30 abril 2007

Lectura única


Pieza única es la nueva novela del escritor serbio Milorad Pavic que acaba de ser traducida al español. Puedes aprender más sobre esta novela en el sitio de la editorial Sexto Piso. La novela ya lleva un poco de tiempo en anaqueles, pero no me había enterado de su aparición porque nadie había hablado de ella entre las memorias que leo, las cuales suelen mantenerme informado de las novedades que me interesan, quizá porque tampoco se habían enterado de su aparición. Como sé que hay más seguidores de de Pavic que leen Teoría del Caos, pensé en dejarles el aviso de que es hora de que ¡vayan corriendo a comprarla!

26 abril 2007

Pequeño post

Pequeño post es una marca registrada de The art of fiction. Usado sin permiso.

Pocos escritores me devuelven la fe en la literatura cada vez que los leo. Uno de ellos (una ella, por cierto) es Espido Freire. Leo Primer amor, un ensayo que publicó en el 2000 y que relaciona el amor y los cuentos de hadas. Ya hablaré más del libro cuando lo termine. Mientras tanto, quisiera preguntarles, ¿cuáles son los escritores que nunca les han fallado? Me refiero a aquellos que consideran son siempre una garantía, sin importar extensión, tema o género.

Mi propia lista es corta: Cortázar, Borges, Bolaño, Thomas Pynchon, Espido Freire, Javier Marías y Lawrence Durell. En cuanto a la poesía, esa confianza sólo se la prodigo a Jorge Manrique y a Paul Valery. Como podrán notar, de la lista corta sólo dos pueden producir todavía nuevas obras. Lo bueno es que leer o releer a cualquiera de ellos me hace recordar la alegría de leer, la complicidad de leer, el júbilo de leer.

Estoy seguro de que ustedes conocen más escritores así, y me gustaría escuchar cuales son.

25 abril 2007

Tario, desconocido

¿Fatuidad o melancolía ese afán de tantos hombres en ir dejando escritos sus nombres por todas partes?

Bien vista, la literatura mexicana es como el país que la produce. Como México, su literatura es caótica, sucia, extraña. Tal como su tierra: la literatura mexicana produce flores en el desierto. Como sus ciudades, la literatura mexicana pasa del asombro al esperpento en una sola página. La literatura mexicana es ignorante, insular, cosmopolita, conocedora, elegante, ruín, vivaz, egoísta, colorida, ambiciosa y cabizbaja. Como México, su literatura es milagrosa.

Sólo en México pudo haber existido Francisco Tario: un escritor brillante, adelantado a su tiempo, que se las arregló a pasar desapercibido. Más bien: sólo en México un escritor brillante, adelantado, pero ignorado, mantiene vivo un círculo de lectores, a pesar de que sus libros hayan dejado de ser editados durante décadas, a pesar del silencio de la crítica, a pesar de haber escrito en un país donde nadie lee (libros, ya se sabe).

Si la literatura de Tario, libros como La noche o Equinoccio, se hubieran conocido en toda Latinoamérica al momento de su aparición, el destino de esa literatura hubiera cambiado. No creo estar exagerando. Quizá Tario lo sabía o lo suponía y es por eso que prefirió no entrar en los juegos sociales y políticos que requería (requiere) jugar para ser alguien en las letras mexicanas. Tal vez Tario estaba confiado en que su obra perduraría. También es probable, y yo me inclino por esta opción, que no le importara mucho lo que pasaría con su obra ni con la literatura en general.

Eso sigue sin explicar como, tras la obra de Tario, se funda una leyenda y una secta: una leyenda de libros nunca vistos, pero que muchos han leído. Repito: libros que muchos han leído, con emoción, en un país sin lectores. Son libros extraños, en los que se han tratado de ver relaciones con Rulfo y Arreola, pero que en realidad sólo tienen que ver con Tario. Libros en los que se siente la influencia de autores como Villiers de l’Isle-Adam, aunque el escritor nunca lo ha leído. Lectores fantasma de una obra fantasma publicada en libros fantasma, redactados e imaginados por un autor fantasma, con influencias igual de fantasmagóricas. ¿Quién hará sido el primer lector de Tario? ¿Llegará el momento en que aparezca el último?

Tal y como van las cosas, los libros de Tario se seguirán leyendo tras la desaparición del papel, de los libros, de la literatura, de los seres humanos. Esa secta extraña que regala libros de Francisco Tario (y quien descubre que pertenece a la secta es expulsado) seguirá existiendo más allá del invierno atómico y del enfriamiento del universo. Como el diablo, el mejor truco de Tario es convencer a los demás de que no existe.

24 abril 2007

Se dice que en México existe una secta secreta —existen muchas— de gente que regala libros de Francisco Tario. Los miembros ignoran que pertenecen a la secta, y en el momento en que lo descubren son expulsados de ella.

23 abril 2007

El final de la literatura


¿Qué es lo que esperaban encontrar aquí, en este mundo menguado? ¿Por qué insisten en construir, si saben que la destrucción es inevitable? ¿Por qué ansían vivir, cuando saben que todas las cosas perecerán? ¿De dónde vienen los sueños, la esperanza, la vida? ¿A dónde van? Todas estás cosas... Yo las destruiré.

22 abril 2007

Temporada de mariposas


Por segundo año consecutivo, el jueves pasado festejé la temporada de mariposas. Hubo algunos problemas con el clima, pero gracias al aleteo de las mariposas, ya todo se encuentra bajo control. Espero poder repetir la celebración el próximo año. Mientras tanto, me voy a pasear por la ciudad.
Con las mariposas. Como todos los días.

Gracias por las mariposas. (Y las linternitas.)

20 abril 2007

¡Malditos ladrillos!


Algunos libros son, literalmente, los ladrillos con que se construye la literatura. Cada uno de esos libros no sólo representan una gran historia, sino también una gran inversión de tiempo. Justo ahora me encuentro atorado entre varios libros-ladrillo, clásicos y contemporáneos. ¡Qué razón tenía Calvino al hablar de la ligereza como una virtud del nuevo milenio! Estos ladrillos no sólo toman su tiempo; su transporte se vuelve complicado y a veces incluso sostenerlos frente a los ojos se hace cansado.

Un libro-ladrillo también es un compromiso. Una vez llegado a la mitad, uno siente que debe terminarlo, por pura dignidad. Me encuentro atrapado entre varios ladrillos y no me decido por cual leer. Quisiera poder decidirme por un libro ligero, quizá un libro teja o un libro nube. Los libros por partes siempre se me han hecho una mala idea, pero debo admitir que tendría mejor disposición para leer al Quijote o En busca del tiempo perdido si tan sólo sacar el libro del estante no resultara una monserga. Por el lado de Guermantes lleva esperándome dos años, pero su bulto, la letra pequeña (y para que negar, los párrafos tan largos) me han impedido acercarme un poco más al misterio de la magdalena.

Me gusta leer en el transporte, pero los libros ladrillos no se dejan leer así. La gente te mira igual o peor que si entraras con una canasta llena de gallinas -- incluso, mal de males, piensan que eres un estudiante de medicina. La promesa de los libros electrónicos, para mí, radica en cargar una sola página, delgada, liviana, pero que pueda ser todas las páginas inscritas en la Biblioteca de Babel. Será, también, bueno para los bosques. No creo ser la única persona que duda en abrir el Quijote por miedo a una lesión vertebral.

Al margen. Se aceptan recomendaciones de libros ligeros: novelas, cuentos, ensayos y crónicas de viaje, de autores vivos, de preferencia, o de autores muertos que parezcan vivos, es decir, que me pudiera poner a platicar con ellos al menos en los sueños. También se aceptan recomendaciones de poesía, pero sólo si el autor es checo, polaco o serbio.

18 abril 2007

No promises, de Carla Bruni


Para aquellos que aún no lo saben, soy un francófilo empedernido. En especial, en lo que se refiere a la música y la poesía. Al explorar esas aficiones, descubrí el primer álbum de Carla Bruni, Quelqu'un M'a Dit, que no es especialmente el tipo de música que prefiero, pero al cual le fui ganando cariño con el tiempo.

Ahora bien, Carla Bruni es una persona bastante bendecida: es la heredera de una cuantiosa fortuna y tiene el porte suficiente para ser una de las modelos mejores pagadas del mundo. Ha tenido relaciones románticas con Mick Jagger y Eric Clapton, de quienes probablemente aprendió lo suficiente para lanzarse en un una carrera como cantautora. En Quelqu’un M’a Dit presentaba doce temas escritos e interpretados en francés e italiano, por ella misma, y acompañados solamente de una guitarra acústica. La voz de Bruni no es perfecta, pero es suave y acariciante; las letras no son impactantes, mas logran transmitir al escucha un ambiente íntimo y elegante. La música, balada francesa con toques de country, tampoco es increíble, aunque es juguetona y se deja escuchar.

Hace poco descubrí que Carla Bruni había sacado un nuevo disco, que me apresuré a conseguir. En cuanto escuché la primera canción estuve a punto de montar en cólera: el disco estaba en inglés. ¡En inglés! Y es que la voz suave como seda (no exagero) de Bruni no se disfruta igual en francés que en inglés. Estaba a punto, como decía, de montar en cólera, cuando dos versos de la canción me sonaron familiares:

I carry the sun in a golden cup.
The moon in a silver bag.

Tras una rápida consulta a mi biblioteca, comprobé por qué me resultaban familiares. Son versos de un poema de W. B. Yeats, “Those Dancing Days Are Gone”. Entonces descubrí que no sólo eran esos versos, sino que Carla Bruni estaba cantando todo el poema de Yeats, acompañándose de una guitarra acústica y una armónica. ¡Yeats, en una balada, con toques de blues! Es una idea tan mala que resulta ser muy buena.

El resto de este nuevo disco de Carla Bruni, No promises, toma sus letras de otros poemas de Yeats, de Emily Dickinson, de W. H. Auden y Dorothy Parker. No puedo imaginarme la reacción de los poetas al escuchar este disco. Al menos, supongo, nadie podrá quejarse de que las letras sean malas. La combinación de estos poemas con la voz y la música suave de Bruni resulta extraña, pero disfrutable. En definitiva, un disco que vale la pena escucharse; otra forma de acercarse a la poesía de habla inglesa.

17 abril 2007

Leer sin libros

Diana, que afortunadamente ya no es una chica linda, me ha dejado un meme en su blog que vale la pena contestar:

“I now propose a new tag: Things which one has read and has been influenced by which are not confined to those paper-bound vessels of the printed word we refer to as books. Let’s call these Non-Books. Or maybe Impossible Books. Or Limen Books? It’s up to you.”

--Les propongo un nuevo meme: Cosas que has leído y te han influenciado pero que no están confinadas a esos receptáculos de la palabra impresa conocidos como libros. Digamos que son no-libros. O quizá libros imposibles. O libros-umbral. Como prefieran.

Mis no-libros:

Los charcos. Las ramas de los arboles cuando las mece el viento. El viento. Ciertas miradas. También, ciertos desvíos de la mirada. La oscuridad. Los cuadernos en blanco. Los cuadernos llenos de dibujos. Los cuadernos llenos de dibujos llenos de criaturas fantásticas, de rostros, de ojos y de bordes coloreados que deberían de ser cuadernos de matemáticas. Algunos recuerdos de la infancia. La sonrisa de una mariposa. Su aleteo. Su transformación en luciérnaga. Automóviles pasando por una vía rápida. El sonido de un arma de fuego. La primera lluvia del verano. El mar. El mar picado al atardecer. Los castillos de arena. Las nubes con forma de animales. Las nubes con forma de rostros. Las nubes por las que se escapan rayos de luz. Los muros. Las pintas en los muros. En especial, aquella que decía: si Dios ya viene, yo me largo.

Le paso el meme a Lirva, el Barón, Fabricadepolvo y Agoran. I also would like to tag Mr. Meridian.

16 abril 2007

The Savage Detectives, Roberto Bolaño


To all my English speaking readers: I can't recommend highly enough Roberto Bolaño's The Savage Detectives. In The New Yorker, Daniel Zalewski does a pretty good job explaining why you should read it, in his article "Vagabonds. Roberto Bolaño and his fractured masterpiece".

Acaba de aparecer la traducción en inglés de Los detectives salvajes. Con esto, la obra maestra de Roberto Bolaño se asegura muchos más lectores y un lugar en la literatura universal. Es decir: el real visceralismo invade al mundo. Es un buen día para la literatura.

13 abril 2007

"To Reduce Your Likelihood of Murder" by Ander Monson

El siguiente es un fragmento de Other Electricities de Ander Monson.




Para disminuir la posibilidad de que seas asesinada

No salgas. No salgas, en citas, o a la tienda, sola. No salgas en citas con hombres. No salgas en citas con hombres que manejen. No conduzcas a una cita, porque puede enfurecer al hombre con quien sales, el cual se puede preguntar si te crees demasiado buena como para poner un pie dentro de su nuevo auto arreglado. No salgas con hombres que se quedan dentro del auto o se recargan en la ventanilla. No te quedes dentro de un auto o te recuestes en su asiento o te inclines contra la piel metálica de la puerta mientras te besan. No tengas citas por las noches. No camines por las noches. No camines sola por las noches. No estés sola. Camina con una amiga u otra persona. ¿Con un hombre en quien confíes? No pases tiempo con hombres, amigos o niños. No pases tiempo con ningún hombre. No compartas tu tiempo con ningún amigo. La mayoría de las mujeres son asesinadas por alguien que las conoce. La mayoría de las mujeres son asesinadas por alguien que las conoce íntimamente.

Instala un sistema de seguridad en cada ventana y cada puerta de tu casa. Mejor aún, no vivas en una casa. Múdate a un departamento. Comparte un departamento. Múdate a un lugar donde puedan escucharte, donde alguien pueda escucharte gritar. No salgas a la calle (de noche, sola). No te quedes en casa. No vistas de negro. No te pongas ese vestido que le encanta a tu novio. No tengas citas con tu novio que te encanta. No te encantes. No digas me encanta. Cualquiera es un asesino en potencia. O una asesina. Eres soltera, tienes diecisiete, estás delgada. Estás diseñada para la televisión, para las series policiales. No mires series policiales en televisión ni en DVD. No le abras la puerta a nadie. No le digas a tu madre que no sabes cuando regresarás. No los frustres. No los complazcas. Debes actuar siempre en el punto medio.

No duermas profundamente.

Carga con gas lacrimógeno, aerosol con pimienta o un cuchillo de caza. Si puedes conseguirla, porta un arma de fuego. Una ballesta. Una cerbatana. Suscríbete a El mundo de las armas y llévala a todas partes. Te servirá como un tótem, te mantendrá a salvo del peligro. Protégete: armadura completa, cota de malla, cuero endurecido. Yelmo y guantes de malla. Mantente alejada de las ventanas en todo momento. Debes desconcertar: viaja siempre en grupo, en una nube de humo. Borra tus pisadas. Mira hacia atrás. Cambia de taxi. Escóndete en los callejones y espera a que pasen los autos.

Aún así, serás asesinada. Naciste para ello. Tu vida es un árbol que será desgarrado por la electricidad y la tormenta.

Ahora sólo hace falta un valiente editor para que se traduzca el resto.

12 abril 2007

In memoriam

Kurt Vonnegut (1922 - 2007)
Justo arriba de esta nota hay una nueva barra de navegación para esta memoria. Contiene las categorías más comunes para las anotaciones: literatura, cine, reseñas, memoria y lengua. Desde ahí pueden navegar cómodamente por las entradas.

Una vez que veo la nueva barra en acción, me doy cuenta de que he errado el camino. En mi mundo ideal, en esa barra se debería de leer: War, Culture, Ritual. En un librillo así me encantaría navegar.

11 abril 2007

Para escribir cien veces en un pizarrón verde

El internet no es una cura para el insomnio. El internet no es una cura para el insomnio. El internet no es una cura para el insomnio. El internet no es una cura para el insomnio. El internet no es una cura para el insomnio. El internet no es una cura para el insomnio...

10 abril 2007

El asunto con el cine conteporaneo

Veo, de acuerdo a los comentarios de mi nota sobre 300, que en realidad no estoy mi sólo en mi malestar por la forma en que se habla del cine últimamente. Pienso que quizá haya una razón más profunda: en los últimos años, la cantidad de buenas películas ha decaído notablemente. También, y de forma más notoria, han decaído las buenas ideas para el cine. Hollywood se ha vuelto una especie de super maquiladora de las ideas de otros: novelistas, artistas gráficos, escritores de historieta e incluso escritores de superación personal. En otros casos, han adoptado un formato televisivo. Las películas de Spiderman, por ejemplo, no son historias autocontenidas, sino que funcionan como un episodio de una serie de TV, en la que cada capítulo toma varios años en salir. Ese formato, que no requiere tantas grandes ideas (salvo por parte del equipo de efectos especiales) se está haciendo muy popular. Eventualmente, habrá alguna renovación, pero es difícil saber cuando o done; aunque algo me indica que debería de voltear hacia el oriente para ver esa renovación del séptimo arte. Mientras tanto, para los amantes del cine, son días aciagos.

09 abril 2007

Alatriste, de Agustín Díaz Yanes

Una cinta con crisis de identidad

Pasa por estás fechas en México, sin pena ni gloria, la película española Alatriste, dirigida por Agustín Díaz Yanes, y basada en los libros homónimos de Arturo Pérez-Reverte. Las razones de ese pasar inadvertida son varias, y muchas de ellas poco cinematográficas; especialmente, el rechazo del público mexicano a las películas grabadas en su propio idioma. Ni siquiera la presencia de una estrella norteamericana, Vigo Mortensen, en el papel protagónico, pudo paliar dicho rechazo.

Sin embargo, hay otra razón para esta falta de audiencia, y es una razón genérica y por genérica, me refiero al género de la película, no a que sea una razón general. Alatriste es, claramente, una película con problemas de identidad.

En primer lugar, el también guionista de la cinta, Díaz Yanes, no se conformó con adaptar una de la serie de novelas que protagoniza el personaje de Alatriste, sino que las adaptó todas en una sola película. Algo en lo que deberían de reflexionar muchos otros adaptadores. En cuanto a su labor de director, esta adaptación lo llevó a tomar decisiones extrañas: la película nunca se molesta en explicar el trasfondo histórico, sino sólo en mostrar la vida del personaje: un soldado viejo de un Tercio de Flandes, dedicado ahora a la vida de aventurero.

Eso lleva, en segundo lugar, a un trabajo de edición por más extraño. La película está narrada en viñetas, a veces muy cortas, de varios episodios de la vida del protagonista. Es una edición cruda, de cortes duros en imagen y sonido, que las más de las veces desorientan al espectador. La siguiente toma puede tomar lugar cinco minutos o cinco años después, sin mucha guía.

En tercero, el trabajo del fotógrafo es muy deficiente. A pesar de la interesante propuesta de hacer que toda la película parezca un cuadro de Velázquez, el saco le queda grande. Hay mala iluminación, malos encuadres, borrosos, y movimientos súbitos que más recuerdan un documental que una película de época.

Pero, ¿será que Alatriste es una película de época? Aquí su crisis de identidad comienza. Promocionada como una historia de aventuras, de capa y espada al estilo de Los tres mosqueteros, la película es demasiado correcta históricamente, incluso en los combates; la edición ayuda al desconcierto, nunca se decide por completo entre la trama íntima, novelesca, y la historia épica del derrumbe del imperio español. Peor aún, atendiendo a los diálogos y a la personalidad de los personajes, la película es un western, no una historia de aventuras, ni un drama romántico.

Todo lo anterior provoca confusión en las expectativas del espectador: el que esperaba una aventura a lo Hollywood se verá decepcionado, pero el que esperaba un drama histórico europeo también lo hará. Por lo que sé, los fanáticos de las novelas de Alatriste también salen decepcionados.

En conclusión, las fallas de la película superan sus aciertos. Pero sus aciertos son tan buenos, que vale la pena verla. Vigo Mortenesen, que tiene el monopolio ahora internacional sobre héroes guerreros madurones, es un soberbio Alatriste. Dudo que Pérez-Reverte lo haya retratado mejor, a pesar de haberlo inventado. La dirección de arte, escenografía y vestuario son más que excelentes. Sobre todo, y a pesar de mi nacional desprecio por lo español, la película deja muy bien parado al españolito de a pie. Dan ganas de dejarlo todo y unirse a un tercio de Flandes. En definitiva, una película que se disfruta más si se va a verla sin expectativas.

[Addendum del 9 de mayo de 2007] En los comentarios de esta nota, Irving me hace notar que la frase "a pesar de mi nacional desprecio por lo español" es un comentario chauvinista y cargado de odio. Tiene toda la razón. Me disculpo por haber tomado una actitud tan idiota. Prefiero no alterar la nota, y dejar este addendum para dejar constancia de la falta, a modo que no se me olvide. Para los piadosos, ofrezco la siguiente errata: En el último párrafo, donde comienza "Sobre todo..." substituyase por "Sobre todo, la película resalta el coraje y la fuerza del hombre común frente a los juegos de los que se encuentran en el poder."

06 abril 2007

Estoy harto...


de que súbitamente todos descubran el pequeño crítico cinematográfico que llevan dentro, e insistan en ver las películas justo al contrario de como funcionan. Leo en Ombloguismo una 'brillante' crítica de Juan Villoro en Reforma, sobre 300, de Zach Snyder:

“¿Qué aprendemos de los espartanos? Básicamente que no les gustaba vestirse (incluso en la nieve están semidesnudos y la reina no lleva ropa interior). Su educación dejaba mucho que desear (consistía en abofetearse: el que no se desmayaba, aprobaba con 10). Sin embargo, por un capricho insondable, estaban obsesionados con la libertad. No querían ser, como los persas, dominados por tiranos. ¿Para qué deseaban la libertad? Supongo que para ir al gimnasio, porque les fascinaba tener marcados los músculos del vientre. Un espartano jamás se ponía chipil y sólo pronunciaba la palabra "amor" bajo una lluvia de flechas. En combate, su raciocinio pertenecía a las especies inferiores, un poco por debajo de la hiena: prefería morir a replegarse. (Hago un pequeño salto de milenios y me acerco a la Casa Blanca: a todo esto le llamaban luchar por la razón y oponerse al misticismo). Gracias a Stallone y Schwarzenegger sabemos que un hombre de acción pronuncia con dificultad. Tal vez por ello, el héroe de las Termópilas habla como si viniera del dentista y le hubieran dejado algodones en la boca. No dice "this is Sparta" sino "chiiis issss Shhhhparta". Luego sonríe con temible prognatismo”.
Obviamente Villoro no entiende. O más bien, entiende demasiado bien, pero se niega a aceptar la evidencia ante sus ojos. Los espartanos de 300 no hacen lógica; no tienen sentido. No hacen las cosas por amor. No las hacen por amor a la libertad. Hacen las cosas de la única forma que saben hacer. De la forma en la que los entrenaron. Leonidas no es un héroe clásico; es un héroe de novela negra. 300 es una novela negra.

En Ombloguismo, el Vega continúa, diciendo:

Se supone que no deberíamos ver en la película una metáfora de la situación actual de Estados Unidos en Irak (cada reseña que he leído prohíbe al lector siquiera atreverse a imaginar esa obviedad), pero ya sabemos que el cine es, de alguna manera, reflejo del inconciente colectivo de la sociedad de la que surge, así que es inevitable la comparación: ¿será que los gringos se están preparando inconcientemente para soportar la vergüenza de la derrota de sus despropósitos bélicos en Medio Oriente? Es decir: ¿reconocer que perdieron, pero perdieron como los meros machos, y "nomás espérense tantito, pinches árabes, porque a la siguiente sí nos los vamos a chingar"?
Pues no, no deberíamos. En primer lugar, es claro que Frank Miller escribió la novela (no es que se quiera hacer escritor, lo es) mucho antes que esta guerra en particular. Sin embargo, tanto entonces (en el cómic) como ahora (en la película), es claro que Miller equipara a los Estados Unidos con Xerxes y sus persas, no con los espartanos. Espartanos que, dicho sea de pasa, tienen más en común con los guerreros fanáticos iraquíes, por todas las razones que Villoro se empeña en enumerar.

¿Por qué darle la vuelta a esas películas? ¿Qué se gana? ¿Será en verdad necesario tergiversar los argumentos de una película para hablar de lo que en verdad se quiere? (en este caso, la guerra de Irak). Si se va a hablar bien o mal de una película, que sea sobre sus propios méritos. No hay por que traer un asunto político que a todas luces no pudo haber inspirado al original. Puedo tratar de ver metáforas de la guerra en Irak en Los Piratas del Caribe, Casablanca, Loca Academia de Pilotos y 2001, pero, francamente, no creo que ninguna de esas cintas se lo merezca. Ni nosotros tampoco.

05 abril 2007


Libros... delgados, gruesos, cortos, largos, con letras grandes o pequeñas, hojas con mucho aire o apenas lugar para respirar. Libros, que me habían estado esperando por meses, por años, pacientes, descansados, cubiertos de polvo y tal vez quebrados por su propio peso. Libros, risueños, tramposos, que han aguardo sin prisa su turno para gritar tan silenciosos su historia. Se siente tan bien vivir entre sus páginas.

04 abril 2007

Otras interrupciones

Leo Other Electricities de Ander Monson. Un libro extraño, fabuloso (ya extrañaba los libros así) cuyas historias están situadas en Alaska. Es decir, es un libro lleno de nieve, hielo y frío. Los personajes viven en un desierto de muerte, hielo y muerte. Justo estoy leyendo Other Electricities cuando comienzo a sentir la nariz que gotea, el cuerpo cortado.

Robertha me riñe por sonarme la nariz. Le digo que tengo gripa. Justo entonces me doy cuenta: tengo gripa. La cabeza me comienza a doler, me siento débil. Apenas está empezando. Y me veo obligado a interrumpir la lectura.

Imposible seguir leyendo sobre hielo, y vientos helados y muertes en el hielo cuando se está enfermo de de gripa. Imposible. El libro es demasiado frío. Quisiera leer algún libro soleado. Algo, quizá, como La isla del tesoro, pero el sol también me hace daño. Necesito una novela llena de tisanas, de infusiones, de baños de vapor y caldos de pollo. ¿Qué novela recomiendas leer para mientras estás enfermo?

Inventar el pasado


En La flecha del tiempo, Martin Amis desarrolla la vida completa de un hombre contada en reversa: desde su muerte hasta su nacimiento. Esto no quiere decir que simplemente narre los eventos en el orden contrario, sino que todo sucede en reversa, como si se hubiera presionado el botón de reversa en el tiempo. La lógica de ese mundo inverso resulta extraña: la gente nace de la tierra, en los cementerios, es llevada a un doctor para ser revivida, conoce a su familia, a sus hijos; entra a trabajar en un puesto de alto rango en una empresa y con el tiempo le van quitando responsabilidades; afortunadamente, eso implica que cada vez tiene que pagar menos por trabajar. La angustia de los hombres es que cada vez se hacen más pequeños e indefensos, hasta que llega el misterio final: la inserción en el vientre de la madre.

Para Amis, la inversión de la flecha del tiempo no siempre tiene sentido. Quizá, más sorprendentemente, tiene sentido más de lo que cabría pensarse. ¿No estaremos, en parte, viviendo siempre nuestras vidas en reversa, mirando constantemente hacia el pasado? En La flecha del tiempo la ley de la entropía se invierte: la creación se vuelve un hecho sencillo, pero la destrucción parece imposible. ¿No miramos muchas veces nuestro pasado como algo desconocido, lleno de sorpresas? Cada vez que recordamos, recreamosr el pasado. Justo como en La flecha del tiempo, el pasado muchas veces nos sorprende. También, resulta imposible no pensar en alterarlo. No para cambiar nuestro presente, sino quizá para hacer del mundo un lugar mejor, más verde, más inocente, hará unos doscientos años atrás.

02 abril 2007

Lectores y no lectores

Según la estadística popular (falsa) los mexicanos leen medio libro al año. Siempre según esta estadística, el bienintencionado gobierno mexicano lanzó la iniciativa Hacia un país de lectores. Lo que nadie quiere ver es que en México se lee muchísimo, sólo que no se leen libros. Los periódicos y revistas tienen mucho mayor interés para los mexicanos.

Entonces, Mexico quizá ya es un país de lectores, ¿verdad? No. No lees. Lector no es quien lee un libro, o una revista, o un periódico, o una columna de chismes por internet. Me explico. Lector es una persona que entiende lo que lee. Para hacer eso, lo que lee pueden ni siquiera ser letras. Se puede leer de la misma forma una película, una pintura, una situación. Lectura no es descifrar los signos en el papel. Es levantar la vista del libro y comprender (también reflexionar) sobre lo que se ha leído.

Es claro que hay pocos lectores en el mundo, buenos o malos. La capacidad de comprender si el texto frente a tus sentidos (oido, gusto, tacto, olfato, también cuentan en la lectura) es ficción o realidad, ensayo, opinión o un simple galimatías sin sentido. Pocos distinguen entre una película, una novela y un tratado de historiografía. Para aquellos que busquen comprobar lo que digo, Internet es un campo fértil de investigación, en especial los foros de discusión.

Es triste encontrarse con los no lectores. A veces su mirada sin profundidad los delata, pero también hay no lectores muy inteligentes, brillantes. Hay no lectores dando clase en las universidades, gobernando, escribiendo libros.

La cultura de la no lectura es una cultura vacía. Si pensamos en la cultura como la capacidad de interpretar los símbolos y signos culturales, más bien, no es cultura. Es, quizá, una des-evolución. La ley de la entropía que por fin cumple sus postulados. Un planeta de no lectores no es un mal planeta. Pero tampoco es un planeta feliz: es el mundo en que la felicidad ha dejado de tener significado.

Algunos reclaman que la desaparición de la lectura es una conspiración de las clases gobernantes para mantener ignorante al pueblo. Desafortunadamente, se equivocan. Eso implicaría que nuestros líderes comprendieran el papel de la lectura. Es decir, que fueran lectores.