Ir a Libros, Libros, Libros es como una peregrinación a La Meca. Llegar es la mitad de la aventura. Caminar de la casa al metro. Transbordar en Tacubaya. Bajarse en la estación Auditorio y tomar un camión que suba por Palmas. Bajar en Monte Líbano y caminar cinco calles hasta el Superama. Luego: dos horas revisando libro por libro todos los estantes, de rodillas a veces, de pie a veces: leer en susurros las contraportadas de los libros que parecen buenos pero que no tienes ni la menor idea de quién es el autor. Mirar con dolor el precio de los libros. Devolverlos con tristeza y prometer que se volverá por ellos en otra ocasión, pero también: tomar ese libro y llevarlo a la caja y pagar y salir a la calle con el libro en las manos y caminar las cinco calles cuesta arriba hasta Palmas y tomar un camión a la estación Auditorio del metro y transbordar en Tacubaya y caminar a la casa y echarse en la cama y ponerse a leer. Y leer. Y leer.
Primeras impresiones de Bohemian Rhapsody Ok. Bohemian Rhapsody . Esta película me provoca sentimientos encontrados. Tiene muy buena factura. Algunos de los efectos especiales no son de la mejor calidad, pero es una biopic con efectos especiales: eso habla de un deseo de contar la historia de la mejor manera posible. El diseño de arte y el vestuario soberbios. Quizá dignos de un Oscar. ¿Pero la historia? No puedo ser nada objetivo porque no sólo me sabía la letra de todas las canciones, también sabía todas y cada una de las cosas que iban a pasar, incluyendo muchos de los diálogos. Pero me queda la impresión de que la historia nos queda debiendo mucho. Quizá sea el cambio de director a media producción, quizá la intromisión de los miembros sobrevivientes de la banda que cuidan demasiado la imagen de Mercury, quizá sea, como dice Brian May a media película, que las audiencias norteamericanas –para las que existe esta cinta– son puritanas en lo público y perversas en lo privado, pero...
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