30 diciembre 2006

Año nuevo

Esta es la última nota del año en este librillo de memorias. No me dejo de preguntar si esto significa algo. ¿Qué significa el año nuevo? ¿Acaso importa? Si fuera chino, habría festejado el año nuevo hasta el 18 de febrero; si fuera judío, lo habría festejado el cuatro de octubre. ¿Significa algo el hecho de que pase un año más? ¿No es sólo otro pretexto para aumentar las ventas de los comerciantes? ¿Tendrá algún sentido que el año comience el primero de enero?

Cuando Rómulo inventó el calendario, el mes de enero ni siquiera existía. Después, cuando Numa decretó su existencia, no era como el primer mes, sino el undécimo. El año de los antiguos romanos comenzaba en marzo, el mes dedicado a Marte, como cabría esperar de un pueblo guerrero como los quirites. Es por eso, amable lector, que diciembre suena más bien a diez, y no a doce, así como noviembre a nueve, octubre a ocho y septiembre a siete. En aquellos tiempos, en que lo común era designar la cuenta de los años con el nombre de los dos cónsules que servían ese año, comenzando por el 1 de marzo. No sería sino por una decisión política que el inicio del calendario se movería a enero.

Sin embargo, no todo en el calendario es arbitrario. Los meses son doce y no diez porque este número es divisible entre dos y tres y cuatro, lo que nos permite tener semestres, trimestres y cuatrimestres, que representan una fracción del año. El año dura 365 días, que es casi el tiempo que le toma a nuestro planeta darle una vuelta al sol. Es decir, el tiempo suficiente para haber experimentado las cuatro estaciones en carne propia, haber sobrevivido a las penurias propias del verano y del invierno, sembrado en la primavera, cosechado en el otoño.

Festejar el nuevo año es festejar que sobrevivimos, que seguimos aquí, que queremos más. Es celebrar que viajamos más de novecientos millones de kilómetros sólo para regresar al mismo punto, un año más viejos y, con algo de suerte, más sabios y quizá también un poco más mareados. Sencillamente, celebrar que estamos vivos. Y a diferencia de los antiguos romanos, que comenzaban cada ciclo en el mes dedicado a la guerra, nosotros comenzamos el nuestro en el mes dedicado a Jano, el dios de las puertas, de las encrucijadas, de los comienzos y de los finales.

Así pues, no me queda más que desearles a todos, lectores errantes, asiduos, amigos viejos o nuevos, conocidos en persona o sólo por sus letras, ¡Feliz Año Nuevo!¡Dicha y prosperidad en la Tierra!¡Nos vemos el año que viene!

23 diciembre 2006

La trama del Huso de Natalia González Gottdiener

Llegué tarde a la presentación, así que no tuve oportunidad de escuchar ninguno de los veinte poemas que componen este libro. Eso sí, tenía una enorme predisposición a que fueran terribles. Asistir a la presentación de un poemario casi es augurio de desastre y más si la autora es tu compañera, estudiante de Letras en la UNAM. Así que estaba preparado para poner mi mejor sonrisa hipócrita y decir que el libro me parecía ¡ma-ra-vi-LLO-so! aunque fuese el equivalente poético a una patada en la boca.

Afortunadamente, estaba muy equivocado. Los poemas que componen La trama del Huso son poemas serenos, de versos tranquilos y reflexionados. Los temas de los poemas, el desgarramiento del tiempo, la nostalgia, el deseo sin insatisfecho, se presentan de forma concreta, sin aspavientos, pero con buena música y buena intención. Son, en otras palabras, poemas verdaderos y no líneas cortas escritas en la servilleta de un café de Coyoacán. Poemas, también, para degustarse uno por uno o en conjunto, acompañados por los atinados dibujos de Laura García Renart, que agregan profundidad y se comunican amablemente con los poemas de Natalia, sin estorbarles.

El libro, producido por una editorial pequeña, La mirada del agua, tiene un admirable cuidado en todas y cada una de sus páginas, lo cual no deja de extrañar en esta época de editores aficionados, de casas grandes y pequeñas. La trama de Huso brilla también por la atención que se le ha puesto al detalle.

Este es el primer poemario de Natalia González, y es suficientemente bueno para augurarle un futuro en la poesía. Es decir, no cabe esperar aquí al poema que cambie el destino de las letras mexicanas, pero si una voz fresca, joven, pero no por eso inmadura, que presenta su propuesta sin vacilación y también sin vanagloria, lo que es, sospecho, la intención de la autora. En definitiva, un poemario que da gusto leer.

Eso sí, también sospecho que un poemario un tanto difícil de conseguir. Lo mejor sería contactar directamente a la autora, que mantiene su propio librillo de memorias en Sombra del instante. Si le dicen que viene de mi parte les dará un descuento especial.

Los dejo con el más breve de los veinte poemas de La trama del Huso:

ADAGIO

Natalia González Gottdiener

Tu boca

ese pequeño abismo

me devora lentamente.

Eragon de Stefen Fangmeier

¡Atención, estudiantes de cine del mundo! Eragon, la película basada en el bestseller de Christopher Paolini, se acaba de volver parte importante de sus actividades curriculares. Es el mejor ejemplo, a últimas fechas, de cómo NO se debe hacer una película.

Una pequeña nota para los devotos de la novela: no la he leído, y dado el resultado de la película, dudo mucho hacerlo. Sin embargo, me parece justo decir que cabe la posibilidad de que la novela sea al menos pasable y en realidad sólo la adaptación sea lo que conforma una parte de esta receta para un fracaso más en la historia del cine fantástico.

Eragon cuenta la historia de un granjero homónimo, elegido para revivir la vieja orden de caballeros monta–dragones, salvar al mundo de la opresión y acabar con el Imperio del mal. Si esto suena a calca vil de la premisa de Star Wars (1977) es probablemente por que lo es. En éste pésimo debut como director, Fangmeier incluso alcanza a homenajear la serie de Lucas con algunas tomas, que resultan más bien una burla grotesca de original.

Pero mejor vayamos por partes. Eragon es una pésima película porque consigue fracasar en todos y cada uno de los aspectos que conforman cualquier cinta. En primer lugar, están los talentos de los actores vilmente desperdiciados; tanto John Malkovich como Jeremy Irons y Robert Carlyle interpretan una burda parodia de sus papeles más afortunados, y los jóvenes Sienna Guillory, Edward Speleers y Garrett Hedlund se confunden, pensando que en realidad están grabando una nueva versión de Beverly Hills 90210.

Las labores actorales se vuelven aún más patéticas, en segundo término, gracias al espantoso guión de Peter Buchman, que se las arregla para que todas las frases de la película suenen a cliché, en el mejor de los casos, o a que sólo existen para llenar las dos horas y media de tortura que comprende esta película. El mejor diálogo de Jeremy Irons es “Tres partes tonto, una parte valiente” y el de John Malkovich, “Sufro sin mi piedra. Tráemela. No dejes que sufra”.


Tampoco ayuda, en tercer lugar, que la dirección de arte, el maquillaje y el vestuario de la película haga de esta cinta “épica” parecerse más bien a un capítulo con demasiado presupuesto de los Power Rangers. Después de las cuidadas producciones de El Señor de los Anillos (2001, 2002, 2003) y Troya (2004) el espectador no puede imaginarse este descuido como una falta de respeto. Incluso cintas como Willow (1988), de un tiempo en que el cine fantástico era de facto un cine de bajo presupuesto, tiene una ambientación más cuidada.

Si los aspectos anteriores son terribles, el siguiente, la edición, es causa de risa. Hay tantos errores de continuidad que no vale la pena ponerse a contarlos. Los personajes pierden y ganan heridas, cicatrices, caballos y hasta escenarios diferentes. Gracias a la espantosísima edición, la cinta se vuelve casi incoherente. Si Eragon fuese una película compleja, eso quizá hubiera sido tan notorio. Con una trama tan sencilla, es imposible no darse cuenta de los errores y la falta de oficio.

Por último, pero también lo peor, el director Stefen Fangmeier no debería de volver ninguna otra cinta en su vida. Su trabajo con la cámara es deplorable. No sabe donde colocarla, donde moverla, ni como establecer un plano desde el cual la acción pueda fluir. Es claro que sus fallas como realizador ayudan a que fallen también el resto de los aspectos de la película.

Obviamente, se podría pensar, como en muchas películas de Hollywood, que los efectos especiales podrían salvar a Eragon. Tristemente, este no es el caso. En el mejor de los casos, las imágenes computarizadas de los dragones, se logra un efecto aceptable, en los peores casos, los efectos especiales parecen retroceder veinte años en el tiempo, y en una escena memorable por mala, dignos de El chapulín colorado u Odisea Burbujas.

Evítenla como al recaudador de impuestos.

22 diciembre 2006

CAPITÁN López, por favor

Este año ha sido uno muy intenso, lleno de momentos de gran alegría y otros de muchísima tristeza. Éste, por efímero y superfluo, quizá sea uno de mis momentos favoritos:


Así que durante los siguientes cuarenta minutos, todos pueden decirme Capitán López Villamar.

20 diciembre 2006

Hermano Cerdo 10

El universo no es un reloj y Dios la mano que le da cuerda. El universo no es un reloj eléctrico y Dios la batería.

Philip K. Dick

Ya está en línea el número 10 de la revista Hermano Cerdo:

HermanoCerdo, revista underdog, cierra el 2006, y como nuestros venerables abuelos marxistas, nos hemos reunido en el consejo de redacción para hacer autocrítica y para escribir nuestros propósitos de año nuevo. No ha sido fácil sacar el número en estas fechas. Mauricio Salvador se la ha pasado de compras navideñas, Javier González sigue buscando a Di-s, Javier Moreno se consiguió otra mascota, mi hermano se muda a mi departamento y yo sigo rumiando el viejo hueso de la depresión navideña. Uno de los propositos es sacar la revista en papel el próximo año, y no hacer una presentación por cada número como suelen hacerlo las revistas independientes. La otra es publicar más ensayos sobre Juan Rulfo y Borges porque ciertos lectores comienzan a sospechar de nuestros respectivos nacionalismos. Por eso HermanoCerdo convoca al "Primer Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo y Jorge Luis Borges" -no nos contentamos con uno solo-, que se celebrará en nuestra propia feria del libro, en la colonia Narvarte, del 21 al 27 de enero de 2007, en el marco de las jornadas narvarteñas. Habrá música, baile, payasos, consignas revolucionarias, y yo pongo un cartón de chelas. Argentina y México son de un pájaro las dos alas. Naciones hermanadas en el populismo nacionalista y bajo la égida del Fondo Monetario Internacional.
Puedes descargarla en la página de Hermano Cerdo.

13 diciembre 2006

La V de victoria: Julio Suárez recuerda, brevemente, a Víctor Jara y Violeta Parra.

En dirigible con los cuates


Sólo me falta un trabajo para terminar el semestre, después de lo cual podré volver a escribir normalmente en esta memoria. En lo que llega ese momento, quisiera invitarlos, a quien quiera unirse, a la lectura grupal de Against the Day, la última novela de Thomas Pynchon, que estamos llevando acabo en el blog The Chumps of Choice. Si se están animando o piensan animarse a pedir la novela por amazon.com o comprarla en su librría multilingüe favorita (la mía es Libros, libros libros), no estaría de más que se dieran una vuelta.

11 diciembre 2006

La Voz del Destino (1984 --> 2006)

Ahora es 1988. Margaret Thatcher está en en el tercer periodo de sus funciones y habla con confianza de una línea ininterrumpida de líderes conservadores hasta bien entrado el nuevo siglo. Mi hija menor tiene siete años y en la prensa amarillista se menciona la idea de crear campos de concentración para personas con sida. La policía antimotines una visores negros, como sus caballos, y sus camionetas tienen cámaras de video giratorias montadas en el toldo. El gobierno ha expresado su intención de erradicar la homosexualidad, incluso como un concepto abstracto, y uno puede especular sobre cuál será la próxima minoraría contra la que se promulgarán leyes. Estoy pensando en reunir a mi familia y salir pronto de este país, en algún momento dentro de los próximos años. Es frío y es malvado y ya no me gusta estar aquí.
-- Alan Moore, V for Vendetta

07 diciembre 2006

Magia vs. Magia

Hollywood tiene una tendencia a hacer las cosas de dos en dos: dos películas de volcanes, dos películas de asteroides que se impactan sobre la Tierra, dos películas de ... lo que sea que se les ocurra. en esta última temporada, aparecen dos películas sobre magos, y cuando digo magos pienso aquí en David Copperfield, no en Gandalf el Gris. The Illusionist, traducida aquí como El ilusionista y The Prestige, El gran truco, en español.

La primera cinta, The Illusionist, estelarizada por Edward Norton, y basada en una historia (que no he leido) del ganador del Pullitzer Steven Millhauser, cuenta la historia de un prestigitador en la Viena de inicios del siglo XX, que a partir de su oficio hace tambalearse la monarquía. La segunda, The Prestige, estelarizada por Hugh Jackman (Wolverine) y Christian Bale (Batman) cuenta la historia de dos magos rivales que sacrifican todo por ser los mejores en su arte. Esta última película está dirigida por Christopher Nolan, autor de maravillas como Memento e Insomnia y maravillas comerciales como Batman Begins, y basada en una novela (que tampoco he leído) de Christopher Priest.

[Edward Norton en El ilusionista]

Leo lo siguiente, hace poco, en una nota del blog de Marcelo Figueras:
The Prestige es infinitamente superior. Quizás porque, de ambas, es la que entiende mejor cuál es la pulsión que mueve a un ilusionista [...]

Así como en el fondo de cada truco exitoso existe una decepción, Nolan nos frustra cuando recurre a un elemento sobrenatural (que aunque disfrace de científico sigue siendo imposible ante nuestros ojos) para llevar la trama a su conclusión. Pero imagino que esta trampa debe ser aceptada del mismo modo en que aceptamos las otras, cuando acordamos suspender nuestra incredulidad para que el ilusionista de turno nos llevase a otro mundo por el precio de una entrada de cine. El mismo Angier pide disculpas a su manera sobre el final del film, cuando asume ante Borden el móvil común y confiesa que sería capaz de hacerlo todo, ¡todo!, con tal de escuchar las exclamaciones de asombro y ver los rostros asombrados, casi niños, del público que presencia su acto.

No existe narrador de verdad que no concuerde con Angier. Vivimos para encantar, aunque nos vaya la vida en el intento.

Figueras se las apaña en su nota para no contar el desenlace de la cinta. Si no piensas ir a ver The Prestige puedes enterarte del desenlace leyendo la reseña de Gustavo Faverón, con la cual por cierto, estoy completamente de acuerdo. Dice Gustavo que "los dos grandes trucos finales son explicados de modo incoherente" y eso a Figueras le parece asombroso. A mi me parece terrible.

[Bale y Jackman en El gran truco]

Figueras olvida películas en las que el ser "impulsados a creer en una realidad que es tan sólo producto de nuestra imaginación" se resuelve de forma mucho más elegante, como en la celebrada Mulholland Dr. de David Lyinch o en la infravalorada Avalon de Mamoru Oshii. El develar la ilusión final, como demuestran estas dos cintas, no se tiene que hacer a costa del espectador, por medio del engaño. Tan válido hubiera sido que al final todo el acontecer de The Prestige resultara el sueño de uno de sus protagonistas, o que un dinosaurio gigante del futuro se comiera a los dos protagonistas. Como todo buen truco de magia, asombra hasta que se conoce el secreto.

Es por eso que The illusionist es muy superior a The Prestige. En la cinta estelarizada (magistralmente, como siempre) por Edward Norton, el truco nunca se revela como tal, aunque como espectadores, estemos esperando toda la cinta el momento del descubrimiento. Queda como un testamento al amor por el encatamiento y la magia. ¿Era magia verdadera o un simple truco? El espectador puede sacar sus propias conclusiones. La obligación del narrador es encantar, como bien señala Figueras. Revelar el secreto es darse por vencido.

05 diciembre 2006

Children of Men de Alfonso Cuarón

Probablemente la mejor película del año

En circunstancias bastante extrañas, discutía ayer con mi padre Children of Men, la nueva película de Alfonso Cuarón, que aquí en México lleva el espantoso y literal título de Niños del hombre. En mi opinión, Children of Men es probablemente la mejor película del año. De acuerdo a mi padre es más bien una película algo floja. Más allá de que el gusto se rompe en géneros, los invito a escuchar las dos opiniones, a modo de reseña.

Children of Men se ubica en un futuro cercano, donde el terrorismo ha hecho presa del mundo y sólo el régimen fascista de la Gran Bretaña ha logrado sobrevivir más o menos entero. Este régimen se apoya en dos puntos principales: capturar y encarcelar a todos los inmigrantes ilegales e investigar las causas de la pandemia de infertilidad humana, que ha provocado que en al menos dieciocho no haya habido ningún alumbramiento. Contra el totalitarismo, se levantan algunas organizaciones radicales, como The Fishes, y el misterioso Human Proyect.

Aquí, de acuerdo a mi padre, comienzan los problemas de la película. El trasfondo le parece forzado y poco creíble, más una alegoría que un futuro posible, lo que demerita más adelante en varios puntos de la trama de la película. Contra esto, tengo que decir que el mundo ideado por Cuarón, el fotógrafo Emmanuel Lubezki, y el brillante equipo de dirección de arte, compuesto por Ray Chan, Paul Ingis, Stuart Rose y Mark Stallion, es visualmente deslumbrante, detallista y terriblemente crudo, con una fuerte atención a la iluminación y al balance de las tomas, a la recreación (o invención) de un futuro orgánico, totalmente alejado del fascismo a la Disney de filmes como V for Vendetta o Demolition Man.

[Así se ve el Reino Unido del futuro en Children of Men]

En cuanto a las actuaciones, que mi padre encuentra algo regulares, ambos coincidimos en resaltar las enormes tablas que demuestra el veterano Michael Caine, que interpreta a un rico y decadente ex hippie, un papel que no debería sorprender a nadie le diera varios premios a quien alguna vez interpretara a Devon en El auto increíble. Tanto Clive Owen como Julianne Moore se muestran suficientes en sus protagónicos, pero son casi devorados por una plétora de actores secundarios en papeles coloridos y profundos.

Más allá de todos los brillos de la película, su máximo fulgor radica en la excepcional dirección de Alfonso Cuarón. El director de cintas como Y tu mama también y Harry Potter y El prisionero de Azkabán da en esta su más reciente cinta una muestra de virtuosismo que lo ponen en el mismo nivel de directores como Stanley Kubrick y Orson Welles. No creo exagerar. Children of Men es el debut de Cuarón como verdadero cineasta.

Las muestras de ese virtuosismo abundan en la cinta. La más polémica, es una secuencia en la que una mujer da a luz en un cuarto dilapidado, mientras Clive Owen hace de partera. El alumbramiento no usó efectos especiales, sino que es complemente real. Otra escena, la más espectacular, es un enorme plano secuencia, con más de cincuenta actores, en la que el personaje de Clive Owen se abre paso entre el fuego de decenas de rifles y un tanque, avanzando unos doscientos metros en la calle, entra a un edificio, sube varios pisos de escaleras, tiene un diálogo con otros dos personajes, todo eso mientras hay un asedio sobre el edificio, y finalmente se aleja. Todo lo anterior, como ya dije, en una sola toma.

[Un cuadro del espectacular plano secuencia]

Más allá de la dificultad técnica de estas escenas, hay una clara intención detrás de ellas, como de todos los desplazamientos de cámara de la película. No hay sólo un despliegue de capacidad técnica para impresionar al espectador, sino que hay una ética detrás de todas y cada una de los planos de Alfonso Cuarón. La cámara se transforma, en Children of Men en un ojo crítico, que se cuestiona la “realidad” en la que se encuentra, como si buscara retratar un conflicto real, dando al espectador (por espectador entiéndase: el lector) todos los elementos para realizar un juicio.

Esta ética está reforzada por el montaje de la cinta, cuyos elementos sirven además para introducir nueva información, de forma que toda la exposición esta dada por los elementos del transfondo en vez de por voz de uno de los personajes, lo que le da un mayor peso para elaborar la verosimilitud de la historia. Otro elemento del montaje que me impresionó es el uso de la música en la cinta, ya que toda ella es incidental, es decir, sólo escuchamos lo mismo que los personajes escuchan, no hay soundtrack.

Todos estos elementos fílmicos, por cierto, no fueron suficientes para que mi padre le diera su visto bueno a la película. La razón se encuentra en la trama. Eso quiere decir que si no has visto Children of Men deberías de dejar de leer la reseña en este momento y volver después de haberla visto. Considérate advertido.

Theodore Faron, el personaje de Owen, es comisionado por Julian Taylor, líder de The Fishes, interpretada por Julianne Moore, para llevar a Kee, una adolescente negra, milagrosamente embrazada, hasta un misterioso barco controlado por The Human Proyect, bajo la premisa de que esta organización puede servirse de Kee y su hijo para resolver el problema de la infertilidad y por tanto devolver la esperanza a la raza humana. Para lograr su cometido, Faron debe escapar del gobierno, de varios grupos terroristas y de los fantasmas de su pasado. Es decir, la trama es, hasta cierto punto, predecible.

[Theo Faron y Juilan Taylor]

Hay varias sorpresas, por ejemplo, el hecho de que el personaje de Moore muera muy pronto en la cinta, de una manera especialmente cruda o que mucho más tarde en la cinta decubramos que Theo Faron y Julian Taylor estaban casados y tuvieron un hijo, Dylan, que murió en la infancia. Estos giros de la trama fueron los que molestaron especialmente a mi padre, que los encontró poco creíbles y sensacionalistas.

En una de las escenas clave de la cinta, justo después del ya mencionado plano secuencia del asedio al edificio, Kee y The Faron escapan gracias al arrobamiento casi iniciático que experimentan todas las personas a su alrededor al ver al bebe recién nacido, lo cual mi padre encontró exagerado, al igual que el final abierto de la cinta, que deja muy poco claro si ha valido o no la pena el esfuerzo del protagonista.