se ven superadas cuando se habla de ebooks. Y parece que esa ventana ya se está cerrando. Mis mejores deseos para los editores, distribuidores y libreros, pero ya es hora de que se pongan las pilas.

09 agosto 2011

De lo complejo a lo sencillo


Hojeaba (¿o será ojeaba?) un libro sobre cómo revisar un texto (Revising Fiction, de David Madden) poniendo especial atención en algunos detalles de la descripción y del diálogo que me resultan especialmente problemáticos. Estos detalles provienen, me temo, de un desarrollo natural en mi escritura, una suerte de sobrecompensación, antes eludía los diálogos y descripciones largos y ahora caigo en el exceso opuesto. Estos son esencialmente problemas sencillos. No son fáciles de detectar, pero una vez que los encuentras, son sencillos de corregir.

Hojeaba, también, algunas cuestiones sobre la trama y la construcción de personajes, que son problemas más complejos y arduos. Ojeaba sobre esto porque desde hace muchos meses, más de seis, me pregunto si debo intentar reescribir una novela o dejarla por la paz. A diferencia de mis problemas con el diálogo o la descripción, son problemas sencillos de detectar, pero corregirlos implica mucho más trabajo y nada asegura que la solución que intente en realidad mejore la historia.

Me pregunto, por ejemplo, si la trama falla porque el protagonista es demasiado débil o, por el contrario, la trama es débil porque no consigue hacer reaccionar al protagonista hasta que ya es demasiado tarde. La respuesta, por supuesto, sólo podría encontrarla a ciencia cierta si reescribo las 150 páginas de la novela aplicando una de las dos teorías. Pero hay un problema de fondo en esto, y ese fondo es que si no sé que lo que sea que digo en esas 150 páginas vale la pena el esfuerzo, o si debo tomar lo aprendido durante su escritura y seguir adelante.

***

Acá necesito meter una pequeña diatriba: ¿en realidad es tan complicado escribir ficción que necesitas décadas de práctica para lograr un buen libro? Me queda la sensación de que algo falla en el corazón de la ficción, en la que a pesar de siglos de novelas, sabemos muy poco, demasiado poco, de los elementos que hacen a un buen libro. Todos los días un joven escritor descubre el agua. ¿A qué se han dedicado los críticos literarios todos estos años?

***
Hojeaba, decía, este libro, y mientras lo ojeaba pensaba en Chesterton, en una nota titulada "Civilización y progreso", en la que argumenta —en un inicio— que la civilización es el paso de lo complejo a lo simple. Dice también que "Un mal relato de misterio se va haciendo cada vez más y más misterioso; uno bueno, es misterioso y cada vez lo va siendo menos." Esa, argumenta, es la diferencia entre un cuento legible y uno ilegible. Me quedé pensando en eso mientras hojeaba el libro sobre como revisar una obra de ficción y me quedé pensando en si todo no se reducirá a eso: a pasar de la complejidad del pensamiento a la simplicidad de los caracteres alfabéticos, uno detrás de otro, en fila, hasta llegar a la luz cegadora de una página en blanco.

05 agosto 2011

La alegría que llegó de Barcelona

Hoy, por fin, llegó mi copia de Quimera 332. A ratos me siento como el burro que tocó la flauta. He entrevistado a James Ellroy y a Mark Z. Danielewski. Vi a The Smashing Pumpkins en vivo. Publiqué un cuento en Quimera.






22 julio 2011

Poemas involuntarios de la Secretaría de Salud


FUMARTE
 QUITA LA VIDA


La mitad de los fumadores
muere antes de tiempo:
(por ejemplo, uno que sería asesinado
murió en su cama;
otro, en vez de atragantarse con un panecillo,
murió de viejo)
Tú puedes ser el siguiente.

Contiene más de 4,000
sustancias, muchas
de ellas venenosas
y otras cancerígenas
(se sabe
mientras más sustancias
¡toda la tabla periódica en aquelarre!
alguna será de origen extraterrestre
o demoniaco).

17 julio 2011

Verano 2011

Es verano en la Ciudad de México y llueve sin parar. En verano todo parece ir más lento, como una película muda, y la lluvia hace de ruido blanco en el trasfondo. Julio amenaza con ser un mes letárgico y al mismo tiempo, da la impresión de que puedes hacer más cosas, llegar a más lugares, mojado, enfermo, pero que el tiempo rindiera para más, como en una película muda.

08 julio 2011

En Quimera

En el número 332 de la revista Quimera aparece un dossier sobre teleseries coordinado por Juan Francisco Ferré. Participo con un relato inspirado en una de mis series favoritas, Damages, que está por cierto está pronta a estrenar nueva temporada. En el dossier hay un montón de gente que admiro muchísimo, como Javier Calvo, Eloy Fernández Porta, Mario Cuenca Sandoval, Agustín Fernández Mallo,  Vicente Luis Mora y Manuel Vilas. Es el primer relato que publico en una revista, así que me siento como el novato al que le tocó salir a jugar en el Pro Bowl.

Ahora, no he visto la revista y pasarán semanas antes de que la vea, así que todo podría ser un sueño. Si es así, no me despierten, por favor.

05 julio 2011

The Devil and Sherlock Holmes


Estoy leyendo entretenidísimo The Devil and Sherlock Holmes, de David Grann, doce historias reales de misterio, del tipo que te hacen pensar que la realidad siempre supera la ficción. La primera historia es justamente sobre el asesinato de un experto en Sherlock Holmes y los papeles perdidos de Arthur Conan Doyle. El mundo de fanáticos y aficionados a la obra de Doyle es fascinante. Se mueve muchísimo dinero en objetos de coleccionistas y hay dos facciones peleadas —literalmente— a muerte, los Sherlockians, fanáticos que estudian al detective de Baker Street como si fuese un ser vivo y se rehúsan siquiera a pronunciar el nombre de su creador, y los Doyleans, serios académicos que estudian la obra de Doyle como si el mundo dependiera de ello.

De Grann ya había intentado leer The Lost City of Z pero no logré pasar del tercer capítulo. La mayoría de los textos de The Devil and Sherlock Holmes se publicaron en The New Yorker, al igual que el que inspiró a Lost City. Pero pasa muy seguido ya que un autor consigue un contrato para transformar una crónica o un ensayo de 20 páginas en un libro de cuatrocientas en el que 380 páginas son pura paja. Es un peligro de leer non fiction (en inglés, en español estas cosas ni existen) que hay que tener en cuenta.

El mejor escritor de quien no has oido hablar


En hermanocerdo.com estrenamos la nueva página con una exclusiva mundial. Entrevistamos a Sergio de la Pava, autor de A Naked Singularity, una de las mejores novelas de la década.
La historia va como un rumor. El rumor es que hay un libro autopublicado que vale la pena. O mejor: hay un libro autopublicado que no sólo vale la pena (cosa que sospechábamos que pasaría tarde que temprano) sino que tiene el músculo para, sin mucha dificultad, batirse de tú a tú con lo que quiera que los medios de distribución tradicionales consideren destacable o incluso excepcional durante la última década. Batirse y masacrar hasta que sólo quede pulpa.
Y el rumor se expande de blog subterraneo gringo en blog subterraneo gringo (de esos que le prestan atención a lo que nadie le presta atención) y con cada iteración el rumor gana sustancia. Ya no es sólo que haya un libro autopublicado de lectura obligada, no. Ahora además se sabe que es una novela sobre abogados, inmigrantes, boxeo y metafísica o algo así. Y también se sabe que del autor no se sabe nada. Se sabe el nombre. Se llama Sergio de la Pava. ¿Y el libro? El libro se titula A Naked Singularity (Una singularidad desnuda), y si no les suena ya era hora de que oyeran hablar de él. 
Lee el resto en Hermano Cerdo.

29 junio 2011

Más fines del mundo

Estoy leyendo The Passage de Justin Cronin. Después de un arranque muy lento (y de más de 200 páginas) se volvió uno de esos libros que no puedes soltar. The Passage es una novela postapocalíptica de vampiros que recuerda a ratos a Murakami de El fin del mundo, a ratos un RPG de consola y en otros ratos más a The Walking Dead. Mientras libro las últimas 400 páginas, me quedo pensando en la proliferación de apocalípsis en la literatura reciente. ¿De dónde viene el deseo de destruir el mundo?

23 junio 2011

¿Todos vamos en el metrobús, o no?


Ayer, mientras volvía en la Línea 1 del metrobús desde Francia a Nuevo León, escuché a un par de trabajadores del sistema de transporte, una policía y un encargado, de que el día de ayer habían golpeado a un policía en Doctor Gálvez. Estuve un rato buscando si había algún parte noticioso del asunto, pero no encontré nada. Así que se quedará en simple anécdota.

Conforme me acercaba a Nuevo León, que es la estación que hace conexión con la Línea 2, la unidad comenzó a llenarse a niveles que parecieran ir en contra del principio de exclusión de Pauli, casi con seguridad arriba de los 240 pasajeros que se supone caben ahí. Como resultado, no pude bajar en Nuevo León, sino que tuve que llegar hasta Chilpancingo, bajarme y hacer el transbordo a pie.

De vuelta en Nuevo León (pero en la Línea 2) me quedé esperando 20 minutos antes de que llegara una unidad, atestada, punto en el cual me di por vencido y mejor me salí, de nuevo, y me fui a comer a casa de mi abuela.

Cada vez es más constante escuchar historias de horror asociadas al metrobús, sobretodo si lo usas en horas pico. Las más de las veces, sin embargo, estas historias de horror no tienen que ver con el servicio en sí, sino con los usuarios: por ejemplo, historias de gente que se para en frente de la puerta y se rehúsa a moverse de ahí para que los demás puedan bajar de la unidad; otro ejemplo relacionado: historias de gente que se para en frente de la puerta, se rehúsa a moverse y sale dispara hacia el andén cuando los que están detrás de él pueden más; también, historias de hombres que entran al frente del vagón, exclusivo para mujeres, niños y ancianos. y luego tienen que ser escoltados por la policía para sacarlos; y una más: mujeres con niños pequeños que entran en la parte trasera del vagón y luego riñen al resto de los usuarios.

El hecho de que la parte frontal de la unidad sea exclusiva para ancianos, mujeres y niños me parece una buena idea, sobretodo en horas pico, porque de otra forma las mujeres nunca conseguirían subirse. Lo malo es que hay muchísima gente, de ambos géneros, que no respeta la división. No sólo no la respeta, sino que insulta a cualquiera que le pida que se cambie de lugar, sea otro usuario, el conductor o la propia policía.

Todos los lunes tomo la Línea 3 por las noches, para ir a la colonia Roma. Como muchos usan la línea para ir hasta Tenayuca, en cuanto se abren las puertas en Etiopía todos corren para tomar un asiento. Esto me parece comprensible. Lo que no comprendo es que los que no alcancen lugar se queden parados en la puerta del andén sin moverse y sin dejar pasar a nadie más. De hecho, si les pides permis para pasar se molestan, como si el hecho de que no te moleste ir parado fuese un crimen.

El metrobús es un pedacito fractal de la Ciudad de México, donde todos tenemos prisa en llegar y todos creemos que las leyes no aplican si se trata de nosotros. No sólo las leyes de urbanidad o tránsito, sino también las leyes de Newton, como comprueban las decenas de automovilistas que creen que el Metrobús va a frenar a tiempo si se le atraviesan. Nadie se da cuenta que su propia actitud egoísta, de ser el primero en subir y el primero en bajar de la unidad —y por tanto quedándose siempre pegado a la puerta—, sólo consigue que el servicio sea más lento y frustrante para todos.

Me gusta ponerme a pensar, en términos de organización y lógistica, en cómo se podría mejorar el servicio. Es fácil pensar en que hacen falta más unidades en horas pico, pero ¿quién las va a manejar? ¿que vas a hacer con esas unidades el resto del día? Algunos teorizan que lo que hacen falta simplemente son más líneas, para distribuir mejor la carga de pasajeros.

Con todos sus problemas, el Metrobús sigue siendo una de las maneras más rápidas, seguras y cómodas de viajar en la Ciudad. Pero la falta de unidades y el acomodo de las estaciones es sólo la mitad del problema. La otra mitad somos los usarios, ¿y cómo vamos a arreglar eso?

Nota: Cualquier comentario que incluya las palabras "Ebrard", "Peña Nieto" "Gobierno", "perredista", "Calderón", "burgueses" o "nacos" será borrado en cuanto lo vea, sin importar que tanta gracia me haga.

17 junio 2011

París-Brest de Tanguy Viel

Echaba de menos una novela que se pudiera leer tranquila, sin demasiado esfuerzo, pero que a la vez no fuera una simple caminata en el parque. La respuesta llegó en forma de París-Brest de Tanguy Viel. Viel es famoso (aunque por acá no es muy famoso que digamos) por mezclar tramas de novela negra con la morosidad y la prosa reflexiva de Proust. También se dice que es un multiventas en su tierra y algún crítico exaltado dijo que con esta novela "ha desnudado una parte de la sociedad francesa de provincias." A mi en general la emoción con la que se ha recibido esta novela me parece un poco exagerada.

En lo esencial, París-Brest es la historia de una familia de estafadores, con la diferencia de que ninguno de ellos se asume como tal, sino que se ven como respetables aunque infortunados miembros de la clase media alta de Brest. Hay unas obligatorias comparaciones entre París y Brest y también hay mucho mar y gaviotas, que es como uno que nunca ha estado en Brest se lo imagina. Pero la voz del protagonista es notable en su inquinia (y en ese sentido me recordó a los protagonistas de las novelas de Antonio Ortuño) pero al mismo tiempo la naturalidad de la narración es bastante envidiable. Esa naturalidad hace que la novela sea un goce de leer, pero también te deja la sensación de que Viel se está luciendo por lucirse.

En fin, que quizá este sea el tipo de novelas en las que la emoción desmedida de la crítica les juegue en contra. Pero, en un mundo en el que la mayoría de los autores jóvenes publican sólo buenas intenciones, Viel resalta por la solidez de su prosa, su desenfado en la narración y sí, en su capacidad para mezclar el género negro con el paseo literario.

16 junio 2011

El lector como un animal en extinción, 2


Se puede, porque se puede según me dicen, sobrevivir sin leer. Yo no sé cómo. Los únicos años de mi vida en que no leí (entre los 18 y los 22 o 23) son los peores años de mi vida. Pero, ¿cómo sobrevive un lector?

A propósito de la entrada de ayer, me acordé de persecusiones de libros memorables. En cierta ocasión perseguí un libro de un extremo a otro de la ciudad, desde Ciudad Universitaria hasta Satélite. Manejé durante horas, me perdí y pagué una pequeña fortuna por un libro que, hace unos cinco años, terminé regalando. La chica que en aquel entonces era mi novia me acompañó en todo el camino y de las pocas que recuerdo bien de ese día es que no se la estaba pasando nada bien. También recuerdo como pasé semanas buscando por todos los lugares donde se vendían libros en inglés una copia de Crash de J.G. Ballard (la encontré en el extinto Tower Records de la Zona Rosa).

Hay libros que me tomó años encontrar, como Los tres impostores de Arthur Machen (ahora tengo toda su obra en e-book). Hay libros que perdí más de tres veces antes de acabarlos: Rayuela y A Confederacy of Dunces. Algunos, como Las teorías salvajes, se volvieron una decepción después de tanta búsqueda, y otros fueron caprichos de un momento que se volvieron de los más entrañables, como el Atlas descrito por el cielo de Goran Petrovic.

Trato de pensar en libros que alguien me recomendó y se volvieron importantes. Sólo recuerdo dos, El diccionario jázaro (mucho mejor el libro que quien lo recomendó) y House of Leaves (que me recomendó Amazon). A últimas fechas, selecciono mis nuevas lecturas de entre los blogs literarios que leo, de los libros que recomiendan y de los que escriben esos blogs. En gran parte les debo a ellos que estos últimos años hayan sido de felicidades lectoras.

Pero nada de esto explica, me temo, como sobrevive el lector, como es que no se da por vencido (aunque muchos lo hacen, parece).Hay gente me escribe para que le recomiende una serie de libros o lecturas para empezar su experiencia de lectores. No tengo corazón para decirles que pierden el tiempo, que si no salen buscar esos libros por sí mismos, nunca los van a encontrar. O más bien no tenía el corazón para escribirlo, porque lo acabo de hacer.

La lectura es una actividad elitista. Requiere de tiempo libre, recursos materiales y educación para entender lo que se lee. Sospecho que la de los lectores es una especie distinta al grueso de la especie humana. Que son mutantes, aunque no mutantes como los que salen en X-men, pero mutantes al fin y al cabo. Lo triste, creo, no es que muchos puedan leer y no lo hagan, sino que hay hermanos mutantes allá afuera que sienten que algo les falta y ese algo es un libro y ese libro nunca va a llegar.

15 junio 2011

El lector como animal en extinción


Esto es lo que nuestros vecinos del norte llaman un rant y no hay que leer mucho más que eso en lo que sigue.

Quería leer El mundo de ocho espacios porque lo recomendó Alberto Chimal. Lo pude haber comprado en PDF en 4 USD, pero como leer libros en PDF es una patada en los dientes, salí a buscar el libro a la librería El Sótano en Miguel Ángel de Quevedo. Para los que no viven en la Ciudad de México, en Miguel Ángel de Quevedo están todas las librerías de la Ciudad (que son tres), el Fondo de Cultura Económica, El Sótano y Ghandi. Digo que hay tres y casi no miento. Si eres rico, puedes comprar en El Péndulo o en Conejo Blanco (que no es una librería, sino una boutique de libros). En el resto de la Ciudad sólo hay puntos de venta de libros, y de esos hay muchos, es decir, lugares donde puedes comprar novedades y sólo novedades. Incluso las sucursales de Ghandi y El Sótano venden más discos que libros. Al final, si quieres buenas posiblidades de encontrar lo que buscas, vas a Miguel Ángel de Quevedo. Si no está ahí, no existe.

Ahora, Miguel Ángel de Quevedo está a cuarenta y cinco minutos de mi casa. Hora y media si sumas el paro de los camioneros. Eso es, entonces, tres horas de viaje, hora y media para ir y hora y media para regresar. Me llevo mi Sony Reader, para ir leyendo The Passage de Justin Cronin mientras llego. The Passage me costó 11.99 y lo tenía en mi e-Reader (en EPUB) en 5 minutos.

Para no hacer el cuento más largo de lo que es, en El Sótano no tenían El mundo de ocho espacios, pero había 12 en su sucursal de Coyoacán. No es la primera vez que pasa esto. Al parecer, en la sucursal de Coyoacán no se paran ni las moscas, así que es un buen lugar para ir a buscar los libros que ya están agotados en todas partes. Así que a tomar otro camión, caminar hasta el centro de Coyoacán, perderme (siempre me pierdo en las partes de la Ciudad que no me gustan), pelearme con el hombre de seguridad para no dejar mi eReader en paquetería, porque ya se sabe, las librerías están más preocupadas por que no te robes sus libros que por venderlos, buscar 20 minutos a alguien que pueda buscar en la base de datos el libro, diez minutos para que lo encuentre porque no está donde debería, pagar (eso sí es rápido, no hay nadie en la caja) y enfrentar el embotellamiento de regreso.

En resumen, cuatro horas para comprar un libro. Y tengo suerte, porque podría vivir más lejos (al fin es la ciudad más grande del mundo) o vivir en una ciudad de provincia donde ni siquiera hay librerías.

Exagero. Sé que exagero. Pero vivo en un país donde hay una inútil Ley del Libro diseñada para proteger a librerías que sueñan con ser zapaterías. Donde muchos amigos queridos viajan por todo el país presentando sus libros pero nadie puede comprarlos porque los representantes de las editoriales (las más, del Estado) no llegan, donde a los editores de las grandes casas la única justificación que se les ocurre ante el precio de los libros es que también hay libros de 20 pesos. ¿Así cómo vamos a leer?

08 junio 2011

La juventud y la crítica



Llevo años leyendo, con gusto, el blog de Eduardo Huchín, aunque hasta unas pocas semanas nunca lo había visto. A pesar de ello, me gusta pensar que es mi amigo, al menos tan amigo como puedes ser de alguien porque lo lees con constancia y disfrutas lo que escribe. Me dio mucho gusto ver que había quedado entre los finalistas del concurso de crítica de Letras Libres. Más gusto me dio cuando lo ganó, con esta crítica sobre Decencia, de Álvaro Enrigue. Me gustó mucho la reseña porque resulta bastante complicado escribir una buena reseña, "más amplia de lo que exige el tema, con una posición crítica" cuando te enfrentas a un libro tan malo. Me gustó que encontrara una forma de hablar de algo más interesante a partir de una novela fallida.

No iba a anotar mucho más sobre este asunto porque en teoría lo literario se acaba ahí. Me llamó mucho la atención que Enrigue publicase una nota en El Universal descalificando la reseña antes de que se publicase. Me llamó la atención pero tampoco me extrañó, en parte por las circunstancias que el propio Enrigue describe en su nota y en parte porque los escritores son primero personas y luego escritores (igual que los críticos), con la desventaja de que pertenecen a un gremio en el que el resultado de su trabajo se somete al escrutinio (y escarnio) público que, por razones todavía insondables para mí, ese mismo público no ejerce sobre sus gobernantes —o al menos no todo lo que quisiera.

Que a un escritor que ha publicado en Letras Libres le sorprenda que publiquen una reseña negativa sobre su último libro en dicha publicación habla mucho sobre el tipo de revista que es Letras Libres, pero quizá como nadie esperaba más de dicha revista no se hizo hincapié en este punto. Que en pleno 2011 la nota de Enrigue iba a correr como reguero de pólvora por Internet (el famoso efecto Streisand) e iba a hacer la reseña mucho más notoria y discutida —incluso cuando nadie la había leído— era inevitable.

Thays replicó la polémica en su Moleskine Literario, diciendo "¿Realmente puede salir tan mal? ¿O esta es una nueva reseña-ajuste-de-cuentas de la literatura latinoamericana? Habrá que leer la novela". El problema es que las proposiciones no son exclusivas. Sí puede salir tan mal, sí puede estar bien fundamentada la reseña —que, no olvidemos, se eligió de entre diez en la segunda fase de un concurso— y de todas formas ser un ajuste de cuentas, porque lo primero es literatura, lo segundo crítica literaria y lo tercero política.

Pero, como decía, no iba a comentar más sobre esto, pero una entrada en el blog de La Tempestad, firmada por la redacción, hace hoy eco de esta situación y merece ser comentada a profundidad. Los escritores viven y mueren bajo la premisa de que todo lo que escriban puede ser usado en su contra y esta la nota de la redacción de La Tempestad es muestra de ello. Esto incluye la nota de Enrigue, que apareció en un diario de circulación nacional, pero también la cuenta personal de twitter de Huchín, al igual que comentarios vertidos por terceros, también escritores, en Facebook y Twitter aunque no los citen por su nombre (y se queden en "alguna defensa".)

En primer lugar, dice la nota que la reseña de Huchín "entre otras cosas, confirma la crisis de la crítica literaria mexicana". Esto me parece una exageración. La crítica literaria mexicana pasa por un buen momento, pero como en casi todas las literaturas del mundo, ese buen momento se lo debe a Internet. Creo que ya no es un secreto para nadie que la mejor cobertura literaria en cualquier idioma hoy en día está en línea. Confundir la crítica literaria mexicana con la mediocridad de la crítica en Letras Libres (en el número que aparece la de Huchín, solo valen la pena su reseña y la de Fernando García Ramírez) me parece una hipérbole.

Pero en segundo, y que es en realidad la razón por la que escribo esto, es que la nota dice que:

Es una opinión interesante [la de Álvaro Enrigue], que habla de una peculiar concepción de la literatura, donde la disciplina artística es confundida con una carrera en la que hay parcelas, una casa, vaivenes de políticas editoriales y, sobre todo, jóvenes ambiciosos.
La clave es el adjetivo peculiar. La concepción de la literatura como carrera no me parece que sea peculiar de Enrigue, sino al contrario, me parece una idea bastante extendida. Lo comenté hace ya tres años. Sí, son pocos los canales y es poco el dinero para la producción literaria en México. Sí, eso despierta pasiones tristes. Despierta pasiones tristes porque esos pocos canales y ese poco dinero son indispensables para que el escritor pueda escribir, ya no digamos vivir con dignidad. Pero como ya han señalado otros mucho mejor que yo, la situación se debe en gran parte a que la cultura en México depende totalmente del Estado, que es a la vez el mayor editor y el mayor comprador de libros en el país y compite de manera desleal con los particulares para mantener ese control.

No me parece peculiar pensar que se puede hacer una carrera en un país en el que hay un trámite burocrático con requerimientos claros (tener 35 años, al menos tres libros publicados, premios y crítica sobre tu obra) para obtener el reconocimiento oficial como escritor, beca incluida. Esos tres libros se pueden escribir y publicar con sendas becas para jóvenes creadores auspiciadas por el Estado en lo que llegas a los 35 años reglamentarios. Los premios los proporciona el Estado y las críticas se intercambian con otros jóvenes escritores y se publican en revistas que edita o subsidia el Estado. Lo único que falta en ese sistema son lectores, pero el Estado también puede proporcionar un sustituto en forma de estudiantes acarreados.

Ahora, yo creo que la forma en que un país edita, distribuye, vende y promociona sus libros es determinante en la calidad y cantidad tanto de escritores como de lectores. El sistema mexicano asegura una producción literaria endogámica, en la que se presta poca atención a lo que sucede en el resto del mundo, a las potentes literaturas argentina y española, a las discusiones literarias del mundo anglosajón, donde también se presta poca atención a lo que sucede en el resto de las artes. Acá cabe resaltar que justo una de las pocas publicaciones que se encarga de luchar contra ese proceso, con bastante éxito, es justamente La Tempestad.

Pero por todo lo anterior no estoy de acuerdo en que "nada de esto tiene que ver con la literatura". Tiene que ver todo con la literatura que Letras Libres, una revista con un sesgo ideológico y político claro sea considerada todavía como un referente para medir el nivel de la crítica del país. Tiene todo que ver que sus posibles ajustes de cuentas todavía ameriten una nota. Tiene todo que ver con la literatura que un escritor de la generación de Álvaro Enrigue choque con un escritor de la "generación del temblor" como Eduardo Huchín, porque lo que hay detrás de las pasiones tristes y los exabruptos hay un choque entre la cultura de los medios masivos impresos y sus columnas de opinión y la del escritor joven cuyas herramientas son los blogs, las redes sociales y el Photoshop.

Al contrario, parecería que lo menos importante es lo otro. Decencia es muy mala pero es un tropiezo sin importancia. Nadie le va a quitar su cartilla de escritor al autor de un libro de cuentos tan enorme como Hipotermia, aunque alguna vez también haya sido joven y escrito La muerte de un instalador, libro que no envejece con dignidad, ni aunque esa nota en El Universal no nos deje una buena opinión sobre él. La reseña de Huchín es buena, sí, pero cualquiera que lea sus blogs (en especial su otro blog, que no vinculo porque no quiero problemas con Google) sabe que Eduardo escribe de diario mucho mejor y sobre cosas mucho más interesantes, aunque quizá ahora tendrá más cuidado de lo que escribe en el twitter. Letras Libres es Letras Libres y seguirá usando la literatura para cualquier otra cosa salvo para hablar de literatura, hasta que quiebre o el país se consuma en llamas.

Y también todo esto es literatura, porque como le encantaba decir a Terencio, Homo sum, humani nihil a me alienum puto.

06 junio 2011

Constatación brutal del presente, de Javier Avilés

Escribir sobre Constatación brutal del presente (CBDP), la primera novela de Javier Avilés, es muy difícil. Es difícil porque es una novela sobre el lenguaje, sobre el lenguaje escrito y sobre la narración. Aún más, es una novela sobre la imposibilidad de la narración.

Mi reseña de Constatación brutal del presente ya está en la revista de los campeones, Hermano Cerdo.

31 mayo 2011

CBDP + SQPAFDM

¿Pero qué es esto que tengo en mis manitas?

¿Y quién es este tipo que se ve tan inteligente y además colabora en Hermano Cerdo?
Manuel fue el viernes a la venta nocturna de editoriales independientes al Centro Cultural de España y compró, de la mano del editor, las dos únicas copias en México (a saber) de Constatación brutal del presente, de Javier Avilés. Pero por boca del mismo editor, se sabe que dentro de un mes Almadía comenzará a distribuir el libro en todo el país.

Tomo esto como una señal de que es hora de subir la reseña a Hermano Cerdo.

Luego, acaban de anunciar que Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera, está entre las finalistas para el Rómulo Gallegos. Para mí, es el equivalente a que los Bills de Buffalo volvieran a llegar al Supertazón. Quizá sea que Yuri tiene un aire a Jim Kelly o simplemente a mi deseo hollywoodesco de que por una vez el chico bueno gane el premio, se lleve a la chica y cabalgue hacia el horizonte.

Como quien dice, un día redondo.

28 mayo 2011

Plaga Zombie

Porque no sólo de literatura vive el hombre, esta nota es sobre la construcción de un juego de mesa. Como sé que la temática se sale un poco de lo habitual, pongo el resto después de un doblez.

17 mayo 2011

Hielo negro


Sí, que el premio. Sí, que el postnarco. Todo el mundo está perdiendo el punto.

Y el punto es que Lizzy ha vuelto.

(Por cierto, que jefa está la portada.)

13 mayo 2011

Teoría del Caos responde


Como servicio a la comunidad, Teoría del Caos responde algunas preguntas formuladas por el servicio de autocompletar de Google:

Is technology helping love rats?
No. In fact, I would argue to the contrary.

Is technology good or bad?
Technology isn't inherently good or bad. People use techonology in good ways or in bad ways. That being said, there are certain technologies, like Windows 7 or dentist drills that are universally bad.

Is teleportation possible?
Theoretically, yes. In the last two decades there have been some promising advances. But have you seen Cronenberg's The Fly?

Is Tera Online free?
No.

Is teaching the right career for you?
I don't think so. No.

Is Texas East or West of Arizona?
Most days, East.

Is television destroying literacy?
Come on! I thought we were blaming twitter for destroying literacy this days.

Is technology killing leisure time?
Let me answer your question with a question. Why do you think I'm writing answers to Google's autocomplete questions instead of, say, staring at my ceiling?

Is Teller mute?
Nope. I'm sure the Vatican does hope that Penn would be mute, though.

12 mayo 2011

08 mayo 2011

Fin de semana de películas

Este fin de semana nos pusimos al día con varias películas que se nos habían pasado de la cartelera.

 Season of the Witch resultó una agradable sorpresa. Bastante bien hecha, entretenida y bien pensada. No se merece un Oscar, pero es bastante disfrutable.

The Tourist también fue un rato bastante ameno y divertido, aunque media hora antes del final ya sabes cómo va a terminar.

Pero la que se lleva todos los honores, y merece ser vista al menos un par de veces, es Fast Five. Es muy extraño ver que un blockbuster haga lo que se supone que tiene que hacer: tenerte en el borde del asiento toda la película. Fast Five resulta un milagro porque no sólo es muy entretenida, sino que sorprende. ¿Quién iba a a decir que la mejor película de una serie iba a ser la quinta? No se la pierdan. La secuencia final es espectacular.

07 mayo 2011

Cuatro tesis

a) Una novela debe ser mejor que su sinopsis,
b) Una novela debe ser mejor que sus spoilers (de trama y de teoría),
c) Una novela deber ser mejor que la frase más citada en sus reseñas,
d) Una novela debe ser mejor que sus buenas intenciones.

06 mayo 2011

Leyendo The Pale King, 5 (y último)

David Foster Wallace o el Moderno Ozymandias
Los últimos capítulos fueron una reconciliación con Foster Wallace. Mientras leo las notas finales (y por cosas que ya me había comentado Javier Calvo) es claro que lo que leemos es sólo el primer aliento de The Pale King. Quizá el capítulo 46 sería el final de una primera parte de la novela que, en realidad, abarcaría unas 1500 páginas.

Y es que, como ya dije antes, The Pale King es una novela sobre la vida de la mente. Esta no se reduce a aceptar el tedio de la vida adulta o a aprender el valor de la disciplina y la capacidad de elegir a qué le prestamos atención. Los últimos capítulos bosquejan otros temas posibles, por ejemplo, cómo reaccionamos ante lo que dicen los demás, es decir, sobre si es posible mantener un pensamiento libre ante las presiones externas o sobre la capacidad de relajarnos y no pensar en nada ante un bombardeo constante de estímulos. La imaginación, por hacer notar un caso particular, es algo que se esboza en algunos de los fragmentos más breves pero nunca se explora a profundidad.

Sin embargo, así como nos llega The Pale King no es mas que la ruina de lo que pudo haber sido. Su propio carácter de inacabada es un comentario sobre su tema. Me da miedo.

Quiero cerrar estas notas de lectura con una reflexión que al menos ha mi me ha resultado aplastante. Mientras leo las notas finales, me encuentro con cosas como esta:

3 high end players—Glendenning, Special HR guy Glendenning needs to find gifted examiners, Lehrl. But we never see them, only their aides and advance men.

o esta:

A lot of stuff about Drinion, his manner of paying attention, should be implicit, or should unfold over a much longer time.

o esta última:

End pt. 1. In pt. 2 (forthcoming?) Rand describes, quickly, how they got romantically involved.

Las notas finales son valiosas porque nos dan una perspectiva de lo que pudo haber sido la novela. Pero más importante, nos demuestran que David Foster Wallace no era un genio que se sentara de golpe a escribir frase tan frase brillante sin esfuerzo. Sus notas, al contrario, son bastante pedestres  y algunas parecen incluso estúpidas. Pero el tipo se sentaba con una idea, tomaba montones de notas y luego trabajaba muy duro, probablemente más duro que los demás dada su enfermedad mental, para transformar esas notas banales en algunos de los mejores momento de la prosa en habla inglesa. Esto es aplastante porque es más sencillo y cómodo pensar en Foster Wallace como un semidiós cuyo nivel de técnica y profundidad de ideas es inalcanzable (para algunos, es inalcanzable incluso leerlo).

En una entrevista que hace en Alemania a propósito de Infinte Jest, Wallace dice que ha preferido escribir así porque de esa forma sabía que sus lectores eran al menos tan inteligentes como él. Puede parecer la expresión de un ego desmesurado, pero tras leer The Pale King, te das cuenta que es una expresión de puro respeto y optimismo en la raza humana.