24 abril 2008

¡Soy popular!

Ya lo había leído en el blog de Gustavo Faveron. La forma de puntuar en Blogalaxia ha cambiado y con ella esta memoria electrónica, que en sus mejor días había llegado al lugar 254, pero de común llegaba cerca del 400, ahora está en el lugar 184. Este nuevo ranking ha provocado, curiosamente, que el número de visitas diarias se multiplique por 3. Desafortunadamente, mi otra memoria no tiene tanta suerte y de hecho ha caído mucho.

La razón, Teoría del Caos tiene el honor de estar referenciada por algunos de los pesos pesados de la blogósfera hispana, la otra memoria no.

Los misterios de la popularidad en internet...

Más sobre Orn

Hace cosa de un mes escribía una reseña sobre Orn, de Quim Bou, y ahora me encuentro con alegría en la red con una excelente reseña del cómic en Adalides: Orn, de Quim Bou.
En definitiva, está reseña, mucho más exhaustiva que la mía, no hace
más que confirmar que estamos ante una gran obra. Vale la pena leerla.

23 abril 2008

La tiranía de las efemérides

* Se cumplen diez años de la muerte de Octavio Paz y se organiza toda suerte de aspavientos. Lo curioso es que el año pasado se cumplieron nueve, pero no hubo aspavientos.

* En teoría, muy en teoría, el medio literario está plagado de algunos de los individuos más creativos sobre la faz de la tierra. Son tan creativos que tienen el siguiente pensamiento: se cumplen diez años de la muerte de Octavio Paz, ¡hagamos aspavientos!

* Carlos Fuentes cumple ochenta años en noviembre. ¡Hagamos aspavientos!

* Hace unos días Fernando del Paso cumplió 73 años. ¿Y los aspavientos?

* Se entiende que la creatividad del medio cultural tiene una fascinación estúpida por los números cerrados, por las muertes y por los cumpleaños. Bendita creatividad.

* Mientras tanto, en la tierra de los lectores, alguien lee una copia de Hambre de Knut Hamsun. Han pasado 118 años de su publicación, 53 desde la muerte de su autor, 88 de que recibiera el premio Nobel. No son números cerrados, pero si hay aspavientos.

16 abril 2008

A propósito de que leer es malo para tu vida sexual, Mauricio replica que No eres tú, son tus libros:

Hace unos años, me despertó una llamada de una amiga. Acababa de cortar con un novio al que aún amaba y estaba desesperada por justificar su decisión. “¿Puedes creerlo?”, me gritaba al teléfono, “Ni siquiera ha oído hablar de Pushkin”.
Y sí, me ha pasado.

14 abril 2008

Fragmento

Nostalgia de Ámsterdam

de

Jean Lesevere

que cuenta la historia de un marinero checo que se encuentra varado en Lituania durante el invierno, en una de las peores nevadas de la historia, cuando, de pronto, uno por uno, todos los habitantes de la posada en la que se está quedando Milan, que ese es el nombre del marinero, empiezan a desaparecer en circunstancias misteriosas y, de acuerdo al gordo y tuerto Bronislovas, dueño de la posada, también sobrenaturales. Unos pocos huéspedes, liderados por el capitán Joachim von Stahler, deciden enfrentar al meteoro antes que sufrir la suerte incierta que los espera dentro de la posada. Bronislovas y el resto de los huéspedes, mientras tanto, se reúnen en el cuarto común todas las noches para contarse historias de fantasmas y de naufragios, ya que hay muchos marineros como Milan que no pueden partir gracias a la nevada. A pesar de sus mejores intentos, cada noche un sopor terrible se apodera de ellos y cuando despiertan por la mañana siempre falta un hombre más.

Eventualmente sólo quedan dos personas, Milan y el hostelero Bronislovas. Como este último sabe que podría ser su última noche en la tierra, saca todas las provisiones de la bodega, que en un principio temía no fueran a ser suficientes para mantener a toda la posada durante la nevada, y él y el marinero comen y se emborrachan hasta que dan cuenta de todo, incluso vomitando en varias ocasiones lo bebido y comido hasta llenarse de nuevo. Entonces el viejo Bronislovas le dice a Milan que le tiene una sorpresa y saca de una caja de madera tallada una vieja escopeta de caza. Milan inmediatamente comprende la mirada del posadero, uno de ellos debe matar al otro para después suicidarse, asegurando de esa forma que no correrán la oscura suerte del resto de los hombres. Sin cruzar palabras, se echan a suertes el dudoso honor de empuñar el arma. Milan resulta ganador. El viejo Bronislovas se suelta en llanto y le pide un último favor a Milan, a lo cual el checo inmediatamente acepta. El marinero se inclina y el posadero le susurra unas cuantas palabras al oído; el otro asiente, le pone una mano en el hombro e inmediatamente después dispara. Antes de decidirse a disparar contra él mismo, se sirve un último trago de vodka, que bebe muy lentamente y antes de dar el último sorbo escucha golpes contra la puerta. Totalmente borracho y aterrorizado, Milan abre fuego contra la puerta, que apenas se astilla, y luego se desmaya.

De pronto, la acción de Nostalgia de Ámsterdam se traslada a Buenos Aires, quince años después de lo anteriormente narrado, cuando un joven abogado encuentra en la puerta de su casa a un mendigo, a punto de morir de hambre y de frío y que en un extraño acto de piedad decide alojar en su casa hasta que se recupere. El abogado Urbieta desoye todas las quejas de su esposa Josefina y también de Aleja, el ama de llaves, e instala al mendigo en el cuarto de huéspedes. Durante la primera noche una fiebre terrible amenaza con enviar a la tumba al pordiosero, pero una eficaz y atinada intervención del doctor Zubiaga salvan al enfermo, que se recupera lento pero seguro, hasta que un buen día ya está en condición de sentarse en la cama, aunque aún no puede hablar, asegura el doctor, y desoyendo de nuevo las réplicas del ama de llaves y de su esposa, Urbieta decide que el mendigo puede quedarse hasta que se recupere por completo.

El primer día de la primavera, Josefina descubre con alegría que el huésped ya no está en la cama, aunque también siente un poco de miedo, pues teme que le hayan robado. Entonces escucha ruidos extraños fuera de la casa y asomándose por el balcón descubre al huésped trabajando en el jardín de la casa, que, nos enteramos en una larga digresión que ocupa todo un capítulo, había caído en el olvido tras la muerte del padre de Urbieta, víctima de asaltantes de caminos durante un viaje de negocios. Emocionado por ver de nuevo restablecido el jardín paterno y desoyendo de nuevo las quejas de las mujeres, el abogado contrata al mendigo, que ya para este momento se ha convertido en un hombre saludable aunque taciturno, para cuidar y arreglar las plantas.

Varios meses después, llega a la casa Urbieta la joven sobrina de Josefina, recién egresada de una academia de París. Se da a entender, sin mucho énfasis, que la joven perdió a sus padres en temprana edad y Josefina es lo más cercano que tiene a una madre. Sin tener ningún conocido en Argentina, más que el abogado y su esposa, la joven pasa sus tardes vagando por el jardín e inevitablemente traba amistad con el jardinero. A todo esto, el abogado Urbieta es un hombre muy reservado y se ha decidido a no preguntarle nada de su pasado a su nuevo cuidador, resuelto a ofrecerle una nueva oportunidad en la vida. Sin embargo, por una vez cede ante la insistencia de Josefina y de Aleja la descubrir la amistad naciente entre el hombre y su sobrina política, una amistad que comienza lentamente a transformarse en algo más, y resuelve preguntarle a su nuevo sirviente acerca de su pasado. El hombre le revela que su nombre es Milan y es un prófugo de la justicia en Europa, por haber matado a un hombre durante un lapso de locura temporal. Tras ser condenado a muerte, logró escapar sobornando a un guardia a cambio de un par de gemelos de plata, su herencia familiar, y viajó como polizonte en un barco hasta América. Su conciencia, sin embargo, no lo permitía descansar al recordar “los terribles actos cometidos en un momento de demencia” y se entregó a la bebida, no sabe por cuanto tiempo, hasta que el buen abogado lo rescato de la muerte. Urbieta queda impresionado por la honestidad de Milan, el cual agrega que gracias al abogado se ha dado cuenta de que quedan cosas buenas en el mundo y que aunque decidiera entregarlo a la justicia ese simple hecho le basta para estarle eternamente agradecido. Poniendo sus manos sobre las del abogado, le dice con la mirada firme y clara que tiene su destino entre sus manos. Urbieta, en vez de entregarlo a la justicia, jura nunca contarle a nadie lo que acaba de escuchar, siempre y cuando Milan prometa hacer lo mismo. Éste accede, pero además le confiesa que está enamorado de su sobrina y desea proponerle matrimonio. Ambos hombres se miran a los ojos nuevamente y “algo profundo, atávico, parece asomarse desde el fondo de sus miradas, como si fueran dos lobos que se reconocen en la noche y deciden unir esfuerzos para reducir a la presa”. Sellan su trato con una botella de champán.

La acción de la novela se traslada a Rosario, dos años después, cuando Milan y su esposa llegan a su nueva casa. Urbieta le ha conseguido un excelente trabajo a su yerno y la joven pareja no podría parecer más feliz. Todas las tarde, Milan llega del trabajo para pasar una hora arreglando el jardín de su casa, luego cena con su esposa y los dos se retiran entre risas y susurros a la habitación matrimonial. Diez meses después, Josefina recibe una carta de su sobrina, anunciándole que acaba de dar a luz a una niña, a la cual ha decidido llamar como su tía. Es entonces que el temperamento de Milan comienza a cambiar. En un principio, se vuelve más taciturno que de costumbre y con el paso de los días se torna francamente hosco. Por las noches le cuesta conciliar el sueño y, cuando finalmente lo consigue, habla en una lengua extraña. Comienza a frecuentar las tabernas, a descuidar el jardín y llega cada vez más tarde a su casa. Finalmente, su esposa lo confronta. Le dice que lo ama profundamente y que por tanto no se atreve a dejarle, pero que si no le confiesa que es lo que lo atormenta se arrojará del balcón hacia su muerte. Tal es su desesperación que prefiere dejar huérfana a su hija que seguir soportando la transformación de su adorado marido en un despojo humano. El hombre llamado Milan no sabe como reaccionar, así que da la vuelta y se está a punto de irse, cuando su mirada se fija en un punto de la puerta y algo en ella lo decide a volverse y revelarle la verdad a su esposa.

En realidad, su nombre no es Milan, sino Joachim von Stahler, y antes de llegar a América era un capitán de un navío mercante. Procede a relatarle a su joven esposa la historia con que comienza la novela, justo hasta el punto en que el capitán decide abandonar la posada maldita y probar suerte con la nevada. El frío cobra la vida de todos sus acompañantes, pero el es rescatado por un grupo de soldados, que se había separado de su unidad en Klaipéda a causa de la tormenta y que tras revivir al capitán y escuchar su historia deciden volver a la posada de Bronislovas a investigar lo sucedido. El capitán toca sin respuesta la puerta de la posada, pero pocos segundos después, escuchan disparos y los soldados derriban la puerta. En el interior, descubren el cuerpo inerte del posadero y al checo Milan, que es rápidamente desarmado, sometido y apresado. Ese mismo día la nevada amaina y los soldados llevan al marinero a Klaipéda, donde rápidamente es enjuiciado y condenado a muerte.

Antes de la ejecución, el capitán von Stahler pide hablar con el checo. A pesar de estar bastante malherido, Milan se ve tranquilo, casi se diría agradecido de su suerte. Se niega a hablar de lo que sucedió en la posada, aunque agrega que lo único que lamenta de su muerte es no haber cumplido el último deseo de Bronislovas, susurrado a su oído antes de que lo ejecutara. Joachim, que dice conocer la importancia de esas promesas, jura a Milan cumplir la voluntad del posadero. El marinero hace una señal al capitán para que se acerque y en una voz que es casi un suspiro le dice unas cuantas palabras. Inmediatamente después, los soldados toman a Milan y lo escoltan hasta un muro de piedra. El condenado es colocado de espaldas y se le vendan los ojos, contra su voluntad. A causa del frío, varios de los fusiles no disparan y cuando termina la descarga el marinero no está muerto sino malherido. El capitán Joachim von Stahler lo remata con un tiro de su propia pistola y ese es justo el punto donde decide interrumpir su narración.

Su esposa, sin embargo, le ruega que le diga que es lo que le susurro el verdadero Milan al oído, al cual primero el capitán se niega, pero cuando ella vuelve a amenazar con quitarse la vida, decide confesárselo. Ambos se abrazan mientras él le dice en un murmullo las mismas palabras que le ha escuchado decir tantas veces en sueños, sólo que esta vez en su idioma. Una lágrima única se escapa por el rabillo del ojo de la esposa del capitán.

“—Comprendo—, dice ella. —Ahora que lo sé, debes matarme.

“El capitán salió de la habitación y regreso unos minutos después, empuñando la pistola que le había regalado Urbieta la tarde antes de su partida a Rosario.

—Leí una vez que si una pistola aparece en el primer acto de una obra, debe dispararse en el último. Ahora se cumple ese plazo definitivo—, dijo. Y abrió fuego”

Nostalgia de Ámsterdam termina con una carta, en la cual la oficina de aduanas notifica al abogado Urbieta y a Josefina el fallecimiento de su sobrina y de su esposo. “La policía”, dice la última línea de la novela, “aún trabaja para esclarecer los hechos”.

--Fragmento de "El elefante Blanco"

11 abril 2008

Consejos para ser un buen escritor


Leo en Fábrica de polvo: 20 consejos para ser un buen escritor, sin duda una buena lista de consejos, de cosas que no hay que olvidar cuando estamos redactando un texto. El problema es que son eso, consejos de redacción, que no de escritura. Muchas veces, me encuentro con textos bien redactados que no por eso están bien escritos. Y viceversa, que quizá sea todavía más importante.

09 abril 2008

Y sí...

Junot Díaz se ganó el premio Pulitzer por The Brief Wondrous Life of Oscar Wao. Como comenta Mauricio Salvador en el blog de Hermano Cerdo:

Tengo la curiosa sensación de que, al menos en México, la novela y la narrativa de Junot Díaz no tendrá mucho impacto. Mis razones para decir esto es que los narradores mexicanos escriben más sobre violonchelos y sobre el lenguaje mismo que sobre culos y niños gordos. Por una razón que no logro entender nuestros escritores (extravagantes y sofisticados, que se mueven casi siempre en las orillas del lenguaje, adonde llegan en botes salvavidas unos cuantos lectores privilegiados) no se interesan por nada que tenga que ver con culos.
Por otro lado, a Luis Panini el libro no le gustó. Lo cierto es que la traducción de su cuento "Alma" en Hermano Cerdo no se me hizo gran cosa. Es decir, es un muy buen cuento, pero cuando lo leí no dije ¡Dios mío, a este tipo le van a dar el Pulitzer! De todas formas, a menos de que algún alma caritativa me la preste, creo que va a pasar un buen rato hasta que lea la novela, así que por el momento quedaré como un bocón.

Cuestión aparte es el asunto de los culos y los niños gordos. En este mundillo de las memorias electrónicas uno ve pasar huracanes literarios (y editoriales) en España o en Estados Unidos o en Alemania y los libros nunca llegan a México. ¿Pues a que juegan los editores?

07 abril 2008

Leer es malo para tu vida sexual

Leo en Beam TV Tres Libros que NO debes de leer si quieres conseguir novia en la adolescencia, tres libros que en definitiva te cambian la vida en la adolescencia (aunque no se si pasaría lo mismo si se leen más tarde): Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y 1984. Sobre el libro de Bradbury, comenta:

La ansiedad que me produjo la sociedad en donde Guy Montag vivía me llevó a despilfarrar cuanto dinero me llegaba a las manos en libros. ¿Ropa nueva? No, libros nuevos. ¿Lentes Ray-Ban de 1800 pesos? Para que, con eso se pueden comprar 10, 20 libros. ¿Tenis Nike para impresionar morritas? Para que, hay que comprar mas libros, siempre se tienen que comprar más libros.

Ese era, quizá todavía soy yo. En una de mis pocas citas románticas cuando tenía dieciseis recuerdo que sólo pensaba en cuantos libros me podría haber comprado con el dinero de la cuenta (y que probablemente me lo habría pasado mejor leyendo). "Para acabarla de amolar, Clarisse McClellan sient[a] un precedente
idealizado en cuanto a la compañía femenina, dificil de equiparar." Ni hablar. Yo no puedo reducir el comentario al género femenino, pero vivir entre personajes ficticios hace que muchos seres de carne y hueso te parezcan insulsos y mal dibujados. Creo que, a la fecha, sólo me rodeo de personas dignas de protagonizar una novela.

Quizá el Beam tenga razón de que leer restringe tu vida sexual durante la adolescencia, pero creo que conforme entras en la edad adulta la tendencia cambia, quizá por las razones equivocadas, pero cambia. ¿Cuantas chicas no habrán caido por que algún listillo les susurró al oido, de memoria, algún pasaje de Rayuela? ¿Cuantos chicos no habrán caido por una que supo hablarles como la Maga?

Hagamos un experimento: cita tres libros que SÍ debes de leer para conseguir novio.



05 abril 2008

Nota sobre Nocilla Dream

Esta semana por fin terminé de leer Nocilla Dream y por fin entiendo a qué se debe tanta discusión los Nocilla Men y la poesía antipoética. Nocilla Dream es una novela o más bien algo que se dice es una novela por motivos de comodidad. Está compuesta por una serie de textos unidos por una cierta estética y unos cuantos motivos temáticos. Principal entre ellos es el desierto, tanto en su presencia física así como en su carga metafórica. Predomina también la cita, la referencia y la glosa. Estamos, pues, ante un texto posmoderno.

Mucho se ha escrito ya sobre las extrañas piruetas narrativas de Agustín Fernández Mallo, sobre la relación que plantea entre la ciencia y la literatura, sobre la mirada peculiar que arroja sobre la vida de comienzos del siglo xxi. Lo más importante para mi es que Nocilla Dream se lee de una manera distinta a casi cualquier otro libro; para caer en el lugar común, es refrescante. Es, quizá, el punto de partida de una nueva generación literaria, de verdaderos textos para el nuevo siglo.

01 abril 2008

Bad Wrong Fun

En el argot de los juegos de rol, Bad Wrong Fun (en buen castellano, bad gruon fon) es algo que se dice cuando una persona se la está pasando bien con un juego que “obviamente” es muy malo. Específicamente, es algo que se dice al acusador de que se está jugando a un juego que es “obviamente” muy malo. Es, ante todo, una burla y una forma de decir, sí, claro, puedes decirme que lo estoy haciendo mal, que estoy equivocado, pero me la estoy pasando bien, ¿cómo explicas eso?

Bad Wrong Fun es parte del argot de los juegos derol, también es un concepto que bien puede aplicarse a la literatura, especialmente a la literatura. ¡Estás leyendo a Stephen King! ¿Te gusta Milan Kundera? Si no has leído a Phillip Roth estás perdiendo el tiempo con otros autores. El fenómeno de la Bad Wrong Fun está bien extendido en la literatura. Dependiendo del lugar y la compañía, está mal que te guste la poesía de Benedetti, está mal que te guste leer sagas de fantasía o de ciencia ficción, está mal que te guste leer novelas de Paco Ignacio Taibo II, está mal que encuentres estimulantes las novelas de Jorge Volpi.

Lo curioso es que, a diferencia de la cultura de los juegos de rol, la Bad Wrong Fun rara vez se denuncia, es muy raro encontrar alguien que se plante y diga, no importa lo que me digas, Ángeles Mastreta es una delicia para leer. En vez de eso, muy de vez en cuando aparece una apología, una defensa tímida, sobre las lecturas propias. Quizá una de las voces que más se ha alzado ante este fenómeno es la del novelista francés Daniel Pennac, que en Como una novela escribió sobre los derechos del lector:

* Derecho a no leer
* Derecho a saltarse las páginas
* Derecho a no terminar un libro
* Derecho a releer lo ya leído y volver sobre lo mismo
* Derecho a leer cualquier cosa
* Derecho al Bovarismo (enfermedad de transmisión textual)
* Derecho a leer en cualquier parte
* Derecho a picotear varias cosas a la vez
* Derecho a leer en voz alta
* Derecho a callarse la opinión sobre lo leído

De entre todos estos derechos, quizá el más importante es el derecho a no leer. A la par, también, debería estar el derecho de leer lo que se te de la gana. Pero si uno abre una página cultural al azar, parecería que Daniel Pennac nunca escribió nada. El Bad Wrong Fun domina. Si uno asiste por error a una tertulia literaria, descubrirá pronto que el Bad Wrong Fun es un deporte.

No hablo de ninguna manera de la crítica literaria (si es que eso todavía existe) ni de la simple expresión de un gusto. A mi, en efecto, no me gusta la poesía de Mario Benedetti, ni las novelas de Ángeles Mastreta. Me refiero al comentario perenne de suponer que lecturas hay unas mejores que otras y que, por supuesto, el gusto propio está basado en una serie de fundamentales verdades estéticas y morales. Parece que tampoco escribió nada Derrida, que el efecto de la relatividad sobre el pensamiento artístico ha sido nula.

¿Y que hay de malo con la Bad Wrong Fun? Divide a los lectores (a los que quedan), que en vez de unirse ante la extinción de la especie se involucran en un fratricidio inútil. Es una forma de agresión, de ignorancia, de aparentar inteligencia. “El deseo de parecer inteligentes suele impedir que lo seamos en verdad” decía, más o menos, La Rochefocauld. La lectura en verdad no sirve para nada, pienso cada vez que en una discusión aparece la espalda negra de la Bad Wrong Fun.

Comentario aparte, variedad curiosa de la Bad Wrong Fun literaria, el que te dice no leas a Carlos Fuentes porque no me dio la mano, no leas a Saramago porque el tipo es un pesado, no leas a X porque es —homosexual, emo, judío, borracho, abstemio, mujer, rico, pobre, pelón o popular.

¿Y qué es lo que con más frecuencia se anota como Bad Wrong Fun en los juegos de rol? A un estilo de juego que consiste en patear la puerta, matar a los monstruos y quedarse con el tesoro, es decir, lo que hacen todos los días los millones de jugadores de World of Warcraft. Aquí también se puede hacer un símil, sin muchas ganas de generalizar, con el submundo cultural de la Ciudad de México. Parece que su único interés es patear la puerta e insultar a los de al lado en un intento por quedarse con su dinero. Pero eso ya no es Bad
Wrong Fun
. Tampoco tiene nada que ver con la literatura.