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Hace poco terminé la lectura de
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas de Haruki Murakami, una novela que mezcla sin esfuerzo realidad y fantasía. Justo ahora acabo de ver
Franklyn (Gerald McMorrow, 2008) —que pasará a la historia por inventar la Iglesia de las Manicuristas del Séptimo día— y resulta un complemento perfecto a la novela de Murakami. Me parece curioso, también, que las dos obras dependan tanto de la atención a los detalles: un lector distraído encontraría ambos trabajos superfluos y quedaría decepcionado o confundido por el final.
Comentarios
Saludos,
Óscar